Bienvenidos, auténticos creyentes, a La Tapa del Obseso, la sección de Raúl Sánchez.
Una de las leyes universales de la vida es que hay videojuegos de todo. No sólo los habituales ser un soldado, un héroe que salva el mundo o un futbolista. Podemos ser una cabra, una rebanada de pan, un delfín, gestionar una cárcel o ser un pulpo que intenta ser un buen padre. Igual que seguramente Japón no tenga suelo en cuanto a cosas raras que puede generar, los videojuegos tienen de todo. Más de una vez hemos comentado por aquí que originalmente los videojuegos estaban pensados para chicos adolescentes, y es por eso que la cosa empezó con tantos soldados, disparos, rescatando a chicas y demás. Fantasías de poder, un poco disimulado machismo, testosterona para el Pueblo: qué queréis para chavales de los años 80. Luego con el tiempo nos hemos ido civilizando un poco y los videojuegos apuntaban a hombres mayores de edad e incluso a mujeres.
Aunque los deseos de mostrar en un videojuego cómo matamos a nuestros enemigos y oímos los lamentos de sus mujeres no han desaparecido. Se han refinado y las cosas no son tan crudas. Las hay poco sutiles y luego están las que son más elaboradas. De este segundo caso hablamos hoy al contar de qué va The Shrouded Isle (que está para PC en Steam a 9,99€). La forma rápida de resumirlo es que haremos de líder de secta, que tendremos que hacer sacrificios humanos para terminar cumpliendo una profecía y que un dios cruel aparezca en el mundo y salve a quienes le han sido fiel. ¿Cómo no va a gustarnos esta idea? ¿quién no ha soñado con su propio culto de fieles y adoradores incondicionales? ¿quién no ha soñado con tener un ejército de fieles que te defienden a capa y espada ante los ataques sin necesidad de pagarles? ¡es la fantasía de poder definitiva!
En el juego tenemos varias familias, cada una de las cuales se encarga de favorecer una virtud que aprecia nuestro querido dios que nos salvará de todo (por ejemplo, la ignorancia). Cada familia tiene varios miembros. Deberemos elegir quién es el responsable de cada familia. Luego decidimos qué familias actuarán. Lo que pase dependerá de la función de la familia y las características de personalidad de cada miembro familiar. Aunque al principio no sabemos casi nada de nadie del pueblo. La chicha del juego es ir descubriendo qué características tiene cada personaje: unos favorecen la ignorancia (eso es bueno), otros son vagos, otros tienen curiosidad (eso es malo: no le gusta al dios). Si tenemos en el pueblo a un listillo que le gusta leer nos puede fastidiar convocar al dios, ya que se reduce la Ignorancia del pueblo y podemos acabar nosotros, el líder, sacrificados si la profecía no se cumple. Hay que buscar a los infieles, a los curiosos, a los artistas e irles sacrificando antes de que nos fastidien los rituales. Incluso el mismo dios se nos aparece en sueños pidiéndolo. Cuando alguno sea muy evidente lo que es se descubrirá y nos aparecerá en su perfil, pero también es posible saberlo por investigaciones que podemos hacer (aunque siempre son escasas).
Y, claro, está el tema de los sacrificios. Tendremos que, cada cierto tiempo, sacrificar a alguien en nombre de nuestro dios. Pero claro, la familia a la que pertenezca se lo tomará mal, mientras que el resto se alegrará. La intensidad de esto será mayor o menor en función de si era un buen sectario o si le hemos pillado leyendo libros. Tenemos que hacer algo de política: las familias estarán más o menos contentas con nosotros, y debemos equilibrar a quien sacrificamos o a quien mandamos hacer cosas (se toman a mal ser ignoradas y bien que les dejemos ser protagonistas). Pero siempre hay que sacrificar a alguien, y siempre tendrá consecuencias para todo el pueblo.
El juego tiene alguna cinemática corta para ilustrar cuando se sacrifica a alguien, cuando se aparece el dios o en los distintos finales, pero siempre con un apartado artístico muy sencillo, sobrio pero inquietante. La elección de colores y el estilo visual tiene dejes lovecraftianos, rurales, embrutecedores. Vamos, que la ambientación está en consonancia de lo que jugamos y vemos. El que haya llegado hasta aquí se preguntará si todo esto es muy difícil de aprender, si debe leer mucho y es muy complicado, etc. Y para nada. El juego te suelta ahí sin enseñarte y vas aprendiendo sobre la marcha. Todo lo que se puede hacer es muy fácil de aprender y enseguida estás pensando quién de todos esos aldeanos está fastidiándote la invocación de tu dios. También hay que decir que es un juego corto, nada de 20 horas ni nada así. En una tarde puedes echar una partida. No es un juego imposible pero tampoco se consiguen las cosas medio dormido mientras ves una serie en otra pantalla, vamos, que es satisfactorio ir avanzando y sacrificando a esos infieles descreídos. La mayor pega es que creo que es tiene poco interés volver a jugarlo una vez conseguido lo de invocar al dios…además de que, al rato de estar jugando, te das cuenta que las cosas que puedes hacer tampoco son tantas y puede que se eche en falta más opciones o cosas a hacer.
Echadle un ojo, que es entretenido. Además, podéis renombrar a los personajes de las familias y echar unas risas poniendo nombres de amigos o famosos. No sé qué más queréis de un juego que permitíos sacrificar a vuestra tía a la que odiáis, la verdad.
Sed felices.



