Ya restan solo dos entregas para que despidamos para siempre a nuestro querido capitán Picard y seguramente también a algunos más de su tripulación. Mientras tanto, analizamos lo que nos ha dejado este octavo episodio de la temporada final de Star Trek: Picard que, con Terry Matalas como showrunner y Patrick Stewart como protagonista, es emitida por Prime Video.
Hola otra vez, trekkies y no tan trekkies. Bienvenidos nuevamente para analizar otro episodio de Star Trek: Picard y nos invade una mezcla de emoción, congoja y nostalgia por adelantado de saber que en solo dos episodios más (salvo quizás cameo en alguna otra serie o película de la franquicia) dejaremos de ver para siempre a nuestro querido Patrick Stewart en la piel del capitán Picard.
Lo curioso es que ya estábamos resignados a haberlo despedido antes de que llegara esta serie, que nos lo trajo de vuelta. Pero la diferencia es que esta vez somos bien conscientes de que es un adiós. Y la felicidad de haberlos recuperado a él y a otros de nuestros queridos personajes aumenta paradójicamente la tristeza de tener que despedirlos. Lo bueno es están teniendo la despedida que merecen.
Rendición es el título del episodio que nos ocupa y, como veremos, ello tiene más de una connotación, pero pasemos de una vez a analizarlo, cumpliendo como siempre en advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y recordando que pueden leer aquí nuestros análisis anteriores.
Picard-Alpha-Tango
Habíamos quedado al final del episodio anterior con Vadic tomando el control del puente de mando en la Titan y así es como retomamos. Deja a la nave sin ojos ni oídos; corta luz, comunicaciones y aísla corredores. Alardea con que puede incluso dejarlos sin oxígeno y nos viene a la memoria Khan, cuando en aquel icónico episodio de la serie original titulado Semilla Espacial hacía la misma amenaza y la cumplía.
Sin noticias de Jack, Vadic le exhorta a entregarse o, caso contrario, irá matando a los rehenes que tiene en el puente: de hecho, comienza con uno y nos vuelve la imagen de Khan, pero en Star Trek II. Como es regla en estos casos, no conocíamos al muerto.
Mortificado por la culpa, Jack quiere presentarse al puente pero sus padres no están dispuestos a permitirlo e intentan hacerle entender que tampoco hay garantías de que Vadic no mate a todos de un modo u otro.

Picard tiene un código de anulación que podría revertir el corte de energía en la nave, pero para utilizarlo necesitan llegar al puente y no hay forma. El mismo es 12-11-Picard-Alpha-Tango 75 y nos suena familiar porque alguna vez Jean-Luc (dos en realidad), utilizó Picard- 47- Alpha-Tango en la película Star Trek: Primer Contacto. ¿Y las otras cifras? Pues ya para esta altura le conocemos el juego a Terry Matalas y podemos comprobar que 12-11-1975 es su fecha de nacimiento (recordar que en inglés mes y día van invertidos). Siendo honesto, ya cansa con tanta egocéntrica autorreferencia…
Pero no necesitan ir al puente: Jack les anoticia sobre su poder de ver y actuar a través de otros y Sidney da fe de ello al contar que le salvó la vida. Tomando entonces control de uno de los oficiales cautivos en el puente, Jack aprovecha una distracción de Vadic para comenzar a pulsar el código, pero lamentablemente ella lo descubre e interrumpe el proceso, además de darse cuenta que es él quien ha estado detrás del intento…
Somos nuestros Recuerdos
Habiendo fallado lo del código de Picard, queda la posibilidad de crear otro, pero Sidney dice que demandaría meses a menos que la matriz discrónica de una inteligencia artificial pudiese acelerar el proceso. Ni falta hace decirlo: tanto ellos como nosotros pensamos inmediatamente en Data…
El problema es la separación: LaForge ya había advertido que de procederse a la misma, se corre el peligro de perder a Data para siempre, pues no hay modo de saber cuál de las dos partes prevalecerá en el cuerpo cuando deje de estar disociado. Deciden, no obstante, correr el riesgo y asistimos a una gran confrontación en el universo positrónico, en la que Data y Lore compiten por el control del cuerpo que habitan: una verdadera batalla interior…
Lore ridiculiza a Data por su tendencia a aferrarse a recuerdos o “chucherías”, como él los llama. Según él, eso lo torna sentimental y, por ende, lo hace inferior. Data, por el contrario, replica que esos recuerdos son precisamente su identidad: son él…
El curso de la contienda, sin embargo, parece dar la razón a Lore que, poco a poco, va asumiendo el control. “Evolución, querido Data” dicta en tono de sentencia parafraseando el “Elemental, mi querido Watson” que Sherlock Holmes hiciera famoso en el cine (no en los libros), pero también el “Elemental, querido Data” que diera título al segundo episodio de la tercera temporada de Star Trek: The Next Generation.
Data admite su derrota y entrega a Lore sus recuerdos, entre ellos el de Tasha Yar, una baraja de póquer y su gata Spot. Lore, paladeando la victoria, los recibe sin saber que se trata de un caballo de Troya. Al darles entrada, está admitiendo que consideraba a esos recuerdos importantes para ser lo que Data siempre fue y él no. En otras palabras, al recibirlos ha resignado su propia personalidad en favor de Data, quien no en vano le había dicho que sus recuerdos son él. Ya no hay división positrónica: ahora son uno y ese uno es Data…
Somos nuestro Dolor
Riker se halla prisionero junto a Deanna a bordo de la Verdugo y ello nos confirma lo que suponíamos: que prefirió entregar a Picard al estar en riesgo la vida de ella. Dice que lo hizo a sabiendas de que Jean-Luc, como siempre, sabría lidiar con el asunto. También nos enteramos que Deanna está allí por haber sido capturada por un cambiante que se presentó en Nepenthe como copia idéntica de Riker: “bueno en la cama, malo en la pizza” dice, en tono de dictamen…
El cautiverio compartido les permite hablar y hay recriminaciones mutuas. Deanna le echa en cara a Riker el haberse ido al otro lado de la galaxia para escapar a la muerte de su hijo Thad mientras ella tuvo que cargar con el dolor de todos. Él, a su vez, le recrimina haber usado el poder betazoide para entrar en su mente y anularle el dolor cuando, justamente, necesitaba sentirlo. Es interesante en este punto la implícita analogía con Data diciendo que sus recuerdos son él; de algún modo, Riker está diciendo que su dolor es él…
Según afirma, ese dolor era su última conexión con Thad y, sin embargo, ella quiso borrarlo. Deanna se ampara en que quería ayudarlo pero admite haber olvidado una regla fundamental del terapeuta al pretender ir al final de la sanación sin recorrer el camino. Vaya pedazo de diálogo…

Un guardia entra de imprevisto, presumiblemente para sumarlos como rehenes en la Titan, pero es sorpresivamente atravesado desde atrás por Worf, quien ha llegado dispuesto a cumplir su promesa de volver con Riker. El Tema Klingon de Jerry Goldsmith suena más épico que nunca…
El reencuentro con Deanna produce un momento incómodo para la pareja, pero especialmente para Riker (recordemos que ella y Worf tuvieron una relación alguna vez). El klingon le dice que contó los días desde la última vez que la vio y que le está en deuda por la autoevaluación y descubrimiento que le llevaron a ser quien hoy es. Riker pregunta si ha venido a rescatarlos o continúa la tortura, con lo que el clima se interrumpe y deben escapar…
Malditos Sólidos
Durante algunos momentos y desconociendo lo que ocurre con su lucha interior, tanto Picard como LaForge, con todo el pesar del mundo, dan por perdido a Data y hasta ven desaparecer del esquema positrónico la parte que ocupaba. Pero sus rostros cambian abruptamente cuando “despierta” y es claramente él. No hay tiempo, sin embargo, para la emoción del reencuentro: la situación exige premura, así que, puesto al tanto de la misma, Data quita rápidamente a Vadic el control de la nave…

A todo esto, nos enteramos que Worf, junto a Raffi, han llegado a la Verdugo en una lanzadera valiéndose del dispositivo de ocultamiento que Jack y Sidney robaron del Bounty. Para llegar a la misma con Riker y Deanna, se abren paso por los corredores mientras en el puente una desencajada Vadic se entera que han escapado. En ese momento, sin embargo, le avisan que hay alguien en el turboascensor y al abrirse la puerta, se le ilumina el rostro al ver a Jack…
Pero este lleva un explosivo en mano y, sabiendo que es a él a quien quieren, está dispuesto a volarse a sí mismo a menos que Vadic deje salir al resto de los rehenes. Dado que ya no le sirven, ella cumple con la petición y salen todos del puente a excepción de Siete, que a último momento decide quedarse dentro…
Para sorpresa de Vadic, Jack y Siete quedan repentinamente aislados y se activa un protocolo de evacuación, lo cual significa que ella y sus secuaces serán arrojados al espacio en cuestión de segundos… y sin traje. “Malditos sólidos” masculla en un giro de humor negro mientras es despedida al vacío e instantes después se deshace en mil pedazos contra la Verdugo, justo antes de que la misma sea destruida por los disparos de la Titan, en la cual Picard y los suyos han recuperado el control…
El Reencuentro más esperado
El viejo equipo está reunido nuevamente y no hay palabras para la emoción de ver sentados a una misma mesa a Picard, Riker, Worf, LaForge, Deanna y Beverly. Y Data, por supuesto… que ahora es humano. Para sorpresa de LaForge, es capaz de imaginar y hasta tiene sentido del humor (vieja obsesión del androide), pero espera, de todos modos, que Picard siga viendo en él al amigo que antes veía.
El mayor momento de humor, de todas formas, lo aporta Worf al decirles que muchas veces, durante los años transcurridos desde la última vez juntos, pensó en enviarles las cabezas de los enemigos a los que mataba, pero que desistió de hacerlo porque hubiera sido muy “pasivo-agresivo”.

A pesar del triunfo momentáneo y la emotiva alegría del reencuentro, hay otras urgencias y probablemente, una vez más, una galaxia por salvar. Deanna, que sufre un fugaz aturdimiento, dice que hay mucha oscuridad alrededor y se refiere, obviamente, a los cambiantes que, por miles, han infiltrado la flota. Restan solo dos días para la celebración del Día de la Frontera y ello hace que, en presunción de un inminente atentado, el reloj corra más a prisa…
Deanna se interesa por Jack y lo que le pasa, particularmente su visión de la puerta roja. Él está seguro de no ser un cambiante, pero no consigue determinar qué es exactamente. Ella le ofrece la terapia para ayudarle, de una vez por todas, a cruzar la puerta. Está a punto de hacerlo y se aprecia una roja luminosidad al otro lado cuando el episodio acaba…
Balance del Episodio
Mientras seguimos llorando a cuenta por lo que se viene, hemos visto otra gran entrega. Ojo, con alguna pega, pero el impacto emotivo de ver a siete integrantes de The Next Generation sentados a una misma mesa no tiene precio. Tampoco el volver a ver a Data siendo Data y el hecho de que ahora sea humano no va en desmedro sino todo lo contrario: es solo la confirmación formal de lo que para nosotros siempre fue. Por cierto, su pedido de vivir en contraposición con el que alguna vez le hiciera a Picard de dejarle morir es altamente conmovedor…
Decíamos al principio que el concepto de “rendición” que da título al capítulo adquiere más de una connotación. Por lo menos tres: rendición de la Titan ante Vadic, de Data ante Lore y de Riker ante la muerte de Thad. Pero todas pueden revertirse, lo cual de algún modo nos viene a decir que ninguna suerte está escrita y todo puede cambiar por mucho que sea el duelo o la pérdida, como en el caso de Riker.
Los diálogos adquieren una importancia clave en relación a ello. El duelo entre Data y Lore, para ser honesto y por tratarse de semejantes pesos pesados, lo esperaba más épico y prolongado, pero se resolvió demasiado rápido y hasta de manera algo simplista, lo cual me produce cierto desencanto. No obstante, no es un mal diálogo y deja repicando la reflexión acerca de los recuerdos como parte de nuestra identidad.
Mucho más intenso es el de Riker y Deanna, quizás porque, a diferencia del otro, no se resuelve del todo ni nos permite tomar fácilmente partido. Pero en cualquiera de ambos casos, hay un concepto central que impregna todo el capítulo y es la existencia: qué es lo que nos define…
Y lo que nos define, de acuerdo a lo que aquí hemos visto, no es la nada del existencialismo ni la trascendencia espiritual de las religiones, sino las pequeñas cosas como una baraja de póquer o las grandes como la pérdida de un ser querido, pero siempre cosas nuestras, con la que hemos ido llenando nuestra vida y quizás sin querer le dimos sentido: podía no haberlo apriori, del mismo modo que no había más que circuitos en Data, pero ahora lo hay…
Y el interrogante sobre la existencia se hace extensivo a Jack, que todavía no logra determinar qué es… Allí voy a poner una pega: el suspenso por su real identidad se ha estirado demasiado y cada vez que se amagó resolverlo, no ocurrió. Volvió a suceder: Vadic había sonado terminante con que había llegado la hora de que supiese quién es realmente; sin embargo, seguimos sin saberlo y ni siquiera tenemos seguridad de que la puerta roja vaya a dar respuesta o si deberemos, finalmente, aguardar al último episodio…
Vadic terminó de confirmar que se movía por motivaciones propias más allá de a quien obedeciese. El sádico espectáculo que montó en la Titan unido a su delirio de poder nos dicen claramente que sus móviles eran distintos de los de aquellos que le daban órdenes. De hecho, cuando en la entrega anterior se sentó a la silla de capitán, la imagen fue la del empleado de oficina que, siquiera por un día, ha conseguido sentarse al escritorio del jefe. Y ni siquiera sé si debemos hablar de ella en pasado…
En fin, en el balance final un gran capítulo que pone la emoción por las nubes… o por las estrellas. Nos quedan solo dos episodios en los que veremos a la tripulación de Picard salvar por última vez la galaxia.
A ver qué nos trae el próximo. Hasta entonces y sean felices. Larga vida y prosperidad…




El “detalle” de mostrar una imagen de Tasha Yar es impagable. Están recordando de una u otra manera (en las 3 temporadas) a prácticamente todo el elenco “importante” de Star Trek. Esperemos no hayan “olvidado” al jefe O´Brien…
Hola Ángel: gracias por comentar! Coincido totalmente en ambas cosas. A mí también me emocionó mucho la imagen de Tasha que, por cierto, fue una de las muertes más dolorosas de toda la franquicia. Con respecto a O´Brien, sería buenísimo que le viéramos: de hecho, es un personaje que ha tenido presencia fuerte en dos series. Colm Meaney está vivo, así que en principio no habría impedimento (hasta donde sé, vive en España). Gracias por leer y por el aporte, un saludo! Larga vida y prosperidad!