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El cine es mejor que la televisión… y lo sabes

Las películas de Netflix no deberían ganar Oscars, sino Emmys.

Steven Spielberg

Con esta frase saltó la polémica, aunque la verdad es que la polémica viene de tiempo atrás. Los defensores de plataformas como Netflix o HBO llevan tiempo señalando que la calidad de sus productos no desmerece para nada de las obras que se estrenan en las grandes salas, incluso señalan que en ocasiones las superan. También argumentan (entre otras cosas) que los tiempos cambian, que hay que adaptarse a lo que demanda la gente y que el tradicional sistema de producción y distribución de obras cinematográficas debe acoplarse a los nuevas demandas de la sociedad.

La calidad de los productos destinados a la pequeña pantalla no se discute pero lo que si está en clave de solfa es que puedan ser comparados a los destinados a su estreno en pantalla grande. Steven Spielberg no es el único cineasta que ha mostrado su discrepancia con la moda que proclama a los cuatro vientos que el mejor cine se da en la televisión. Otros directores tan insignificantes como él se han postulado más a favor del cine que de la televisión: Christopher Nolan, Guillermo del Toro, Pedro Almodovar,… Son los denominados haters de la televisión en general y de Netflix en particular, aunque hoy en día a cualquiera que se atreva a discrepar de la opinión mayoritaria ya le cuelgan la etiqueta de hater (ver futuros comentarios en este mismo post).

El cine es cine y la televisión no

Esta perogrullada, de la que muchos dudan hoy en día, es lo que ponen de manifiesto las palabras de Spielberg. El mejor cine no puede darse en la televisión simplemente porque son medios diferentes. El lenguaje del cine y la televisión se parecen pero no son exactamente iguales. El tempo narrativo, la forma de contar la historia, difiere en un formato o en otro, sobretodo si nos remitimos más a las series que a las películas para televisión. En el caso de las series, la historia se fragmenta, incluso dentro de cada episodio por motivos publicitarios; en ocasiones no es que se fragmente sino que se estira como un chicle de forma injustificada, si bien es verdad que hay películas que también se estiran, y se estiran, y se estiran, y se vuelven a estirar. Pero la principal diferencia entre un formato y otro es dónde se proyectarán las historias. Y ahí es donde radica la superioridad del cine: las películas pensadas para su distribución en salas cuentan con una pantalla enorme que no tiene punto de comparación con la llamada «pequeña pantalla».

El tema del formato de la pantalla no es un tema menor. En una entrevista (perdonad pero no encuentro el enlace; si alguien la ha leído y quiere señalarla en los comentarios prometo adjuntarla en este punto) Guillermo del Toro hablaba de la capacidad del cine para crear imágenes inolvidables que se fijan en la retina del espectador para siempre. Y razón no le falta. ¿Recordáis alguna escena inolvidable de esas que te marcan para siempre, de esas que vienen inmediatamente a la mente al hablar de una película? En el caso del cine podría dar muchos ejemplos; si hablamos de televisión tengo que hacer memoria: quizás alguna de Juego de Tronos, alguna de Breaking Bad y poco más. La verdad es que tengo que hacer un ejercicio de memoria bastante grande.

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En televisión, las escenas de este tipo no resultan igual

El folletín de nuestro tiempo

Si nos fijamos en lo que son las series, hay que reconocer que estas se han convertido en la versión siglo XXI de los folletines decimonónicos, definidos como:

…un género dramático de ficción caracterizado por su intenso ritmo de producción, el argumento poco verosímil y la simplicidad psicológica. Recurre a la temática amorosa, pero también al misterio y a lo escabroso. Propio de las novelas por entregas, se ha dado también en teatro, cine, historieta y televisión, siempre con características similares. Es, en palabras de Jesús Cuadrado,

El género popular por antonomasia; y es la esencia de la cultura popular en cualquiera de sus facetas. Es, también, la cualidad evidente que el lector o espectador —sujeto pasivo— acepta sin extrañarse. Las coordenadas no variables de su privada gramática son, a su vez, la ética del mensaje

¿Eso quiere decir que las series son malas por su estructura folletinesca? Por supuesto que no. Ya hubo en los folletines productos mucho más que dignos. Nadie se atrevería a cuestionar la calidad de las obras de Alejandro Dumas o Victor Hugo. Igualmente, en las series de televisión hay productos que rayan a un nivel muy elevado, como es el caso de las mencionadas Breaking Bad y Juego de Tronos, a las que podríamos sumar algunas más (The Wire, Los Soprano, aquí que cada uno ponga la que considere). Pero hay que aceptar que, junto a las mejores, hoy en día hay demasiadas series intrascendentes y que se olvidan a las pocas horas de su visionado. Muchas juegan con el factor sorpresa, con el impacto, con los cliffhangers, con la repercusión en redes sociales, con planteamientos e ideas que arrancan muy bien pero que se diluyen en la mayoría de las ocasiones, sobretodo por no saber acabar a tiempo. Un caso que nos podría servir de ejemplo fue Dexter, la serie de Michael C. Hall que tendría que haber cerrado el chiringuito en su cuarta temporada y que prolongó su agonía cuatro años más.

Acabar a tiempo es una virtud

La televisión como refugio

Dejando al margen las películas televisivas, el grueso de la producción se concentra en las series. Es lo que más abunda y lo que llega a más espectadores. En los últimos tiempos, cineastas venidos a menos y que no encuentran financiación para llevar a cabo sus largometrajes, encuentran en la televisión el vehículo ideal para subsistir. Ahí tenemos a Woody Allen que, dando ejemplo, tomó el dinero de Amazon y corrió tras haberles endosado exactamente lo mismo que lleva años y años facturando para la pantalla grande. Y en Amazon encantados porque ya les viene bien el prestigio de Allen en su catálogo. El último en sumarse a la lista es Martin Scorsese. Aunque es verdad que su prestigio sigue casi intacto también lo es que cuando te dan un premio Princesa de Asturias es cuando puedes replantearte tu carrera. Tras el castañazo en taquilla de Silencio el cineasta de Queens ha recurrido a los 125 millones de Netflix (presupuesto que de momento lleva 20 millones más y parece que en aumento) para rodar The Irishman, otra de mafiosos con Robert de Niro, Al Pacino, Harvey Keitel y Joe Pesci. Como vemos, Scorsese mantiene intacta su capacidad de innovación. Y tranquilos que seguirá usando esos flasbacks que tan buenos resultados le dieron en Casino, Uno de los nuestros, El lobo de Wall Street, etc. Todo apunta a que Scorsese nos hará un «woody allen» y nos facturará más de lo mismo.

El cine nos iguala, la televisión es elitista

Aquí vamos a levantar ampollas pero es lo que hay. La entrada del cine la puede pagar casi cualquiera (pongo lo de casi porque siempre hay quien no puede) y vale igual para todos (descuentos excluidos) pero una vez accedes a la sala, las condiciones serán iguales para todos: mismas butacas, mismo sonido, misma calidad de imagen y mismos indocumentados hablando por el móvil. En cambio la experiencia televisiva variará en función de tu presupuesto. Para empezar, por lo menos en España, si uno quiere ir más allá de los canales gratuitos de la TDT, hay que pagar por el acceso y luego, en muchos casos, por los contenidos y el acceso a determinadas plataformas. A partir de aquí, podemos empezar a sumar el tipo de televisión y el equipo de sonido, que no es lo mismo una televisión de 32″ que una de 65″, que no es lo mismo la pantalla plana que la curva, etc, etc, etc. Ver películas y series en televisión con una experiencia similar a la de las pantallas de cine puede llegar a ser un lujo al alcance de unos pocos.

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Esto cuesta una pasta… y lo sabes

Id al cine, insensatos

En resumen, a mi me gusta más ir al cine que ver la televisión. Voy a ver una obra determinada, cuando a mi me apetece y pagando un precio que ya me se de antemano para unas condiciones que también conozco y que es imposible que pueda igualar en mi salón. La televisión me pide un compromiso y una atención que no siempre estoy en disposición de prestarle. Es más, muchos días tengo tal cantidad de oferta que opto por hacer otra cosa, llegando a un punto que es totalmente lo opuesto a lo que debería ser: en demasiadas ocasiones, la televisión me aburre. Aun así la enciendo cada noche y busco y rebusco hasta dar con algo que me apetezca ver, más por costumbre que por ganas. No dejo de reconocerle sus logros y sus méritos. He disfrutado mucho con muchas series pero también es verdad que he olvidado muchas otras nada más apagar el aparato. Muchas películas y muchos cineastas le deben mucho a la televisión, como es el caso del mismo Spielberg, cuyo Indiana Jones no deja de ser una puesta al día de los seriales de aventuras que George Lucas y él veían en su juventud, aquellos que terminaban cada capítulo, si o si, con un cliffhanger de aúpa. Pero de ahí a afirmar que la televisión, a día de hoy, supera al cine, hay un trecho que creo que no atravesaría ni el propio Spielberg, por muchas series que desarrolle como productor. Un saludo, sed felices y caña en los comentarios.

Pedro Pérez S.
Pedro Pérez S.
Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.
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4 COMENTARIOS

  1. «Mismos indocumentados hablando por el móvil»?? Ehhh…seguro que muchos llevan el DNI, yo mejor los llamaría: desgraciados, maleducados, incivilizados…capullos integrales al fin y al cabo 😉
    Muy buenas Pedro, muy interesante el artículo. Centrándome en la polémica de la frase «Las películas de Netflix no deberían ganar Oscars, sino Emmys», creo que Spielberg lleva más razón que un santo por una cuestión muy sencilla: ambos son premios otorgados por academias distintas. Por un lado, la Academia de las artes y las ciencias cinematográficas en el caso de los Oscars; por el otro, la Academia de las artes (nacional e internacional) y ciencias de la televisión en el caso de los Emmys.
    Es decir, ambos premios diferencian muy mucho el medio al que van dirigidos, ya que son otorgados por las academias especializadas en cada uno de ellos.Teniendo eso claro no debería haber polémica alguna, pienso yo.
    Otra cosa es que unos premios tienen mayor prestigio que otros, y ahí es donde se produce el conflicto ya que inmediatamente se considera de mayor nivel o más calidad el producto destinado a participar en dichos galardones de mayor consideración. Y por qué entran en conflicto? Pues porque llevamos ya unos cuantos años en los que la calidad de producción en la pequeña pantalla se ha equiparado e incluso superado a lo realizado para la gran pantalla, tanto por series como por películas que han visto como se destinaban recursos, se contrataban directores, actores, etc…que antes solo se dedicaban al formato en sala comercial.
    Es tan simple como eso, una cuestión de diferenciar medios y galardones, más que hacerlo en relación a calidades y galardones.
    En cuanto a mi opinión personal acerca del título del artículo, pues…claro que lo se, siempre lo he dicho: por mucho que evolucione el formato televisivo nunca se podrá equiparar al de la gran pantalla, aunque solo sea por una cuestión espacial, no hay forma de reproducir la experiencia del cine (tanto visual como sonora) en nuestro cómodo pero pequeño salón…tan sencillo como eso.
    No estoy muy de acuerdo, aunque entiendo tu argumento, con lo de que la televisión es elitista. Es cierto que no todos podremos tener el mismo sistema audiovisual en casa, pero si uno «digno» que nos permita ver nuestras series o pelis favoritas sin notar incomodidad o mala calidad en el proceso. Además de que también influye mucho la exigencia de cada uno o el conformismo a la hora de ponernos frente a la pantalla en casa.
    Por último, me quedo con la frase: «Id al cine, insensatos» al más puro estilo mago gris 🙂
    Un saludo!

    • Hola Tyler. Gracias por pasarte a comentar. Es cierto que lo que comentas, que normalmente se tiene una percepción de los oscars como premios con un mayor prestigio que los emmys, aunque en realidad no tendría porque ser así. Es más, viendo algunas películas que han ganado el oscar a lo largo de la historia podríamos poner en cuestión ese prestigio. Lo del título es más una broma personal mía que otra cosa. El post busca más la reflexión o el debate que la polémica pero también buscaba llamar algo la atención y el «y lo sabes» funciona en muchas ocasiones. Y lo de la televisión elitista denota mi frustración por tener que ver películas (y series) en 32″ cuando no puedo comprarme una televisión enorme de pantalla curva con el argumento de que «no nos cabe en el mueble». Y mira que he propuesto vender el puñetero mueble pero no hay manera. Un saludo.

  2. «He disfrutado mucho con muchas series pero también es verdad que he olvidado muchas otras nada más apagar el aparato.»

    Pues igual que con las películas, con la diferencia de que la serie media es mejor que la película media. Las series por lo general se dejan ver, incluso las mediocres. Con las, películas hay demasiadas que son directamente infumables. Una buena serie siempre será mejor que una buena película, igual que una buena novela es mejor que un buen cuento. La profundidad de una historia larga no se puede conseguir en un formato corto.

  3. «Una buena serie siempre será mejor que una buena película, igual que una buena novela es mejor que un buen cuento. «, Ahí discrepo. Una buena serie será mejor que una mala serie o una serie mediocre pero… ¿mejor que una buena película? Me temo que no porque son cosas diferentes. Un saludo.

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