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Análisis de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder. Temporada 1. Episodio 6

Nuevo episodio de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder y, por lo tanto, nuevo análisis. La sexta entrega ha traído algo de la épica que le veníamos reclamando a la serie que, ahora sí, parece encaminarse más decididamente hacia lo que escribió Tolkien. Creada por J.D. Payne y Patrick McKay, puede ser vista en Prime Video.

Hola nuevamente, humanos, elfos, hobbits y, por qué no, algún orco, para analizar un nuevo episodio de El Señor de los Anillos: Los Anillos de Poder con una sexta entrega que se titula Udûn y que finalmente parece dirigir el rumbo hacia el maravilloso universo creado por Tolkien.

La directora es la experimentada Charlotte Brändström, de vasta trayectoria en el medio televisivo a cargo, por ejemplo, de episodios de The Witcher, Colony, Outlander, Tyrant, Arrow, Wallander, Anatomía de Grey, Away o Chicago P.D.  Lo que se dice tener pergaminos… y se nota.

Una regla no escrita en las series de corte medieval, ya sean fantásticas o de cierta base histórica, es que cuando un episodio está dedicado a una batalla, el resto de las subtramas desaparecen. Los Anillos de Poder no podía ser la excepción: todo lo que en esta entrega ocurre gira sobre los acontecimientos de las Tierras del Sur, donde confluyen por fin las historias de Ostirith y Númenor en pleno fragor de combate contra las huestes de Adar.

Pero pasemos ya mismo a analizar el episodio advirtiendo que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA y recordando que pueden aquí echar ojo a nuestros análisis anteriores.

Desafiar a la Muerte

En alta mar, las tres embarcaciones que han quedado tras el atentado marchan proa al noroeste. A bordo y por casualidad se encuentran Galadriel e Isildur: ella le insiste en la humildad como virtud por más que sea un cuidador de cuadra y, enterada de su identidad, le inyecta ánimos en cuanto a lo que se viene y le dice que se parece a su padre. Él sonríe y responde que normalmente lo comparan con su madre: queda claro que no quiere tener mucho que ver con Elendil. Con respecto a la madre, nos enteramos que se ahogó pero no sabemos cómo o en qué circunstancias: algo turbio parece flotar allí…

En tierra, Adar está preparando el ataque y, al caer de la noche, pronuncia una encendida arenga llamando a sus orcos a luchar por primera vez como hermanos y no como esclavos. Cada vez queda más claro que no es esbirro de Sauron y la suya es una causa propia.

Al llegar a Ostirith, sin embargo, encuentran la ciudadela desierta. Desde las murallas, Arondir arroja una flecha encendida que hace correr un reguero de llamas hacia lo alto de la torre y provoca el desmoronamiento con consecuente aplastamiento de orcos.

Disparando su arco a lo Legolas, escapa del lugar y se reencuentra con el resto de los campesinos, que han regresado a la aldea, entre ellos, claro, Bronwyn, a quien le enseña una semilla. “Nueva vida para desafiar la muerte”, recita ella, aparentemente citándolo a él pero con la misma frase textual que, momentos antes, oyéramos pronunciar a Adar antes de dar su arenga.

Combate y Persecución

No se sabe cómo han hecho los campesinos para abandonar la fortaleza y llegar hasta la aldea sin ser vistos: demos por sentado que lo hicieron a plena luz del sol. Lo que sí es seguro es que no parece el mejor lugar para esperar a los ejércitos de Adar que, inevitablemente, llegan: son recibidos, no obstante, con una lluvia de flechas y varios carros en llamas, al punto que en poco rato, resultan diezmados con la misma facilidad que un batallón de novatos: pronto sabremos que lo son…

Quien la tiene más difícil es Arondir, que se ve las caras con un orco de gran tamaño al que destroza un ojo, pero la situación se invierte y está a punto de perder el suyo propio cuando Bronwyn atraviesa desde atrás a su atacante: pocos clichés tan repetidos como ese…

Los aldeanos festejan, pero huele a victoria demasiado fácil y, en efecto, cuando comienzan a quitarle sus yelmos a los cadáveres esparcidos, descubren que en su gran mayoría son humanos y, más aún, sus propios compañeros que, habiéndose pasado al bando de Adar, fueron usados por este como lo que se suele llamar carne de cañón. Rápidamente comienzan a caer flechas que se cobran las vidas de varios aldeanos y una de ellas hiere severamente a Gronwyn.

Claro como el agua: Adar dejó que los campesinos se matasen entre ellos antes de lanzar un segundo ataque con el grueso de sus fuerzas. Arondir y los aldeanos se encierran en la taberna y allí se asiste a los heridos, entre ellos Bronwyn, la sanadora que debe ser sanada.

Logran extraerle la flecha y cauterizar la herida a hierro caliente, pero lo único que pueden hacer allí es esperar una masacre y es lo que comienza a ocurrir cuando, con sus orcos, Adar ingresa al lugar y hace matar un campesino tras otro a menos que le den lo que busca que, por supuesto, es la empuñadura de espada: antes de que siga y a pesar del ruego en contrario de Arondir, Theo le dice dónde está…

Si el muchacho creyó que con eso se detendría, estaba equivocado: la matanza recomienza y están a punto de rebanarle el cuello a Bronwyn cuando se oye ruido de cascos al galope y, con Galadriel y Míriel al frente, irrumpe la caballería de los numenorianos.

En un momento, Elendil está a punto de perder la vida, pero es salvado por Halbrand.  En medio del agradecimiento de los aldeanos, la caballería toma el control, pero Adar logra escapar con la empuñadura y Galadriel sale al galope en su persecución, lo mismo que Halbrand que, saliéndole al cruce, le hace caer junto con su montura…

Tensa situación se genera cuando, con Adar en el piso y abatido, Halbrand parece conocerlo y, de hecho, le pregunta si lo recuerda: la impresión es que no. Por las pocas palabras que se cruzan, pareciera haber una cuenta pendiente del pasado y, en el caso de Halbrand, una esposa y un hijo muertos que requieren venganza. Está a punto de atravesarlo sin piedad pero es refrenado por Galadriel con el argumento de que lo necesitan vivo…

Agua y Fuego

Una vez capturado, llevan maniatado a Adar para interrogarle en un granero y allí Galadriel deduce que es uno de los moriandur o, como ellos gustan llamarse, “uruk”: elfos oscuros que se han corrompido ante la oscuridad. Para quien haya leído a Tolkien, el nombre es asociable con uruk-hai, denominación correspondiente a los orcos oscuros que, por medio de la magia, serán creados más tarde por Saruman para servir a Sauron.

El hecho de que aún no se los llame de ese modo puede querer decir que están todavía en una etapa previa y quizás Adar sea el primero de ellos o bien una versión fallida, lo cual podría explicar la ambigüedad de sus rasgos: no olvidar que, según Tolkien, hay quienes creen que todos los orcos fueron alguna vez elfos. Sea como sea y para dejarlo claro, la idea es que Adar sería entonces un uruk, pero no todavía un uruk hai, que aún no existen…

Por otra parte, está al tanto del plan de Sauron, consistente en imponer orden en la Tierra Media, pero le condena por las torturas y malos tratos hacia los orcos que, según afirma, son tan hijos de Ilúvatar como el resto de las criaturas. Más aún: dice haberle matado abriéndolo al medio, lo cual sabemos que no es cierto, pero quizás así lo crea o bien esté mintiendo.

Para Galadriel, que no acaba de creer en su palabra, los orcos son un error que debe ser eliminado y prácticamente propone un genocidio, pero dejando vivo a Adar para que vea morir hasta al último de sus “hijos”. Vaya: cuesta oírla así; más que al personaje que después conoceremos, se parece a Daenerys Targaryen.

Arondir va a ver a Theo para consolarle, pues su semblante pareciera revelar culpa por haber entregado la empuñadura a Adar. Sin embargo y según manifiesta, al muchacho le pesa más la pérdida que la culpa, pues tener la misma en mano le hacía sentir poderoso…

Arondir interpreta que ese es precisamente el mal que el objeto provoca, por lo que lo ideal sería destruirlo, pero ya lo intentó previamente a martillazo limpio sin hacerle ni cosquillas. Se lo da, por lo tanto, a Theo con instrucción de que lo entregue a los numenorianos para que lo arrojen al mar durante su viaje de regreso. La verdad es que no parece muy inteligente poner el objeto en manos de un jovenzuelo que acaba de declarar que extraña su poder…

De todas formas, no hay nada de qué preocuparse o, bueno, al menos no en lo que a él concierne, ya que, una vez que quita el trozo de tela que cubre el objeto, descubre que dentro no está la empuñadura sino un hacha: eso era lo que llevaba Adar consigo al salir raudo en su huida a caballo…

los anillos de poder

La empuñadura, en cambio, se encuentra en manos de Walgred, el tabernero que lideró el cambio de bando y que ya antes había afirmado que el objeto no es un arma: en efecto, es más bien una llave que, al colocar y girar en una ranura de la roca, hace que toda la zona comience a sacudirse violentamente. Una represa se rompe mientras el agua, expulsada desde las entrañas de la tierra en forma de torrentes que parecen géiseres, comienza a inundarlo todo y, particularmente, los túneles cavados por los orcos bajo la aldea…

Y tras el agua, el fuego, que también brota desde lo profundo y convierte en volcán a una montaña cercana que entra en erupción. Una marea de polvo y llamas marcha hacia la aldea mientras una impertérrita Galadriel espera de pie por un inminente final…

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Balance del Episodio

Como hemos dicho sobre el principio, este episodio se centró prácticamente y de manera exclusiva en la batalla por las Tierras del Sur. No podía entonces sino ganar en acción con respecto a los anteriores y lo mismo en épica, aunque ojo, tampoco a borbotones.

Creo que ya encontramos a Wally: está cada vez más claro que Halbrand es Sauron, como veníamos sospechando. Hay algo extraño en él desde el principio y recordemos, además, que le vimos en la entrega anterior forjar una espada, lo cual siempre nos va a remitir a Sauron.

Nunca dejó, por otra parte, de ser sugerente que se hiciera referencia a una especie de destino manifiesto que lo llevará en el futuro a ser rey cuando en los escritos de Tolkien no hay ninguna mención a él ni en la introducción a la trilogía, ni en el Silmarillion ni en los Apéndices: nada. Raro, ¿no? O mejor dicho, sospechoso…

Pues bien, en esta entrega hemos sumado pistas y sospechas. En primer lugar, su gente (suponiendo que los aldeanos lo sean) no lo reconocen, salvo Bronwyn al ver el símbolo: podemos conceder que en los tiempos en que no había televisión ni internet, no era extraño que súbditos campesinos no conocieran el rostro de sus soberanos, pero no es el único dato, ya que tampoco Adar le reconoce aun cuando Halbrand pareciera que a él sí y, de hecho, le pregunta si lo recuerda…

Todo ello se condice con lo que Tolkien nos cuenta: que Sauron fue, durante algún tiempo, una especie de maestro del engaño, casi un Loki de Tierra Media. Se podría objetar, eso sí, que si realmente y como parece, Halbrand es él, las señales han sido demasiado obvias a menos, claro, que también sea un maestro para engañarnos a nosotros y hay algo que aún no estemos percibiendo, pero no es la impresión…

Siguiendo con la lógica y cronología tolkienianas, está claro desde el inicio de la serie que estamos en una era en la cual Mordor aún no existe y, de acuerdo a lo visto en este episodio, parecemos estar presenciando su nacimiento: en otras palabras, las tierras en que se está librando la batalla son las que en el futuro, una vez ganadas por la oscuridad, constituirán dicho reino.

La confirmación pareciera dárnosla ese volcán surgido de la nada, al cual nos es imposible desligar del Monte del Destino, en el cual algún día será forjado el Anillo Único y donde tocará a Frodo destruirlo. Cabe la pregunta: ¿llegaremos a ver la Forja?…

Nos queda por resolver el pasado entre Sauron y Adar, pero dada la relación paternalista que este mantiene con los orcos, a quienes protege, la sensación es que busca librarlos de la esclavitud a la cual, sabemos, terminarán sometidos. Adar no solo los ve como hijos, sino también como “hermanos”, expresión que utiliza al arengarlos para la batalla. Tiene lógica si en el pasado todos fueron elfos…

Hemos tenido por fin la épica que veníamos reclamando. Es cierto que hubo algunos momentos anti-clima, pero hemos tenido una buena batalla y una vibrante escena de persecución a caballo. El problema sigue siendo el mismo que vengo señalando hace rato y que ya hasta me hace cargoso: la excesiva tendencia a repetir, casi como un calco, situaciones que conocemos de las historias de Tolkien o las películas de Jackson

Todo el episodio remite al Abismo de Helm y el papel que cumple Bronwyn nos hace acordar al de Éowyn, así como la llegada de la caballería numenoriana a la de los jinetes de Rohan. Y ya hemos hablado también de la relación entre Arondir y Bronwyn (esta vez con primer beso), imposible de disociar del conflictivo y prohibido amor entre Aragorn y Arwen.

La obsesión de Theo con la empuñadura se parece a la de Gollum con el Anillo y se puede decir que un objeto sustituye al otro en alentar oscuras ambiciones. También hay una represa destruida, una inundación, una gran ola en el río y, desde luego, un volcán…

Pero más allá de todo ello, creo que este episodio, hasta aquí el mejor, logra encaminar y encastrar dos subtramas que no convencían y se veían muy despegadas de Tolkien, pero que ahora, al haber confluido, parecen viajar con más decisión hacia el mundo por él creado.

Ojo: sigo sin soportar a Galadriel y todavía no entiendo de qué va el personaje de Míriel que, francamente, no ha aportado mucho. Además, confieso que he extrañado a Elrond y los enanos, pero lo bueno es que ya tenemos tres subtramas encaminadas (urge lo propio con la de los pelosos y el Extraño) y, por primera vez desde que sigo la serie, he terminado con ganas de pasar al episodio siguiente…

Les espero para analizarlo la próxima semana. Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

5 COMENTARIOS

  1. Hola, Rodolfo. En general coincido con tu análisis. El personaje de Galadriel es que no tiene nada que ver con el de las novelas, aunque los elfos sean inmortales y las personas pueden cambiar, lo que es el carácter va dentro de la persona y se suele mantener, además se supone que ya tiene unos añitos y debería mostrar algo de esa sabiduría que caracteriza al personaje literario. En plan gracioso se podría decir que no sé para qué quiere un ejército si ella sola se basta y sobra. Las escenas de acción hacen que el episodio se haga muy entretenido, aunque sigo pensando que la épica se genera mediante la historia, en el guion, y no con escenas a cámara lenta y acción sin más. Es como si le faltara un poco de alma a todo esto. La escena de la llave-espada, muy bien rodada pero me parece un poco fuera de lugar. Para forjar un volcán pegaría más que se hiciera con magia o con poder puro (de Sauron por ejemplo) en vez de con una llave que cualquiera puede girar. Por cierto, sobre Halbrand, una compañera de curro tiene una teoría distinta. Piensa que es el rey que no cumple la promesa a Isildur y se convierta en el Rey de los Muertos. Por el momento, podría ser. Bueno, a ver qué nos deparan los siguientes episodios, espero que vengan con acción, épica, pero sobre todo con una buena historia y un poco más de aventura. ¡Saludos!

    • Hola Jama_Wan: gracias por comentar! En efecto, coincidimos bastante. Es verdad que por momentos le falta trasfondo a la épica, pero bueno, hemos ganado algunos puestos con respecto a cómo veníamos y algunas escenas fueron para mí realmente buenas (aunque a veces definidas de manera demasiado breve). Lo de la la llave-espada todavía no sé bien cómo tomarlo porque algunas cosas aún las estoy suponiendo, como que ese sea realmente el Monte del Destino. Se me ocurre que sí, pero aún no es seguro.
      La del Rey de los Muertos es una buena posibilidad ya que ese es un personaje del cual sabemos bien poco sobre su pasado. Yo creo que las pistas llevan de todos modos a Sauron, pero no descartemos nada y, como dije, está la posibilidad de que justamente no estén “despistando con las pistas”.
      Gracias por el valioso aporte. Un saludo!

  2. Un capítulo más movido, por fin realmente sentí que se avanzó hacia “algo” (no se hacía que “algo” eso sí haha) pero por lo menos ya no sentí esa sensación de interminable prólogo de los capítulos anteriores.

    Ahora, aunque la serie visualmente está muy bien y la banda sonora de Bear McCreary me agrada bastante, este episodio también deja entrever los fuertes problemas de guion que esta teniendo la historia.

    De entrada, todo lo que ocurre con la gente del pueblo del sur, el hecho de que (salvo Arondir, Bronwyn y Theo) el guion nunca se haya preocupado en desarrollar la personalidad de los habitantes y que ni siquiera conozcamos sus nombres o motivaciones hace que nos dé totalmente igual que los vayan matando, y vaya que los orcos mataron bastante. Además, lo que se menciona en el artículo y que concuerdo bastante: “Bronwyn atraviesa desde atrás a su atacante: pocos clichés tan repetidos como ese…” pff que pobreza de ideas en el guion, mínimo hubieran aprovechado para que no fuera Bronwyn sino algún otro habitante del pueblo que ayudara a Arondir para mínimo conocer a alguien más y dar una sensación de que los demás habitantes también tienen vida propia y no andan por ahí solo como carne de cañón.

    Y después, cuando llega el ejército de Numenor ¿Cómo sabían ellos el lugar y el momento que los orcos estaban atacando a la gente del sur? ¿Arondir le mando un wasapaso a Galadriel avisándoles “nos atacan, te paso la ubicación, lleguen lo antes posible”? No hay ninguna justificación coherente de que el ejercicio numenoriano haya ido a todo galope para enfrentar a las huestes de Adar.

    Y tampoco me sigue agradando la actitud de Galadriel alias “Red Sonja” ¿Por qué siempre esta tan enojada con todo el mundo? Esa ni por asomo es la Galadriel de Tolkien.

    En fin, a estas alturas y ya con solo dos capítulos restantes, se puede afirmar que Los Anillos de Poder está muy lejos de ser la serie “maravillosa” que Amazon anuncio con bombo y platillo. Sí es visualmente apabullante pero contada bajo un guion totalmente genérico. Y ya ni hablamos de si es fiel a la obra de Tolkien, porque por lo que he leído ahí si la serie se derrumba totalmente.
    La seguiré viendo claro, la serie cumple con entretenerme, pero sí está lejos (para el universo en que se basa y el dineral que le invirtieron) de ser una gran serie de fantasía, o simplemente una gran serie a “secas”.

  3. Hola Javier: gracias por comentar! Coincido en general y sobre todo en la apreciación de los aldeanos y lo toscamente que están trazados a excepción de los dos o tres que tienen más o menos un papel importante en la historia. Y lo de la caballería de Númenor es totalmente cierto: no hay justificativo alguno para que lleguen a galope tendido como si supieran que se está produciendo una batalla. Y si vienen cabalgando así desde que desembarcaron, madre mía: pobres caballos…
    Coincido en los problemas de guion, pero creo que este episodio me hace al menos tener algo de esperanza a la vez que estar más pendiente y lo mismo en cuanto a la fidelidad a Tolkien: es verdad que hace aguas por varios lados, pero visto este episodio menos que antes. Veremos qué nos deparan los dos episodios restantes y, por cierto, ya se comenzó desde este lunes a rodar la segunda temporada.
    Gracias como siempre por el valioso aporte. Un saludo y hasta pronto!

    • Como siempre, gracias por tomarte el tiempo de responder el comentario Rodolfo. A ver que nos ofrecen los dos siguientes episodios.

      Saludos ✌️

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