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Análisis de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder. Temporada 1. Episodio 5

Hoy nos toca analizar el quinto episodio de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder, cuyo título es Separaciones. La serie, creada por J.D. Payne y Patrick McKay, es precuela de las más afamadas historias de J.R.R. Tolkien y producida por Amazon para su plataforma Prime Video.

Bienvenidos una vez más, humanos, elfos, hobbits y por qué no a algún orco, para analizar una nueva entrega de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder. Se trata en este caso del quinto episodio que, al igual que los dos que le antecedieron, está dirigido por Wayne Che Yip, quien se tomará un descanso en los dos siguientes para volver a tener a su cargo el del cierre de temporada.

Comienzan a unirse algunas subtramas, aunque la verdad es que lo hacen con cuentagotas y a la historia le cuesta todavía ganar en épica mientras uno de sus personajes principales se nos vuelve cada vez más odioso .

No obstante, no todo es oscuridad (muy apropiado el concepto) y hay una de las cuatro tramas separadas que se presenta claramente más sólida e interesante que el resto. Sin más, pasemos a analizar esta entrega advirtiendo que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y recordando que pueden leer aquí nuestros análisis anteriores.

Ruta de Migración

Después de un episodio completo sin noticias sobre los pelosos, el que nos ocupa comienza con ellos, así que volvemos a Rhovanion para encontrarnos con Nori intentando comunicarse con el Extraño y haciendo progresos en enseñarle rudimentos de la lengua o lograr que capte el sentido de expresiones como “migración”, “matar” y, muy especialmente, “riesgo”. Expresándose como puede, él quiere saber si es un riesgo para los demás, sobre todo por el involuntario daño hecho a las luciérnagas, a lo que Nori responde que fue un simple accidente…

Los anillos del poder

Mientras la caravana marcha a campo traviesa, Poppy entona una hermosa y emotiva canción (la primera en lo que lleva la serie) que nos dice que “no todo el que vaga está perdido”: referencia muy Tolkien, pues esa frase aparece prácticamente textual en el poema que tanto Gandalf como Bilbo recitan en distintos pasajes de La Comunidad del Anillo. Es un bello pasaje del episodio: la combinación de melodía y paisaje me hace, por primera vez, recordar a los hobbits de La Comarca.

Pronto, sin embargo, comienzan a atravesar bosques muertos y páramos de árboles secos y chamuscados. Algunos echan la culpa al Extraño, pero es justamente él quien, cuando tres feroces huargos les atacan, golpea el suelo y libera algún extraño poder que arroja lejos a las aturdidas bestias. Estoy seguro que muchos habremos pensado en Gandalf (y con la canción antes mencionada más aún), pero insisto en que no coinciden las fechas: falta mucho para que, acorde a la cronología, el célebre mago haga presencia en la Tierra Media. ¿Saruman tal vez? Hmm, sigamos…

El ataque de los huargos ha dejado herido al Extraño que, para curarse, sumerge su brazo en agua que instantáneamente se congela al contacto. Intrigada, Nori la toca y ahora es su brazo el que comienza a congelarse. Una vez más, es salvada por el Extraño que, al igual que a los huargos, la despide a lo lejos con su poder, aunque daría la impresión que de manera involuntaria. Está claro que no domina aún sus habilidades y si bien se ha ganado la aprobación de todos tras el incidente con los huargos, ahora parece ser Nori quien duda de él o hasta le teme…

Luchar o rendirse

En Ostirith se discute si resistir o aceptar la oferta de someterse a AdarGronwyn defiende la primera opción y, en encendida y emotiva arenga, llama a defender la atalaya a quienes estén dispuestos. Una vez más, la serie busca remitirnos a imágenes o situaciones que nos son conocidas, pues se hace inevitable pensar en Las Dos Torres y, particularmente, en el Abismo de Helm.

No es el único deja vu, ya que todo parece conducir nuevamente al insoportable cliché en el que se suman voluntades de a una hasta reunirlas a todas, pero por suerte (para nosotros, no para Gronwyn), Waldreg boicotea la convocatoria y convence a unos cuantos de acompañarle para someterse a Adar: hasta quiere sumar a Theo, de quien en la entrega anterior buscara apoyo al contarle del símbolo de Sauron.

Lealtades divididas y decisiones éticas son una constante en este episodio y el muchacho acaba optando por quedarse junto a su madre. Suerte para él: Waldreg, junto a quienes se le han sumado, llega hasta el campamento de Adar y se postra en su presencia, pero este parece molestarse cuando le confunde con Sauron y le pide que demuestre su lealtad matando a uno de los muchachos que le han seguido…

Los anillos de poder

En la atalaya, en tanto, Theo, que parece haber definido del todo su bando, le enseña a Arondir la empuñadura de la espada y este la relaciona con un símbolo idéntico que hay en una escultura envuelta en raíces y que aún no sabemos de qué va…

El Destino de los Elfos

Lo más interesante (y también lo más tolkieniano) sigue girando en torno a Elrond y Durin, quienes, en compañía de Celebrimbor, han llegado a Lindon para encontrarse con el Alto Rey Gil-Galad (Benjamin Walker) de quien no teníamos noticias desde el primer episodio. Durante la cena de recepción, el enano llama la atención sobre una mesa que, según dice, está hecha con una piedra considerada sagrada por su raza. En su desconocimiento y pidiendo debidas disculpas por tal sacrilegio, el rey se la ofrece en señal de buena voluntad, pero luego Durin admitirá ante Elrond que solo fue un truco porque le gustó la mesa.

Gil-Galad, en privado y para sorpresa de Elrond, le pregunta sobre el mineral que están extrayendo los enanos y si no fuera ya suficiente sorpresa para este que el rey esté al tanto, se entera además que ese fue el verdadero motivo con el que le envió a Khazad-Dum y no se lo hizo saber en previsión de que su amistad con Durin jugase en contra.

Elrond se siente usado y más aún al enterarse que también Celebrimbor estaba al corriente, pero se niega a dar información argumentando que prometió a Durin guardar secreto.

El rey, en hábil jugada, le pone en la encricijada de ser leal a su amigo o a su pueblo y le cuenta que el mithril, en realidad, contiene la luz del último Silmaril, llevada por un rayo a las profundidades de la Tierra durante el combate entre un elfo y un balrog en torno a un árbol sagrado.

La razón por la cual los elfos lo necesitan es porque la raza va camino de desvanecerse tras haber dejado Valinor e instalarse en la Tierra Media: solo el mithril puede salvarlos de tal destino. Esto amerita algunas aclaraciones sobre el canon tolkieniano, pero prefiero dejarlas para el balance.

Elrond busca un punto de equilibrio entre las dos lealtades y termina contando la verdad a Durin, a la vez que aclarándole que nada sabía al momento de ir a Khazad-Dum. El enano lo toma bastante mejor de lo que cabría esperar y se compromete a hablar con su padre sobre la posibilidad de entregar a los elfos el mineral que tanto necesitan para seguir existiendo como especie.

De todas formas, nada es sorpresa para Durin ya que, recordemos, su propio padre le había mandado a investigar qué había detrás de la construcción de la torre: quizás haya en el enano culpa porque, al igual que su amigo, también él ha viajado con una misión encubierta pero, en su caso, a sabiendas…

Buscando a Sauron

En Númenor y mientras planean la expedición hacia las Tierras del Sur, Galadriel ha convencido a Míriel de esa especie de “destino manifiesto” que cabe a Halbrand y de la conveniencia de que les acompañe. El problema es que no lo ha consultado a él al respecto y, por cierto, no muestra mucho interés. Por el contrario, le recrimina no saber nada sobre su pasado o lo que ha hecho para sobrevivir, aunque no se explaya sobre la cuestión…

Las naves se preparan para zarpar y se da entrenamiento a los guerreros. A pesar de haberse ofrecido, Isildur no es de la partida, pues su padre no le perdona haberse autoexcluido de la Guardia Marina. No dándose por vencido, acude a sus amigos Ontamo (Anthony Crum) y Valandil (Alex Tarrant), quienes sí han sido reclutados, pero no pueden ayudarlo ni tampoco les interesa en demasía pues, recordemos, quedaron fuera de la guardia por el “error” de Isildur.

Prontos a partir, tanto ellos como el resto de los guerreros son entrenados en las artes de la lucha, pero a Galadriel no le convence lo que ve pues, según dice, no son técnicas adecuadas al combate con orcos. En otra de sus irritantes demostraciones, se enfrenta con varios de ellos mientras Elendil promete ascenso a quien logre tocar su carne: el elegido termina siendo Valandil que, en medio de una lucha claramente favorable a la elfa, logra, sin embargo, dejarle un “touché” en el brazo.

La expedición no cuenta con apoyo unánime: muchos no entienden por qué, con lo tranquilos que están en la isla, tienen que involucrarse en una guerra que ven como ajena y, para colmo, detrás de una elfa. Kemen, al igual que Eärien, es uno de los que así lo siente e intenta persuadir al respecto a su padre Pharazon, pero este, siempre maquiavélico y calculador, tiene sus propios planes y ve como positivo el instalar en el trono del sur a un rey que les quede en deuda.

Kemen se mueve por cuenta propia y se introduce en uno de los barcos para provocar un incendio y explosión que, honestamente, me pareció más propia de Juego de Tronos que del universo Tolkien. Pero es descubierto por Isildur, que se ha colado como polizón y termina salvándole la vida después de que su torpeza casi mata a ambos.

Lo que sigue es por demás extraño y apelo a alguien que me lo explique. ¿Cubre a Kemen por su delito y utiliza el salvataje para ser admitido en la expedición? ¿De verdad? ¿Y el resto no sospechan de ninguno de ambos viéndoles llegar a nado desde un barco en llamas? No le encuentro pies ni cabeza: explicación, por favor…

Otro sinsentido es que Halbrand esté trabajando en una herrería cuando antes se le había negado por no integrar ningún gremio. Cómo lo ha logrado ahora y sobre todo después de haber pasado por la cárcel es un gran misterio pero, más allá de eso, no podemos evitar pensar en Sauron al verle forjar una espada. ¿Es él entonces? Sería demasiado evidente la imagen: prefiero confiar en que, justamente, nos quieran mostrar lo obvio para desorientarnos en nuestra búsqueda de Wally

Hay además algo sospechoso en ese pasado oscuro del cual habla. Galadriel, por su parte, le cuenta del suyo, de los motivos que la impulsan a la lucha y de su hermano, a quien incluso cita con aquello de que a veces es preciso tocar la oscuridad para saber qué luz seguir. Parece que surte efecto, pues a continuación vemos a Halbrand en orgullosa cabalgadura y de lujosa armadura partiendo hacia la guerra: una vez más, Aragorn

Balance del Episodio

Primero lo primero, porque me vengo aguantando todo el artículo y tengo que decirlo: ya no soporto a Galadriel. Su estilo arrogante, altanero, soberbio y todo lo que se le pueda agregar, sumado a ese perfil de niña caprichosa de rostro permanentemente enfurruñado se condice poco con el sabio personaje que conoceremos después. La gente cambia mucho si le das un par de miles de años… Y diría que la trama de Númenor, en general, es la más floja o más llena de sinsentidos y contradicciones.

Empezamos a ver, eso sí, confluir algunas de las historias, particularmente la de los elfos y los enanos en torno al mithril. El origen que se le ha dado al mismo es totalmente inventado, pero tampoco hay nada en Tolkien que lo contradiga, así que a darle curso y, de todos modos, siempre está la posibilidad de que sea el propio Gil-Galad quien inventó esa historia para convencer a Elrond.

La trama política de desconfianzas mutuas en torno a los elfos y los enanos hace que no podamos creer por completo nada de lo que se diga pero es, con diferencia, la que mejor avanza y mantiene el interés, como también la más respetuosa de Tolkien. El deterioro que sufren los elfos al estar lejos de Valinor es coherente con lo que el autor describe en la trilogía y que hará que deban regresar allí cuando el Anillo Único haya sido destruido. El único problema que veo es que, según Tolkien, ese proceso comienza bastante después de lo que aquí lo ubican, pero vuelvo a la cuestión de las desconfianzas: ¿podemos creerle del todo a Gil-Galad?

Sea como sea, de las cuatro historias paralelas que aquí se cuentan, esa es la única que me hace sentir realmente en el universo del Señor de los Anillos. Las otras se siguen aún moviendo de modo bastante independiente, aunque es un hecho que tienden a confluir, máxime cuando (por fin) parece ser que veremos la expedición partir hacia las Tierras del Sur.

Ello hará que, obviamente, se toquen las historias de Ostirith y Númenor, pero la de los pelosos todavía sigue bastante alejada y (je…) a ritmo de carreta. No hay indicios de la identidad del Extraño aunque, como dijimos, hay destellos que hacen pensar en Gandalf (espero que no) o Saruman.  No hay que olvidar que ambos magos pertenecían a los maiar, seres que, nacidos de la mente del todopoderoso Ilúvatar, “cayeron” a la Tierra.  Pero cuidado: Sauron también era uno de ellos…

Y a propósito, ¿qué pasa con Sauron? ¿Nos quieren engañar haciéndonos pensar que es Halbrand? De ser así, podríamos hacerlo extensivo a lo que hemos dicho más arriba y quizás también nos estén engatusando con lo del Extraño pues, es sabido que, según los escritos de Tolkien, fue esa precisamente la habilidad que mostró Sauron durante los años en que permaneció de incógnito…

Adar es otro gran misterio. Quizás sea, entre los personajes expresamente introducidos para la serie, uno de los más interesantes, aunque no terminamos de entender qué es lo que busca o por qué se ofendió al ser confundido con Sauron. ¿Se trata de excesiva idolatría o no juega realmente para él?

Por último, un detalle que dejé sin mencionar al hablar del Extraño y que, honestamente, no sé todavía cómo tomarlo: tres figuras femeninas pálidas y encapuchadas hurgando en el lugar del cráter del meteorito. Lo llamativo es que se comunican entre sí con unos sonidos ininteligibles que recuerdan bastante al que en las películas emite el Ojo de Sauron. Eso sí, como premio por quedarme a los créditos finales, he comprobado que las tres aparecen acreditadas y sus personajes se llaman La Nómada, La Asceta y La Moradora. Ignoro por dónde van los tiros, pero me entra un cierto miedito…

Creo que la serie sigue sin salirse todavía de su tono introductorio. En parte ello era esperable, pero ya hemos entrado en la segunda mitad de temporada y urge un rumbo más definido o que, al menos, las subtramas confluyan de modo más decidido.

La épica es otro de los aspectos en deuda, pues lo más épico que hemos tenido en este episodio ha sido el Extraño enfrentándose a los huargos (me niego a incluir los ejercicios de esgrima a bordo del barco) o la música que acompaña situaciones que no terminan de definirse nunca: una expedición siempre a punto de partir, una ciudadela que se prepara largamente para su defensa…

Espero que en el próximo dejemos de ver batallas en preparación: por cierto, ¿vamos hacia Dagorlad? Al menos las imágenes del avance prometen.

Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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