El cómic de la semana: MPH

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Bienvenidos un sábado más a la sección de los amantes del cómic, bienvenidos al cómic recomendado de la semana, bienvenidos a la supervelocidad según Mark Millar.

Editorial Panini ha publicado MPH, título perteneciente a Millarworld, guionizado por Mark Millar y dibujado por Duncan Fegredo. ¿Qué pasaría si la supervelocidad existiese en el mundo real? ¿Y si estuviese a nuestro alcance con sólo tomar unas píldoras? ¿Y si esas píldoras cayesen en manos de unos jóvenes delincuentes? Estos son los planteamientos que mueven MPH, uno de los mejores cómics que podemos encontrar ahora mismo en las librerías.

Mark Millar empieza a construir la historia en base a esas tres preguntas que hemos enunciado y a partir de aquí lleva la historia a su terreno, con un sorprendente giro al final del tercer número y un desenlace inesperado cuando empiezas a leer el cómic. O quizás no. Quizás lo que hemos leído ya lo habíamos visto anteriormente. Y es que no es la primera vez que Mark Millar se acerca al tema de la supervelocidad.

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En la década de los noventa el escritor Mark Waid lleva a cabo una brillante etapa en The Flash, asentando a Wally West como el mejor Flash en años, con una personalidad y un universo propio que llegan a superar a los de Barry Allen. Barry Allen un personaje cuya historia se remonta a los años 60 y 70 pero del que todo el mundo tiene una imagen mítica por morir en Crisis en las Tierra Infinitas y salvar el universo, cuando la realidad es que su propia serie llevaba un tiempo cancelada por falta de ventas y a casi nadie le importaba el personaje antes de que Marv Wolfman decidiese ponerlo a criar malvas. Waid decidió tomarse un año sabático en The Flash para ocuparse de escribir JLA Año Uno y un año exactamente fue lo duraron sus sustitutos, unos jóvenes Grant Morrison y Mark Millar, que escribieron la serie a cuatro manos. Así que lo que sería más correcto es decir que Millar regresa a la supervelocidad.

En MPH vemos la supervelocidad como ya lo hemos visto en The Flash: el tiempo se congela, las percepciones aumentan y se ralentizan y otros aspectos que no desvelaremos para no causar un spoiler de los gordos. Incluso en una de las viñetas, uno de los personajes amenaza con hacer vibrar su mano a través de la cabeza de una anciana, como si el Flash Reverso o Zoom le hubiesen poseído. Con esto llegamos a una de las características de Millar en Millarworld: empezamos muy bien, de forma muy original y derivamos a terrenos ya conocidos, perdiendo por el camino la capacidad de sorpresa. Incluso el final se ve venir de lejos.

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Que no se entienda esto como una crítica negativa. Es un aspecto del cómic que está ahí, que resulta muy evidente tras años y años de leer cómics. Esto no quita que la historia sea muy buena, que sea sólida, con un planteamiento y un desarrollo a prueba de bombas. Que no le quepa ninguna duda a nadie: Mark Millar sabe escribir, conoce su oficio y es uno de los mejores guionistas del medio, quizás el más revolucionario en sus planteamientos y el más arriesgado en sus proyectos y sin duda es el más inteligente. MPH funciona como un perfecto mecanismo, tal cual estuviéramos viendo una película. Si llega a la gran pantalla, lo mejor sería que no tocasen ni una coma, ni un solo aspecto de la historia porque seguro que lo iban a estropear.

Un gran acierto de Millar es ambientar la historia en Detroit, una ciudad que, al igual que Keystone City en el Flash de Waid, fue el centro del motor estadounidense, donde se asentaban compañías como General Motors, Ford y Chrysler y que tras una larga y dura crisis que llevó a la ciudad a la bancarrota en el año 2013, vio como pasaba a ser una de las ciudades más abandonadas de EE.UU. con todo los que implica: viviendas vacías, aumento de la delincuencia, jóvenes marginados sin futuro, etc. Es en este ambiente de crisis perpetua y de abandono donde han crecido y donde viven los protagonistas de MPH. 

Aprovecha Mark Millar para mostrarnos sus inquietudes personales acerca de los problemas de la economía global y las grandes corporaciones. Si seguís al autor en su twitter personal, veréis que se define a sí mismo como un “euro-escéptico de izquierdas” y quizás aún resuenen las contestaciones que le dio a Frank Miller (al que sin embargo Millar califica como uno de sus maestros en el arte de escribir cómics) acerca de sus declaraciones cuando grupos radicales tomaron Wall Street. De ahí que no se corte en convertir a sus rápidos protagonistas en abanderados del movimiento contra las grandes corporaciones y empresas que dejaron Detroit a su suerte y les haga leer a Marx y Engels mientras esperan a que salga el café de la cafetera.

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En el apartado gráfico tenemos a Duncan Fegredo, que se incorpora al staff de Millarworld con este cómic. Su dibujo realista, sin ser espectacular, se adapta perfectamente al ambiente urbano del cómic, pasando de los suburbios de Detroit a las mansiones de California. Hay que reconocerle el buen ojo a Mark Millar a la hora de fichar a los co-creadores de sus obras. Fegredo es un buen ejemplo de como se piensa en un autor para un determinado tipo de historia.

MPH es de los cómics menos violentos y duros que le leído a Mark Millar. Hay violencia, hay acción pero predominan los diálogos frente a las secuencias de movimiento, lo que no deja de ser un contrasentido en un cómic dedicado a la supervelocidad. MPH es más de lo que parece a simple vista. No dejéis pasar la oportunidad de leer una buena historia, una más de Mark Millar, un autor que pese a todo y con todo, es uno de los mejores que tenemos en la actualidad. Un saludo. Sed felices.

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el autor

Toda la vida leyendo cómics. Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.

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