Las series de Amazon II: Crísis en seis escenas, con Woody Allen y Miley Cyrus

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Seguimos echando un vistazo a las series que componen el catálogo de Amazon Prime Video. Si en la anterior entrega nos fijamos en una excelente serie de género negro como es Bosch, ahora y por toca liarnos la manta a la cabeza, hacer de tripas corazón y hablar de Crísis en seis escenas (Crisis in six scenes), la serie de Woody Allen y Hannah Montana Miley Cyrus. Ánimo.

Ambientada en 1962, el argumento de la serie gira en torno a un matrimonio de edad ya avanzada, el formado por Sidney J. Muntzinger (Woody Allen) y su mujer Kay (Elaine May), que ven interrumpida su plácida vida burguesa por la llegada de Lennie Dale (Miley Cyrus), una joven radical acusada de poner una bomba en un centro de reclutamiento y de huir de la cárcel a tiros. Lennie pondrá la vida de todos patas arriba, incluyendo la de Alan (John Magaro), un joven de familia bien a quien Muntzinger aloja en su casa por la amistad con su padre y que, enamorado de Lennie, pretende huir a Cuba y ser el nuevo Che Guevara.

Toma el dinero y corre

Crísis en seis escenas es una serie para fans muy fans de Woody Allen. Todas las características del cine del neoyorkino están presentes en todas las escenas, en todos los episodios, que por fortuna son pocos (los seis a los que alude el título) y cortos (unos 23 minutos cada uno). Esto se traduce en una realización correcta, situaciones ingeniosas, buenos diálogos, gran interpretación de los actores, música de jazz, etc. Si uno ha visto sus películas ya sabe lo que se va a encontrar, incluyendo a Woody Allen haciendo de Woody Allen. Su personaje es un escritor que firma como S. J. Muntzinger (lo que le permite un fantástico chiste en el último episodio de la serie) que, como no podía ser de otra manera, es judío, ateo, pusilánime, cobarde, hipocondríaco, paranoico y todas las virtudes de los distintos personajes que ha encarnado Allen a lo largo de su carrera. Por supuesto, el personaje habla y habla y habla y habla y sigue hablando en todas las escenas en las que sale, encadenando chistes y frases lapidarias sin parar. Eso sí, algunas son brillantes ya que, aunque no seamos fans muy fans, hay que reconocer que sigue siendo Woody Allen y el tipo es brillante la mayoría de la veces.

Sin embargo, ser Woody Allen también tiene sus defectos. El autor reconoció en muchas entrevistas que se arrepintió desde el minuto uno de comprometerse a realizar esta serie y que escribir cada línea de guión fue una tortura. Sus razones tendrá para decir eso (si no se quejase y se hiciese el artista mártir tampoco sería Woody Allen) pero, una vez vista la serie, no se entiende tanto sufrimiento. Da la sensación de que tenía el guión de una película de poco más de dos horas guardado en un cajón, lo dividió en seis partes y se puso a rodarlo a cambio de un buen cheque, poniendo como condición que le pusiesen de partenaire a una jovencita de buen ver que le permitiese conectar con el público más joven. Alguien debería haberle dicho que en la televisión actual, rodar las escenas con la cámara fija tal cual se filma una obra de teatro y metiendo plano – contraplano para contrarrestar está algo desfasado; también que confundir el ritmo con que todos los actores hablen sin tener un minuto de silencio tampoco es lo más acertado. Resumiendo: innovación cero, riesgo cero. El que espere encontrar en la serie algo diferente a lo hecho por el cineasta a la hora, que se vaya olvidando y pase a otra cosa.

Woody entre su mujer y su sueño erótico

Brillante a pesar de Woody Allen

Supongo que a estas alturas ya habrá quedado claro: no soy fan muy fan de Woody Allen. Es más, me cae fatal. Pero eso no me impide reconocer que es un gran autor y un tipo muy inteligente. Cualquiera capaz de tener un club de fans que ignore que se acostó con una mujer a la que crió desde niña como si fuese su hija, es alguien a tener en cuenta. Así que, si conseguimos sobreponernos a lo que pensamos de Woody Allen como persona, podemos disfrutar de una serie muy ingeniosa.

Allen opta por ambientarla en 1962, en plena crisis de valores estadounidenses, cuando los pobres y los negros eran mandados a Vietnam y los jóvenes burgueses de buena familia y situación acomodada protestaban por una causa que creían injusta, como una forma de rebeldía inocua siempre y cuando no decidiesen poner bombas. Los marginados sufrían las decisiones de un sistema gobernado por una oligarquía económica y una clase política vendida al gran capital. ¿Os suena de algo? Los paralelismos con la situación política actual son evidentes, sobretodo en España. “Si quieren cambiar las cosas, que voten, que lo hagan dentro del sistema”, dice el personaje de Allen en una de las escenas, tal cual fuese un defensor del establisment de la España pre-15M. Demuestra de esta manera que lo que hemos vivido estos últimos años no es nada nuevo, que son situaciones que se repiten a la largo de la historia y que seguramente se repetirán (aunque antes esos movimientos contestatarios no habían recogido el guante y se habían  organizado en nuevos partidos políticos, pero ese es otro tema). Pero tranquilos que Allen no ha hecho una serie política. A Woody Allen, en el fondo, la política le importa un bledo, como demuestra con el destino del personaje encarnado por Miley Cyrus (bien, gracias; algo histriónica pero tampoco sin pasarse), estando más preocupado por luchar contra el horror vacui que le produce la televisión (atención al último episodio, con todos los personajes acumulados en la misma escena) y por resultar más Woody Allen que nunca.

Woody Allen vs Hannah Montana

Crísis en seis escenas es una serie que produce sentimientos encontrados (a no ser, repito, que uno sea fan muy fan de Woody Allen). Es una serie de Woody Allen, escrita por Woody Allen y protagonizada por Woody Allen. Si fuera menos Woody Allen la tendríamos en el Olimpo de las series por sus virtudes, que objetivamente son muchas: es divertida, con muy buenos diálogos y con situaciones desternillantes. Es brillante muchas veces, permite reflexionar y encima se ve en lo que tardamos en ver un episodio de The Walking Dead (ya se que duran menos pero la sensación es que duran el doble). Pero es tan Woody Allen que no podemos dejar de fijarnos en sus defectos: su personaje es el de siempre e incluso más exagerado; hablan tanto y hay tantas frases ingeniosas que cada vez que dicen una ya has olvidado la anterior porque no te ha dado tiempo a asimilar lo dicho; estilística y artísticamente es lo de siempre (eso a veces es una virtud pero a Allen se le exige más); el formato televisivo brilla por su ausencia, a no ser que se considere como tal el dividir una película en seis partes. Allen ya ha declarado que una y no más, que no vuelve a hacerlo. A no ser que le paguen el doble y pueda trabajar con la próxima estrella Disney que quiera darse aires. Desde aquí proponemos a Zendaya porque un duelo de interpretativo entre el clarinetista y K.C. Cooper sería memorable para nuestras neuronas. Nos leemos en el siguiente post. Un saludo, sed felices.

https://youtu.be/Q4Bj3oSpgsA



el autor

Aficionado también al cine, las series de televisión, la literatura fantástica y de ciencia ficción, a la comida, la cerveza y a todas las pequeñas cosas que nos hacen felices.

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