Análisis de El Ministerio del Tiempo. Temporada 4. Capítulo 3

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Bienvenidos al tercer episodio de la cuarta temporada de El Ministerio del Tiempo. En esta ocasión, el equipo formado por Pacino, Gonzalo e Irene, viaja a la Inglaterra del siglo XVI para evitar la muerte prematura de Isabel de Valois. Paralelamente a esta nueva misión, Amelia regresa de su retiro al siglo XIX para ayudar a Julián a recuperar la memoria.

Análisis de El Ministerio del Tiempo.

Si bien  la patrulla ministérica había viajado a destinos extranjeros en otras temporadas, esta es la primera vez que lo hace a territorio inglés; aprovechando la regencia española en el país. Allí se encuentran con un joven Felipe II, que ha desposado a su tía María Tudor, con intención de proporcionar un heredero cristiano a la corona inglesa.

Si bien en el capítulo anterior los espectadores fueron testigos de un diseño de producción envidiable en la construcción de los aposentos de la Casa de Austria en la corte española, en el capítulo presente se ha logrado de nuevo con los aposentos reales de la corte inglesa, distinción de vestimentas y caracterización de personajes, que recuerdan a los retratos de los monarcas de la época.

Más allá de los contratiempos e intrigas palaciegas que amenazan con cambiar el curso de la historia, lo más llamativo del capítulo es el retrato del lado más humano de los monarcas. Una María Tudor que alejada de la reina tirana que acostumbra mostrarse en pantalla; vive con miedo, se siente sola y anhela la compañía y el afecto de su esposo y cortesanos a toda costa. Las inseguridades y frustraciones de Felipe de Austria, que añora su tierra y se siente perdido intentando cumplir los cometidos que le ha encargado su padre.

Es especialmente destacable la interpretación de la actriz francesa Rachel Lascar, que logra transmitir con un impecable acento inglés, la fragilidad de un personaje con apariencia fuerte, dura e intransigente.

La vuelta de Amelia.

Por otro lado, en la sede de El Ministerio, Amelia regresa para intentar hacer recordar a Julián su pasado repasando su propia historia, en un reencuentro tenso y cargado de momentos que pesan en la memoria. Amelia, interpretada por Aura Garrido, ha pasado los últimos años llevando el negocio familiar en su Barcelona natal a la vez que creando una escuela para que las niñas puedan prosperar; manteniendo así la esencia del personaje que recordábamos de las anteriores temporadas. La vuelta de Amelia, uno de los protagonistas más queridos de la serie, ha sido el más esperado por todos los fans desde el inicio de la temporada.

En la temporada anterior, pudimos asistir a su retirada de la patrulla, motivada por la pérdida de Julián y la de su padre en un corto período de tiempo. Necesitaba distancia y tiempo, zarandeada por los duros avatares a los que le sometió su trabajo en el Ministerio.

La mirada de Amelia se ha vuelto fría y sus modos parecen distar de la calidez que se recordaba en otras temporadas. Los golpes y responsabilidades de la vida han pesado sobre sus hombros, y una coraza parece ocultar su brillo; que solo se deja intuir cuando se despide de Julián. En su interior, ambos desean lanzarse desesperadamente en brazos del otro, sin embargo sus respectivos recelos, desencantos y meteduras de pata, les impide la efusividad que habrían mostrado cuando la relación de ambos era distinta.

Todavía queda mucha temporada, y el retrato inalterado de un hipotético futuro juntos parece dar esperanzas y pistas sobre un final feliz para la pareja.

Los recuerdos de Julián.

La marcha de Rodolfo Sancho que da vida a Julián, supuso un cambio en el devenir de la tercera temporada; que supo aprovechar la situación como punto de giro en la evolución de los personajes y el tono de las tramas. Esta cuarta temporada, ha supuesto el regreso del protagonista principal, con cambios significativos en su recorrido y rasgos personales. Una memoria perdida de la que solamente parece aflorar el nombre de Amelia, y recuerdos que se niega a admitir como propios.

En este episodio, Julián vuelve a revivir su pasado y aprende a saldar sus deudas con el recuerdo de Lorca, a quien lleva a escuchar sus versos de la boca de Camarón. Porque al fin y al cabo, la memoria que pervive es la de los ganadores.

Un saludo y sed felices.



el autor

Graduada en Comunicación Audiovisual y Animación 3D. Saxofonista apasionada del cine, la literatura, el arte y la música. Me encanta el folklore, la historia antigua y la mitología celta.

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