Starz ha estrenado finalmente la esperada Outlander: Sangre de mi Sangre, precuela de la exitosa serie de amor y viajes en el tiempo basada en la saga de novelas de Diana Gabaldon. Vistos los dos primeros episodios, cuyos títulos son Providencia y Sellado con un Beso, analizamos lo que ha sido el comienzo de esta propuesta que puede ser vista en España a través de Movistar+ y en Latinoamérica por Disney+. A ver qué ha ocurrido…
Todo fan de Outlander sabe que “Sangre de mi Sangre” (Blood of my Blood) es la expresión ya icónica con la cual Jamie Fraser resumió su amor eterno por Claire Beauchamp y que, de hecho, dio título al episodio 6 de la temporada 4 en que la dijo por primera vez. Poniéndonos más finos y a la vez mundanos, también todo fan sabe que los padres de Claire murieron en un accidente siendo ella pequeña o, al menos, eso es lo que nos dijo y nos dijeron…
Pues resulta que no: buena parte de la premisa argumental de Outlander: Sangre de mi Sangre se basa en que eso fue lo que Claire creyó o le contaron, pero la verdad fue que sus padres, tras el accidente, se convirtieron en viajeros del tiempo, lo cual nos lleva a preguntarnos cómo se habrá justificado en su momento la no aparición de los cuerpos o por qué Claire nunca hizo referencia a que no hubieran sido hallados.
Ok, tenemos entonces que comenzar aceptando que partimos de una premisa algo absurda, pero también sabemos que esto es Outlander y la serie principal ya nos acostumbró, sobre todo a partir de su tercera temporada, a naturalizar las incoherencias argumentales como parte del folklore mismo de su universo.
Outlander: Sangre de mi Sangre es una serie que, creada por Matthew Roberts y estrenada hace apenas días, funciona como spin-off y precuela de Outlander, cuyos análisis pueden leer aquí. Y aunque la propia Diana Gabaldon escriba los dos últimos episodios de la primera temporada, la historia que se cuenta no se basa específicamente en ninguno de sus libros sino en el universo y personajes por ella creados (fascinantes, por cierto, más allá de que se hayan ido poco a poco bastardeando).
Un universo que tiene muchos (y sobre todo muchas) fans, haciendo ello entendible la expectativa por esta precuela, al punto de haber sido ya la serie renovada para una segunda temporada antes de estrenarse la primera: no sé si habrá muchos casos. A ver qué nos ha dejado este comienzo y cumplo en advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA.
Tensión en los Highlands
Los dos primeros episodios (la temporada se compone de diez) fueron subidos de un tirón y está bien que así sea porque claramente se complementan entre al contarnos una historia en dos líneas temporales principales más las secundarias (con flashbacks y flashforwards llego a contar cinco). Estas siguen, de manera separada pero tendiendo a confluir, a los respectivos padres de Jamie y Claire (de allí la diferencia temporal, pues median dos siglos entre los nacimientos de ambos): Brian Fraser (Jamie Roy) y Ellen Mackenzie (Harriet Slater) por un lado; Henry Beauchamp (Jeremy Irvine) y Julia Moritson (Hermione Corfield) por el otro.
De hecho, y antes de llegar al accidente de auto, que recién aparece hacia el final de un largo primer capítulo de una hora y veinte minutos, nuestra historia comienza en Escocia y qué bueno volver allí después de que esa entrañable y mística tierra fuera poco a poco desapareciendo de la serie principal en la medida en que la trama americana se la iba devorando. Impagable volver a las gaitas y los tartanes en neblinosos paisajes de colinas trashumadas por pastores con sus rebaños mientras los clanes mantienen entre sí una cierta convivencia pero también una tensa competencia.
El año es 1714 y en el castillo de Leoch, propiedad de los Mackenzie, tiene lugar el funeral de Jacob, el Rojo (Peter Mullan), quien fuera líder de dicho clan. A pesar de tener dos hijos y tres hijas, no ha dejado ningún testamento sucesorio y ello crea un clima incierto al cual asoman también sus cabezas los clanes vecinos interesados en sus tierras, particularmente los Fraser y los Grant, con los cuales se practica una forzada diplomacia, pero está claro que hay rivalidades, tensiones y celos, muy especialmente con los primeros.
Colum (Séamus McLean Ross) y Dougal (Sam Retford), los hijos varones del fallecido, nos son conocidos, aunque en versiones mayores. Y son el día y la noche: “uno no puede caminar y el otro no puede pensar” sintetiza su padre en uno de los flashbacks que lo muestran haciendo migas con su hija Ellen,con la que al parecer no solo tenía buena relación sino que veía en ella mejores dotes de liderazgo que en sus hijos pero, claro, era mujer, lo cual, en comentario que cuadra perfecto a un rudo escocés de la época, le llevaba a lamentar que no hubiera “nacido con un pene”.

Las características de ambos hermanos son parecidas a las que luego les veremos potenciadas. Dougal es impulsivo y terriblemente pendenciero, además de propenso al sexo fácil con quien sea, mientras que su cojo hermano Colum es, por el contrario, moderado, cerebral y diplomático, al punto de intentar, mayormente sin éxito, llamar a Dougal a la razón cada vez que este la pierde, lo cual le ocurre seguido. Pero que ni ello ni su discapacidad nos hagan verle como el bueno porque sabemos que tiene lo suyo y ya aquí lo demuestra.
Por detrás de ellos, mirando desde afuera y sabiendo que no compiten en el reparto, tenemos a las mujeres: por un lado la mencionada Ellen, independiente y con un algo anacrónico discurso feminista; por el otro, sus hermanas Janet (Ailsa Davison) y nuestra conocida Jocasta (Sadhbh Malin), ambas en versiones juveniles.
En cuanto a los Fraser, su resentimiento con los Mackenzie procede del hecho de considerar que estos les han robado tierras, las cuales ansían y esperan recuperar ahora que el viejo Jacob ha muerto y por tal razón asistirán a la reunión y asamblea que se celebrará en el castillo Leoch tras el funeral del mismo.
Al menos así lo ve el ambicioso e inescrupuloso Simon Fraser (Tony Curran), pero no tanto sus “hijos” (en realidad solo uno lo es biológicamente) Brian y Murtagh (Rory Alexander), quienes parecen más interesados en muchachas, lo que no quita que sean respetuosos y no anden por allí como aves de presa al acecho.
Llama la atención asimismo entre los Fraser la presencia de una “sassenach”, una muchacha inglesa que se desempeña como criada y que no parece estar allí desde hace mucho, ya que que el ama de llaves Savina Porter (Sara Vickers) le recomienda especialmente no quedarse nunca a solas con el señor Simon, algo que debería ya saber quien tenga de él un conocimiento más o menos extendido en el tiempo.
Encuentro en el Puente
La reunión en Leoch se celebra entre diplomacia y tensión, particularmente con Dougal, quien está convencido de que los Fraser han estado recientemente involucrados en robos de ganado contra su propiedad. Colum logra evitar una gresca mayor pero Brian, sin comerla ni beberla, debe apartarse para evitar más problemas. Y vemos que también los Grant tienen su propio sassenach, pero en este caso es hombre y parece pasarlo mejor, ya que es el vocero de la familia.
Cuando Ellen sale afuera hastiada de tanto libidinoso arrastrándole el ala, se cruza con Malcolm Grant, que se pone zalamero y cargoso. Sacándoselo finalmente de encima y camino a Inverness, llega al puente que atraviesa el río y al otro lado se halla Brian que, a diferencia de Malcolm, se comporta de modo amable y, como Ellen, no parece encajar mucho con los eventos sociales.
Se trata, y bien lo sabemos, del primer cruce entre los padres de Jamie y la atracción mutua se evidencia en que se van acercando hasta encontrarse en medio del puente e incluso tocarse, pero la química se corta abruptamente al enterarse ella que él es un Fraser y aparece en escena el síndrome Montesco-Capuleto, pues Ellen, y así se lo dice, es perfectamente consciente de que su familia jamás aprobaría siquiera que conversasen.

En el castillo, entretanto, extrañan su presencia y Dougal se pone nervioso. Al ser anoticiado de que su hermana fue vista por última vez con uno de los Grant y habiéndose estos ya retirado, sale tras ellos y acaba propinándole una dura golpiza a Malcolm. La posterior reaparición de Ellen pone las piezas en su lugar, pero deja mal parados a los Mackenzie, por lo que Colum, siempre negociador, propone en matrimonio a Ellen a los efectos de zanjar la disputa, y de paso, obtener con los Grant una alianza que podría serles beneficiosa contra los Fraser. Ellen, por supuesto, ni enterada…
El Amor y la Guerra
La otra historia narrada en estos dos capítulos y que ya se filtra desde el final del primero es la de Henry y Julia, es decir los padres de Claire, a los cuales, en un salto temporal, vemos como feliz matrimonio inglés de los locos años veinte. Según lo que cuentan, ella espera un niño (que no es Claire, quien al parecer ya existe y es pequeña pero está en ese momento con sus tíos) y viajan relajadamente en un Fort T por las colinas escocesas hasta que súbitamente se les cruza un ciervo rojo (muy de la zona) y, al tratar de esquivarlo, el auto da la vuelta completa y ellos van a parar al río…

Aquí es donde seguramente todos supusimos que morían, al menos de acuerdo a la versión que de parte de Claire siempre hemos conocido. Pero resulta que el río les arrastra y cuando logran, extenuados, llegar a la orilla, no tienen mucha idea de donde están. Cuando ella se sube a una colina para tratar de determinarlo, se encuentra con un círculo de piedras al que inmediatamente reconocemos como el de Craigh na Dun. Y de pronto, al igual que años después ocurrirá con su hija, Julia ya no está…
Un flashback nos lleva a los tiempos de la primera guerra mundial, cuando Henry servía destacado en el frente occidental de Bélgica mientras que Julia lo hacía como parte del servicio de comunicaciones británico. Una carta abiera de él (es decir no dirigida específicamente a nadie) en la cual se preguntaba sobre el sentido de la guerra y de tanta muerte, llegó a manos de ella y decidió responderle, naciendo una relación epistolar en la cual cada uno se consustanciaba con las palabras del otro hasta que finalmente se conocieron en Londres, naciendo así la relación que luego se plasmaría en matrimonio.
El Cuento de la Criada
¿Qué ha pasado con Julia y adónde ha ido a parar? Pues, como ya podemos suponer, sigue en los highlands, pero en el siglo XVIII, lo cual, desde luego, ella no sabe. No habiendo rastro de Henry y a los fines de dejarle alguna pista para que la encuentre, escribe en una roca la sigla SWAK, es decir “sellado con un beso” (sealed with a kiss), en clara referencia al modo en que ambos cerraban sus cartas cuando mantenían correspondencia.
Les pregunta a unos carreteros dónde está o si han visto a su esposo, pero estos le responden en gaélico y luego, de forma brutal, le terminan simplemente echando un saco a la cabeza y dejándola inconsciente de un golpe para llevarla como mercancía a los Fraser por una deuda que tienen con ellos.
Julia es, por lo tanto, la “sassenach” a la cual viéramos antes desempeñarse como servicio doméstico en una relación casi de esclavitud y sufriendo el acoso de Simon Fraser. Intenta escapar y se cruza con Brian, quien no la detiene, pero termina recapturada y él acaba por echarse la culpa de su fuga por habérsela supuestamente sugerido y, en escen a que ya hemos visto infinidad de veces en distintas formas, se somete a los veinte latigazos que debería ella recibir.
El masoquismo, ya sabemos, es un clásico del universo Outlander, tanto o más que las escenas de sexo a razón de una o dos por capítulo y esta serie no iba a ser la excepción. Hay que decir, eso sí, que aún no han caído en el morbo de mostrar la lacerada espalda de Brian como tantas veces se hiciera con la de Jamie, pero se me ocurre que es solo cuestión de tiempo…
Sellado con un Beso
¿Y qué pasó en el siglo XX con Henry? Pues él también ha llegado hasta el círculo de piedras y, después de leer la inscripción por ella dejada (y que lleva allí doscientos años) termina yendo a parar al pasado, pero no se encuentra con Julia debido a que ha sido capturada y está con los Fraser. Sin saber por dónde anda ni mucho menos cuándo, el destino le cruza con los Grant en una posada cercana donde pregunta infructuosamente por su esposa.
Su ojo de abogado le hace percibir que estos están siendo timados por otro clan con el cual están en tratativas, pero al hacerles un comentario al respecto, los Grant se irritan y casi acaba de cabeza en un foso de no ser por la oportuna intervención de Malcolm que, tras obligarle a repetir lo que dijo, le lleva ante su padre para que le ponga al tanto de sus observaciones y así es cómo, finalmente, Henry termina convirtiéndose en vocero de ellos en reemplazo del anterior, cuyo corrupto proceder le hace acabar con una cabeza en una pica.

Henry es entonces, por supuesto, el sassenach que viéramos antes con ellos en la reunión de Leoch, la cual ocurre tres meses después de su llegada. No se ha cruzado pues con Julia y ninguno de ambos tiene de hecho idea de dónde anda el otro, no obstante lo cual, y replicando la forma en que se conocieran, ambos escriben sendas cartas abiertas en las que expresan cuánto se extrañan y que terminan sellando con un beso. Habrá que ver de qué forma podrá cada una de las mismas ser leída respectivamente por el otro…
Balance de los dos Primeros Episodios
No se puede decir que no haya sido un comienzo entretenido y el regresar a Escocia nos trajo gran nostalgia de aquellas primeras temporadas de la serie principal, cuando todavía no había desbarrancado. Pero eso no quiere decir que el inicio no haya tenido puntos débiles…
No hablemos ya del accidente de los Beauchamp porque, como ya hemos dicho, los deus ex machina son moneda corriente de Outlander y estamos acostumbrados, no sé si para bien o para mal. Pero el arco de los padres de Claire, si bien es de los dos el que más ha avanzado, vuelve a pisar terreno ya demasiado transitado al contarnos prácticamente para Julia la misma historia que después tocará vivir a su hija. Y algo parecido ocurre con Brian y los latigazos que recibe por ella. La nostalgia deja de ser nostalgia cuando se utiliza para hacer otra vez lo mismo…
Ello sin hablar de la increíble casualidad de que toque a los padres de Claire vivir la misma historia que a ella, con lo cual, si no me fallan las cuentas, ya son cuatro las generaciones de viajeros del tiempo en esa familia: suena a mucho y es difícil creer que en el siglo XX no haya para esta altura más gente al tanto de lo que las piedras producen cuando parece ser tan fácil no solo encontrarlas sino también cruzarlas…
En cuanto a la trama de los clanes escoceses, se presenta interesante pero demasiado recargada de personajes para un episodio inicial, pues tenemos que familiarizarnos en menos de hora y media con los jefes, con sus hijos, con sus voceros y con sus empleados, más allá de que algunos nos sean ya conocidos. Y si hablamos de personajes, los cuatro principales se ven demasiado correctos, amables, perfectos y sin matiz alguno, más aún que los propios Jamie y Claire, lo cual es mucho decir…
Ninguno de los cuatro actores que los interpretan se destaca hasta aquí de manera especial aunque todos estén correctos (prácticamente lo mismo que puede decirse del resto del elenco) y, por supuesto, son atractivos o no estarían aquí.
Hay que reconocer, de todos modos, que Jamie Roy (parece un chiste que se llame Jamie) y Hermione Corfield, más allá del increíble parecido físico por el que seguramente han sido elegidos para los roles, cumplen con creces al reproducir a la perfección cada gesto, tono o acento que respectivamente caracterizarán después a Jamie y Claire, los hijos de sus personajes.
Eso sí: produce algo de extrañeza que Brian actúe como el Jamie educado, moderado y moldeado ya por Claire que conocimos después de la segunda temporada de Outlander en lugar del rudo montañés de los primeros episodios, lo cual hubiera sido mas lógico.
El terreno, por otra parte, está dado para jugar con el morbo, pues aquí puede haber atracción mutua entre Brian y Julia, sobre todo si ella sigue sin encontrarse con Henry que, a su vez, podría cruzarse con Ellen y dar también lugar a una de esas historias que tanto gustan al fanservice. Conociendo el estilo de los responsables de Outlander, no creo que se lo pierdan…
Otro punto interesante es que Julia esté embarazada. ¿Nacerá finalmente ese hijo? No lo sabemos, pero se abren varios interrogantes desde el momento en que posiblemente Claire tenga un hermano en el siglo XVIII y nunca se haya enterado. ¿Llegarán a conocerse en la serie principal? De ser así, les queda solo una temporada para hacerlo y sería una buena forma de promocionar esta precuela para que vaya tomando la posta, lo cual interpreto que es la intención.
Todo esto lleva a una pregunta que se impone como casi obligatoria: ¿puede esta serie ser vista sin problemas por alguien que no haya visto la principal? Pues quitando el hecho de que honestamente no creo que haya nadie en esa condición, ya que este es claramente un producto destinado a fans, digamos que, en caso de que así fuera, podría perfectamente seguir la historia, pero no reconocer los toques visuales o argumentales que generan compromiso emocional.
Entre los puntos a favor cabe destacar la ambientación de época, tanto para la Escocia del siglo XVIII como para la del siglo XX y con un enorme trabajo de peinadores y maquilladores, además de la formidable recreación del frente occidental que, tanto desde lo estético como desde lo conceptual, es claramente deudora de la película que en los últimos tiempos más ha influido en el cine bélico: 1917 (aquí nuestra crítica).
También se luce la fotografía que, asumiendo un sello propio, es bastante más monócroma que la de Outlander y con una maravillosa textura cinematográfica que remite a las mejores series británicas de la BBC (me recuerda mucho a la primera temporada de The Last Kingdom), como también la bella banda sonora a cargo de Bear McCreary, que aprovecha el marco que da Escocia para nutriste del folklore de los highlands y qué bueno que así sea.
En fin, Outlander: Sangre de mi Sangre, ha comenzado con luces y sombras, yendo mayormente sus fortalezas por el lado técnico y sus debilidades por el guion. Pero al igual que la serie principal, genera un extraño magnetismo que hace que, por muy disparatado que sea lo que nos cuenten, quedemos inevitablemente pendientes de saber qué pasará en el próximo episodio.
Les esperamos para analizarlo cuando llegue. Hasta entonces y sean felices…



