Análisis de La peste: La mano de la Garduña. Temporada 2. Así sí.

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Me senté a eso de las tres de la tarde y un poco antes de las siete ya me la había zampado. ¿Veredicto? Pongámonos en situación y recordemos el desaguisado que me pareció su primera temporada. Abajo tenéis mi crítica al respecto.

No fue un camino de rosas para Alberto Rodríguez y Rafael Cobos el pasar del cine a la televisión. Les costó horrores arrancar con la historia de La peste en su primera temporada; y no quiero incidir en varios de los defectos que le vi a la serie ya que os he dejado el enlace pero parece que Alberto y Rafael se han puesto las pilas y nos han entregado un producto mucho más diferente de lo que pueda parecer en un principio.

Ritmo, ritmo, ritmo. Una Sevilla de personajes más interesantes.

Sin duda es lo que más me ha llamado la atención respecto a la primera temporada. Si hace casi dos años el protagonismo caía en la decadencia de la ciudad sevillana reflejada en esa peste, esta vez los personajes son los que mandan. Vemos que la ciudad pasa a un segundo plano. En esta ocasión nuestro particular detective, Mateo Núñez, se une al asistente Pontecorvo nombrado por Felipe II.

«Como si de un Elliot Ness se tratara, Mateo luchará codo con codo con Pontecorvo, el nuevo Asistente de la ciudad, contra el crimen organizado». 

Rafael Cobos, guionista de la serie.

En esta ocasión nuestros protagonistas tiene un difícil reto. Y es que Sevilla se habrá curado de la peste, pero ahora ha llegado la ciudad otra enfermedad más infecciosa, la del hampa, representada en La Garduña. La mafia sevillana se ha asentado tras los acontecimientos de la primera temporada. Han pasado cinco años y La Garduña controla, entre otros, el negocio de la prostitución. En este sentido, Teresa la protagonista femenina, junto a Valerio, tratan de salvar a las prostitutas que trabajan cerca del río embarcándolas hacia las Américas. Esto provocará que La Garduña ponga sus ojos en el joven Valerio y decidan quitárselo de en medio. En este contexto volvemos a encontrarnos con Baeza, que se hará cargo de la mancebía, gracias a saber jugar sus cartas con el hampa. Su amor hacia Escalante, una de las meretrices le hará no sobrepasar la delgada línea roja. Otros dos personajes que resultan vitales en esta segunda temporada son Conrado, quien sería el padrino de la organización criminal y María de la O, estraperlista y verdadera alma mater de La Garduña. Y no nos podemos olvidar del (involuntario) alivio cómico ante tanto drama, un artista flamenco, de Flandes. Un virtuoso del lápiz, adicto al láudano,que las altas esferas de Sevilla lo quieren por su habilidad como copista de documentos. Hasta aquí puedo decir.

Hay dos escenas que me encantaron personalmente y son las que caracterizan para mi el cine de Rodríguez y Cobos. Una es la escena en la que Mateo y Pontecorvo se conocen. La habilidad y agilidad narrativa está presente en todo momento. A Pontecorvo le llama la atención la increible capacidad de deducción en un caso de asesinato, de Mateo. Hablo de la escena del ahorcado. Igualmente cabe destacar la escena en la que Mateo en una taberna trata de averiguar quien está detrás del asesinato de Valerio. Nuevamente la habilidad deductiva de nuestro protagonista sale a relucir.

Nuevamente virtudes de la producción.

Ya hablé de este apartado en el análisis de la primera temporada por lo que carecería de sentido volver a repetirse. Pero es que la producción se ha adaptado a las críticas y experiencias derivadas de la temporada anterior.

«Concebimos la primera temporada para que fuera vista en un televisor ajustado, con las luces bajas y prestándole toda la atención. Pero la realidad es que las series se consumen de mil maneras. Por eso, hemos rodado los nuevos episodios con la idea de que también se puedan ver en un móvil, mientras se viaja en autobús y con la luz entrando por la ventana.»

Alberto Rodríguez, director de la serie.

Así vemos una Sevilla más iluminada que se va intuyendo desde el propio vestuario de la actriz protagonista, Patricia López Arnaiz, o la misma ciudad que desde los interiores muestra más luces en los candiles que en la anterior temporada. Lo mismo pasa en exteriores donde no abusa tanto de la noche. Buen tanto se han marcado aquí los creadores y si bien quedaba una preciosa iluminación  en la primera temporada gracias al director de fotografía, Pau Esteve Birba, con una fotografía basada en la pintura sevillana del barroco, esta se veía deslucida por la excesiva oscuridad de la misma.

Quien vuelve a realizar un gran trabajo también es Julio de la Rosa, compositor de la serie y ganador del Goya por La isla mínima.

«Queríamos que la música no sonase a serie de época y usamos electrónica mezclada con mandolinas, violín ‘para tontos’ –como lo llamo yo, es decir, con solo dos cuerdas–, un cacharrillo que tengo con sesenta ruidosas llaves o un pequeño salterio».

Julio de la Rosa, compositor.

Valoración Final.

Decía al principio del artículo que me la he ventilado en una tarde. Y es que La peste: La mano de la Garduña es adictiva. Con un agil guion y unos villanos más definidos la serie va entrelazando la historia de los distintos personajes para acabar en una temporada más redonda y entretenida que la anterior. Una impecable producción que sobresale en el vestuario y la ambientación mereciendo alabar el gran trabajo de documentación que hay tras la serie. Estaba claro que con los nombres que hay en la serie, el producto merecía una segunda oportunidad. Y Movistar+ nunca dudó de ello y nosotros nos alegramos ya que vamos despidiendo el 2019 con una de las mejores series del año.

Un saludo  y sed felices.

 



el autor

Community manager, Historiador y documentalista, apasionado del cine, las series, la lectura y el fútbol... en definitiva de las cosas que nos hacen felices.

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