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Análisis de The Mandalorian. Temporada 2. Capítulo 7

Volvemos con The Mandalorian, una serie que ha mejorado enteros en esta segunda mitad de temporada y que consigue superarse a sí misma en cada episodio al mostrar una faceta hasta ahora desconocida del universo Star Wars. El penúltimo capítulo de esta tanda consigue no solo redimir a uno de los primeros villanos de la serie, sino que muestra una evolución muy profunda en el personaje principal y supone un calentamiento lleno de acción para un clímax que promete ser espectacular.

Un encuentro incómodo

El episodio comienza en una prisión de la Nueva República donde Mayfeld, el reo que nuestro protagonista se encontró en el capítulo sexto de la temporada anterior, cumple su condena. Sin embargo, pronto recibirá la visita de Cara Dune, que le espera junto a su viejo conocido. Din Djarin y sus nuevos aliados necesitan su ayuda para descubrir las coordenadas de Moff Gideon, que tendrán que recuperar de una refinería clandestina del Imperio. De nuevo, el mandaloriano debe desviarse de su ruta para poder alcanzar a su preciado niño.

The Mandalorian

Una vez llegados a esta nueva localización, los dos reticentes compañeros deberán disfrazarse de stormtroopers para infiltrarse en la base (todo un clásico de la saga) y enfrentarse al asalto de unos bandidos que quieren apropiarse de los bienes de los imperiales. Sin embargo, una vez entren en la base, el viejo enemigo de Mando se enfrentará a un problema mucho más profundo, de carácter moral, al encontrarse con un oficial bajo cuyo mando sufrió una experiencia traumática.

Crisis de fe

En apenas media hora, el director y guionista Rick Famuyiwa consigue construir un relato prácticamente autoconclusivo en el que cada personaje cumple un pequeño papel, una especie de Ocean’s al estilo galáctico donde los respiros son pocos pero se aprovechan magistralmente. Así, el intercambio de impresiones entre el protagonista y su difícil aliado no solo sirve para añadir capas de complejidad al personaje de Mayfeld, sino para revelarnos cuánto ha cambiado Mando debido a sus experiencias recientes.

El hecho de que decida quitarse el casco de nuevo cuando la situación lo requiere, esta vez sin subterfugios, muestra que su fe en el Camino del Mandalore comienza a resquebrajarse, quizás por su encuentro con Bo-Katan. Aunque no creemos que The Mandalorian se convierta en un drama existencial, sería recomendable explorar este cambio en el futuro.

Pero, como adelantábamos, no estamos ante una historia intimista, sino ante un episodio repleto de explosiones y disparos láser. Los pesados trajes de los juggernauts, un nuevo tipo de soldados del Imperio, suponen una novedad agradable y funcionan muy bien en las escenas de acción durante las que Mando y Mayfeld reproducen un clásico tópico del western: el asalto a un tren o a un carruaje, en este caso, a un vehículo acorazado imperial.

Tiroteo en el saloon

Pero esta no es la única influencia del western que adivinamos en el episodio: por el contrario, la conversación entre Valin Hess y los dos infiltrados remite a los tensos diálogos en tugurios del lejano Oeste. Así, la iluminación de esta escena nos muestra una decadente cafetería imperial muy alejada del boato y la espectacularidad de los que se vanagloriaba el Imperio en sus etapas más gloriosas. Además, la escena en la que Mayfeld acaba disparando a su antiguo superior parece sacada directamente de Django desencadenado, donde otro personaje repugnante recibe su merecido en el momento más inconveniente.

A este respecto, hay que aplaudir al actor que interpreta al antagonista por dar vida a un villano escalofriante en unos escasos diez minutos: no resulta sorprendente, ya que se trata de Richard Brake, que ha interpretado a malvados absolutamente despreciables en 31 o 3 from Hell, ambas de Rob Zombie. Sus diálogos no dejan lugar a dudas sobre la inspiración del Imperio en el fascismo, llegando a afirmar que la galaxia suplicará que vuelvan al poder después de experimentar unos cuantos años de libertad. Sin duda, una interpretación memorable.

Conclusión

De nuevo, nos encontramos ante un capítulo perfecto de The Mandalorian que expande este universo e indaga en las miserias del Imperio y sus colaboradores sin renunciar al humor y a la acción. Asimismo, comprobamos que Mando está dispuesto a todo con tal de recuperar a su bebé, incluso a renunciar a los mandatos religiosos de su gente: el final de temporada promete ser violento y espectacular, por lo que solo queda despedirnos hasta entonces y recordar que el pobre Grogu no ha hecho acto de presencia. Esperemos que esté bien.

Máximo Simancashttps://laautopistadepalabras.wordpress.com/
Periodista. Redactor en esta página y, antes, en el portal digital madridesnoticia. Creador de contenido para redes sociales.

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