A los noventa y cinco años de edad y en circunstancias todavía confusas, fue hallado muerto Gene Hackman, superlativo actor recordado por sus papeles en The French Connection, Superman: La Película, Sin Perdón, No hay Salida, Poder Absoluto, Marea Roja y tantas otras. Junto a él y también sin vida yacían su esposa de los últimos treinta años y una de sus mascotas. Amén de especulaciones y en forma de sentido homenaje, hacemos desde esta web repaso de su vasta y prolífica carrera.
Eugene Allen Hackman, más conocido como Gene Hackman, había nacido un 30 de enero de 1930 en San Bernardino, California. Debido al divorcio de sus padres, su adolescencia tuvo distintas localizaciones y no parecía en ese momento que su destino fuera a estar en la actuación. Por el contrario, contando con solo dieciséis años y mintiendo su edad, se alistó en los Marines y ofició para ellos como operador de radio en China, Hawái y Japón. Ya de regreso en su país e instalado en Illinois, estudió televisión, periodismo y radiofonía para que la vocación de actor, finalmente, le apareciera de manera tardía a los treinta años.
Recién entonces se inscribió en la escuela de interpretación Pasadena Playhouse de los Angeles, donde trabó amistad con un muy joven Dustin Hoffman. Su primer papel en cine, si bien no acreditado, lo tuvo al muy poco tiempo con el filme gangsteril Mad Dog Coll (Burt Balaban, 1961), a lo cual siguieron varios trabajos en teatro sobre las tablas de Broadway y participaciones televisivas en episodios de icónicas series de los sesenta como Los Invasores o FBI.
Pero su primer gran impacto llegó cuando, por recomendación de Warren Beatty, cayó en el filme Bonnie y Clyde (Arthur Penn, 1961), en el cual le tocó interpretar a Buck Barrow (hermano de Clyde) y le valió nada menos que su primera nominación al Oscar en calidad de actor de reparto, al igual que ocurriría tres años después con su participación en Nunca canté para mi Padre (1970).
Las puertas se le fueron abriendo con cada vez mayor frecuencia y el Oscar, ya como actor principal, le llegó finalmente por su papel en The French Connection (William Friedkin, 1971), filme conocido en España como Contra el Imperio de la Droga y en Latinoamérica como Contacto en Francia.

No solo los galardones le abrieron puertas sino también su versatilidad y tipo físico que, difícil de encasillar en algún estereotipo en particular, lo hacía adaptable a los más diversos papeles o géneros cinematográficos.
De hecho, en los tres años siguientes a The French Connection filmó nada menos que diez películas, las cuales, de lo más disímiles, podían ir desde el género catástrofe con La Aventura del Poseidón (Ronald Neame, 1972) hasta el road movie con Espantapájaros (Jerry Schatzberg, 1973), así como el western con Muerde la Bala (Richard Brooks, 1974), la comedia de terror con Young Frankenstein (Mel Brooks, 1974) o el thriller psicológico de tono oscuro y existencialista con La Conversación (Francis Ford Coppola, 1974), probablemente de las mejores actuaciones de su carrera.

La segunda mitad de los setenta continuó teniéndolo en títulos icónicos, entre ellos la secuela French Connection II (John Frankenheimer, 1975), el drama bélico Un Puente Lejano (Richard Attenborough, 1977) o la ultra taquillera Superman: La Película (Richard Donner, 1978), primer largometraje de cine dedicado al clásico héroe de DC en el cual daba vida al emblemático villano Lex Luthor.
Los ochenta lo vieron en filmes político-testimoniales como Rojos (Warren Beatty, 1981), Bajo el Fuego (Roger Spottiswoode, 1983) o Arde Mississippi (Alan Parker, 1988), que le valió una nueva nominación al Oscar como actor principal. Ello sin olvidar el thriller No hay Salida (Roger Donaldson, 1987), el drama psicoanalítico Otra Mujer (Woody Allen, 1987) o el drama deportivo Hoosiers (David Anspaugh, 1986), del cual pueden leer aquí el retro-análisis que para esta web ha realizado El Escritor Nómada.
Los noventa le vieron frecuentar seguido el western, con recordados títulos como Sin Perdón (Clint Eastwood, 1992), que le significó su segundo Oscar y primero como actor de reparto, o también Gerónimo, una Leyenda (Walter Hill, 1993), Wyatt Earp (Lawrence Kasdan, 1994) o Rápida y Mortal (Sam Raimi, 1995), del cual pueden leer aquí el retro-análisis escrito por un servidor. También estuvo en la comedia negra Cómo conquistar Hollywood (Barry Sonnenfeld, 1995) o en el claustrofóbico thriller náutico Marea Roja (Tony Scott, 1995), donde le tocaba sostener un memorable contrapunto y duelo actoral con Denzel Washington.

Sería imposible repasar en este artículo toda su vasta trayectoria, pero la última producción que contó con él fue Bienvenido a Mooseport (Donald Petrie, 2004), tras la cual anunció su retiro de la actuación y así se mantuvo durante las dos últimas décadas, en que más bien se dedicó a su faceta de escritor publicando tres novelas. De hecho, la versatilidad de Hackman no solo se aplicaba a la actuación, sino también a su vida y actividades en general, pues también era pintor y hasta participó en carreras de autos.
Ayer, en circunstancias misteriosas aún no esclarecidas, fue hallado muerto en la mansión rural que tenía en Santa Fe, Nuevo México, la cual había adquirido a principios de los noventa y sometido a treinta años de reformas. A su lado y también sin vida se hallaba Betsy Arakawa, la pianista de sesenta y tres años con la cual, en segundas nupcias, había contraído matrimonio en 1991. Y su perro: o uno de ellos al menos, pues tenía tres y los otros dos están vivos…
Por estas horas, y como es de esperar, se tejen todo tipo de conjeturas en cuanto a las causas de muerte, yendo las mismas desde un pacto suicida hasta asfixia con monóxido de carbono que, según se sabe, es la más probable vía de investigación que maneja la policía en este momento y así lo hizo saber Elizabeth Jean Hackman, hija del actor fallecido. En cuanto a la posibilidad de un doble (o triple) asesinato, fue prácticamente descartada desde un primer momento.
No es intención de este artículo, de todas maneras, ahondar en detalles amarillistas sino rendir justo tributo a quien fuera una de las más grandes figuras del cine mundial y uno de los mejores actores de todos los tiempos. Ganador de dos Oscar, cuatro Globos de Oro y dos BAFTA, deja detrás de sí un impresionante legado de más de ochenta películas y por lo menos una veintena de personajes icónicos e inolvidables cuando muchos actores morirían por tener en su haber siquiera uno.
Y mientras las redes sociales se llenan de condolencias, vayan en homenaje las sentidas palabras de Francis Ford Coppola, quien lo dirigiera en La Conversación: “La pérdida de un gran artista siempre es motivo de duelo y celebración. Gene Hackman, un gran actor, inspirador y magnífico en su trabajo y complejidad. Lamento su pérdida y celebro su existencia y contribución”.
Hasta siempre, Gene, gracias por todo y gracias por tanto. Inolvidable. Hasta siempre…




