Reseña de La hija de Vercingétorix, el 38 álbum de Astérix

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Astérix ha regresado de la mano de Jean-Yves Ferri (guión) y Didier Conrad (dibujo) en La hija de Vercingétorix.  el que es el cuarto álbum (¡cuarto ya!) firmado por el dúo que recogió el testigo de manos de Albert Uderzo. Como ya hicimos con El papiro del César, (incluido en nuestro listado de Los 10 mejores álbumes de Astérix) os traemos nuestra reseña para que podáis valorar si las nuevas aventuras de los galos valen o no la pena.

La hija del jefe derrotado

La trama de La hija de Vercingétorix nos lleva a la aldea de los locos, que en esta ocasión servirá de refugio a Adrenalina, la hija del jefe Vercingétorix. Si sois aficionados a Astérix ya sabréis quién fue Vercingétorix; en caso contrario, hay que decir que Vercingétorix fue el jefe galo que rindió sus armas a los pies de Cesar Julio, un caudillo en cuyas filas militaban Abracúrcix y Edadepiédrix y cuya historia está directamente relacionada con el álbum El escudo arverno. Tras la derrota en Alesia (¿alguien sabe dónde está Alesia?), su hija quedó bajo la custodia de dos de sus lugartenientes, quienes la esconden de los romanos que pretenden romanizarla. Con un traidor a sueldo de los romanos pisándoles los talones, para evitar su captura, deciden esconderla unos días en la aldea que resiste ahora y siempre al invasor. El problema es que Adrenalina no está muy por la labor de servir de símbolo a la causa gala y tiene tendencia a escaparse, por lo que Astérix y Obélix deberán vigilarla, cosa nada fácil cuando hablamos de adolescentes.

Conflicto generacional en el año 50 A.C.

Es inevitable que siempre que se lanza un nuevo álbum de Astérix nos llegue información previa desde los medios más dispares. Esta vez no ha sido una excepción. De La hija de Vercingétorix he llegado a leer todo tipo de comentarios antes de su lanzamiento, desde que la protagonista era un trasunto de la activista  Greta Thunberg hasta que la historia se relacionaba directamente con el movimiento #MeToo. Tampoco sería nada descabellado porque si algo ha caracterizado siempre la serie, desde la época de René Goscinny, es su capacidad para tratar temas de actualidad en clave de humor. Sin embargo, aunque el personaje de Adrenalina es una adolescente de fuerte carácter y puede recordarnos a la adolescente sueca que batalla contra el cambio climático, lo que hacen Ferri y Conrad es retratar el conflicto generacional de nuestros tiempos. No es un tema nuevo en Astérix. Sus creadores ya lo hicieron en Astérix y los Normandos pero es evidente que el conflicto generacional a finales de los 60 no es el mismo que se da ahora y que había que actualizarlo. Adrenalina es alguien que busca su lugar en el mundo al tiempo que, junto al resto de adolescentes de la aldea (los hijos del pescadero Ordenalfabétix y el herrero Esautomátix) se plantea cuestiones ecologistas como la extinción de los jabalíes y el consumismo excesivo (de ánforas de vino que luego acaban en el mar; no preguntéis). Los jóvenes se reúnen en la cantera de Obélix para hablar de sus cosas al igual que las amigas de mi hija se reúnen en la plaza  del barrio para hacerse selfies. Los padres, que siempre quieren (queremos) lo mejor para nuestros hijos, no acaban de entender que no quieran seguir sus pasos, olvidando que lo que fue bueno para ellos quizás no lo sea para sus retoños.

Es inevitable verse reflejado en alguna de las situaciones del álbum, es especial cuando ya tienes una edad y eres padre. A destacar los papis de Adrenalina, los lugartenientes de Vercingétorix, que acaban preguntándose lo de siempre: ¿qué hemos hecho mal con esta niña?. Mientras uno se da la culpa por ser excesivamente blando, el otro lo hace por se excesivamente duro. Ellos son los que muestran de forma más clara cómo Astérix se adapta a los tiempos en los que se publica.

A toda mecha

Desde un punto de vista formal, La hija de Vercingétorix es un álbum con un ritmo endiablado, donde las cosas suceden más deprisa que en los álbumes anteriores de Ferri y Conrad. Para eso (y esto no se si será del gusto de todos)  Jean-Yves Ferri ha rebajado el protagonismo de Astérix y Obélix y lo ha repartido entre el resto de personajes, desde los viejos combatientes de Alesia hasta sus hijos adolescentes, pasando por los inevitables piratas, a los que han otorgado más viñetas que nunca. Por su parte, Didier Conrad muestra un cierto acercamiento al trazo de Uderzo, más firme, menos nervioso que en su primer álbum con los personajes. El resultado final es un álbum que mantiene la tradición de los firmados por Goscinny y Uderzo. Todos los elementos que caracterizaban la serie siguen ahí: los gags, los juegos de palabras, las peleas con los romanos, los anacronismos,… Evidentemente (y esto que quede claro) no es lo mismo. Ferri no es Goscinny, lo que es normal porque Goscinny era un genio; Conrad no es Uderzo, aunque se le acerca bastante (algunos dirían que lo imita bastante bien). Ramón de España ha escrito (no pongo el enlace para no hacerle propaganda gratis, que luego me riñen) que el álbum le recuerda a una pizza congelada, con todos los elementos de una pizza fresca pero sin saber igual. Bien, algo de eso hay pero a mi no me gusta dejarme llevar por la nostalgia y no creo para nada en eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Goscinny murió y Uderzo tiene 92 años. Ferri y Conrad manejan la serie de una forma muy digna, incluso con momentos brillantes y han sabido llevar acercar a Astérix a nuestros tiempos y a un nuevo público infantil, que es a quien se dirige la serie en primer lugar. No hay que olvidar que Astérix nació en un revista de humor juvenil, que buscaba acercarse a gente joven. Pilote, el hogar de Astérix, buscaba ser una revista rompedora, mirando hacia el futuro, donde la nostalgia por el pasado no tenía cabida, aunque si el respeto. Un saludo y sed felices.



el autor

Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.

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