
Parece ser que sí, que Chuck Norris ha muerto y en esta web no podíamos dejar pasar la oportunidad de dedicarle un retro-análisis. Chuck lo merece. Teníamos difícil la elección de la película (¿Invasión U.S.A.?, ¿El héroe y el terror?, ¿McQuade lobo solitario? ¿Delta Force?), pero hemos optado por, quizás, la más icónica de su carrera, la que supuso un verdadero bombazo comercial en su época y la que lo convirtió en una estrella del cine de acción para el público español.
Hoy hablamos de Desaparecido en combate (Missing in Action), su primera colaboración con la Cannon de Menahem Golan y Yoram Globus, un truño de película que es el perfecto ejemplo del espíritu de los sobrevalorados años 80. Vamos al lío.
Regreso a Vietnam (otra vez)
Chuck Norris es el coronel James Braddock, prisionero de guerra en Vietnam que logró escapar tras 7 años de cautiverio. Sin embargo, a su regreso a los EE.UU. nadie le cree. No hay prisioneros en Vietnam. ¿Cómo va a haberlos? El gobierno americano jamás dejaría tirados a los suyos. Con ánimo de arreglar este malentendido, una delegación americana viaja a Vietnam junto a Braddock. La idea es que pase vergüenza y lo traten como a un criminal de guerra, pero Braddock se rebela, averigua dónde están los prisioneros y monta una operación de rescate para sacarle los colores a los vietnamitas. Pim, pam, pum. Poco más hay que rascar por lo que se refiere a la historia.
Como ya he dicho, la película es mala de narices. La dirección, en manos de un tal Joseph Zito, es plana como una tabla de planchar; la producción denota racanería por todos lados (esos vietnamitas con pinta de filipinos…); Chuck es tan expresivo como un piedra (como siempre, vamos),… ¿Podemos salvar algo? Bueno, ahí están secundarios como James Hong y M. Emmet Walsh, quienes siempre dieron lo mejor de sí mismos aun sabiendo que actuaban en un truño. También se agradece la atmósfera sórdida de Saigon, aunque me temo que fue fruto del escaso presupuesto más que de las intenciones.
Todos los defectos de la película no impidieron que fuese un éxito apabullante allá por 1984: 22 millones de dólares de la época tan solo en EE.UU. Imaginad que, tras Desaparecido en combate, Joseph Zito pasó dos años gestando la pre-producción de un película de Spider-Man, que por suerte nunca vimos. En España, Desaparecido en combate se estrenó un año después, a rebufo de Stallone y su Rambo II. ¿Cómo se gestó tamaño éxito?

Antes de Rambo
Por un lado, Chuck Norris es Chuck Norris en estado puro. No sabía actuar. De hecho, no mueve ni un músculo de su cara en toda la cinta (que por suerte dura poco más de hora y media), pero el tipo estaba impregnado de un carisma que supo aprovechar muy bien. La definición de tipo duro es la que da Chuck Norris en esta película.
A rebufo del cine de karatekas de los años 70, Norris se construyó una carrera exaltando su imagen de tipo duro, de americano medio nacido en la América profunda (en Oklahoma; más en el medio imposible), de esos que visten vaqueros y camisa de leñador hasta cuando van a dormir, desayunan alitas de pollo y beben cerveza directamente de la botella (como muestra en una escena de la película, cuando asiste a una fiesta, pide su cerveza y rechaza el vaso). Pero no vamos a hablar de la vida de Chuck (por cierto, mucho mejor película que Desaparecido en combate), que para eso ya está la wikipedia.
Con Desaparecido en combate, Chuck Norris se incorporó al imaginario colectivo como héroe de acción en el momento justo, a mediados de los 80, cuando los EE.UU. abrazaban una ideología de la mano de un Ronald Reagan que abogaba por dejar atrás la vergüenza y recuperar el orgullo de ser americano. No en vano el eslogan de Reagan para la campaña presidencial de 1980 era Let’s Make America Great Again. Nuff said.
Cinematográficamente hablando, estamos en una época en la que, dos años antes, John Rambo había sido acorralado y justo un año antes de que el propio Rambo, siguiendo la estela de James Braddock, regresase a Vietnam a liberar prisioneros. Y a pesar de todo ese patriotismo (que hoy en día ya no nos tragamos), hay que reconocer que Desaparecido en combate no es nada complaciente con el gobierno y las instituciones americanas.
Es más, aunque Braddock se mete en Vietnam para acabar rescatando a cuatro prisioneros (literalmente), la película realiza un tratamiento muy sobrio del asunto, con escasas concesiones al humor (que cuando aparece está basado en ese carácter de duro del personaje, como cuando pide la cerveza o negocia la compra de una lancha, anticipando lo que después serían los memes de Chuck Norris), ni tampoco para la exageración y los excesos en los que sí llega a caer Stallone en su saga.
Si, la película es mala, los vietnamitas lucen como filipinos, la sangre se ve de metirijillas y por momentos parece un episodio de El equipo A por lo que a la acción se refiere, pero los responsables de la película, con un Chuck Norris a la cabeza que aceptó participar como homenaje a su hermano caído en Vietnam, se lo tomaron muy en serio. Nos podrá gustar más o menos pero Desaparecido en combate no pretende engañar al espectador ni hace alarde del patriotismo que desbordará Rambo. Simplemente, es la historia de un hombre que no parece un saco de músculos, embarcado en una misión de rescate contra todo y contra todos. ¿Cómo no iba a triunfar?.

Carne de videoclub
Pero también fue la época de explosión de los videoclubes, esos lugares que suponían la oportunidad de recuperar películas que uno no había podido ver en los cines (aún recuerdo cuando no me dejaron entrar a ver Conan, el bárbaro por ser menor de edad), lugares donde se forjaron cinéfilos de pro (¿qué sería de Tarantino sin los videoclubes?) y por donde pululaban cintas infames, pero que en la intimidad del salón de tu casa parecían auténticas maravillas.
La época ideal para que triunfase Desaparecido en combate entre un público adolescente masculino ávido de héroes y aventuras, al que le importaban un huevo los mensajes patrióticos y vibraba con los tiros y las peleas, soñando con ser tan duros como Chuck Norris. Y si encima veíamos un par de tetas, mejor que mejor.
Ahí encajó Chuck Norris como un guante. Y a partir de ahí, Invasión U.S.A, Delta Force, Walker, Texas Ranger y todo los que nos echasen. Por eso era necesario este retro-análisis. Si somos objetivos, Desaparecido en combate no es una buena película pero era lo que había, fue honesta con su público y llegó a nosotros en el momento justo. Para muchos, Chuck Norris empezó a formar parte de nosotros a partir de Desaparecido en combate hasta hace dos días, cuando empezó la leyenda (como bien dijo Carlos María Porras en su artículo). Ya van quedando menos referentes de nuestra infancia y adolescencia. Un saludo, sed felices.




Pero bueno….es que beber la cerveza en vaso teniendo el tercio es una blasfemia al buen gusto. Y no hay más.
Como debe ser. Sólo le faltó pedir unas patatas bravas, o en su caso unas alitas de pollo a la barbacoa. Un saludo y gracias por leernos.