A mis treinta y tres años, puedo afirmar que mido mi vida en películas de Christopher Nolan. Tenía doce años cuando vi Batman Begins y, desde entonces, cada noticia sobre la nueva película del director británico desataba mi ansia de un estreno que parecía no llegar. Pero todo llega, y ya tenemos aquí La odisea, su última película tras la triunfal Oppenheimer, con la que ganó el Oscar a mejor director.
Aquí nuestra crítica de Oppenheimer y, aparte, un análisis de su narrativa fragmentada.
Adaptación de la inmortal obra de Homero, La Odisea comienza tras el final de la guerra de Troya, con Odiseo haciendo todo lo posible por regresar a Ítaca mientras es frenado por los dioses y otras criaturas. Mientras tanto, su mujer Penélope debe hacer frente a la posibilidad de que su marido haya muerto y deba elegir otro rey para su pueblo.
Por mucho nombre que tenga su reparto, aquí la estrella es el director, uno de los pocos (me vienen a la mente Steven Spielberg y James Cameron) capaces de sacar adelante proyectos mastodónticos con el beneplácito de las productoras.
En el caso de Nolan, hace ya tiempo que parece empeñado en explorar géneros distintos con cada obra: de la ciencia ficción sesuda de Interstellar al género bélico en Dunkerque, pasando por el espionaje de Tenet o la biografía de Oppenheimer. Ahora es el turno del cine épico de aventuras, un género muerto que vivió su último gran renacer hará poco más de veinte años, con películas como Gladiator, Braveheart, El último samurái, El rey Arturo, El señor de los anillos o Troya, película inevitablemente relacionada con esta por ser adaptación de la Iliada y, por qué no decirlo, por ser diametralmente opuesta a esta La odisea. Y eso que Troya es una formidable película de aventuras.
Pero La Odisea es otra cosa.

Alejado de las corrientes actuales y confiado tanto en su talento como en qué le van a dar lo que pidan, Nolan apuesta por rodar la primera película IMAX, casi 3 horas de experiencia que en un cine convencional es apabullante. No quiero ni imaginar en una sala preparada para lo que Nolan ha concebido con tanto ahínco.
Esencialmente, La odisea nos va a ofrecer casi tres horas de aventuras, especialmente marinas, en una doble vertiente. La más importante es la que concierne a Odiseo, un Matt Damon tan contenido como siempre, que sostiene el 80% de la película. Aquí tenemos el supuesto viaje del héroe a la inversa, el de un hombre con cicatrices que aprende regresando a un hogar que ya no es el mismo, a través de su relación con distintos obstáculos y personajes narrados de forma exquisita por Nolan.
El director se sumerge en la mitología del relato y da rienda suelta a la fantasía en pasajes que desbordan suspense y, sobre todo, tensión. Es difícil apartar la mirada o cerrar la boca ante algunas de las escenas que vais a contemplar en la Odisea. De hecho, el fragmento central parece tener el ritmo de un épico tráiler.
Por suerte, Nolan no quiere dejarnos agotados de intensidad y apuesta también por el viaje del héroe más convencional de Telémaco, un comedido Tom Holland.
De hecho, comedidos están todos. Puede verse como un defecto, pero el estelar reparto de La odisea trabaja entregada al objetivo de su director. Algunos de los actores anunciados no pasan del mero cameo, pero cumple a la perfección con lo que se les pide.
Algo así ocurre con la banda sonora de Ludwig Goransson, en la línea de lo que vimos tanto en Oppenheimer como en Tenet. No esperéis una melodía memorable como la de El señor de los anillos. Pero sirve al propósito que Nolan quiere.
Al final, tanto la música como los actores caen bajo el peso de unas imágenes imponentes y de un ritmo tan endiablado como contundente.

Probablemente lo que mejor pueda resumir, sin entrar en spoilers, lo que ha querido rodar Nolan en La odisea es, precisamente, toda la escena del caballo de Troya. Donde primaba la aventura y la fanfarria de la Troya de 2004, aquí tenemos suspense, angustia y tensión.
Todo cumple su función para dar una vuelta de tuerca a una de las historias más básicas de la civilización occidental. Nolan nos habla precisamente de eso, de la sociedad que se ha construido, de como podemos caer cuando nos olvidamos de nuestras raíces y de nuestras tradiciones y ahí…ahí solo queda el caos.
Incluso deja a un lado parte de su conocida tendencia por la fragmentación narrativa, amparándose en el relato oral como hizo en El truco final con el relato epistolar.
En definitiva, La odisea es un nuevo triunfo de Christopher Nolan. Una película en la que ningún nombre (Charlize Theron, Anne Hathaway, Zendaya, Robert Pattinson, etc) ni elemento está por encima de su director de orquesta. Una obra maestra más grande que la vida en la que tenemos culpa, aprendizaje, amor, terror, suspense y violencia de una forma que nos hace creer que todavía hay esperanza para el cine en pantalla grande, el de verdad, el que te mantiene boquiabierto y sumergido en una historia de más de 2500 años.
Disfrutadla.
¡Un saludo y sed felices!
¡Nos leemos en Las cosas que nos hacen felices!



