1942. Un año convulso a nivel internacional con una Guerra Mundial en proceso, con millones de muertos y desplazados, con un régimen totalitario llevando a cabo una limpieza étnica de Europa, terreno abonado para propagandas patrióticas de ambos bandos en contienda, o, para el caso que nos ocupa, producciones cinematográficas que satirizan el conflicto. Ernst Lubitsch satiriza precisamente el régimen nazi a golpe de humor teatral gracias a su película Ser o no ser (To be or not to be). Y nace un clásico del séptimo arte.
Qué nos cuenta la película Ser o no ser
Una compañía teatral dirigida por un matrimonio, los Tura, representa en Varsovia una obra en donde se hace una parodia del régimen nazi. La misma es censurada por las autoridades polacas para evitar provocar la ira del tercer Reich, coincidiendo con la ocupación de las tropas germánicas del país.
La troupe teatral deberá representar la obra en la vida real para tratar de sobrevivir, a la vez que ayuda a la resistencia en su lucha contra los invasores. Su papel será infiltrarse en el aparato militar del enemigo a través de disfraces, suplantaciones de identidad (para así desbaratar un plan de espionaje) y salvar a miembros de la resistencia.

Puntos destacables que nos ayudan a recomendarla
Sin lugar a dudas, lo primero que tenemos que destacar de manera positiva es el llamado “toque Lubitsch”. Como es sabido, Lubitsch destaca por su narrativa elegante, los diálogos afilados y una confianza absoluta en la complicidad del espectador. La película tiene la capacidad de convertir el teatro en metáfora de la política.
En Ser o no ser, Ernst Lubitsch, a través de los acontecimientos en que coloca a sus personajes, teniendo estos que sobrevivir mintiendo, fingiendo e improvisando diferentes papeles, sugiere que el nazismo es una grotesca representación basada en el miedo, la propaganda y la obediencia ciega. Al ridiculizar a los mandamases nazis, les arrebata esa especie de “aura” de poder. Convierte la comedia en un arma crítica.
La construcción de personajes. Este es otro punto alto. El dúo protagonista interpretado de manera magistral por Carole Lombard (Maria Tura) y Jack Benny (Joseph Tura) constituye la base de todo lo que huele a humor en esta película. Desde el gag recurrente del monólogo de Hamlet que cada vez que Tura interpreta en el escenario deriva en que un joven se levante de la platea para ir con la esposa del intérprete (el ego y los celos del primero son un juego divertido), hasta el talento de Lubitsch para ridiculizar a los nazis poniéndoles en situaciones absurdas, todo es para remarcarlo.
La escena en donde Tura hace creer a los alemanes que él es el espía real en lugar de quien realmente lo es, muerto en el sillón, es brillante, y todo ayuda a que la película alcance múltiples sentidos para el espectador.
Joseph Tura es un actor vanidoso, celoso de la fidelidad de su esposa María y obsesionado con su talento. Ella, por su parte, es una actriz inteligente, carismática y que sabe reconocer el poder que tiene sobre los hombres.
Al principio de la película podría parecer que estamos ante una comedia matrimonial con trasfondo bélico, pero a medida que avanza el filme, nos damos cuenta de que realmente va derivando hacia el progreso del personaje de Joseph desde el narcisismo inicial hasta el heroísmo final para intentar salvar a toda la compañía. Así, la película traza un arco de crecimiento moral que enriquece su dimensión cómica.

El montaje y el ritmo. Lubistch demuestra su absoluto dominio del ritmo a través de escenas de tensión coreografiadas de forma casi teatral. Entradas y salidas de escena, puertas que se abren y cierran, personajes que se esconden en habitaciones contiguas. El montaje fluye naturalmente, y los diálogos son rápidos, ingeniosos, cargados de segundas intenciones, cosa que ayuda a que el ritmo sea el adecuado y mantienen la narrativa. La puesta en escena no está centrada en el dramatismo excesivo, sino más bien mantiene un tono más ligero, sin restar evidentemente gravedad a la situación, sino haciéndola más punzante.
Ficción y realidad. Lubitsch juega con la ficción y la realidad. El que los actores representen en teatro caricaturas de oficiales nazis y que fuera de los escenarios les toque para su propia supervivencia hacer lo mismo, por ejemplo, hace que la línea entre una y otra se vaya difuminando. Con ese detalle, parece Lubitsch estarnos diciendo que nuestra identidad es una construcción performativa en constante evolución. Esa idea, gracias al director, se integra en la trama de manera natural y contribuye a hacer su temática más sofisticada.
A quién podemos recomendar Ser o no ser
Primero de todo, a aquellos/as que disfruten con películas de la llamada “época clásica” del séptimo arte. También es perfecta para quienes quieran descubrir joyas de tiempo atrás y especialmente amantes de la comedia clásica. Y, en general, puede gustar a todo/a cinéfilo/a ávido de un tipo de cine que por los tiempos que corren ya no es posible producir, pero que, generación tras generación, va ganando entre el público nuevos adeptos.
Os dejamos el enlace a un artículo en donde nos recomiendan 5 películas de comedia del mismo subgénero. AQUI.



