La Tercera Ley de Newton, de Javier Marquina y Víctor Solana y editado recientemente por Sallybooks es un ejemplo de que se pueden hacer buenos comics de superhéroes en España. Este tomo nos ofrece una historia en la que se dan la mano la acción y la violencia más descarnada con la reflexión existencialista que va más allá de la típica ensalada de tortas por lo que es un gusto ir pasando sus páginas para ver hacia dónde quieren los responsables llevar a los personajes que han creado.

Este comic nos presenta a Eneas y Belit, dos jóvenes que se divierten en una fiesta más. Eneas es el único superhombre del planeta y está cansado de serlo. Podría lanzar la Tierra contra el Sol, pero prefiere deprimirse y drogarse. Belit lo ama con locura, pero se deja querer por un chaval con pinta de idiota que también está en el sarao. Lo que comienza como un simple tonteo, acabará por desencadenar la batalla más épica y destructiva de la historia.

Con estos mimbres Marquina nos presenta una historia en la que reflexiona sobre el futuro tan negro de la juventud. Como dirían los Sex Pistols “No hay futuro”, así que, ante esta falta de perspectivas, hasta el único joven con poderes del planeta solo quiere irse de fiesta y aprovechar para vivir el momento hasta que la ola de lo que está por venir la acabe engullendo. No quiere ni oír hablar de las tonterías proges o conservadoras que cuentan sus amigos, solo quiere dejarse ir y disfrutar con su chica, una postura muy respetable ya que así no hace mal a nadie. El problema viene cuando Eneas se encuentra con un chico que tiene al menos tanto poder como él y que encima esta como una cabra, por lo que embarca en una orgía de destrucción que nuestro protagonista tiene que detener.
No estamos acostumbrados a que la acción de un comic de este tipo trascurra en Madrid, así que es una pasada ver como Eneas y su rival destrozan la capital de España en su batalla, siendo reconocibles muchos sitios como el Bernabéu, Callao, las cuatro torres, etc.. Aquí hay que señalar el espectacular trabajo que hace Víctor Solana, con un dibujo claro que permite que reconozcamos todos estos sitios y que a la vez es lo suficientemente descarnado para ofrecer unas escenas de acción realmente alucinantes. Sus lápices están cargados de detalle y todo está presentado con un ritmo magistral en cuanto a composiciones de página siempre al servicio del relato. Y es un placer realizar una segunda lectura más pausada para encontrar las múltiples referencias a la cultura popular que el dibujante incluye en sus páginas.

La tercera ley de Newton dice que a cada acción le corresponde una reacción y eso es justo lo que vemos en esta historia. Unos acontecimientos van llevando a otros, escalando de manera infinita hasta llegar a jugar con la idea de Dios, de que supone ser un todopoderoso y estar aburrido sin saber que hacer. Es cierto que los personajes se comportan de una manera extrema y extraña en el comic de superhéroes, pero en eso está la gracia. No podemos esperar que Eneas y el resto de los protagonistas se comporten como Batman o Spiderman, eso sería muy aburrido. Por eso el guion de Marquina es tan interesante. Sabe mezclar muchas influencias entre las que destacan mangas como Akira o Dragon Ball, sin olvidar ciertos toques de Authority. Así ofrece una lectura tan estimulante como atractiva, con enormes dosis de violencia, sí, pero también de profunda reflexión sobre el ser humano y el mundo en el que vivimos.

La edición de Sallybooks es bastante buena, ofreciendo por 18 euros un tomo en cartoné de 120 páginas con un gramaje más que consistente que además tiene como extras un epílogo de Gerardo Vilches, un portafolio de bocetos y diseños y unas notas finales de Javier Marquina.
En resumen, La Tercera Ley de Newton es un tebeo que no tiene complejos, que sabe aprovechar el terreno que ya han andado otros autores para ofrecer una nueva historia original sobre esas bases. Javier Marquina y Víctor Solana juegan con las convenciones del género para ofrecer una lectura amena y reflexiva a la vez, que invita a repasar sus páginas varias veces.



