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Retro-Análisis : Bola de Fuego (1941). Hawks nos entrega una master piece de Screwball

En la época dorada del séptimo arte (años 40-50-60 del siglo pasado) fueron muy comunes las comedias Screwball en el cine norteamericano.  Bola de Fuego, la película de Howard Hawks que nos ocupa, sería uno de los ejemplos más destacados de este sub género englobado en el de comedias. Cuando la vemos, realmente nos damos cuenta de que, con Bola de Fuego, Hawks nos entrega una master piece del mismo.

De qué trata Bola de Fuego

Ocho profesores entre los cuales destacan los personajes de Gary Cooper (Profesor Bertram Potts) y Henry Travers (Profesor Jerome) entre otros, viven totalmente aislados de la sociedad que les rodea. Ellos llevan una vida tranquila dedicados a la realización de una enciclopedia gracias a un benefactor, el señor Totten, y bajo la supervisión de la hija de este, Miss Totten (Mary Field).

A sus tranquilas vidas llegará Sugarpuss O’Shea (la gran Barbara Stanwyck), una corista que huye de la policía para evitar que la interroguen sobre su relación con un mafioso de nombre Joe Lilac (Dana Andrews). La tranquila existencia de los ocho dará un vuelco para no regresar a lo de antaño.

Qué aspectos definen una comedia Screwball

Las películas que están dentro de este sub género de la comedia que se hacía en esa época en la meca del cine, Hollywood, vienen definidas por varios aspectos cruciales para que se puedan considerar como tales. Podemos destacar las batallas verbales entre varios de los personajes de las películas (los protagonistas especialmente) y las relaciones románticas basadas en tensiones intelectuales (diferentes clases sociales chocando), cosa que también desemboca en una crítica social implícita sobre la lucha de clases.

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Aspectos positivos que nos hacen recomendarla

Comenzamos por el guion del binomio integrado por Billy Wilder y Charles Brackett. Ese uso del tratamiento del lenguaje como motor narrativo es brillante y no solo un recurso humorístico (que también lo es), sino el núcleo temático de la historia. Ese contraste entre el lenguaje académico y la jerga popular (entre los ocho profesores y Sugar) resulta un enfrentamiento entre una cultura encerrada en si misma y otra que podemos llamar «viva», una que se va transformando al ritmo de la calle.

Aquí es donde la figura de Sugarpuss gana mucha importancia, dado que encarna la modernidad urbana. No cae en resultar un personaje humorístico sino que representa muy bien, gracias al maravilloso trabajo de Barbara Stanwyck, un rol de mujer pragmática, que sabe el poder que tiene y ejerce sobre los demás. Esa mezcla de magnetismo, sentido del humor, y sensualidad, marcan su performance de manera destacada. No es al arquetipo de mujer que necesita ser salvada por el profesor Potts, sino más bien al revés y su aparición será lo que cambie la existencia del académico. Y no solo de él, sino también del resto de los profesores.

Seguramente Stanwyck agradeció a Wilder que su personaje no fuera como la mayoría de los destinados a las actrices en esos años en la meca del cine. Wilder tenía como norma crear personajes femeninos fuertes e independientes.

Gary Cooper, por contra, no estaba muy seguro de protagonizar comedias de esa índole porque creía estar destinado a papeles más dramáticos, pero el resultado de su personaje desconectado del mundo real, de la calle, es lo que genera gran parte de los momentos de humor del filme sin llegar a quedar ridículo a los ojos del espectador. De hecho, el cambio que se produce en Potts llega al incorporar todo lo que experimenta en ese mundo real ajeno a su persona y al conocimiento teórico que es la base de su personaje.

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Los siete enanitos de Blancanieves en formato profesores académicos. Podríamos encontrar paralelismos entre los personajes de Disney y estos sabios distraídos. Desde la primera escena en que caminan por el parque (parecido a los siete enanos yendo a la mina) hasta la dinámica del grupo nos retrotraen al cuento. Funcionan todos como un solo personaje colectivo que aporta ritmo y variedad a la narración. Hawks maneja extraordinariamente sus reacciones cuando Sugarpuss, la Blancanieves de la película, llega a su choza (su casa académica), las cuales varían entre la fascinación, la incomodidad y la curiosidad.

Evidentemente, el cambio sobre el cuento tradicional viene por el papel activo de Sugar en el devenir de los acontecimientos, saliendo del rol pasivo y dependiente de la versión animada. Sus escenas de humor no se sienten para nada forzadas ni caen en aspectos que la pudieran definir como una comedia boba, sino que es más bien una crítica muy actual sobre el  choque de generaciones y qué lenguaje es válido en la actualidad para ser tenido en cuenta y estudiado.  La tensión académica contra la cultura de la calle…

A quién podemos recomendar visionar Bola de fuego

En general a todos aquellos/as aficionados/as al séptimo arte que quieran saber qué tipo de cine se realizaba en esos años convulsos a nivel internacional (inmersos en la Segunda Guerra Mundial) y qué aspectos sociales definían ese cine, entre otros el código Hays (vigente desde 1930 hasta 1968).  Y recomendable también para todo aquel/la amante del cine clásico y del género de comedia. Howard Hawks y Billy Wilder; creo que solo con esos dos nombres es suficiente para que os interese ver Bola de fuego. Dos estrellas que han quedado con letras de oro en la historia del séptimo arte.

Os dejamos enlace a artículo en esta web sobre 5 películas Screwball. AQUÍ.

 

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