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“Venga Juan” (HBO): Martin Sheen y Kevin Spacey torean regular, para cortar 1 oreja hay que tenerlos como Javier Cámara

Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.

“Venga Juan” es una serie de televisión cómica que puede verse en la HBO. Una protagonizada por Javier Cámara y María Pujalte. Una premiada en los premios Feroz 2022 con precisamente los premios a mejor serie de comedia, mejor actor protagonista para Javier Cámara y mejor actriz de reparto para María Pujalte. Una que es, vaya, española. Lo que nos lleva a empezar pidiendo perdón por hablar de películas o series españolas. Lo sentimos mucho. Deberíamos estar viendo otra serie o películas de los suburbios de un condado del medio oeste americano otra vez para ver si terminamos conociendo mejor un continente del que nos separa un océano que la historia de nuestra ciudad, ya lo sabemos. Intentaremos que no vuelva a pasar.

Pero, como hacemos en todos los blogs e hilos largos de Twitter, hemos visto una serie, “Venga Juan”, de una de las escasas 4-5 fuentes de cosa artística a las que acudimos todos en el mundo rico del siglo XXI (en este caso, la HBO). Y vamos a dar la turra con ello. Es el bonito hábito sociológicamente significativo adquirido por todos los que somos semicultos: ese glorioso ejército de gente con carrera universitaria y trabajos por debajo de su titulación que hacemos artículos como si fueran redacciones del colegio de lo que vemos, jugamos o escuchamos. Algo así como una redacción de “El verano”: “Me gusta el verano porque hace calor y me voy a la piscina. Mi papá me invita a un helado de fresa si he sido buena. Siempre soy buena. Pero mi papá dice que no. Esos días me pongo triste“. Cosas así pero citando a Overton, Thorndike o Le Corbusier. Mientras escribe el semiculto sueña con un ejército de admiradores/as dándole Me gusta en las redes sociales. A la que tiene cinco retuiteos se imagina orgías gratuitas y voluntarias con personas no politoxicómanas y, en fin, se masturba (a veces físicamente). El que esto escribe está libre de (algunos de) estos pecados: escribo artículos largos y con introducciones que nada tienen que ver con el producto a analizar precisamente para que casi nadie se los lea y para que comente la menor cantidad de gente posible. Idealmente el editor del blog, cuatro amigos y yo para asegurarme que no he subido fotos/vídeos de goles de Van Nistelrooy en la segunda liga de Capello con el Real Madrid.

Si dedicamos entonces este post a hablar de “Venga Juan” no es por haber tirado dados y consultado el resultado en una tabla (esta vez no). Lo hacemos por nuestro interés en series y películas políticas. También por gustarnos reírnos. Citaríamos en este punto “El nombre de la rosa” para cumplir los requisitos semicultos de todo buen post cultural, pero ya suponemos que todo el mundo ha oído todos los discos de Umberto Eco y no hace falta explicar más. Al final todo se reduciría a chotearnos del Jorge de Burgos que hay en toda afición, en todo pueblo y en todo código html de toda página web. Es bonito reírse de los obsesos de la pureza. Siempre. Pero si vale la pena hablar de la serie es sobre todo por estar bien hecha con pocos medios, ser tremendamente divertida y estar muy bien interpretada.

De los medios de “Venga Juan” podemos decir poco: se hacen incluso elipsis temporales para evitar descaradamente posibles escenas que pudieran requerir planos o escenas costosas en logística o por complicaciones políticas. Es una producción modesta pero digna, que disimula bien lo justito que va el monedero. En tantas ocasiones han agudizado el ingenio y como los capítulos están bien medidos para la comedia (media hora escasa) se pasan volando. Nada de narraciones de planos largos en silencio, nada de flashbacks de gente que ha empezado a usar una cámara, nada de monólogos absurdos que empiezan por la batalla de Matalascañas en el siglo II y acaban con metáforas de la situación de los personajes. No sobra nada, no falta nada. Está lo que debe estar.

No debe haber más ya que “Venga Juan” reposa en un enorme Javier Cámara, que interpreta al protagonista, Juan Carrasco. Un político que empieza la historia de Ministro de Agricultura, algo totalmente menor y poco mediático. Uno que desde el primer capítulo despliega todo su arsenal de ignorancia sumada a una ambición, autoestima y falta de escrúpulos descomunales. No parece haber límite moral que Juan no vaya a traspasar para ascender, medrar, conseguir subir. Cuando hay algún debate remotamente ideológico la serie salta enseguida por encima de la bicha y nos muestra a Juan desnudo: su ideología es trepar. Cuando tiene que pronunciarse políticamente sobre algo es siempre una molestia para Juan, porque no tiene casi ideología más allá de no rendirse y querer ser más políticamente. Igual se junta con gente muy conservadora y religiosa que trata de hacerse pasar por alguien cercano a los jóvenes o progresista. La comedia aparece siempre de los niveles de humillación a los que se ve expuesto y a sus demostraciones de profunda ignorancia unidas a autoestima desbordante. Es un clásico de la gente más limitada el querer parecer ilustrada y leída repitiendo de oídas lugares comunes y topicazos. Algunos lo llaman “cuñao”, otros “bocachancla”, pero da igual qué nombre le pongamos: todos sabemos qué tipo de persona es.

El retrato que se hace del protagonista es, en palabras del actor, de un político “de los de antes”. También le han dicho personas que están en políticas que hay unos cuantos Juan Carrasco, tal cual, en la política real de España. Aquí “Venga Juan” es cercana culturalmente a nuestro país reflejando un tipo de político muy peculiar y que sin ser el más frecuente no es raro conocer alguno. El retrato tiene algo de cariño por la tenacidad y voluntad del protagonista, que es alguien que solo podemos definir como malvado, pero sin una dosis de cariño o de tirar de algo positivo la comedia no podría salir adelante. Es necesario un punto de dignidad en el objetivo de las burlas para que las humillaciones sean graciosas. Esa dignidad la da esa obsesión inagotable de tocar poder. No de cambiar las cosas, no de mejorar el país según sus ideas, nada de eso. Estar en el poder. Mandar. Tener coche oficial. Follar. Ni puta idea de nada, ni puta gana de mejorar nada pero viviendo de puta madre. Sin ninguna intención de redimirse ni de pedir perdón hasta ahora. Todo clarísimo.

Por supuesto las delirantes humillantes a las que se ve sometido el protagonista en “Venga Juan” son situaciones algunas de ellas incluso brillantes. En una de ellas Juan tiene que ver si consigue que uno de los ministros más valorados, un astronauta interpretado por Alberto San Juan, se pasa a su candidatura para liderar el partido en el gobierno. Pues tiene que hacerlo en una boda y sin droga no habla. Tiene que montar un pifostio maravilloso para en medio de la boda hacerse con droga. Pero eso no es todo: al hablar con el astronauta resulta que éste es terraplanista. ¡Terraplanista! Y ahí tienes a Juan, tragando el rollo del ministro astronauta terraplanista drogao. En otras está implicada directamente su familia, su mujer que le desprecia y su hija, interpretada espectacularmente por la youtuber del canal Soy una pringada, Etsy Quesada. Las intervenciones de Etsy Quesada están muy medidas y cada parte en la que habla suele caer como una bomba atómica, siendo casi siempre tronchantes y de nuevo humillantes para el protagonista. Hace un papel espectacularmente bueno y le viene el personaje como anillo al dedo. Por lo que dice y por cómo lo dice.

Podríamos decir que “Venga Juan” va a contracorriente de ese inmenso tostón que no hay quien se crea que es “House of Cards” o de esa edulcorización de la política como algo lleno de gente genial e ingeniosísima en la que la política es un frío puzzle que es “El ala oeste de la Casa Blanca”. “Venga Juan” siendo comedia es más realista y verosímil que las series estadounidenses carne de Jotdown quieren ser. La política aquí es caos, chapuza. Pasan cosas sin que los políticos sepan muy bien porqué y hacen lo que pueden para subirse a la ola que creen ganadora. Intentan empujar para cosas que creen que a ellos les parece bien y se dan la gran castaña. O ascienden sin saber muy bien el porqué atribuyendo su éxito a cosas que nada tuvieron que ver con su ascenso. La política no es una partida de ajedrez para gente super leída e ingeniosa como el presidente Josiah Bartlet. Tampoco una competición de crueldad calculada como cree Underwood. Siendo necesario y bueno ser tan listo como despiadado en política ninguna de las dos series se centran tanto en el caos, las casualidades, la potra, la gente tropezando y resulta que solo quedabas tú y similares como hace “Venga Juan”.

Parecerá un cliché, pero si “Venga Juan” fuera inglesa o estadounidense hubiera tenido un crédito que en general el ejército de semicultos que escribimos en blogs y similares no le estamos dando. También porque al final Juan Carrasco y el humor que genera no es nada elevado intelectualmente y, oh horror, le encanta a la gente con muchos años. Al público al que le encanta, con razón, La que se avecina. Y le encanta porque viene de la tradición del enredo, del lío, de los tríos amorosos y de la confusión y humillación humorística que solo genera la casualidad, la mala suerte y la ambición de alguien malvado e ignorante. Temas que son un clásico de la literatura y del arte en nuestro país. Creo que es por eso, por nuestra tradición en estos temas y personajes, que Juan Carrasco es un personaje tan redondo, tan reconocible y tan estupendo para centrar tantísimas risas y momentos espectaculares.

Sed felices.

Raúl Sánchez
Raúl Sánchez
Arriba es abajo, y negro es blanco. Respiro regularmente. Mi supervivencia de momento parece relativamente segura, por lo que un sentimiento de considerable satisfacción invade mi cuerpo con sobrepeso. Espero que tal regularidad respiratoria se mantenga cuando duerma esta noche. Si esto no pasa tienen vds. mi permiso para vender mis órganos a carnicerías de Ulan Bator.

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