Hace algo más de un año, concretamente en diciembre de 2015, empecé aquí en Las Cosas que nos hacen felices una larga, difícil pero interesante empresa: reseñar al completo la extensa etapa de Grant Morrison a cargo del Caballero Oscuro. Aquí tenéis una minuciosa guía de lectura de dicha etapa y todas las reseñas. Pues bien, repasando la entrada que tenéis en este enlace me percaté de que quedan tres cómics, las tres primeras incursiones del guionista escocés en el bat-universo, por reseñar: Asilo Arkham, Gótico y Los archivos negros. Evidentemente, esto no podía quedar así.

Si por algo se caracteriza Batman y su entorno es por estar, normalmente, rodeado de lo extraño y paranormal, algo que le va al personaje como anillo al dedo. En los últimos años, como ocurre en la recién acabada etapa de Scott Snyder, se ha intentado que prime el aspecto realista y urbano para las historias del Hombre Murciélago, pero es imposible alejarse de cierta temática como sucede en el arco argumental El Tribunal de los Búhos. Pero, si para alguien la magia y lo arcano es innato y primordial ese es Grant Morrison. Un loco para muchos, para otros, como yo, un iluminado que consiguió elaborar un importante número de puntos de inflexión en el universo del cruzado de la capa que perdurarán durante muchos años. Gótico no fue el primer cómic en el que Morrison y Batman cruzaron sus caminos, previamente alcanzó el éxito con la visionaria novela gráfica Asilo Arkham.
Pongámonos en situación. Estamos a principios de los años 90, la Batmanía lo petaba, en parte gracias a las películas de Tim Burton. Fue en este punto donde DC, decidió exprimir el buen momento que estaba viviendo su personaje más emblemático, creó nuevas cabeceras protagonizadas por el personaje. En este contexto nace Legends of the Dark Knight, que contaría con importantes guionistas y artistas del momento, aportando a los lectores noveles historias autoconclusivas y alejadas, con cierta libertad, de la cabecera principal.

En esta historia, la mafia de Gotham acude sorprendentemente pidiendo ayuda a su máximo enemigo, ya que alguien desconocido está acabando con ellos de uno en uno. En esta historia ya nos encontramos con un Morrison que domina de manera magistral el relato (sin faltar a su cita con ciertos giros muy personales). El primer número es, probablemente, uno de los mejores que he podido leer de Batman, lleno de detalles que construyen de forma sublime el ambiente perfecto para lo que está por llegar y, facilitar, que el lector comprenda el resto de la historia con solvencia. El resto de la historia planteada por el escocés supone un constante enfrentamiento contra lo sobrenatural, poniendo a prueba las habilidades detectivescas del protagonista. El villano, Mr. Whisper, resulta una constante algo que le confiere resultar terrible y fascinante para el lector.
A cargo del dibujo está Klaus Janson. Un peso pesado, sin ningún género de dudas, que fue el encargado durante muchos años de dar vida al dibujo de Frank Miller. En esta ocasión, peca de esquemático y de un diseño de personajes algo emborronado. Donde se crece es en el aspecto narrativo, eligiendo en todo momento el plano perfecto y la composición de viñetas idónea para disfrutar como se merece esta historia. Consigue a través de todo esto un hilo conductor perfecto para la historia elaborada por Morrison, formando una simbiosis beneficiosa para el lector.
Después de todo, Gótico narra hechos acontecidos en Gotham, sobre sus fantasmas, miserias y horrores. Un cómic donde la ciudad coge el protagonismo absoluto, especialmente la catedral. Nos encontramos con un relato a medio camino entre la magia y la locura de un hombre consumido por la ambición y sus peores miedos. ¿El resultado? Un pequeño clásico atemporal en la larguísima historia del personaje, que es digno de poseer un lugar en nuestras estanterías. Y es posible gracias a la edición que ECC publicó el pasado mes de mayo en su línea Grandes autores de Batman. No os lo perdáis.

Un saludo y sed felices, a menos que podáis ser Batman. Es mejor ser Batman.



