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Análisis de Ava: intento de fusión entre Nikita, John Wick y Jason Bourne

Dirigida por Tate Taylor, Ava vuelve sobre la clásica propuesta de acción basada en el asesino profesional (asesina, en este caso) que se termina enfrentando a su propia organización. Sin embargo, el filme carece de los aciertos de los referentes en que abreva. Para Latinoamérica en Netflix y para España en Movistar Taquilla.

Dicen que si se quiere tener el físico de Rambo y el cerebro de Einstein, se corre el riesgo de quedar con el físico de Einstein y el cerebro de Rambo. Esa misma lógica funciona para el cine de acción: si mezclamos en una olla Nikita con las sagas de John Wick y Jason Bourne, es posible que, tras revolver un rato, tengamos por resultado Ava, la película que nos ocupa: pero puede ocurrir que en el proceso se pierdan en la mezcla los sabores originales.

¿Han visto ya la historia de la asesina (o agente secreta, su otra variante) que, a pura sangre fría, destreza, belleza y seducción es la mejor de su organización y, prácticamente, una máquina de matar irrefrenable? Seguro que sí.

¿Han visto ya la historia del asesino (o agente secreto) que, por sus peculiares métodos, es puesto en tela de juicio por su propia organización al punto de querer eliminarlo? Está claro que sí.

¿Han visto ya la historia de la asesina (o agente secreta) que es casi una hija para su mentor dentro de la organización, al punto de terminar este siendo el único que va a defenderla cuando todo esté en contra de ella? Perdón por el atrevimiento de responder por ustedes: sí.

Pues todo eso está en Ava y bien podrá objetarse que, en definitiva, son los lugares comunes sobre los cuales este tipo de cine funciona. Y estoy de acuerdo; más aún: diría que no hay cine de acción sin clichés y quien no lo entiende que vea cine independiente tailandés o algo así. Pero la cuestión es con qué más se rellene una historia para que los clichés no queden peleando en soledad y allí es donde el filme hace aguas, pues no tiene la oscura intensidad de Nikita ni el sorprendente tratamiento estético de John Wick, como tampoco la frenética adrenalina de Jason Bourne. ¿Busca el guión compensar tales ausencias? Sí, pero que lo logre ya es otra historia.

Antes de hablar de la trama en sí, es bueno aclarar que esta película iba a ser, originalmente, dirigida por el australiano Matthew Newton. Sin embargo, controversias judiciales de larga data (que incluyen denuncias de agresión sexual y causas por estupefacientes), terminaron por bajarlo del proyecto aun cuando el guión siga siendo suyo. No se entiende bien qué cambia con solo sacarlo de la dirección, pero, por lo pronto, la misma termina recayendo en el estadounidense Tate Taylor, quien ha demostrado sus armas con Criadas y Señoras, película que le valió varias nominaciones e inclusive alguna estatuilla tanto en entregas de premios Oscar como Globo de Oro. No se puede, por lo tanto, decir que la película haya caído en malas manos, pero sí que los cambios de último momento, con las desprolijidades que conllevan, rara vez terminan bien y este filme es una muestra más de ello.

Ava (Jessica Chastain) es una ex marine que, tal cual antes dijimos, se desempeña como asesina profesional al servicio de una organización que trabaja por encargo. Permanentemente es asignada a misiones de alto riesgo en cualquier parte del planeta, saliendo de ellas siempre airosa e indemne sin importar contra cuántos tenga que tirotearse o tomarse a golpes.

En Arabia Saudita, una misión se le complica más de lo esperado y deja en evidencia que le han tendido, sin éxito, una trampa para quitársela de encima: el motivo estaría, al parecer, en que desaprueban sus métodos y, particularmente, su tendencia a moverse por cuenta propia y “hablar con los objetivos” en contra de sus órdenes.

Está bien, no me digan nada: ya allí tenemos dos cosas que no cuadran demasiado. Por un lado, resulta difícil creer que una organización criminal vaya, simplemente, a querer eliminar a su más eficiente asesina tan solo por su carácter independiente; por otro lado, tampoco encaja demasiado intentarlo de un modo tan complicado cuando la tienen al alcance de la mano para hacerlo con una pastilla o algo aún más barato.

Bien, sacudamos la cabeza y sigamos. No todos en la organización están de acuerdo en sacarla de en medio: quien más la defiende es su propio mentor, al que apodan Duke (John Malkovich), el cual, por lo que se ve, sostiene con ella una relación casi de padre – hija.

En cambio, quien no la quiere ver ni en fotos es un tal Simon (Colin Farrell), de quien luego sabremos que había sido el protegido de Duke antes de la llegada de Ava.

Pero, además de todo esto, hay una subtrama de índole familiar melodramática y allí es donde reside, quizás, el ingrediente extra que buscaron dar a la historia. Y si digo que lo buscaron en lugar de que lo consiguieron es porque, lamentablemente, esa segunda trama nunca logra cobrar la suficiente fuerza ni centralidad dentro del filme sino que, por el contrario, hasta termina, a veces, quitándole clima a la principal.

Ava, de adolescente, ha sido prácticamente expulsada de su hogar por una mentira de su padre a la que su madre (Geena Davis) creyó o tal vez encubrió. Ello la llevó a ganarse la vida por su cuenta y terminar sirviendo a la ya mencionada organización. Cuando intenta volver a acercarse a su familia, después de ocho años, encuentra muchas cosas diferentes.

Para empezar, su ex pareja Michael (interpretado por el rapero Common) ha terminado formando pareja con su hermana Judy (Jess Weixler), además de estar endeudado por apuestas; Bobbi, su madre, se halla hospitalizada y tiene problemas de alcoholismo.

Tal como dijimos, ambas tramas, la de acción y la familiar, se molestan entre sí en lugar de complementarse y enriquecerse. Es una lástima, porque el hecho de que Ava tenga más problemas de conciencia con su pasado familiar que con la cantidad de muertes que carga a cuestas, es un punto interesante de haberse sabido explotar. Pero la historia nunca desarrolla del todo tal cuestión ni llega a sugerir que el comportamiento independiente que caracteriza su accionar como asesina se corresponda con alguno de sus traumas y conflictos familiares. Caemos, por lo tanto, en dos historias separadas que se restan clima entre sí.

Tampoco me quedan del todo claros los motivos que llevan a Simon a odiar con tanta fuerza a Ava, ya que lo suyo parece, por momentos, fijación psicótica. Si se trata tan solo de una cuestión de celos por el hecho de que ella le arrebatara su lugar como protegida de Duke, parece algo infantil o, por lo menos, faltan factores explicativos que nos ayuden a entender la verdadera cuestión detrás de esos celos: un metraje más largo o bien una mayor decisión acerca de qué historia contar podrían haber servido en tal sentido.

La fotografía es correcta (aunque insisto: no es John Wick) y las escenas de acción, si bien lejos de ser de antología, están razonablemente realizadas y tienen la particular novedad de tenerlo a Malkovich envuelto en una de ellas.

Las actuaciones, por cierto, son solventes y no puede ser de otra forma con tan buen elenco, uno de los principales alicientes para ver la película. Chastain cumple en el papel principal y Malkovich es siempre magistral componiendo personajes que son pura ambigüedad (para mí, el más europeo de los actores americanos).

Farrell convence en su papel de asesino despechado (aun cuando no lleguemos a entender del todo su accionar) y Davis compone eficazmente a esa madre alcohólica llena de conflictos y culpas que le cuesta admitir.

De hecho, la escena de diálogo entre ella y Chastain está entre lo mejor de la parte melodramática del filme y hasta hace que, por algún momento, esa subtrama suba en interés.

Hasta el rapero está bien en el papel de Michael y para destacar, también, Joan Chen como la usurera a quien él debe dinero.

Pero si todo el elenco está tan bien y el guión no permite desarrollar sus personajes, habrá que caer en la cuenta de que es una película llena de grandes actores mal aprovechados.

Algunos podrán ver en el filme otra muestra más del empoderamiento de la mujer tan en boga por estos días, pero creo que es ver fantasmas: Luc Besson, por ejemplo, viene dando vueltas a ese tipo de personajes desde hace casi treinta años y si no se hablaba de ello entonces, no veo por qué hacerlo ahora.

Los problemas de la película van por otro lado: en concreto, por la dificultad para desarrollar una trama principal lo suficientemente fuerte y que se articule de modo verosímil con la subtrama que se presenta en paralelo.

Aun con todo lo dicho, no se puede decir que Ava sea un bodrio: su poco más de hora y media se deja ver bien y entretiene, pero no va a quedar en la memoria de los amantes del género. La escena final anuncia secuela, la cual no estamos en condiciones de asegurar que llegará (aunque el aparente éxito en Netflix podría ayudar a ello): allí vemos a Camille (Diana Silvers), implacable, fría y silenciosa asesina a la que no vimos aquí cuestionar una sola orden de su organización, perfilarse como personaje clave en la supuesta continuación.

En lo personal, sin embargo, me quedaron más ganas de volver a ver Nikita que de esperar la misma, pero no prejuzguemos y hablaremos cuando llegue…

Hasta pronto y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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