Estamos simplemente viendo una miniserie memorable. El Pingüino, creada por Lauren LeFranc y emitida por Max, no podía entrar de mejor modo en su segunda mitad de (¿única) temporada. Analizamos pues el quinto episodio, cuyo título es Regreso a Casa.
Hola otra vez, moradores de Gotham. Aquí estamos para analizar un nuevo episodio de El Pingüino y para esta altura lo que digamos de esta miniserie es poco, a la vez que redundante con lo que ya venimos diciendo. Pero es que no deja de sorprender cómo el listón queda altísimo con cada episodio y aún así se las apañan para que el siguiente no marque declive alguno.
Una entrega en la cual se van tejiendo muy finas conexiones con los cómics mientras siguen apareciendo aspectos del pasado de Oz y vemos cómo, poco a poco, su talento para la improvisación lo va convirtiendo en el nuevo líder criminal de Gotham al tiempo que vemos de cerca el entramado de la caída de las dos familias que le precedieran en ese rol.
Sin más preámbulo, pasemos a ver qué nos ha dejado este quinto episodio, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.
Fuego y Agua
Comenzamos viendo el auto de Oz chocado y un instante después ardiendo mientras él y Víctor miran. El joven pide disculpas por haberlo destruido, pero Oz, en cambio, lo felicita por la valentía de regresar y le habla de Rex Calabrese, especialmente de la forma en que todos le admiraban y veían: aunque no lo diga, está claro que ese es su ideal y Alberto pagó caro en su momento el reírse de sus sueños de héroe y rufián.
El problema es que los hongos han quedado en manos de los Maroni, así que Oz pone en marcha otro de esos maquiavélicos planes, del cual sabemos de antemano que no saldrá exactamente como él lo tiene pensado.
El mismo consigue en secuestrar a Taj Maroni (Aria Shahghasemi), es decir el hijo de Salvatore y Nadia, lo que consiguen fácilmente y Oz se pone en contacto con el matrimonio para exigir los hongos a cambio del muchacho. A estos no les queda más remedio que negociar, pero cuando llega el momento de la entrega, Taj luce atado de pies y manos, además de amordazado y empapado…

Mientras Nadia entrega la camioneta con los hongos, el joven avanza como puede hacia ella y desde lo alto abren fuego contra Oz que logra, no obstante, salvar la situación y, una vez que Taj llega al abrazo de su madre, deja caer un encendedor sobre el rastro que el joven mismo ha dejado y es entonces cuando nos enteramos que lo que le cubría era combustible: en escalofriante escena, madre e hijo arden abrazados mientras Oz, iluminado su rostro por las llamas, contempla su obra con sádica fascinación…
Sin embargo y como hemos dicho, siempre algo sale mal en sus planes y en este caso por partida doble. Por un lado, el fuego activa las alarmas y comienza a caer agua que moja los hongos. Presurosos, él y los suyos sacan de allí el vehículo, pero es tarde: se han perdido todos los hongos con la excepción de dos cubetas. Por otra parte, se suponía que mientras se hacía el intercambio, uno de sus matones acabaría con Maroni en prisión, pero la cosa ha salido al revés y este ha logrado escapar tras dar cuenta de quien debía asesinarle…

La Decisión de Sofía
La muerte de los Falcone, en tanto, es obvia noticia en los medios. Un jefe de policía interroga a Sofía (¿dónde está Gordon?) queriendo saber el paradero de John Viti y qué ocurrió allí. Sobre lo primero, ella dice no saber nada y en cuanto a lo segundo, cuenta que los Falcone tuvieron una discusión por una infidelidad de la esposa de Luca y que su prima Carla le encargó sacar de allí a la pequeña Gia antes de que sobreviniera la tragedia familiar.
El oficial no queda convencido, pero Sofía saca a relucir algún trapo sucio del pasado que el hombre, como tanto policía de Gotham, carga consigo, así que este termina optando por despedirse y desentenderse del asunto.
Sofía tiene a Viti encadenado y amordazado en la cripta de los Falcone. Lo tortura para que le diga dónde está el dinero de su padre, pero este en cambio, le habla de su madre y reflota el asunto del supuesto suicidio e incluso le suma alguna culpa pues, según le cuenta, Isabella quería dejar a Carmine, pero se terminó quedando por sus hijos…
El golpe bajo irrita a Sofía, pero a la vez parece afectarle. Viti le ofrece ayudarla a controlar la familia, lo cual no podrá hacer sola. Sofía reúne entonces a quienes en su momento trabajaran para su padre y anuncia el final de la era de los Falcone para dar paso a la de los Gigante (tal el apellido de su madre).

Viti intenta decirle que no se apresure, pero será lo último que diga pues, sin vacilar, Sofía le vuela la cabeza a la vista de todos. Acto seguido y en inesperada jugada, arroja a la mesa el bolso con el dinero que le ha entregado Viti y lo reparte entre todos, anunciando una nueva era en la cual los beneficios serán distribuidos de manera igualitaria en lugar de monopolizados por su padre, como hasta entonces ocurría.
Sofía, por lo tanto, ya tiene nuevos aliados y los sigue sumando, pues su psicoanalista Julian Rush, en un momento “Harley Quinn” a pura hibristofilia, se le acerca para anunciarle que está dispuesto a seguirle y darle ayuda. Y la}a cosa no termina allí, pues ella va después a ver a Maroni en busca de una alianza contra Oz, ya que ahora ambos tienen el mismo enemigo…
Los Túneles de Gotham
La noticia de que Maroni está vivo pone en alerta a Oz, que busca poner a salvo a sus seres queridos. Intenta convencer a Eve de que se largue, pero no tiene éxito: ella dice que su lugar está allí. Encarga por otra parte a Víctor poner a salvo a su madre, así que este la saca de su apartamento y la lleva al que fuera el de su familia en el East End, en los barrios bajos. Por el camino, se cruza a un tal Calamar con quien parece haber tenido algún problema en el pasado y si bien busca mantenerse fuera de su vista, la sensación es que el sujeto ya le vio…
Ya en el apartamento, los recuerdos dolorosos actúan por partida doble. Para Víctor, porque allí era donde vivía su familia hasta el día de la inundación; para Francis, porque el lugar le recuerda al que habitaba con sus hijos fallecidos. De hecho, se muestra fastidiosa y susceptible al recordarlos cuando Oz va a visitarla y todo indica que este oculta algo, no obstante lo cual, al preguntarle Víctor por sus hermanos, simplemente responde que “se los llevó la ciudad”. A la larga, pareciera que vamos al encuentro de la historia que fuera contada en los cómics…
Mientras de fondo se empiezan a dejar oír de manera intrigante las primeras notas de la mejor canción de The Cure (léase A Forest), Oz lleva a Víctor a los ya muertos túneles de lo que fuera el antiguo tranvía de Gotham, donde dice que solían escabullirse él y sus hermanos. Al final de los mismos, encuentra el lugar húmedo, oculto e ideal para comenzar a plantar hongos…

Balance del Episodio
Pedazo de serie el que estamos viendo, así de simple. Otro capítulo brillante y, según me he enterado, con altos índices de audiencia, lo cual siempre es para celebrar. Y a pesar de que las intrigas familiares nos sigan haciendo acordar más a Los Soprano que al mundo Batman, los nexos con el cómic van apareciendo de manera casi sutil, como en ese paseo final por los túneles que nos hace pensar inevitablemente en la Batcueva (Baticueva para América Latina). Por cierto, impresionante escena y magníficamente filmada…
Y así como hemos dicho en análisis anteriores que el vínculo entre Oz y Víctor remite al de Batman y Robin, ahora también tenemos el de Sofía y Julian haciéndonos acordar al del Joker y Harley Quinn, con la pesada historia del analista que se ve atraído de manera tan perversa como irremisible por su psicótico paciente: casi podríamos llamar a Julian “Harley King”.
Por otra parte, la serie va rellenando muy bien algunas lagunas de los cómics, pues si bien hemos conocido bastante las luchas entre los Maroni y los Falcone, nunca con tanta profundidad como aquí, ayudándonos a entender de qué forma ambos imperios criminales se destruyeron entre sí y permitieron que de ese modo el Pingüino se erigiera por derecho propio en nuevo señor del crimen en Gotham.
Y la admiración con que Oz recuerda a Rex Calabrese (“el paso de su auto parecía el de una carroza…”), deja en claro que esa es su forma de querer ser un héroe, uno bien distinto a Batman y, desde luego, por diferentes caminos. Aun cuando el murciélago no esté presente ni tan siquiera se le mencione en la serie, su presencia como tácito antagonista es permanente…
Oz sigue siendo un genio de los planes B cuando los A le fallan uno tras otro o, al menos, no salen como él espera. Y la escena en que incinera a Nadia y su hijo pone los pelos de punta y evidencia que estamos ante una serie que no hace concesiones.
¿Podemos empatizar con alguien capaz de cometer tan brutal acto? En principio diríamos que no, pero tanto el guion como el increíble trabajo de Colin Farrell hacen que así sea y hasta sintamos culpa. Eso sí: ya no volveremos a ver a Shohreh Aghdashloo y es una triste pérdida, pero esto es así y hay que acostumbrarse a que estamos en presencia de una serie que no se anda con rodeos cuando se trata de eliminar personajes importantes.
En definitiva, el ingreso a la segunda mitad de temporada ha sido tan rutilante como el final de la primera. Nos quedan tres episodios y casi nos da pena que sean tan pocos, pero por otra parte nos mueve la ansiedad de saber cómo se moverán las alianzas de aquí en más, así como con qué planes se vendrá Sofía y de qué forma responderá Oz, pues aun cuando probablemente nada le salga como lo tiene previsto, sabemos bien que se las compondrá para caer parado de todas formas…
Hasta el próximo episodio y sean felices…



