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Superman no es inocente pero tú sí

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

Tras saber que hay otra película de Superman, de la que Juanjo ha hecho una gloriosa crítica, tu cabeza empieza a rondar los mismos pensamientos. Ay, Superman. Lo piensas como quien piensa en los Reyes Magos, como algo infantil, absurdo. Esas ideas simplonas y sin ninguna profundidad que tiene. Pero cómo alguien que no sea un niño puede hacerle ilusión algo así, hombre.

Lo siguiente puede ser que nunca te ha gustado lo que Superman representa. Ya sabes, lo que representa Superman. Ya no solo te distancias de los niños, también de los que ven en Superman algo inspirador, qué sé yo, quizás alguna vez haya transmitido algo. Esto es un desastre: cómo puede ser inspirador alguien sin traumas infantiles, sin grandes episodios oscuros en su pasado, alguien que ha recibido el amor de dos personas normales, alguien que decide que es buena idea ayudar en lo que pueda. Sin más. Es absurdo: en la vida adulta y en el mundo real todo se debe a complejísimas cadenas de traumas, recuerdos torturadores y psicoanálisis de a euro el kilo.

superman 1 cosas felices

Lo de las motivaciones simplistas de Superman es absurdo. Cuando tu abuela se cayó yendo sola por la calle las dos personas que la ayudaron a levantarse y se preocuparon por llamarte por el móvil sin duda tienen una complejísima historia relacionada con traumas infantiles asociadas a ancianos que se caen. O un oscuro pasado con dobles o triples intenciones que esconden todo ese esfuerzo de levantar a tu abuela del suelo y estar con ella media hora hasta que llegaste. No puede ser que simplemente se sentían en obligación de ayudar a alguien que lo necesita, sin ninguna neura de por medio. Claro que no.

O esa limitación al propio poder de la que tanto hemos oído hablar cuando cuentan historias de Superman. A una escala muchísimo menor, por supuesto, más de una vez has visto cómo los conductores de autobús como no lleves el dinero justo para el billete no te lo dan. Que si la empresa les obliga. Que no pueden aceptar un billete que no hay vuelta. Que si tienes que irte andando o no llegas al trabajo no es su problema…pero de vez en cuando algo raro pasa. Hay conductores que te miran, sonríen y dicen simplemente «pasa, otro día me lo pagas«. Este conductor se conoce igual de bien las reglas, normas y demás que el resto de sus compañeros. Esa información y su posición en ese autobús les da poder. Pequeño, pero algún poder. Y ese conductor en concreto decide que confía. Dentro de su parcela pequeñísima de poder, como la de la mayoría de personas adultas, elige confiar. Elige creer en la humanidad, en este caso en ti. Sin grandes discursos ni racionalizaciones ni reestructuraciones cognitivas. Simplemente te veía jodido. Simplemente quería que no lo pasaras tan mal, que bastante destruído y atacado te veía. Y ya está.

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En la pandemia chicas jóvenes que ni conoces ayudaron a tu anciana tía, que vive lejísimos de tu casa. No cobraron nada. No pidieron nada. Solo vieron a una persona mayor asustada que le costaba moverse y se ofrecieron a ayudar. Hubo médicos que hicieron turnos sin parar, muchos sin protección de ningún tipo. Policías que ni cobraron las horas extras sin fin que dedicaron a que todos estuviéramos seguros. Cajeras de supermercado que acudieron con toda su ansiedad y aplomo a su puesto de trabajo y se esforzaron por no transmitir pánico. Profesores que no solo se limitaron a cumplir el expediente sino que trabajaron sin descanso, improvisando, para que los nenes perdieran lo mínimo en su formación. Todos hicieron su trabajo, pero hicieron muchísimo más que simplemente cumplir o ir tirando. Contribuyeron a algo mucho más grande que cumplir, como siempre hace Superman. Y lo hicieron, otra vez, sin grandísimas explicaciones basadas en la oscuridad, sin estar con el ceño fruncido todo el día o abominar de todo humor o de los chistes. Gente normal siendo heróica, una y otra vez. Simplemente porque era lo correcto. Y lo seguirá siendo si es necesario, que nadie lo dude.

Sería imposible detallar tantos actos de pequeño heroísmo en el día a día gris de nuestras vidas. Tantos actos de heroísmo generalizados en momentos críticos para todos. Tantos momentos de luz, por bobos que parezcan, entre muchos otros momentos de mezquindad, cinismo o amargura. Es normal que no siempre los recuerdes, es más urgente detectar las amenazas en tu presente y en tu futuro. Pero en demasiadas ocasiones has dependido de la buena voluntad de los desconocidos. Y son unas cuantas veces en que esta voluntad ha sido la noble, la desinteresada, la buena. Está pasando constantemente, no solo a ti sino a todos. Lo está haciendo gente que no tiene los poderes divinos de Superman. Gente normal. Gris. Como tú.

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Y todas estas personas adultas, que han pasado decepciones en el trabajo, cambios de ideología política, desengaños amorosos, problemas de salud o apuros económicos han hecho, hacen y seguirán haciendo este tipo de cosas. Sin muchas veces racionalizarlo, sin casi nunca tener razones profundas que solo salen con hipnotismo. Simplemente a pesar de todo eligen hacer lo correcto. Porque es lo suyo. Porque simplemente sienten que es lo que hay que hacer. Porque no sabrían actuar de otro modo. A pesar de lo difícil que se vuelve todo conforme pasas más años vivo, a pesar de la progresiva soledad que implica cumplir años y a pesar de acumular suficientes experiencias malas, como todos, como para desentenderse del mundo. Siguen haciendo lo correcto en situaciones en las que no ganan nada o directamente les cuesta. Sin más.

Pero por alguna razón todo esto, que pasa en el mundo real constantemente, que no es más que la esencia de Superman, te sigue pareciendo increíble e ingenuo. Y, al final, el que no ve el reflejo en el día a día de vez en cuando del heroísmo clásico, que es el de Superman, el de Hector de Troya, el de Luffy, eres tú. Al final eres tú el que se niega a recordar todas las veces que has dependido del favor de desconocidos. De gente que ha ido mucho más allá del deber. Eres tú el que se obsesiona con obscenas fantasías oscuras de nihilismo y cinismo como si fueras un adolescente al que acaba de dejar su primera pareja. Al final el ingenuo, el que elige desconocer la realidad, eres tú.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.
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