InicioCineCrítica de Backrooms (2026), un nuevo terror ha llegado

Crítica de Backrooms (2026), un nuevo terror ha llegado

En un mar de películas refritos de otras películas, sin ningún atisbo de originalidad, parece que el terror está siendo el único género capaz de aunar interés por sorprender, escasa financiación y un gran éxito. Así tenemos a Backrooms, uno de los bombazos de 2026, película de terror de la que vamos a hablar en esta crítica sin spoilers.

Viajamos a los años 90, donde Clark, un arquitecto que, por circunstancias de la vida, trabaja en una tienda de muebles, accede a través de un portal a un espacio indefinido de oficinas con distintas y aleatorias distribuciones. Cuando desaparece, su terapeuta se acerca a la tienda de muebles en busca de respuestas…

Backrooms no es un proyecto exactamente original. No por su argumento (de hecho, el argumento es lo de menos en esta película) sino porque la descripción de ese espacio más allá de nuestro mundo es una creación del propio director Kane Parsons (21 añitos tiene el muchacho) en Youtube, donde rodó una serie de cortometrajes de estilo “metraje encontrado” que tuvieron enorme éxito en Internet.

Por lo tanto, la película es la expansión en forma de largometraje de la serie de cortos en Youtube del propio Parsons. Producciones que no he visto pero que, desde ya, me comprometo a explorar.

1 1

Como casi cualquier película de terror, Backrooms funciona a dos niveles. Por un lado, la narrativa que busca identificarse con los personajes para que su destino nos impacte. En este sentido, tenemos a Clark, un arquitecto cuya vida personal le llevó a trabajar en una tienda de muebles. Un hombre profundamente dolido que palia su soledad con alcohol. Acude a terapia con Mary, una afamada psicóloga autora de un libro de autoayuda que anima a salir del bucle del que, realmente, ella es incapaz de moverse, dado que vive perseguida por el trauma de una madre con un trastorno mental grave.

Por otro lado, tenemos a lo importante del género: a lo que el director busca generar en el espectador. En este caso, la propia Backroom, una estructura de elementos reconocibles (al fin y al cabo, son pasillos de oficina con objetos repartidos y colocados al azar) pero que no somos capaces de imaginar en su totalidad.

Parsons consigue generarnos una profunda inquietud en estos pasillos porque conjugan varios elementos reconocibles. La distribución imposible de los pasillos recuerda al laberinto y al hotel Overlook de El Resplandor o a las oficinas de Lumon de la serie Severance. El hecho de ser una dimensión desconocida que el ser humano no puede manejar nos remite al autor H. P. Lovecraft. Las misteriosas figuras que persiguen a los personajes a lo largo y ancho de esos pasillos recuerdan a las míticas creepypastas, leyendas urbanas del primer Internet. Y el formato “metraje encontrado” bebe tanto de La bruja de Blair como de Paranormal Activity o Rec.

Todo ello se mezcla en una odisea angustiante y claustrofóbica por la imposibilidad de salir de un lugar cerrado, sin iluminación natural ni un elemento que permita orientarse.

Y qué decir del diseño de estas Backrooms…cada habitación es un prodigio de imaginación, con una inmensa capacidad para combinar objetos cotidianos en espacios ya conocidos y que esto genere incomodidad. Es una película que hará las delicias de cualquier arquitecto.

3 4

Además, Parsons se las arregla para que la mínima narrativa sepa aportar un mínimo de explicación que permita desatar todas las teorías de los espectadores. Sí, Backrooms no os dejará muchas respuestas, sino un ejército de preguntas empapadas en desasosiego tras el final de la película.

Y, encima, el casting es perfecto por lo inesperado. Porque los dos actores principales son el infravalorado Chiwetel Ejiofor (Hijos de los hombres, 12 años de esclavitud, Doctor Extraño) y Renate Reinsve, una reina del indie europeo que recientemente ha protagonizado Valor sentimental, la ganadora del Oscar a mejor película de habla no inglesa.

En definitiva, Backrooms es una espectacular ópera prima que nos entrega una nueva forma de disfrutar del terror a través de unos espacios reconocibles, aunque jamás vistos de esta forma. Una película que se siente más que se comprende y que genera un desasosiego difícil de quitar. Puede que no tenga grandes sustos ni momentos de terror atroz, pero juega con unas imágenes inolvidables para el espectador. Y eso ya es mucho en un mundo tan saturado de escenas tan repetidas como olvidables.

¡Un saludo y sed felices!

¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!

Fernando Vílchez
Fernando Vílchez
Comecocos. Intento aprender como si viviera para siempre y vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.
ARTICULOS RELACIONADOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Últimos artículos

Comentarios recientes

En un mar de películas refritos de otras películas, sin ningún atisbo de originalidad, parece que el terror está siendo el único género capaz de aunar interés por sorprender, escasa financiación y un gran éxito. Así tenemos a Backrooms, uno de los bombazos de...Crítica de Backrooms (2026), un nuevo terror ha llegado