A todo gas es como Sálvame Deluxe: nadie lo ve pero luego lleva años en antena. Cuando no podía parecer más que sorprendente o directamente imposible hace dieciséis años, en el estreno de la fundacional A todo gas (2001), la saga ha superado todo tipo de obstáculos: reconvertida en serie B para canis volvió al cine de primer nivel, película que casi nadie vio ambientada en Tokyo de por medio, carencia de argumento e incluso fallecimiento de uno de los actores estrella de la franquicia (RIP Paul Walker). Pues nada, aquí sigue Dominic Toretto y compañía aguantando al pie del cañón, como si nada y convirtiendo a Fast and Furious en una saga multimillonaria en el cine. ¿Algo bueno tendrá, no? En Las cosas que nos hacen felices vamos a hacer un análisis, o simplemente una declaración de amor basada en 8 razones para amar Fast and furious (sin SPOILERS!)
- Personajes con historia: vale, puede que sean más tópicos que un chiste de Arévalo, pero los personajes de la franquicia tienen una historia personal aparte de ser unos monstruos al volante –y unos superhéroes- por lo que es fácil que el espectador masivo de cualquier edad empatice con ellos. Las motivaciones de los protagonistas (sin contar al elenco de secundarios que están para hacer bulto) o su pasado, nos importan porque ya les conocemos, y eso hace que interese lo que les pueda pasar.
- La familia: ese concepto tan publicitado en la octava parte recién estrenada de la saga, es algo que engancha y al final acabas sintiéndote parte de la familia de la que Toretto presume tras 8 películas viendo casi siempre las mismas caras. Este es uno de los puntos fuertes de los que la saga puede presumir, tiene unos rostros más que reconocibles y de los que ya esperas ver en cada una de las películas siguientes.

El reparto completo de la película - El más difícil todavía: vale, esto puede ser un motivo para dejar de verla, pero realmente tiene gracia. En cada película de la saga se superan y lo hacen de manera más evidentemente exagerada, pero es que seguro que ellos mismos son conscientes de ello. Habrá que ver que as se sacan para la novena parte, pero no hay más que echar la vista atrás para hacer recuento de lo visto hasta ahora, y es para flipar, como dirían en la película: persecución de coches por las calles de Río de Janeiro con la particularidad de estar arrastrando cajas fuertes gigantes en la quinta parte, una persecución por una pista de aterrizaje infinita con un avión en la sexta, saltar de un rascacielos a otro hasta en tres ocasiones (¡!) en Dubai durante la séptima parte, y huir por el hielo en la estepa siberiana perseguidos por un submarino nuclear controlado a distancia en la octava y última hasta la fecha. Demencial.
- Acción mainstream: las películas han pasado de ser un subproducto para un público muy concreto –los amantes de los coches tuneados y las chicas con poca (muy poca) ropa- a convertirse en puros blockbusters para todos los públicos. De hecho, esto tiene hasta efectos positivos, ya que las chicas-florero, las carreras ilegales y todo el mundillo urbano con el que arrancó la saga se ha ido reduciendo en cada entrega hasta la mínima expresión. Lo que tenemos ahora son películas de acción con una excelente factura, y que además son entretenidas. Ya es más de lo que puede ofrecer alguna que otra película con pretensiones similares.

Algunas de las demenciales escenas de la película - Los villanos: para que una saga aguante durante tantos años y los personajes se tengan que superar constantemente, hay que someterlos a escenas que sean arriesgadas, que entrañen peligro, y aún más se eleva la calidad de la película si los villanos están a la altura. Hasta la cuarta parte había sido un punto donde flojeaba, pero a partir de la quinta se pusieron las pilas y nos presentaron a personajes cuando no despreciables (veáse esa especie de cacique al que daba vida Joaquim de Almeida en A todo gas 5), eran unas máquinas de matar (Jason Stathan en la séptima entrega) o bien fríos y calculadores (como Luke Evans en la sexta o Charlize Theron en la nueva).
- The Rock: no es casualidad que sea precisamente a partir de la quinta cuando empiezan a levantar el vuelo todavía más. De hecho, muchos consideran que es justamente a partir de A todo gas 5 cuando las películas se convierten de verdad en puro blockbuster, y es justo cuando se presenta Dwayne Johnson alias The Rock como un agente de policía especializado en capturar a fugitivos peligrosos. El actor evolucionó de enemigo a aliado de la familia Toretto, y es un derroche de carisma, humor y testosterona. De hecho, prácticamente los mejores momentos de la A todo gas 8 son todos suyos, o junto a Jason Stathan. Esperemos que siga saliendo, y hasta se rumorea la posibilidad de un spin-off centrado en su personaje y en el de Stathan.

Jason Stathan y The Rock a punto de partirse las caras en una escena de A todo gas 8 - Renovación: ha sabido renovarse, y ese es otro factor clave para no caducar en un universo tan cambiante. Algunos personajes han ido muriendo en la saga para aportar dramatismo a la historia, y los han suplido con incorporaciones constantes y acertadas. Por ejemplo, Gal Gadot y Sung Kang finalizan su participación en la sexta entrega, y la renuevan con Nathalie Emmanuel o Scott Eastwood en las más recientes. Viendo también que el rollo carreras ilegales, conductores guays y chicas explosivas se les estaba quedando corto, decidieron darle un rollo espía a lo Jason Bourne, incorporando a Kurt Russell como una especie de M de una organización gubernamental que se dedica a detener a tipos peligrosos, y para la que Dom y los demás terminan colaborando. Y por supuesto, muchos pensaban que no se recuperarían de la triste pérdida de Paul Walker, pero ahí siguen, y aunque se le eche en falta en la octava parte (primera sin aparecer) termina tirando de secundarios como Ludacris o Tyrese Gibson para paliar esa falta.
- Vin Diesel: y no se podía hablar de Fast and furious sin citar al artífice de que esta saga sea lo que es actualmente. Capacidades interpretativas desde luego no se le pueden pedir, pero ganas y valentía por apostar por la saga en un momento en el que muchos no daban un duro por ella, no le faltan. Así que no hay más que aplaudirle por haber levantado esto, y aunque a veces vaya puesto con el piloto automático, tenga siempre la misma cara cuando interpreta y la expresividad de una silla de IKEA, se le puede perdonar todo eso y más por conseguir que Fast and furious se supere y entretenga en cada película, y que no se haya vendido al mejor postor. Olé por el calvo.
Ocho motivos son más que suficientes para saber porque A todo gas sigue facturando millones, y las razones mencionadas son personales, pero desde luego están ahí, y estoy seguro que aunque niegues que no vas al cine a verlas, en algún momento de tu vida lo habrás hecho. Y por eso, sucede lo mismo que con Sálvame Deluxe o Gran Hermano; todos hablan pestes de estos programas, pero ahí siguen en emisión, sencillamente porque la gente los ve. Bienvenidos al entretenimiento del siglo XXI.




A ver que vale que Fast and Furious nunca ha sido el cine de mejor calidad pero de ahí a compararlo con Sálvame a Gran Hermano hay un trecho grande. Esta saga comparada con los programas de Telecinco parece el padrino. Muy malo tiene que ser algo para poder equipararse a Sálvame