Hoy revisitamos El Profesional (Le Professionel, 1981), filme francés que, dirigido por Georges Lautner y protagonizado por Jean-Paul Belmondo, ejerció luego influencia y sentó las bases de mucho del cine de acción que vendría después.
Bienvenidos sean a un nuevo retro-análisis, hoy para hacer repaso de El Profesional (Le Professionel, 1981), película que, dirigida por Georges Lautner y protagonizada por Jean-Paul Belmondo, representó en su momento un resonante éxito de taquilla y sentó las bases del policial de acción francés que, más duro y frío que el americano, sería explotado en el futuro y sobre todo a partir de los noventa por directores como Luc Besson o Louis Leterrier.
Por cierto y ya que mencionamos a Besson, el filme que nos ocupa no debe ser confundido con El Profesional (Leon) que, estrenado en 1994 y conocido en algunos países como El Perfecto Asesino, lo tenía justamente a él como director y a Jean Reno en el papel principal. Ya habrá retro-análisis…
El proyecto nació hacia 1978 tras frustrarse el filme Barracuda que, dirigido por Yves Boisset, se inspiraba en el caso real de una arqueóloga francesa tomada como rehén por rebeldes chadianos. El director quería darle al filme un tono de drama testimonial mientras que Belmondo, que iba a protagonizarlo, prefería un enfoque de acción y aventura. No hubo acuerdo y Barracuda no pudo rodarse, pero por esos días cayó en manos de Jean-Paul la novela La Muerte de un Animal de Piel Fina, del escritor británico Patrick Alexander, y quedó fascinado…
Le propuso a Boisset llevarla a la pantalla, pero este no mostró interés, así que fue en busca de su hermano Alain Belmondo para producirla y entre ambos convencieron a Georges Lautner de hacerse cargo de la dirección. Parecía una elección arriesgada, porque su experiencia como director venía más bien de la comedia, del thriller psicológico o del thriller político, no tanto del cine de acción propiamente dicho.
El guion fue encomendado a Michel Audiard y el escenario principal de la historia trasladado de Reino Unido a Francia. Lautner, sin embargo, no quedó del todo conforme con el escrito y le introdujo cambios, por lo que Boisset, disgustado, se bajó del proyecto aunque, extrañamente, algunas partes de su trabajo terminaron en manos de su hijo Jacques Audiard, quien se ha convertido en noticia en estos días por ser su película Emilia Pérez (2024) la más premiada en la reciente entrega de los Premios Globo de Oro. Ennio Morricone, que no necesita carta de presentación alguna, quedó a cargo de la música.
“Feo” y Seductor
Los orígenes actorales de Jean-Paul Belmondo tenían poco que ver con el cine de acción. Desde los años cincuenta y previo paso por el teatro, había hecho sus primeras armas en pantalla grande como uno de los actores predilectos de la llamada “Nouvelle Vague” para prestigiosos directores como Jean-Luc Godard, François Truffaut, Claude Chabrol o Jean-Pierre Melville. E incluso fuera de dicho genéro, para otros realizadores también franceses como Philippe de Broca, Claude Lelouch y Marcel Carné, o italianos, como Vittorio de Sica o Mauro Bolognini.
Se había paseado indistintamente por el surrealismo, la comedia, el cine bélico o el de aventuras, pero recién se empezó a codear con el de acción hacia mediados de los sesenta, aunque ningún papel le consagraría (y quizás encasillaría) tanto en el género como el que interpretó en El Profesional a los cuarenta y ocho años, una edad en que la mayoría de los actores de acción empiezan a tramitar su jubilación o buscan papeles más relajados y físicamente menos exigentes.
No es la única regla no escrita del cine que rompió Belmondo. Además logró imponer un perfil de galán y seductor convirtiéndose en el “feo” más famoso del cine europeo (la versión americana era Charles Bronson, pero de galán y seductor nada) y, a pesar de haber sido muchas veces tentado por los productores de Hollywood, siempre prefirió quedarse en Francia, lo que le hizo acreedor de un amor muy especial por parte de sus connacionales. O sea: tenía todo para no triunfar y triunfó…
La Historia
Josselin Beaumont, más conocido como “Joss” (Jean-Paul Belmondo) es un agente secreto y sicario al servicio del gobierno francés al que se envía a un ficticio país africano llamado Malagawi para asesinar al dictador local Njala, quien al parecer perjudica los intereses galos allí. Pero bien sabemos que la política puede ser cambiante y mientras Joss se halla en plena misión, hay nuevo gobierno en Francia y se lleva mejor con Njala: el plan ya no es matarlo sino, al contrario, forjar estrecha alianza.
Eso podría tener un final más o menos feliz si simplemente se comunicaran con Joss para ponerle al tanto del giro y abortar la misión, pero en lugar de ello y en un gesto de zalamería diplomática para con el dictador local, prefieren entregárselo en bandeja.

Joss es encarcelado, torturado y obligado bajo efecto de drogas a declararse culpable. Se le confina a prisión perpetua y trabajos forzados en un campo de reclusos bajo condiciones inhumanas, pero a los dos años logra escapar en compañía de un presidiario local que no tendrá tanta suerte como él en la fuga.
A pesar de que el gobierno de Njala pone en marcha todos los recursos posibles para encontrarlo y hasta queman una aldea en la presunción de que allí se esconde, Joss termina escapando del país africano y regresando a Francia, ni falta hace decir que para vengarse de quienes lo entregaron sin escrúpulo ni miramiento.
Desde ese momento tiene lugar un juego de gato y ratón entre él y el jefe de policía Rossen (Robert Hossein), cuyo infame e inescrupuloso sargento Farges (Bernard-Pierre Donadieu) recurre a los métodos más ruines para dar con el paradero de Joss, pero por mucho que hagan, él siempre está un paso por delante y hasta por detrás, como cuando de la nada se le aparece sonriente a Farges para mojar el croissant en su café…
Y cuando pretendan adelantársele y poner vigilancia en los domicilios que probablemente visite, se las apañará para burlarlos e introducirse de todos modos en la boca del lobo, tal como lo hace en casa de su esposa Jeanne (Elisabeth Margoni) o en el departamento de su amante Alice (Cyrielle Clair).

Pero allí no termina la cosa. Joss no se dedica solo a hacerles la vida imposible a quienes lo entregaron, sino que además sabe que el dictador Njala hará una visita a la capital francesa y ello le da la oportunidad de terminar el trabajo que dos años atrás no pudo. “Si estaba bien matarlo hace dos años – dice -, está bien matarlo ahora”, lo cual puede ser visto como una deuda consigo mismo, pero también como un modo de arruinar del todo la buena relación que el gobierno de Francia pretende ahora construir con el régimen dictatorial de Malagawi. Y no les cuento más…
Un Antihéroe con Sello Francés
El Profesional es una historia de venganza, pero no en el modo clásico de los antecedentes cinematográficos que existían, tales como A Quemarropa (1967), La Última Casa a la Izquierda (1972) o El Justiciero de la Ciudad (1974). Joss no es alguien a quien su propia banda haya traicionado durante un atraco ni al que le hayan matado completa a su familia: es más bien alguien a quien le han fallado su propia agencia, el gobierno, la nación y el sistema, deslizando incluso el filme una crítica política más o menos sutil contra las cambiantes posturas de Francia en la relación con sus ex-colonias
Es él contra todos en una guerra personal sin cuartel en la que usará todas las habilidades que, en otro momento, sus ahora enemigos le han enseñado. Y para llevarla adelante, no tendrá problemas en saltearse la ética que, después de todo, ellos no han mostrado para con él.
Recuerdo que al momento del estreno, había quienes comparaban al personaje con James Bond, pero más allá de lo sugerente de las iniciales JB del personaje (las mismas que se repetirán luego con Jason Bourne y Jack Bauer (incluso el propio Belmondo las tiene si omitimos el “Paul”), no hay demasiado parecido con el 007, aun cuando maneje la ironía, tenga éxito con las damas o se valga de la astucia para salir de situaciones complicadas.
Boss no tiene un perfil tan señorial ni galante: por momentos es todo lo contrario y sus modales hasta rayan en lo grosero. Y el tipo de sarcasmo que utiliza es más directo y menos sutil que el de Bond. No tiene tantos escrúpulos ni pruritos a la hora de matar, como tampoco para usar la violencia y llegado el caso estrellarle la nariz contra una mesa de billar a alguien que se lo merece. Lo suyo es más frío y brutal, sentando las bases para muchos personajes que vendrán después tanto en el cine francés como en el americano.

Belmondo está en su salsa recreando un personaje de tales características y se nota que se siente cómodo. Al igual que Tom Cruise o Jason Statham, era de los que no utilizaban doble de riesgo a menos que la compañía de seguros así se lo exigiese, lo cual ocurría cuando la peligrosidad de una escena era demasiado alta.
Está involucrado, por lo tanto, en casi todos los momentos de lucha o de persecución callejera (Belmondo era amante de los autos y la velocidad), como la que, entre un Fiat 131 Mirafiori y un Peugeot 504, tiene lugar en los Campos Elíseos, bajando incluso escalinatas o bien girando en torno a la Torre Eiffel: de antología. Y hasta hay una escena de duelo a lo “far west”.
De alguna forma, Joss es un antihéroe y, de haber sido concebido al otro lado del Atlántico hubiera, seguramente, dado lugar a una saga. Pero esto no es cine americano sino francés y, como tal, la película no tiene un final rosa ni deja abierta la posibilidad de secuelas.
Lo malo de ello es que al tener tanto éxito el personaje y no ser continuado, se hizo inevitable que Belmondo lo repitiera al encarnar otros, sin importar que se tratara de un entrenador de boxeo o un inspector de policía. El tipo seguro, sarcástico y seductor que se las sabe todas y sonríe siempre como sobrando la situación, estará presente en la mayoría de sus películas de los ochenta y noventa, aunque ninguna igualó el éxito de El Profesional ni, a decir verdad, su calidad.
La Música
Lo de la banda sonora es un caso que, de tan particular, merece tratamiento aparte, pues nos es imposible desligar a la película del tema instrumental Chi Mai que, compuesto por Ennio Morricone, pasó para muchos a ser directamente “la música de El Profesional”, algo parecido a lo que ocurre con la de El Exorcista, que Mike Oldfield no compuso para dicho filme (si quieren saber más al respecto, les invito a leer mi retro-análisis en esta web, además de un interesante artículo sobre Oldfield y su emblemático disco Tubular Bells).
La diferencia, en todo caso, es que el tema Chi Mai sí había sido compuesto para una película, pero no para El Profesional sino para Maddalena (1971) y lo que en todo caso hizo Morricone fue reutilizarlo (o reciclarlo). Básicamente se trata de una melodía en sintetizador de tono evocativo y nostálgico, a la que se van sumando otros instrumentos. En el arreglo que específicamente hace Morricone para El Profesional, a diferencia del de Maddalena, se marca más el tempo y se acentúan el apoyo orquestal y protagonismo de la batería.
El tema se volvió mundialmente icónico, pero es interesante diferenciar las particularidades según países. En Francia y aun cuando la película haya sido allí un éxito de taquilla arrasador (la cuarta más taquillera del año), lo común es que el público asocie más a la canción con un aviso publicitario de alimento para perros difundido en la televisión de dicho país en 1980. De hecho y jugando con esa asociación, en el filme Astérix y Obelix: Misión Cleopatra (2002), el tema suena de fondo en la escena en que, a cuatro patas y en cámara lenta, un legionario romano es perseguido por el perrito Ideafix.
En el Reino Unido, la canción también fue un exitazo y trepó al puesto n° 2 en las listas de ventas, pero fundamentalmente porque también fue incluido en la miniserie The Life and Times of David Lloyd George, emitida por la BBC el mismo año en que se estrenó El Profesional.
En Argentina, el tema fue utilizado a morir en escenas de programas televisivos en que, en tono de comedia o parodia, había que dar idea de situación romántica (algo semejante a lo que después y al día de hoy se sigue haciendo con la intro de saxo de Careless Whisper, del dúo británico Wham!).
Pero lo más curioso de que la “música de El Profesional” sea tan conocida es que la película, paradójicamente, no tiene casi música, sino que las escenas de diálogo, tensión, persecución o tiroteo van normalmente en silencio, ayudando así a resaltar el tono frío y descarnado de la historia que se cuenta. Y cuando sí hay música, suenan casi invariablemente las notas de Chi Mai: digamos que el maestro Morricone no transpiró demasiado para esta banda sonora (¿le habrán pagado poco?) y sin embargo termina siendo una de las más conocidas que hizo y el tema Chi Mai, en principio impensable para una película de acción, acaba provocando un efecto contradictorio que, insólitamente, encaja perfecto.
Valoración y Legado
El Profesional es una película pionera en muchos sentidos y sin embargo poco reconocida como tal. Sus influencias bien pueden reconocerse en el cine de acción francés posterior a los noventa, como también al otro lado del Atlántico en las sagas de John Wick o Jason Bourne (quien también fue enviado a matar a un dictador africano y se terminó enfrentando a su propia agencia gubernamental tras quedar trunca la misión). Sin embargo, por alguna razón, ello es rara vez mencionado.

Belmondo cumple con creces y está bien secundado por Robert Hossein como interesante antagonista en una confrontación que, ajena a toda moral o principio ético, no terminará hasta que se encuentren frente a frente.
La película tiene un grado de violencia que está algo por encima de los estándares de la época y contiene la que es para mí una de las mejores escenas de persecución callejera, aun cuando mi compañero Juanma no la haya incluido en su top 10 de persecuciones de cine que, no obstante, es un excelente artículo y les invito a echarle ojo.
El Profesional es una película que no parecía destinada para el éxito y sin embargo lo fue, con un director poco ligado al género, un actor cercano a los cincuenta y una música que, aun siendo de Ennio Morricone, no fue compuesta especialmente para el filme.
La historia está contada de manera impecable y mantiene el ritmo de principio a fin haciendo convivir lo físico con lo cerebral: es una película de acción, sí, pero con una trama inteligente y bien resuelta. Y cuando aparece cada tanto algún toque de comedia, se esfuma rápidamente sin hacer perder el rumbo ni el objetivo: todo está bien equilibrado.
¿Será ya hora entonces de que El Profesional tenga más reconocimiento del que tiene? Ojalá este retro-análisis y mi invitación a verla (si aún no lo has hecho), aporten un pequeño granito de arena en tal sentido…
Hasta la próxima y sean felices…



