Hace más de una década se estrenó Whiplash, de un entonces director novel como Damien Chazelle. A pesar de que la cinta es relativamente reciente, ya ha pasado a ser un clásico que quedó en la memoria del público y consiguió múltiples premios, convirtiéndose en una de las películas más recordadas de la década pasada.
Advierto al lector que a partir de aquí vienen SPOILERS de la película que, si no habéis visto y preferís saltar, recomiendo pasar directamente al subtítulo ¿Cuál es el Mensaje?
La misma nos presenta a Andrew (Miles Teller), un joven que estudia en el mejor conservatorio de música de Estados Unidos, donde toca la batería. Una noche, mientras practica en solitario, recibe la sorpresa de que Terrence Fletcher (J.K. Simmons), el profesor y músico más prestigioso del conservatorio, quien ha llegado para escucharle. Le pide que le muestre cómo toca en algunos pasajes específicos y Andrew lo hace pero, para su desánimo, Fletcher se marcha rápidamente.
Andrew es una persona algo solitaria que pasa bastante tiempo con su padre en el cine, donde conoce a Nicole (Melissa Benoist), la taquillera. Al día siguiente, Andrew ensaya con la banda sinfónica en la que es batería suplente. Durante el ensayo se percibe que el profesor no confía en él y solo le ve como reserva.
De pronto, entra Fletcher pidiendo escuchar a cada músico. Pasa uno por uno hasta llegar a la percusión: primero escucha a Conolly, el batería titular, y luego a Andrew, a quien interrumpe enseguida. Tras terminar con todos, Fletcher pide hablar con el batería. Todos creen que se refiere a Conolly pero, para sorpresa general, llama a Andrew para decirle que a partir de ese momento formará parte de su banda y citarle para el día siguiente a las seis de la mañana.
Feliz por entrar en la mejor banda del conservatorio, Andrew reúne valor para invitar a salir a Nicole, quien acepta. Al día siguiente llega algo tarde al ensayo, pero descubre que en realidad la clase empieza a las nueve. Comienza como batería suplente, ayudando a Tanner, el titular, a afinar y preparar todo. La rutina parece normal hasta que entra Fletcher, poniendo a todos tensos.

Fletcher presenta a Andrew al grupo y comienzan a ensayar. Todo parece ir bien hasta que el primero detiene la clase porque dice oír a alguien desafinado. Revisa uno por uno hasta expulsar al supuesto culpable entre gritos e insultos, aunque después confiesa que en realidad no era él quien desafinaba. A continuación, le dice a Andrew que tras el descanso le pondrá a prueba.
Durante la pausa, Fletcher habla con Andrew sobre su vida familiar, mencionando que es el único músico de su familia y lo dura que fue para él la ausencia de su madre. Le aconseja que no se tome la música tan a pecho pero sin embargo, al retomar el ensayo, le exige tocar a tempo. Al ver que falla repetidamente, primero le corrige, después se enfada y, en un arrebato de ira, le lanza una silla. Le grita, le insulta, saca a relucir que su madre les abandonó y su padre es un fracasado para terminar abofeteándole mientras le obliga a marcar el ritmo. Andrew, roto, acaba llorando, lo que solo provoca más burlas y humillaciones.
Dolido y decepcionado, Andrew se obsesiona con practicar para alcanzar la perfección, hasta el punto de hacer sangrar sus manos. En su primera cita con Nicole, le habla de su ambición por convertirse en uno de los mejores baterías del mundo y alcanzar la grandeza, lo que hace que Nicole perciba lo absorbente y exigente que es su carácter.
En la primera competición, Fletcher reparte las partituras advirtiendo que si alguien pierde la suya será su fin. Antes de salir al escenario, Tanner deja la suya en manos de Andrew, quien la extravía. Fletcher responsabiliza a Tanner y exige que toque de memoria, pero este se niega. Entonces Andrew se ofrece, asegurando que se la sabe entera. Fletcher acepta, pero le advierte que si falla, quedará fuera de la banda. Andrew interpreta impecablemente y la banda gana el primer premio.
A partir de entonces, Fletcher lo nombra batería principal, sorprendiendo al resto. Andrew empieza a sentirse superior e incluso, en una cena familiar, menosprecia los logros de sus parientes asegurando que prefiere morir joven y ser recordado antes que vivir sin dejar huella.
Más tarde, Fletcher trae de vuelta a Conolly y les hace competir. Considera que este toca mejor y lo designa batería titular, relegando a Andrew. Poco después, Andrew rompe con Nicole, diciéndole que solo es una distracción para su carrera. Ella, dolida, le reprocha su actitud y se marchan.
En otro ensayo, Fletcher aparece visiblemente afectado y les pone una grabación de un antiguo alumno suyo que se había suicidado, explicándoles que fue miembro de la mejor banda del país. Luego, en clase, Fletcher empuja a Andrew, Tanner y Conolly hasta la extenuación, obligándoles a repetir a un ritmo cada vez más rápido mientras les grita e insulta. Finalmente, Andrew logra seguir el tempo perfecto y Fletcher lo confirma como batería principal.
En otra competición, Andrew sufre un accidente de tráfico de camino al evento, pero aun herido llega al escenario. Intenta tocar, pero lo hace mal por el dolor y Fletcher lo expulsa definitivamente. Andrew, fuera de sí, lo ataca frente a todos. Tras el incidente, su padre y una abogada le explican que el alumno fallecido en realidad se suicidó a raíz de los métodos abusivos de Fletcher y le piden que testifique contra él. Andrew finalmente acepta.

Tiempo después, Andrew ha dejado la música. Una noche entra en un club de jazz y encuentra a Fletcher tocando. Este le cuenta que fue despedido por culpa de alguien que le denunció y que ahora dirige una banda en un prestigioso festival de jazz. Conversan sobre cómo buscaba formar al próximo gran músico y cita la anécdota de Charlie Parker y Jo Jones, justificando su dureza.
Antes de irse, Fletcher le propone a Andrew tocar en la próxima presentación. Tras pensarlo, acepta. Se prepara y trata de retomar contacto con Nicole, pero descubre que ya tiene pareja.
El día del evento, Fletcher engaña a Andrew anunciando un repertorio distinto al que habían ensayado, dejándole sin partituras ni preparación. Humillado, Andrew abandona el escenario, pero después regresa y empieza a tocar por su cuenta. Su actuación sorprende a todos, incluso a Fletcher, que termina siguiéndole junto al resto de la banda. Andrew despliega todo su talento en un solo apoteósico que demuestra su maestría. Maestro y alumno se miran con complicidad y Andrew cierra la pieza mostrando su dominio absoluto de la batería ante el público.
¿Cuál es el mensaje?
Muchas veces el mensaje de la película es malinterpretado, ya que a menudo se confunde con una cinta motivacional. En realidad, la obra muestra los peligros de la obsesión. Si bien Andrew logra su objetivo y aquello que tanto deseaba a lo largo del filme, no le ha salido gratis: lo ha perdido todo. Ya no está en el conservatorio, no mantiene vínculos más allá de la relación con su padre y, por encima de todo, se ha hecho daño a sí mismo. Por la obsesión de convertirse en un gran batería sufrió accidentes, abusos psicológicos y un enorme desgaste personal.
La película mantiene en todo momento un ritmo frenético y acelerado. Esto no es casual: se busca que el espectador sienta lo mismo que Andrew, cómo todo le afecta y cómo cada situación resulta tan estresante y asfixiante. No parece algo que cualquiera quisiera experimentar. El filme nos muestra cómo el protagonista se va deteriorando cada vez más; al principio practicaba con normalidad y al final termina haciéndose sangrar las manos.
Andrew es la encarnación de hasta dónde puede llegar la obsesión. Cuando una persona está cegada por la perfección, nunca está satisfecha. Esto se refleja en el hecho de que Andrew sí tocaba al tempo correcto y con gran precisión; lo hacía a la perfección y aun así nunca era suficiente. En realidad, aquello que le llevó al límite era lo mejor que podía dar en ese momento, pero Fletcher nunca se lo reconoció.

Terrence Fletcher
La de J.K. Simmons, en este papel, ha sido catalogada como una de las mejores interpretaciones de la década y no es para menos: de hecho, le ha valido el Oscar como mejor actor de reparto. Todas las escenas en las que aparece su personaje son memorables: desde su forma de hablar ya impone y con su sola presencia resulta aterrador. Cada vez que entra en pantalla sentimos miedo de lo que pueda ocurrir, ya que queda claro que su personaje, aparentemente, no tiene límites.
Desde la primera escena se nos muestra como alguien prácticamente superior, alguien a quien todos guardan un gran respeto que, en realidad, es miedo. Vemos cómo no tiene el menor remordimiento a la hora de hacer sentir inferiores a sus alumnos solo por el simple capricho de querer descubrir al siguiente gran batería. Comprendemos que no busca que exista “el próximo Charlie Parker”, sino que lo que desea es ser él quien lo descubra. Por ello, no se comporta así solo con Andrew, sino que intuimos que ha hecho lo mismo con la mayoría de sus estudiantes.
El desempeño de J.K. Simmons es impecable: en todo momento, con su voz y sus gestos, transmite una tensión constante, como si estuviera a punto de destrozar a Andrew, pero al mismo tiempo dota al personaje de carisma. Sus bromas y comentarios sarcásticos logran que, de manera contradictoria, resulte un poco más cercano. Si su personaje solo sirviera para atormentar a Andrew, probablemente lo odiaríamos, pero gracias a la mezcla de carisma y presencia que Simmons le imprime, terminamos sintiendo cierta fascinación hacia él, lo que resalta aún más la grandeza de su interpretación.

El ritmo
El ritmo de la cinta es excelente. En una historia que habla de la obsesión, mostrándola en sus excesos; el ritmo frenético y sin espacio para el respiro resulta impecable. La película dura apenas una hora y cuarenta minutos, pero suceden tantas cosas y tan rápido que parece mucho más larga; al inicio del tercer acto da la impresión de que llevamos horas inmersos en la trama cuando en realidad solo ha transcurrido poco tiempo.
La cinta no concede pausas. Incluso los momentos aparentemente más calmos no lo son en realidad. Un buen ejemplo es la escena de la cena familiar: empieza como un encuentro tranquilo, pero poco a poco la conversación se convierte en un bombardeo de información que transforma lo que parecía un simple diálogo en una situación tensa e incómoda.
Esto alcanza su punto álgido en las secuencias musicales. El ritmo y el montaje se entrelazan a la perfección con la música, de modo que la presión de Andrew por destacar y tocar de forma impecable la sentimos también como espectadores. Así, estas escenas resultan aún más impactantes y convierten a la música en un personaje más. Y un recurso narrativo fundamental.

Lo visual
Al mismo tiempo, la película destaca de forma notable por su aspecto visual, especialmente por el uso del color a lo largo de toda su duración. La cinta recurre de manera constante al amarillo, símbolo de la pasión de Andrew por la batería y, al mismo tiempo, recurso para reforzar el aura del jazz, que es lo que llena de vida y energía a nuestro protagonista.
Otro color que adquiere gran relevancia es el verde. Muchas veces, sobre todo en escenarios más oscuros, aparece una tonalidad verdosa que transmite la toxicidad del ambiente, mostrando cómo ese mundo va arrastrando a Andrew a una espiral de obsesión. El jazz, aunque es su pasión, se contrapone con el hecho de que Andrew está arruinando el resto de su vida por no conocer sus propios límites.
Un detalle especialmente interesante se aprecia en la primera escena en la que Andrew y Fletcher aparecen juntos: cada uno viste con colores totalmente opuestos, blanco y negro. A medida que avanza la trama, Andrew va oscureciendo progresivamente su vestimenta hasta llegar, en la última escena, a vestir completamente de negro. Este recurso visual simboliza cómo ambos personajes terminan situándose en el mismo plano y compartiendo una misma mentalidad.

El final
Sin duda, el mejor momento de la cinta es su final, donde todos los elementos que funcionan a lo largo de la película se combinan para entregar una escena icónica. Andrew, en su punto más bajo, cuando creemos que ya lo ha perdido todo, se levanta y comienza a tocar de manera impresionante. Durante todo el filme vemos cómo Fletcher ha tenido más peso visual y narrativo que él, pero en esta escena todo cambia.
Andrew se adueña del escenario y de la cámara, que pasa a seguir cada uno de sus movimientos. Los cortes, los planos y la edición se rigen por lo que hace con su batería. Dentro de la propia narrativa, se apodera también de la orquesta: Fletcher pierde por completo el control y solo le queda acompañar a Andrew. Al principio se muestra molesto, pero poco a poco se da cuenta de que está presenciando una de las mejores interpretaciones que ha visto en su vida.
La escena, llena de cortes frenéticos, se siente como un clímax absoluto. Aunque solo estemos viendo a un batería tocar, la puesta en escena lo eleva a la categoría de un héroe en el fin del mundo. Andrew continúa sin detenerse, la música ya es suya y Fletcher, al verlo, termina apoyándole, dándole espacio para brillar. Entre todos los músicos talentosos del lugar, Andrew emerge como la figura principal, atrapando por completo al espectador.
En el último instante, Andrew baja el ritmo y se detiene brevemente. Mira a Fletcher y, por primera vez, ambos aparecen en igualdad de condiciones. Con una simple sonrisa entendemos que los dos han alcanzado su objetivo. Después, Andrew retoma el ritmo y cierra la pieza, poniendo fin también a la película.
Es un desenlace brillante. No necesitamos saber si Andrew se convirtió en el mejor batería de todos los tiempos ni si su relación con Fletcher mejoró. Lo único que importa es que ambos personajes completaron su arco y alcanzaron lo que buscaban, dejando en el espectador una sensación de plena gratificación.

Whiplash es una película magnífica que, aunque sea reciente, es una de las mejores del siglo y que a su vez nos muestra con un gran mensaje los peligros de la obsesión por la perfección.




¿¡Pero, cómo va a ser esto retro, si yo la vi en el cine!? T.T
Tremendo curro de reseña, señor. ¡Muchas gracias! ^^