¿Es Hoosiers la mejor película de deportes de la historia? No lo sé, pero lo que sí está claro es que es el largometraje que cimentó las bases narrativas de lo que tiene que ser ya no solo el cine de deportes, sino una magnífica película.
El deporte tiene algo en común con el cine, gracias a la mezcla que nos deja un espectáculo deportivo con poderosas historias humanas. Ambas disciplinas son capaces de combinar la emoción desde diferentes ángulos pero que confluyen en un mismo vértice y que es precisamente la emoción. Y es que el cine y el deporte, tienen la potestad de inspirar, motivar y conmover a cualquier persona sin distinciones de edades u orígenes.
Hoosiers tiene alma de cine y espíritu deportivo; mezcla ambición narrativa con un buen equipo de actores dispuesto a darlo todo en pantalla. Es capaz de hacernos subir a una montaña rusa de emociones, en la que viajamos de la alegría al drama mientras nuestro corazón bulle de energía porque está disfrutando de la competición. Y al final, después de sudar, sufrir y luchar, entiendes cuando suena el pitido del árbitro que, tanto en la vida como en la cancha, un pequeño instante puede cambiar la historia para siempre.

Hoosiers es una película estadounidense de 1986, dirigida por David Anspaugh e interpretada por Gene Hackman, Barbara Hershey y Dennis Hopper. El guion corre a cargo de Angelo Pizzo y la música está compuesta por el maestro Jerry Goldsmith. Como curiosidad diremos que obtuvo en 1987 dos nominaciones a los Oscar, al mejor actor de reparto para Dennis Hopper y a la mejor banda sonora para Jerry Goldsmith.
La trama de Hoosiers nos cuenta como un entrenador, Norman Dale, de mal genio y con un pasado lleno de sombras, es contratado para entrenar a un equipo de baloncesto en Hickory, una pequeña ciudad de Indiana. Allí, el baloncesto es una religión y las nuevas propuestas de Norman harán que choque contra todos, sufriendo el rechazo tanto de parte de los jugadores como de los vecinos que intentan echarle. Pero siendo un entrenador de espíritu inquebrantable, es capaz de dotar de actitud y pasión a su equipo de baloncesto e incluso lograr unir a todo el condado gracias al juego del mismo.

Como hemos recalcado, Hoosiers está llena de emociones, positivas y negativas, que confluyen alrededor de los temas que trata. No solo el baloncesto, sino que nos habla de la superación personal, la presión de grupo y el alcoholismo.
El acierto radica en que es capaz de manejar todos estos temas de una manera directa, sin recurrir al sentimentalismo y dejando que las emociones fluyan por la película como el balón sobre la cancha. La naturalidad de las pasiones del ser humano descritas desde la visión deportiva hace que la película sea inspiradora.
Encontramos en Hoosiers buenas frases de esas que se quedan para el recuerdo, y que se pueden utilizar de material educativo, tales como “Cinco jugadores en la cancha funcionando como uno solo: equipo, equipo, equipo – ninguno es más importante que el resto”, con la que se refleja la importancia del trabajo en equipo, o “Mis entrenamientos no están diseñados para vuestro divertimento”, frase capaz de resumir en unas pocas palabras el carácter del entrenador.

Otro de los puntos a favor que tiene Hoosiers es el buen trabajo coral de todos los actores en general, que defienden con garra la narrativa de la película y son la fuerza que vincula a la historia con el baloncesto. Logrando como buen equipo ser capaces de mantener la contundencia necesaria para mantener el interés en lo que estamos viendo y que no decaiga. Todo ello, concentrado en el mecanismo deportivo a partir del cual se describen las historias de todo un grupo humano en un pequeño pueblo: el baloncesto.
De manera especial destaca Gene Hackman, que logra una composición austera, llena de matices que le dan profundidad al personaje, convirtiéndose en el base que guía a Hoosiers hacia la victoria. Un Dennis Hopper embriagado en su autodestrucción recuperado por el deporte, cuya redención sirve de catarsis para contraponer la melancolía con la adrenalina de ganar y también darle una concesión dramática a la película, todo hay que decirlo.

Aunque la historia de Hoosiers no rebose originalidad, hay que tener en cuenta que al ser de los años ochenta es innovadora: tiene suficientes elementos para ser una posible campeona. Con diálogos acertados y algunas ideas que dan una capa de profundidad al relato, como la importancia del esfuerzo, la integridad, el compañerismo y las segundas oportunidades. Que demuestra que podemos hacer una buena finta para elegir un camino diferente al que tenemos, conquistando a base de esfuerzo y voluntad nuevas posiciones en la cancha de la vida.
Mención especial para la excelente banda sonora de Hoosiers. Habilidosa a la hora de dar una modulación épica a los partidos de baloncesto. Creando una tormenta competitiva con instantes llenos de tensión, que nos invita a adentrarnos en la emoción del partido como si fuéramos una parte más de ese pueblo que vibra con su equipo. Con un sonido espectacular, donde los ecos del pabellón se contraponen a los silencios rurales que acompañan las bellas imágenes de los mares de cereales del medio oeste americano.
Una música, un guion, unos actores que rebosan credibilidad, la fisicidad del baloncesto y la naturalidad de las emociones humanas componen un lienzo estimulante de lo que puede llegar a ser el deporte. Un tipo de cine donde cabe una narrativa interesante, un poco de amor, luces de redención, entrenamientos exigentes, alguna que otra bronca y una música envolvente. Todos estos elementos se convierten en ganadores cuando el balón rasga la red, logrando que Hoosiers se posicione como una de las mejores películas deportivas de todos los tiempos.



