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Retro-Análisis: Nikita, Dura de Matar (1990); Pigmalión en clave de thriller y con acento francés

Hoy en nuestra sección de retro-análisis revisitamos Nikita, Dura de Matar ( La Femme Nikita), película que en 1990 sentó las bases para el despegue internacional de su director Luc Besson y que, aun sin secuela, impuso un estilo de thriller que se continúa hasta el día de hoy.

Si se saliera a preguntar a la gente por el mito de Pigmalión, la gran mayoría diría no conocerlo, a una parte solo le sonaría el nombre y un pequeño porcentaje sabría de qué se le está hablando. Sin embargo y curiosamente es uno de los mitos más fuertemente instalados en la cultura popular y permanentemente revisitado aunque no haya mención específica. Nikita, Dura de Matar (también conocida según los países como Nikita La Cara del Peligro o simplemente Nikita) es una película de Luc Besson que es perfecto ejemplo de ello.

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Influencia y Reinfluencia

Comencemos por aclarar que para 1990 el hoy prestigioso director francés venía de tres largometrajes bien diferentes en temática: había tenido su ópera prima a los 23 años (como Orson Welles) con una muestra de ciencia ficción postapocalíptica llamada Le Dernier Combat (1983), para seguir con una de mafiosos y marginales bajo la ciudad de París en Subway (1985) y pasar a una bella historia de triángulo amoroso con competencia de buceo extremo incluida en El Gran Azul (1987).

Aunque el nacimiento de un género siempre es difícil de fechar, muchos sostienen que Subway, su segunda película, es la que da nacimiento al llamado cinéma du look, estilo cinematográfico bien galo en el cual importa mucho más el estilo que la sustancia y, como tal, contrasta la elegancia visual con la vida marginal de los personajes.

Nikita, Dura de Matar, cuarta película de Besson, es un thriller de acción bien a la francesa (a pesar de ser co-producción franco-italiana) al que, de ser estrenado hoy, le caería seguramente el rótulo de filme de empoderamiento, ya sea como crítica o como elogio. Pero como alguna vez dijo el gran Manuel Mujica Lainez, los grandes suelen no seguir modas sino crearlas y en 1990 ni se mencionaba esa palabra; más bien, por el contrario, el filme sirvió de inspiración para muchos otros que después vendrían con sexies muchachas marginales devenidas en agentes secretos o máquinas de matar.

Es también la primera película en hacer que el cine francés se acerque decididamente al tono de las de acción americanas y se pueden asimismo percibir influencias del llamado “nuevo Hollywood”, que tiene como principal referente a las películas que Francis Ford Coppola filmó a principios de los ochenta como Rebeldes o La Ley de La Calle. Pero sabido es que los cineastas franceses no pueden tomar nada sin dotarlo de estilo propio y Besson menos todavía.

Tal es así que el tipo de historia y de personajes acabaron rebotando hacia el otro lado del Atlántico y reinfluyendo a mucho del cine de acción de Hollywood, sobre todo a partir de los noventa. Más aún: prepararía el terreno para el desembarco en dicha industria de Besson, cuyo talento, al igual que muchos cineastas europeos que dieron ese salto, se manifestaría allí de manera irregular.

La Historia

La película comienza con un grupo de jóvenes marginales que, en síndrome de abstintencia y plan delictivo, deciden atracar la farmacia del padre de uno de ellos en busca de drogas. La cosa se complica: este se aparece con una escopeta y detrás la policía. Hay tiroteo y dos agentes mueren, como también los jóvenes con la sola excepción de una muchacha que nunca se enteró qué pasaba. Es, obviamente, Nikita (Anne Parillaud), que, perdida, con la mirada ausente y ajena a toda conciencia, mata de un disparo en el mentón a un oficial que se le acerca con buenas intenciones.

Es sentenciada a perpetua, pero en la práctica es una condena a muerte, pues en prisión le comunican que será dada or suicidada. “Avisen a mi madre”, ruega entre sollozos. “Ya lo hicimos”, recibe como fría y lacónica respuesta.

Pero hay una segunda oportunidad: una organización paragubernamental llamada El Centro le otorga la chance de convertirse en agente durmiente y asesinar por encargo, solo que figurará muerta para el sistema. Siendo la muerte su única opción en contrario, acepta y ello le implica no solo un duro entrenamiento en armas y lucha, sino también ser reconvertida de animalillo salvaje en dama educada, refinada, seductora y muy femenina.

En ello tiene especial participación su mentor Bob, quien irá desarrollando con ella un vínculo especial y edípico que se volverá conflictivo cuando la joven vaya descubriendo que hay una vida en la cual poder reinsertarse, particularmente cuando establece relación con Marco, cajero de supermercado ingenuo y buenazo que, desde ya, desconoce todo sobre su real profesión.

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Un Sólido Elenco

En el mito de Pigmalión, el rey de Chipre se enamora de una estatua que él mismo ha esculpido en su obsesión por encontrar la mujer perfecta. Pero si buscamos un nexo más claro con la historia de Nikita, lo hallaremos en la adaptación teatral que de dicho mito realizó George Bernard Shaw y en la cual, para ganar una apuesta, un coronel asumía el desafío de convertir a una provinciana florista de modos vulgares en fina dama de alcurnia.

Lo que ocurre a Eliza en la obra no es diferente de lo que en la película a Nikita: una se decepciona al percatarse de que todo fue una apuesta y la otra al caer en la cuenta de que la vida que al parecer le han dado no es en absoluto suya… Ni siquiera puede tener un tranquilo viaje de compromiso con su pareja a Venecia sin que El Centro lo use como excusa para una misión. La escena en la que apunta una mira telescópica desde la ventana del baño hotel mientras Marco le habla desde el otro lado de la puerta es por demás representativa de ello.

La tristeza de descubrir que la vida que se tiene no es propia, sumada a la imperiosa necesidad de aspirar a “algo más”, está también presente en Frankenstein o en Pinocho, e implica para cualquier actor o actriz la difícil labor de actuar un proceso de transformación. Y el trabajo de Parillaud es brillante: no hay en su personaje del final de la película traza alguna del que la inició. Y eso es siempre difícil de lograr: soy de los que sostienen que el Joker de Joaquin Phoenix es superior al de Heath Ledger más allá de que ambos estén fantásticos.

Sorprende, eso sí, que a pesar de sentar tan buen precedente, Parillaud no haya seguido por la senda de este filme y, de hecho, se manifestó contraria a interpretar una posible secuela. Quizás de no haber mediado su separación del director, con quien estaba casada al momento de rodar la película, podría haberse convertido en su actriz fetiche como después lo sería por un tiempo Milla Jovovich.

Y si bien su edad de ese momento (treinta años) no encajaba apriori con el perfil poco más que adolescente del personaje, pasa ello a segundo plano por su talento interpretativo, por lo aniñado de su rostro y por la llamativa tendencia de los actores franceses a no arrugarse con el paso de los años (¿soy el único que lo ve así?).

No hay que obviar a quienes la secundan. Jean Reno, otro actor fetiche de Besson (ya había estado en dos de sus tres filmes anteriores), interpreta magníficamente a uno de esos personajes que, aun apareciendo poco, deja su impronta, tal el caso del “limpiador” que se presenta a escena cada vez que una misión se complica y hay que recomponer las cosas.  Su silueta oscura de sombrero y portafolios a la entrada del lugar a “limpiar” es además claro homenaje a El Exorcista.

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En una línea muy distinta, Jean-Hughes Anglade encarna convincentemente a Marco, único personaje de la película que desconoce por completo la maldad, pero que, no obstante, sufrirá un proceso de cambio al verse obligado a dejar atrás su ingenuidad para convertirse en salvavidas y cable a tierra de Nikita: decir más sería contar el final…

Tchéky Karyo se luce como alguien que desarrolla con Nikita un vínculo muy especial, una relación mentor-discípula que es casi marca de fábrica en mucha de la filmografía posterior de Besson y que tiene su mejor correlato en León, película de 1994 también conocida como El Profesional o El Perfecto Asesino y en la cual también está presente el dilema entre retener a tu “criatura” o soltarle la mano.

Por último, la legendaria y varias veces galardonada Jeanne Moreau tiene un momento tan breve como brillante al dar vida a la instructora que enseña a Nikita “a caminar, leer, hablar y, sobre todo, aprovechar la femineidad”, además de aconsejarle sonreír cada vez que no sepa qué responder…

Un Director con Sello Propio

Nikita, Dura de Matar califica como filme de acción, pero no hay que olvidar que es cine francés y, por ende, diferente del americano. El ritmo es más pausado, aunque la acción, cuando se presenta, es trepidante y muy violenta para los cánones de la época. Recuerdo el impacto que, al verla por primera vez, me produjo la escena en que Nikita vuela la cabeza al policía: impensable en ese momento pensar que uno pudiera terminar empatizando con ella, pero el guion de Besson lo consigue y el ritmo pausado que puede a algunos fastidiar es, precisa y paradójicamente, lo que lo hace posible. Una acción más continua y desenfrenada hubiera tal vez entorpecido el proceso de construcción del personaje.

La parte cinematográfica está muy bien lograda y recurre con frecuencia a ángulos y encuadres originales o bien a cámaras subjetivas que acompañan los proyectiles en las escenas de tiroteo.

Los diálogos, en otro rasgo característico de la cinematografía gala, están reducidos a la mínima expresión, lo que nos lleva otra vez a una paradoja, pues el gran aprovechamiento de planos y gestos que hace Besson termina haciéndolos interesantes por poco que se diga: claro ejemplo es el que Marco y Victor tienen hacia el final de la película y que acaba siendo decisivo para el futuro de Nikita (no contaré cómo).

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La música es otro punto alto y también aquí hay compositor-fetiche, pues Éric Serra tiene a su cargo la banda sonora en la mayoría de los filmes de Besson. Sin buscar estridencias ni golpes emocionales, sus percusivas atmósferas minimalistas encajan a la perfección en el tono del filme, aunque… de nuevo paradoja: los climas más logrados son, justamente, los que no llevan música o cuando, por ejemplo, Nikita da una paliza al entrenador de judo y celebra con un improvisado número de ballet mientras suena Mozart de fondo.

Como suele ocurrir con la mayoría de los filmes del cinéma du look, Nikita es una película de contrastes: inocencia-maldad, ingenuidad-maquiavelismo, salvajismo- refinamiento… Y el final es muy francés: hay un desenlace, pero la historia no se cierra al ciento por ciento y deja ciertas cosas libradas a nuestra imaginación e interpretación, como una misteriosa nota aparentemente destruida o el destino final de Nikita.

Valoración Final y Legado

Al repasar la filmografía de Besson, es posible que Nikita, Dura de Matar no termine siendo su mejor película: creo que ese lugar le corresponde a León, siguiente del director si no se cuenta el documental Atlantis. Pero es un filme bien narrado, con una estética admirable y que, además, sienta época y crea escuela, lo cual nunca es poca cosa. Si a eso agregamos una formidable Anne Parillaud y un elenco sólido, poco cabe agregar…

El filme tuvo varios remakes: algunos de origen bastante exótico, como uno de Hong Kong, titulado Black Cat (Stephen Shin, 1991) u otro de “Bollywood” llamado Kartoos (Mahesh Batt, 1999). Pero Hollywood tampoco se lo podía perder y en 1993 John Badham dirigió su propia versión protagonizada por Bridget Fonda y conocida en español como La Asesina (Point of no Return). Atención: próximamente retro-análisis a cargo de mi compañero Juanma…

También ha dado lugar a dos series que, sin alcanzar la estatura del producto de origen, no me disgustaron: la primera es La Femme Nikita, producción canadiense que, protagonizada por Peta Wilson, se emitió durante cinco temporadas entre 1997 y 2001; la segunda, titulada simplemente Nikita, fue protagonizada por Maggie Q y tuvo cuatro temporadas entre 2010 y 2013 con la particularidad de retomar al personaje ya fuera de la organización y haciéndole la vida imposible con tal de vengarse.

Y saliendo del personaje propiamente dicho, se pueden encontrar claras influencias en filmes como Anna (del propio Besson), Ava o Jolt, como también en la muy buena serie Hanna: para cada uno de esos títulos pueden acceder a nuestros análisis y críticas pinchando en los respectivos links.

En fin, gracias por leer y les espero, pero esta vez y como ustedes en calidad de lector, para disfrutar el retro-análisis de Juanma sobre el remake americano del filme que hoy nos ha ocupado. Me lo ha prometido y siempre cumple, así que hasta entonces y sean felices…

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Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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