El cine lleva años intentando relacionarse con el videojuego desde que esta joven industria comenzó a explotar en los años 80. Que muchas de esas adaptaciones han sido un desastre es un hecho que ya hemos analizado en nuestra propia sección. Y otra certeza es que, en ocasiones, es más interesante la historia que rodea a un videojuego que el propio videojuego en sí. Como en el caso de Tetris, largometraje que ha estrenado Apple TV este fin de semana.
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Tetris se centra en Henk Rogers, un diseñador de videojuegos que detectó el potencial de Tetris, un videojuego diseñado por un programador soviético cuyos derechos estaban en manos de su país debido a la filosofía comunista imperante en aquella época. Toda la película se centrará en cómo Rogers consiguió que la URSS vendiera a un país capitalista los derechos de venta y exportación del videojuego, teniendo que enfrentarse a personajes como los jefes de un imperio de comunicaciones británico o el propio Estado soviético.
Sobre el papel, puede parecer que la historia sea insulsa y no dé para mucho, pero Tetris es uno de esos magníficos ejemplos de saber cómo contar una historia y hacerla realmente interesante.

De la obra de su director, Jon S. Baird, no he visto ninguna película, aunque sí algunos capítulos de Vinyl, la serie sobre la esfera musical de los años 70 de HBO. Y su guionista, Noah Pink, es el autor de la antología Genius, la serie en la que cada una de sus temporadas se centra en la figura de un genio en particular.
En este sentido, el guion se centra totalmente en Henk Rogers como un genio. Además, uno de los que gusta mucho a los americanos. Es decir, un hombre hecho a sí mismo. Un carismático y extraordinario vendedor capaz de ver el potencial de un videojuego y caminar centrado en su objetivo de forma infatigable hasta las últimas consecuencias.
Lógicamente, el enfoque que se hace del protagonista raya la adoración tan propia del cine comercial americano; sin embargo, uno como espectador no puede evitar simpatizar con este vendedor que sabemos que únicamente busca dinero pero que deseamos que se lleve una fortuna a casa.
A esto le ayuda la simpática interpretación de Taron Egerton, un actor que lleva toda su carrera eligiendo cuidadosamente, con Kingsman, Rocketman, Eddie el Águila o esa maravillosa miniserie que es Encerrado con el diablo. Un intérprete que combina perfectamente encanto, carisma y fisicidad, lo que viene como anillo al pelo a su papel en Tetris.

Él es el protagonista absoluto de una historia dividida en dos partes. La primera se centra en explicar el follón que supuso la venta de los derechos de Tetris entre la Unión Soviética y un imperio de comunicaciones. La segunda enfoca su mirada en los esfuerzos que realizó Rogers para conseguir los derechos.
Lo inesperado de Tetris es que una película que se centra en la venta de los derechos de un videojuego se convierte en un absorbente y tenso thriller de espionaje situado al final de la Guerra Fría y con continuos giros burocráticos que hacen difícil despegarse de la pantalla. El situarse en la época previa a la caída del muro de Berlín también sirve para hablar de la caída de los valores comunistas a medida que el sistema fracasaba.
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A lo interesante de la historia se añade una estupenda banda sonora de Lorne Balfe que recicla los clásicos temas de Tetris y un adecuado diseño de producción en el que llama la atención la continua conversación de las escenas a píxeles deudores del juego y la ambientación de la Moscú de finales de los años 80.
En definitiva, Tetris es un sorprendente thriller de espionaje por partida doble. En primer lugar, por lo inesperado de tratar en ese género la historia de la venta de los derechos de un videojuego. En segundo lugar, por la increíble historia original en sí. Todo ello conducido con un ritmo memorable y entretenido que se eleva por encima de la media gracias a la interpretación del carismático Taron Egerton y la banda sonora de Lorne Balfe. Muy reivindicable.
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