En esta web siempre se hemos sido mucho de Astérix y ahora que se ha publicado el decimocuarto álbum, El lirio blanco, no hemos dejado pasar la oportunidad de regresar a la aldea de los locos y echar un vistazo a esta nueva historia. Os dejo con los enlaces a reseñas pasadas y vamos al lío.
- La hija de Vercingétorix
- Los 10 mejores álbumes de Astérix
- Los 8 álbumes de Astérix guionizados por Albert Uderzo
- Los guiños de Astérix y Obélix a grandes obras de la historia del arte
- Astérix y Obélix: ¿en quién se basaron los autores?
Tiembla, Pablo Coelho
El lirio blanco arranca cuando las tropas de Cesar andan algo desmotivadas. El médico jefe de los ejércitos romanos, Viciovirtus, propone a Julio utilizar un nuevo método de motivación: el pensamiento positivo. Ya sabéis: un legionario feliz mata mejor, si piensas en positivo te sucederán cosas buenas, etc etc etc. Cual antepasado de Paulo Coelho, Viciovirtus viaja al campamento de Babaorum para probar su método y conquistar la aldea de Astérix y Obélix. Si triunfa, honor y gloria; si fracasa, a los leones, a ver si el positivismo le ayuda.
En los dibujos tenemos a Didier Conrad, cada vez mejor y más cómodo en su papel de heredero del gran Uderzo. Tiene otro trazo, quizás no resulta tan clásico pero si más vibrante, más moderno. En todo caso, Conrad nunca ha desentonado en la serie. Por ese lado, Astérix mantiene el nivel (incluso lo ha elevado en algunos momentos; perdón por la herejía).
Los guiones, sin René Goscinny, siempre han resultado más problemáticos. Hasta la fecha, tras el abandono de Uderzo, habían recaído en Jean-Yves Ferri. En mi opinión ha hecho siempre un buen trabajo, incluso brillante en un par de álbumes. No debe ser nada fácil guionizar Astérix, con la sombra de Goscinny sobrevolando cada nueva historia.

En El lirio blanco, Ferri se toma un descanso y el guion pasa a manos de FabCaro, autor desconocido en España pero de gran prestigio en Francia. ¿Qué tal lo ha hecho? Pues oye, yo me he reído mucho más que en álbumes recientes.
FabCaro utiliza el recurso de introducir un elemento discordante en la aldea, al estilo de Prolix en El Adivino, Perfectus Detritus en La Cizaña, Anguloagudus en La residencia de los dioses o Cayo Coyuntural en Obélix y compañía. Si, Goscinny se repetía (de hecho repetía los esquemas de un álbum a otro) y no lo acusaban de falta de originalidad, como han hecho con FabCaro.
En El lirio blanco, FabCaro y Conrad ponen en cuestión esa moda de pensar positivamente en cualquier situación, un realismo mágico que personalmente siempre me ha mosqueado. También se ríen del culto al cuerpo desmesurado, de esa manía por comer sano a todas horas («llegaremos a comer pescado crudo envuelto en algas», dice el pobre Obélix), de ese poner la otra mejilla aunque te estén arreando de bofetadas.
Astérix aparece aquí (como siempre) como el elemento rebelde, como el único capaz de pensar por si mismo, el que se enfrenta a Viciovirtus y su palabrería. Quizás hable por los codos sin decir nada, como dice el pequeño galo, pero eso no quiere decir que no pueda influir sobre sus compañeros.

Valoración final
En resumen, El lirio blanco es un álbum muy disfrutable, con un buen guion que incide en la crítica social que siempre ha caracterizado a la serie y con un dibujo sobresaliente. Si eres como yo, que odia a Paulo Coelho y sus tonterías, que comes pescadito a placha con ensalada mientras piensas en lo que te gustaría poder zamparte un jabalí confitado en grasa de pato, que te beberías un par de cervezas al día y que haces deporte obligado, te encantará El lirio blanco.
Ahora, si eres el caso contrario, seguramente coincidas con alguna crítica que he leído por ahí, donde acusan al álbum de rancio por cuestionar las virtudes de una alimentación sana y la buena educación aunque te estén dando de hostias o se rían de ti. Una crítica bastante fuera de lugar pero muy acorde con los tiempos que corren. No es ese el mensaje de El lirio blanco. Quizás los galos sean más sanos pero no son ellos mismos. Lo que realmente importa, como en todo, es ser feliz Un saludo y eso, sed felices.



