Análisis de La Zona. Temporada 1. Capítulo 8

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Y llegó el día. Último capítulo de la temporada, el momento anhelado en el que podríamos deleitarnos con la resolución de La Zona. Un episodio muy agridulce e interesante,  así que preparad vuestro chute de Naloxona y poneos al día con estos links si todavía no lo estáis, que hay mucho que comentar en este final de temporada: El último lobo.

Buscando a Héctor

Tras el “culatazo” que recibió Héctor en el capítulo anterior, retomamos la acción con este desaparecido y la policía buscándolo. Y por si este acontecimiento no fuera suficiente preocupación para sus conocidos y familiares, la más que sospechosa filtración de las imágenes de Héctor guardándose la heroína en el Balneario, solo hacen que acrecentar sus dolores de cabeza.

El malestar en la comisaría es palpable: no están cómodos con la manera anárquica, casi de vigilante, con la que actúa Héctor últimamente. Puede que no sea nada, pero me ha llamado la atención la conversación telefónica entre Carreño y Marta, en la cual se deja caer que Carreño ya estaba al tanto de la filtración antes de que se emitiese. ¿Podría esto significar que la corrupción llega hasta comisaría? ¿Que Carreño también está metido en el ajo? Sabemos que tiene trato con el delegado amigo de Fausto, no sería particularmente descabellada su colaboración, o al menos su complicidad…

Miedo y asco en San Adriano

Héctor se halla entre dos mundos. Debido a la ingente cantidad de drogas inyectadas por sus captores, resquicios quiméricos de lo que antaño fue una vida feliz, le sumergen en un constante delirio utópico, inutilizándolo por completo y dejándole a merced de sus secuestradores. Por suerte para él, Zoe lleva un tiempo siguiéndole la pista a Fausto, planeando e imaginando maneras con las que destruir la central y el imperio del magnate. Tras saber de su desaparición, consigue dar con él y llevárselo.

A pesar de los vómitos, el constante tiritar, las alucinaciones y los abundantes chutes de Naloxona (producto real que se utiliza en casos de severa intoxicación de opiáceos), Héctor consigue volver en sí, y Zoe le pone al día de los acontecimientos: ya no es un héroe, su figura se ha visto severamente perjudicada y le buscan por doquier. Pero no va a tirar la toalla aún, tiene que ir a por Fausto.

Los cabos sueltos

Tras la captura de Héctor Uría y la muerte de Pelirrojo, Fausto parece estar muy cerca de la victoria, estando ya solo Mateo (Krusty para los amigos) fugado. O eso pensábamos, mientras lidian con Héctor, Armendáriz avisa a sus sicarios de la existencia de otro cabo suelto, el cual deben liquidar.

Krusty se encuentra en un estado mental delicado, al principio del capítulo le vemos chillando en medio de la carretera, entre las bocinas de los coches chillando: “¡No estáis preparados para la tercera Guerra Mundial!”. Y más adelante, descubriremos gracias al robo que cometió de substancias químicas, sus más que probables intenciones de hacer una bomba, siendo la central el objetivo más previsible. El otro cabo suelto no permanece mucho tiempo desconocido, ya que aparece el cadáver de Dani al fondo de un precipicio.

Últimos preparativos

Ya con su cordura restablecida y al día de los acontecimientos, Héctor se pone en contacto con Marta, en un momento sorprendentemente emotivo entre ambos. Una conversación reconciliadora, en la que Héctor parece abandonar sus tentativas de dejar el pasado atrás, dándole el número de Ana (la novia de su hijo) en lo más parecido a una disculpa que parece ser capaz de hacer.

Habiendo zanjado así la batalla con su mujer, se presenta en casa de Julia, en la que se encontrará con un periodista: Julia va a contar la verdadera historia de la central, va hacer públicas todas sus irregularidades. Iniciativa a la que Héctor se acaba uniendo, a pesar de lo escéptico que se muestra ante la efectividad que pueda tener. Al terminar, ella le expresa su intención de salir de San Adriano, aunque ambos saben que esto aún no acabado, y él no se va a marchar. En cierto modo, es una despedida.

Una vez resuelta y controlada su vida privada, ya solo le queda ir a por Fausto. Contacta con Martín para reunirse, aunque este parece traer a un invitado sorpresa: Alfredo, que tras su último encuentro con Héctor, sigue un tanto escocido. Martín se lo ha confesado todo y, a pesar del cabreo y las numerosas reticencias, Alfredo decide colaborar con ellos al margen de la comisaría, con la condición de que declaren y lo confiesen todo luego.

La hora de la verdad

Ha llegado el momento. Todas las indagaciones e investigaciones clandestinas, han sido para llegar a este punto: la ocasión de cazar a Fausto Armendáriz. Y esta detención, es un honor que Héctor se ha reservado para él. Tras seguirle hasta un restaurante con su familia, irrumpe estruendosamente, clamando su detención y dejándole en evidencia en público, yo diría que hasta regodeándose (estamparle contra su propia comida mientras le esposa, no sé hasta qué punto es protocolo).

Mientrastanto, Martín y Alfredo acuden una vez más al Capataz, en busca de una confesión que no llega. Sin embargo, gracias a su abrupta salida, descubren la presencia de Krusty en el lugar, probablemente buscando llevar la bomba a la central. Se separan en su búsqueda, pero para cuando Alfredo da con él, ya es demasiado tarde. El Bosnio-herzegovino le ha encontrado antes, dejando tan solo un cadáver y una bomba activa. Alfredo reacciona, pero no lo suficientemente rápido y muere en la explosión. Martín y el Capataz logran salir con vida aunque malheridos.

Tras todo lo ocurrido, promesas vacías salen del delegado del gobierno, prometiendo una falsa justicia con Fausto y vendiendo una situación de normalidad. Cuando, en realidad, nada ha cambiado. Fausto será juzgado por el juez Miralles y probablemente siga con su modus operandi; Zoe sigue vendiendo partes de la zona contaminada; y el resto… El resto simplemente han pasado página: Martín, tras lo ocurrido, lo más probable es que no quiera volver a saber nada y se centre en su enferma novia; Julia se va de San Adriano, buscando su tan anhelada tranquilidad; Héctor sonríe por primera vez en mucho tiempo tras descubrir que tiene un nieto. Muchas cosas se han movido en San Adriano, pero en el fondo nada ha cambiado…

Sensaciones tras la temporada

Y con esto concluye la primera temporada de La Zona. Una temporada que me ha dejado con muchas sensaciones encontradas, pero al mismo tiempo, sorprendentemente enganchado. Ante todo, debo decir que no ha sido en absoluto una mala temporada. La serie ha progresado notablemente desde sus perezosos primeros episodios, y en muchos momentos goza de una contundencia considerable.

A nivel técnico ha sido una absoluta maravilla, una dirección de fotografía impecable y una banda sonora sutil pero eficaz. Una atmósfera muy convincente desde el primer capítulo, que ayuda mucho a compensar determinados fallos. Fallos que se reducen al ritmo en el que se desarrolla y a algunas actuaciones. Ya he hablado mucho de las actuaciones en otros análisis, así que no me voy a enrollar en exceso, pero está claro que el problema no se halla en los actores (hay un talento considerable), por lo que lo más probable es que la dirección o el guión hayan fallado en esa búsqueda de un mundo post-apocalíptico y desolador, y se haya quedado en algo soso. Y en cuanto al ritmo, no es tanto en lo que a narrativa se refiere. La serie tiene momentos en los que parece moverse en cámara lenta, muchos diálogos carecen de ritmo, y a veces la poesía visual se puede hacer excesiva con la cantidad de momentos “slow-motion” (aunque suelan ser brutales la mayoría).

En resumen: ¿Cumple La Zona con la promesa de Movistar+? Yo creo que sí. A pesar de sus defectos, no he experimentado nunca con una serie española lo que he vivido con esta. Se nota una intencionalidad distinta, se la ve ambiciosa, buscando estar a la altura de los grandes productos internacionales, y en ocasiones lo consigue. No será la serie perfecta que muchos esperaban, pero yo me alegro de que se haya hecho, creo que es un paso hacia delante, una base muy sólida sobre la que construir y progresar.

Personalmente he disfrutado más de lo que pensaba, y muchas veces me he sorprendido enganchado a la pantalla o especulando sobre posibles resoluciones de la serie. Resolución que convenceLa Zona, nos ha narrado la historia de unos personajes profundamente tocados, que se enfrentan a un serio caso de corrupción en una ciudad rota. Una temporada agridulce, de turbio final, donde los malos parecen ganar. Una historia que incita a la reflexión, ya que podría perfectamente producirse en la España actual. No sé si renovará para una segunda temporada, sinceramente no lo creo, pero salgo satisfecho de La Zona.



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

2 comentarios

  1. Carlos Porras el

    Acabo de terminar de verla y me ha costado horrores. Ritmo tedioso y una historia grandilocuente para lo que es. Después el mundo post-apocaiptico es muy simple . No se, no destacó nada en cuanto a la historia y la forma de contarla. Eso sí a nivel técnico la serie es impecable. Fotografía, diseño, direccion, etc. En definitiva una pequeña gran decepción. 5/10

    • Sí que es cierto que el mundo acaba siendo más simple de lo que aparentaba, pero yo creo que sí destaca en algunas propuestas en cuanto a la historia se refiere, hay conceptos interesantes como el caníbal o los abusos de la empresa de limpieza. El problema viene en el desarrollo de estos, que los vuelve más bien insulsos y acaban desaprovechados.
      Y el ritmo lento y excesivos silencios no ayudan precisamente, pero yo me mantengo firme en que creo entrever una intencionalidad y ambición distinta, que no recuerdo haber visto en series españolas. No será lo esperado, pero cualquier lección que puedan sacar de este primer intento puede contribuir a ese anhelado producto de calidad marca de la casa.
      Veremos qué pasa con La peste, espero ansioso tu veredicto 😉

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