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Retro-Análisis : Soy un Fugitivo (1932). La injusticia del sistema penitenciario de los años 30

Hoy nos toca volver a ese tiempo pre código Hays , analizando Soy un fugitivo, la injusticia del sistema penitenciario de los años 30. Luego de películas como ésta, entró en funcionamiento una censura que llegó a perpetuarse más allá de tres décadas.

Que historia nos cuenta Soy un fugitivo, de Mervyn Leroy

La historia está basada en hechos reales acontecidos a principios del siglo XX. En la adaptación cinematográfica de la novela escrita por Robert Elliott Burns, acompañamos a James Allen en sus anhelos por convertirse en ingeniero y así poder participar en el progreso de la sociedad a su regreso de la Primera Guerra Mundial.

Rechaza un trabajo en la fábrica donde anteriormente se desempeñó y, debido a la situación del país (problemas de desempleo, indiferencia social…) se ve empujado a vagar por el mismo en busca de sus sueños.  Por azares del destino, se ve involucrado en un robo de forma accidental y ese hecho cambiará su destino llevándolo a la cárcel para formar parte de una «chain gang», con una condena a años de trabajos forzados.

La injusticia transpira dolor en cada fotograma

Desde el inicio la película parece emanar injusticia de manera permanente. El personaje protagonista James (Paul Muni) no es el típico delincuente que ya desde temprana edad se ve involucrado en problemas, sino que nos encontramos con un héroe que regresa de una guerra, con todo lo que ello conlleva, para descubrir que realmente sigue en ella. No contra enemigos de uniforme, no contra tanques, no contra proyectiles, sino más bien contra la injusticia de la falta de oportunidades con quien simplemente quiere aportar su granito de arena en el progreso de su sociedad.

La falta de humanización por parte del sistema penitenciario al que se ve enfrentado terminará por destruir a la persona que fue, convirtiéndole en un fugitivo que ya no cree en las palabras de la sociedad que lo juzga y en alguien que solo se preocupa de sí mismo. El sistema penitenciario aparece retratado como un violento aparato represor y de explotación de los presos a los que trata casi como esclavos.

Aspectos que nos hacen recomendarla

El realismo que trasmite. La película (pre código, recordemos eso) plasma de manera sorprendente para la época (y para Hollywood) la brutalidad carcelaria. Esas escenas en el centro penitenciario donde les vemos bajo el sol realizando trabajos forzados, encadenados y sometidos a castigos físicos, son realmente impactantes. Podemos casi percibir el dolor, el miedo y la desesperación de los personajes. A destacar en ayuda a ese realismo el uso de un blanco y negro que contribuye a crear la atmósfera en la que se mueven los protagonistas de este drama.

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Paul Muni. Sin su actuación, la película no sería lo que es. Su brillante performance nos permite ver el viaje psicológico del personaje desde el inicio del filme con sus valores y anhelos de vida, hasta el final del mismo, donde le vemos destruido por el injusto sistema al que está sometido. Al principio está lleno de vida, optimista, con ambiciones, y al final lo que resulta es un hombre desconfiado, endurecido y marcado por su sufrimiento. Viniendo como venimos del cine mudo, podríamos tener en pantalla un Muni exagerado en cuanto a gestos o aspectos físicos, pero no es el caso.

Tenemos un personaje creado a través de pequeños gestos, miradas o cambios de tono. La dignidad de Allen es algo que vemos a Muni transmitir a lo largo del filme y no se pierde en ningún momento. Es imposible no empatizar con él (sobre todo en la fase de la película en que se entrega y confía en la palabra dada por las autoridades), pero, a la vez, no le vemos como un héroe clásico, dado que toma decisiones cuestionables en más de un momento.

El uso del pasado del personaje es un aspecto importante a remarcar dado que aunque se demuestra que tiene talento para formar parte de la sociedad, esta no está dispuesta a olvidar lo que hizo.

El ritmo de la película. Tenemos ejemplos de dramas carcelarios o de otra índole en que el ritmo es más pausado o lento, mientras que aquí mantiene siempre un nivel alto. Todos los conflictos legales las persecuciones, fugas y eventos que ocurren por el pasado del personaje ayudan mucho a mantener ese ritmo elevado.

Las preguntas que nos plantea la película. Cuando terminamos de ver Soy un fugitivo, nos podemos llegar a hacer varias. La principal a mi entender sería: ¿Quién realmente es el culpable?  El individuo que trata por todos los medios de vivir una vida honrada, trabajando en lo que desea, o el sistema que le expulsa continuamente hasta convertirlo en un «fuera de la ley».

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El debate que suscitó tanto la película como la novela de Burns

Me encantan este tipo de ejemplos en formato cinematográfico que nos hacen reflexionar o cambiar elementos de nuestra sociedad. Tanto esta película de Mervyn Leroy como el libro autobiográfico de Robert Elliott Burns suscitaron o más bien diría que incendiaron a la sociedad de esa época. Se generó un debate sobre el sistema penitenciario estadounidense y cómo eran tratados los reclusos en esos estados del sur, donde abundaban las «cadenas de presos» y el maltrato. El impacto social de este filme fue tan grande que provocó cambios en la legislación referida a sistemas penitenciarios.

En conclusión, Soy un Fugitivo es bastante más que un simple drama carcelario. Es una película crítica para con una época y sus injusticias sociales, que denuncia cómo el sistema es capaz de deshumanizar a los individuos. Nos hace reflexionar sobre temas como la libertad individual, la dignidad humana y cómo podemos ser expulsados socialmente cuando no encajamos con lo que el sistema nos propone. Definitivamente, se trata de una joya del cine que, gracias a nuestros directos en Youtube (gracias Naír), he podido descubrir.

Os dejamos el enlace a un retro análisis de un clásico del cine con el código Hays actuando. AQUÍ

 

 

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