La industria del cine lleva en activo más de un siglo y, pese a la evolución de la misma, nos encontramos con muchas situaciones que se repiten en la gran mayoría de sus películas y se dan por ciertas o coherentes cuando no lo son.
Tenemos tan asumidos esos clichés cinematográficos que no los cuestionamos y podemos llegar a echarlos de menos cuando no aparecen en una cinta. Por ello he querido rescatar cinco de los muchos que son muy familiares para los cinéfilos.
Molo tanto que soy inmune al cristal
Cuantas veces habremos asistido a un enfrentamiento en el que nuestro héroe/heroína es lanzado contra una vidriera, ventana, mostrador o similar y cientos de cristales han caído a su alrededor. En esas situaciones vemos cómo se levanta apoyando sus manos sobre esos cristales o se arrastra por ellos sin que sufra daño alguno y todos sabemos que pocas cosas cortan tanto como eso, sino que se lo digan a John McLane en ‘La Jungla de Cristal’.

A mí nadie me roba
Más allá del cliché de ‘siempre tengo aparcamiento en la puerta del sitio al que voy’, una situación que quienes vivan en una gran ciudad sabrán que es más rara que un unicornio mariachi vendiendo frigoríficos en el polo norte.
Hay otro que también se repite: no necesito cerrar con llave mi coche. Cuando vemos al protagonista salir de su vehículo, nunca usa la llave o el mando para el cierre centralizado; supongo que en Hollywood los ladrones tienen un código ético que solo les permite robar un coche que esté cerrado y necesiten forzarlo.

Ya quisieran los camareros las propinas de un taxista
‘Quédese con el cambio’ es la frase que siempre escuchamos cuando alguien se baja de un taxi. La oímos tanto como el ‘siga a ese coche’.
Queda feo eso de que el taxista se ponga a contar el cambio y le entregue al personaje un montón de monedas, además, así nos damos cuenta lo espléndido de la chica o el chico protagonista o la prisa que tiene.

Habría que preguntarse si realmente en Estados Unidos se dan tantas propinas a los conductores de taxis.
Siempre está en el aeropuerto
Este cliché es un clásico en las cintas románticas y lo vemos en el 80% de ellas. Cuando la pareja perfecta discute casi al final, uno de ellos siempre consigue un trabajo o cualquier otro motivo por el cual debe abandonar la ciudad en avión. Esto lleva al otro a lanzarse a una carrera contra el tiempo para llegar al aeropuerto y declararle su amor antes de que suba al avión.
Obviamente, el protagonista lo descubrirá (a través de un familiar o amigo) con el tiempo justo para poder llegar y detenerla o para ver cómo el avión despega y sentirse la peor persona del mundo. Pero tranquilos, que si pierde el avión hay dos posibilidades: que la otra persona no se haya subido finalmente o que luego la sorprenda en su nuevo trabajo de la forma más romántica posible.

Más quisiera ser yo así de feo
De nuevo volvemos a las cintas románticas con este cliché. Un protagonista es poco agraciado y otro decide salir con él o ella por algún tipo de apuesta, pero finalmente todos veremos que es una persona preciosa y despampanante.
Lo increíble es que, pese al pelo sucio, la ropa hortera y los ‘brackets’ se ve a kilómetros que el actor o actriz tiene una belleza que no se puede esconder ni con maquillaje. Obviamente, al final todos se rinden ante su hermosura y encuentra el amor verdadero con quien supo ver más allá de su ‘fealdad’.

Todos los enemigos son Stormtroopers
En las cintas de acción en las que se sigue el argumento del one-man-army (ejército de un solo hombre) vemos cómo el protagonista se enfrenta a todo un cartel, ejército de un país malvado o banda de matones acabando con todos y cada uno de ellos.
Que la puntería del protagonista sea prodigiosa es algo que tenemos asumido y viene de la mano de la nulidad de sus enemigos, ya que por muchas balas que tengan nunca conseguirán acertar al héroe. Con suerte podrán herirlo en el hombro, pero será solo un rasguño.
Obviamente, esto es todo un clásico del cine de acción de los 80 y 90 en el que los Stallone, Schwarzenneger y compañía eran tipos duros sin tiempo para sangrar.

Esta mala puntería es más que evidente en la saga de Star Wars, donde los Stormtroopers no son capaces de acertar ni un solo blanco. Tanto es así que en la primera temporada de ‘The Mandalorian’ se ríen de eso.
El villano no necesita hacer cardio
El cine de terror tiene su lenguaje visual y muchos clichés propios y uno de ellos es que el asesino nunca corre tras sus víctimas: siempre va caminando. Por qué lo hace, porque sabe que acabarán tropezando varias veces o se toparán con una puerta que no podrán abrir y entonces podrá acabar con su vida.

Es cierto que llegó ‘Scream’ de Wes Craven para jugar con eso y mostrarnos a un asesino menos implacable que sí corría tras las víctimas, pero nos encontramos ante la excepción que confirma la regla.
Hasta aquí estos siete clichés de los cientos que hay en el mundo del cine. Próximamente habrá más entregas con esas situaciones que siempre vuelven y que no envejecen por mucho que evolucione la industria cinematográfica.
Os animo a dejar en comentarios cuales conocéis.
Un saludo y sed felices.




Las parejas que se despiertan y tienen el aliento mas fresco del mundo, tanto así que hablan los mas cerca posible sin inmutarse