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Reseña de Batman: El Impostor. Gran acercamiento psicológico al papel del Hombre Murciélago

ECC publicó en febrero una recopilación en un solo volumen las tres partes de Batman: El impostor, la miniserie del sello Black Label protagonizada por Batman realizada por Mattson Tomlin y Andrea Sorrentino. Black Label nació para que los autores pudieran dar su visión de los personajes DC sin verse atados por su continuidad para ofrecer así versiones nuevas y frescas de dichos personajes. Y eso es lo que nos ofrece Mattson Tomlin, director y guionista de Proyecto Power y Pequeño pez, una nueva versión del Caballero Oscuro bastante alejada de la que vemos habitualmente, pero con un indudable atractivo.

En esta miniserie Batman lleva poco tiempo activo, pero siente que su presencia y su labor está sirviendo de algo en una Gotham que cada vez tiene menos crimen. Pero la actividad del Hombre Murciélago está costando muchísimo dinero a las élites financieras de la ciudad, algo que los grandes magnates no están dispuestos a permitir. Para colmo de males hay un segundo Batman en acción y este lleva la lucha contra los criminales hasta el siguiente nivel, matando a estos sin preocuparle lo más mínimo ser grabado por las cámaras de seguridad que inundan Gotham. El verdadero Batman deberá encontrar a este impostor para limpiar su nombre enfrentándose con la policía y las autoridades mientras los más ricos de la ciudad siguen aumentado su presión sobre nuestro protagonista. Pero ¿cómo puedes demostrar tu inocencia si llevas máscara?

Lo primero que llama la atención en esta historia es el nivel en el que se mueve este Batman, que en las primeras páginas del relato recibe una señora paliza de tres atracadores de poca monta. Muy alejado del personaje casi divino que estamos acostumbrados a leer. Siempre he dicho que el principal “superpoder” de Batman, es precisamente ser Batman. El más inteligente, el más fuerte, el que no puede ser derrotado. Pero el personaje que nos muestra Tomlin es mucho más humano y terrenal, ofreciendo una visión más realista del personaje que es muy interesante.

Pocas veces hemos visto a Batman así, y menos después de pelear con tres atracadores

Cuando Batman tiene que buscar refugio para curarse de sus heridas llama mucho la atención que no recurra a sus aliados más habituales como Alfred o Gordon. En su lugar acaba en la casa de una doctora Leslie Thompkins que resulta que trató a Bruce Wayne cuando era un niño que acaba de ver como asesinaban a sus padres delante de él. El diagnostico de la doctora en ese entonces fue claro: el niño sufría estrés postraumático, síntomas de depresión, aislamiento social, trastorno negativista desafiante, falta de empatía, ansiedad, trastorno obsesivo compulsivo, toda una joya vamos. Por eso su tutor legal, Alfred, el mayordomo de la familia no sabe que hacer con él y le acaba abandonando. Todo un cambio con respecto a la versión canon del personaje.

La doctora llega a un trato con Bruce, no le delatará a la policía a cambio de que cada mañana vaya a su casa para charlar con ella después de hacer su ronda como Batman para así poder servirle de ayuda terapéutica y tratar de recomponer su mente dañada. Este acercamiento al tratamiento psicológico a Batman como un medio para hacerle superar el asesinato de sus padres se ha visto muy pocas veces en la historia del personaje y es algo que, en este caso, sin duda funciona y funciona muy bien.

La sangre es un elemento que está siempre presente

Mattson Tomlin tampoco se olvida de la peculiar relación de Batman con el cuerpo de policía, pero en este caso sustituyendo a Gordon por la detective Blair Wong, una mujer que tiene mucho en común con Bruce Wayne y que también serve como interés amoroso del protagonista. En esta relación el guionista trata un tema que ya tocó con bastante acierto Tom King en su etapa en la colección regular de Batman: el dilema que hay entre la búsqueda del amor y la felicidad y el deber. Es decir, ¿Puede Bruce Wayne enamorarse y seguir siendo Batman?

También es muy interesante el tema del coste de las acciones del Hombre Murcielago y lo que ello acarrea a los grandes poderes financieros de Gotham. Aunque es una pena que este tema quede un poco opacado ya que acaba engullido en una trama que prefiere centrarse en los otros elementos.

Por que el fin último del relato es hacer un retrato psicológico de Batman y establecer la idea del legado del personaje. Ver si su actuación sirve realmente para algo y si no sería mejor seguir otros caminos que el de la violencia, una senda que nuestro protagonista recorre debido al trauma de su niñez sin ninguna duda. En definitiva ¿Para qué sirve Batman? ¿Para ayudar a la ciudad o para ser la válvula de escape de la ira de un hombre que no ha superado su niñez?

La investigación de la detective Wong

Y es a este tema al que están supeditadas el resto de las tramas del relato. Por eso funciona muy bien la historia con la doctora Thompkins o con la detective Wong, llevando estas dos relaciones el peso del relato, y no tanto la trama detectivesca y todo lo relacionado con el impostor que da título a la historia, que al fin y al cabo queda un tanto desdibujado. Se puede decir que la historia es muy buena en algunos momentos pero que a veces se ve que el guionista a querido abarcar demasiado.

En el apartado gráfico tenemos al italiano Andrea Sorrentino, un artística con un estilo propio muy marcado que todos los amantes de los cómics ya deberían conocer. Ese estilo viene muy bien para una historia de este tipo ya que es sucio y oscuro, como el guion de Tomlin. Su diseño de página, siempre buscando sorprender al lector, es una de las grandes señas de identidad de Sorrentino y, aunque sin duda alguna lucen espectaculares, es cierto que a veces es complicado seguir lo que está pasando, sobre todo en las escenas de acción. Por otro lado, sus personajes son tan inexpresivos como siempre, aunque como contrapartida tenemos una plasmación de Gotham, decadente y oscura, realmente brillante. En definitiva, el cómic tiene un apartado gráfico bastante bueno a lo que ayuda la labor de la colorista Jordie Bellaire y su uso de los contrastes con los blancos y negros y los rojos y grises, siempre apoyando el trazo de Sorrentino y su visión sobre la ciudad, mientras que usa tonos más cálidos son en las conversaciones con Thompkins o en las escenas con Wong.

Así de violentas son las peleas que nos presentan Sorrentino y Bellaire

En resumen, Batman: El impostor es un gran thriller psicológico con una ambientación oscura que busca ser todo lo realista posible, sobre todo en el nivel de violencia que tienen los enfrentamientos y sus consecuencias. Tiene unos personajes muy interesantes que brillan sobre todo en las relaciones del protagonista con las dos mujeres de la historia, Leslie Thompkins y Blair Wong aunque no tanto en la trama detectivesca. De todas maneras, el original tratamiento de los personajes, el ambiente noir del relato y el gran dibujo de Sorrentino hacen que estemos ante una gran obra, ideal tanto para los fans de Batman como para aquellos que quieran ver un nuevo acercamiento al personaje.

Juanjo Avilés
Juanjo Avilés
Licenciado en periodismo, apasionado de los comics, las (buenas) series de televisión, el cine, los videojuegos y los juegos de mesa... vamos, soy un frikazo total, siempre a vuestro servicio.

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