Sangatsu no lion, cuando lo japonés se palpa

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Buenos días queridos lectores, y bienvenidos a esta nueva entrada donde hablaremos de una fantástica obra tanto en papel como en pantalla, aunque nos centraremos en esto último. No hablamos de otra que de la aunque ampliamente reconocida por su calidad, poco vista Sangatsu no lion o March comes in like a lion. Una obra no sólo atípica en sus formas, sino también en lo que es: un spokon, anime de deportes, sobre el shogi. El ajedrez japonés, vaya.

Pero seamos sinceros, el shogi es una simple excusa para hacer un genial, conmovedor, realista y detallado desarrollo de personajes, sorprendentes sobre todo por la cantidad de sujetos que hay y por lo realista de su situación. Para que nos entendamos un poco mejor, os resumiré su sinopsis brevemente. Kiriyama Rei es un chico que estudia preparatoria tímido, que siempre está solo y padece, por lo que podemos ver, una profunda depresión. Lo único que le mantiene conectado con la realidad y que le empuja a salir a adelante es el shogi, ya que de hecho es un prodigio que se convirtió profesional en secundaria y con lo que se gana la vida. Cuando conoce a una familia que le acoge y con la cual empieza a intimar empezará a cambiar y ver la vida de otra manera, al mismo tiempo que conocemos a a sus adversarios y sus respectivos desarrollos a la vez que todas estas relaciones se van entrelazando.

En primer lugar aclarar que esta es una serie es un slice of life de corte realista y maduro. No hay acción, hay una comedia muy velada y se centra en cómo los personajes evolucionan enfrentándose a sus respectivos demonios internos. Hasta aquí, podrías pensar, parece una serie como muchas has podido ver, pero nada más lejos de la realidad. Si bien es cierto que un slice of life realista que se centre en sus personajes no es tan raro de encontrar, las características particulares de esta obra hacen que sea algo único en su género, y no me refiero a otra cosa que a lo japonés que es, lo absolutamente plausible que es en el contexto y lugar en el que se desarrolla esta historia. En primer lugar, la autora de este manga quiso centrarse en retratar de forma lo más fehaciente posible el mundo del shogi además de que no alejarse de la cultura japonesa en ningún momento. Así vemos cómo se habla constantemente de esta cultura, a través de su cocina(tema recurrente), festividades, costumbres, tradiciones, lugares comunes, lenguaje, educación o el propio shogi. Pero lo más interesante y lo que realmente hechiza es que se plasma el pensamiento japonés a la perfección, a las conclusiones a las que llegan sus personajes, la estructura mental que les ha formado su cultura y que tan diferente es a la nuestra, y además siendo representada con una elegancia y fluidez pasmantes, por lo que es doblemente bueno.

Supongo que alguien que ha leído el suficiente manga o anime enseguida se da cuenta de que éste fenómeno se repite, y creo firmemente que este es uno de sus grandes encantos, darse cuenta de lo diferente que es el manganime. En todo. Como si viniese de otro planeta. Pero aunque esto no deje de ser cierto, muchas de las obras de mayor éxito se encuentran más o menos occidentalizadas, cosa que en Sangatsu no lion no pasa. Conclusiones a las que nuestros personajes llegan y que a pesar de no ser tontas o de incluso ser profundamente brillantes jamás se nos habrían ocurrido porque para ello hay que pasar por unos puntos que consideremos inaceptables. Y no por considerarlos despreciables ni nada parecido, sino porque son posibilidades que no contemplamos desde nuestra cultura. Siempre me ha dado la impresión de que aquello que caracteriza al país nipón es su transparencia, su sinceridad y su realismo, y es curioso que ello se halle tras un inmenso muro de imposición y represión autoimpuestos. ¿Puede ser que precisamente esa falta de contraste, de apertura, de dar tu opinión, esa férrea convicción de encerrarse en uno mismo porque es lo que hay que hacer es precisamente lo que mantiene a esa sociedad lejos de prejuicios, de tener un pensamiento único como sociedad sobre todas las cosas que nuble tu juicio, tus reflexiones y sentimientos más reales y profundos, puros? Es algo que fascina, porque no deja de sorprender, tan bien reflejado en esta serie, la brutal sinceridad de sus pensamientos, sentimientos, ideales. Aunque sean infantiles o justo lo contrario, despiadados, pesimistas, tristes, alegres, nostálgicos… sean como sean, aceptan esos sentimientos, siempre.

Y eso es precisamente lo que vemos en esta serie, cómo un chico de 17 sin nadie a su alrededor decide dar la cara a la vida aun no teniendo la más remota idea de cómo hacerlo, sin saber cómo acabará, camina a tientas buscando un camino y pasando por absolutamente todos los sentimientos por los que cualquiera de nosotros podríamos pasar, lejos de ornamentos o excusas. Lejos de puritanismos, de ideas sobre cómo debería sentirse, de barreras a sus sentimientos. La única regla es no involucrar a los demás, como buen japonés. Y eso conmueve al espectador, porque la transparencia y simplicidad de sus emociones y reflexiones traspasan la barrera que haya conseguido erigir cualquier tipo de transformación cultural, además de que esto es acompañado por un diseño de personajes, ambientación, dibujo, música o animación espectacular y de un nivel extraño de ver en series de este género. Las paletas de colores, la edición y montaje que se usan está al nivel de cualquier gran éxito en anime en el apartado técnico, como puede ser por ejemplo el de la primera temporada de One Punch Man.

Una vez dicho esto, y si te gusta el anime o la cultura japonesa, ¿Qué haces que no la estás viendo?

Un saludo y sed felices.

 



el autor

Mi nombre es Carmen, pero me llaman Kitayu. En los fríos inviernos me muevo sedienta de tinta y ocio. Bueno, a quién vamos a engañar, en verano también.

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