Retro-análisis: Robocop (1987), la distopía ultraviolenta que jamás volveremos a ver

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Antes de analizar Robocop… no hagáis caso a los críticos. Seres extraños capaces de, entre otras barbaridades, afirmar que los años ochenta fue la peor década del cine. Decir eso de los años que definieron el cine de acción y la ciencia ficción moderna es para no tomárselo muy en serio. Y qué mejor manera de ejemplificarlo que analizando las virtudes de Robocop, una joya que mejora con el paso del tiempo y que tuve la oportunidad de ver en Amazon Prime Video, aunque también la podéis encontrar en Filmin.

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No se puede entender el concepto de Robocop, de ese policía robótico e inexpresivo basado en el personaje de cómic Juez Dredd y en Rick Deckard (el protagonista de Blade Runner), sin hablar del guionista Edward Neumeier y, por supuesto, del director holandés Paul Verhoeven.

Éste llevaba una década dirigiendo en los Países Bajos películas tan provocativas como Delicias Turcas o El cuarto hombre. Incluso abordaba la historia de forma polémica en Eric, oficial de la reina. Tras rodar su primera producción inglesa con Los señores del acero, aventura medieval realista en la que Jennifer Jason Leigh “violaba” a Rutger Hauer, fue contratado para dirigir Robocop, una película que salió adelante a raíz del enorme éxito de Terminator (en nuestra web tenemos un ranking de las películas de Terminator ordenadas de peor a mejor).

En lo superficial, Robocop puede ser una antítesis de Blade Runner. Mientras que en la joya de Ridley Scott los robots desarrollan aspiraciones humanas, en la película de Verhoeven el protagonista es un humano al que convierten en robot, y lucha por encontrar su humanidad entre tanto cable y chip.

Por resumir algo el argumento: En un futuro distópico, Detroit es una ciudad sumida en la criminalidad. Los organismos públicos están a sueldo de grandes corporaciones. Una de ellas, la OCP, controla la seguridad de la ciudad y crea un prototipo de policía robot que no descanse ni tenga necesidades básicas para centrarse únicamente en la lucha contra el crimen: Robocop.

Lo más destacado de Robocop es cómo un director (polémico, eso sí) recién llegado a Hollywood deja un sello extremadamente personal en una película de encargo. Nada que ver con muchos de los directores de hoy día, que sacan adelante grandes películas en sus países de origen para luego defraudar con largometrajes comerciales. La lista es interminable.

Centrándonos en Paul Verhoeven, deja su sello con tres aspectos:

El primero, un uso brutal y descarnado de la violencia. Jamás volveremos a ver una película como Robocop, que acarició peligrosamente la calificación X por el tratamiento de ésta. Escenas como el popular “accidente” en la sede de la OCP, la brutal ejecución, cierta escena de un sicario con un ácido o todos los tiroteos no escatiman en sangre o desmembramientos.

Pero hay más debajo de la violencia. Porque Robocop es un western futurista. Lo vemos en el carácter del héroe, en la mayoría de las escenas de acción o incluso en el gesto de que Robocop guarde el arma igual que un vaquero enfunda su revólver.

Además, el director holandés se cree la historia y exprime al máximo las emociones en relación al conflicto entre la máquina y el ser humano. Y no le hace falta dedicar mucho metraje. De hecho, en un encomiable ejercicio de síntesis, solo necesita unos minutos de Robocop en la casa donde vivía con su familia, para hacernos sentir la tristeza de la pérdida de sus seres queridos.

Robocop es una película de acción, pero también una distopía, en muchos casos satírica. Gracias al recurso narrativo de noticias televisivas intercaladas a lo largo de la trama, conoceremos una sociedad con altos índices de criminalidad y que parece recordar a la Estados Unidos Reaganiana de los años 80. Con Paul Verhoeven se ha establecido una leyenda curiosa: su condición de fascista cuando es un votante de izquierdas que gusta mucho de la sátira.

En ese sentido, hay quien encuentra a Robocop como un héroe fascista cuando no es así. Robocop no es Robocop, sino Alex Murphy, un joven policía que lucha contra el crimen y contra su lado más robótico, dominado por una despiadada corporación que solo piensa en beneficios y no en seres humanos.

De hecho, pensamos que la némesis del policía va a ser otra máquina, cuando los verdaderos villanos son ejecutivos que no se manchan de sangre las manos pese a cargar con la muerte de centenares de inocentes. 

En definitiva, Robocop es una joya ochentera más que reivindicable. No solo por su exagerado uso de la violencia, por su tono satírico, por lo disfrutable de las escenas de acción o por la credibilidad a la hora de abordar el conflicto personal del protagonista. Fundamentalmente, porque es una película que, dados los estándares del Hollywood actual, jamás volveremos a ver estrenada.



el autor

Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

6 comentarios

  1. Buenas, es una película que ha marcado tanto al género como a su director, porque podemos ver cosas de robocop en otras películas posteriores de su director como desafío total y starship troopers sobretodo. No sé cuántas veces la he visto y la veré, es todo un clásico tanto de la década como de su género y que nadie debería perderse.

  2. ROBOCOP, un clásico imprescindible que ha tenido secuelas de calidad desiguales. Muchas gracias Fernando por recordarnos esa obra magna del cine ochentero.

    Un saludo a todos y sed felices!

  3. Tremenda pelicula. Demasiado violenta para la edad en que la mayoria la vimos. Me acuerdo lo traumado que habia quedado cuando le volaban la mano a Murphy. Y despues teniamos los juguetes. Re loco todo

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