Crítica de 1917. No es de guerra, es la guerra.

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En el año 2019 se ha hablado mucho, y no solo de elecciones generales. Se habló de Érase una vez en Hollywood, de Joker, de Historia de un matrimonio y de El Irlandés. Todo para que, al final, los Globos de Oro a mejor película y director fueran para 1917, una película que se aleja de la polémica de las anteriores para captar todo el clamor crítico del año. Sin duda, la favorita para los Oscar.

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La pregunta es, ¿merece los premios que ha ganado y los que le quedan por ganar?

1917 narra un 6 de abril “cualquiera” en el frente francés durante la Primera Guerra Mundial. Schofield y Blake son dos soldados británicos que reciben la misión de cruzar el territorio enemigo, aparentemente abandonado durante una retirada estratégica, para alcanzar un destacamento y dar la orden de suspender un ataque que podría suponer una trampa de los alemanes.

Basándose en las historias que el abuelo de Mendes le contaba al director, 1917 busca la inmersión en una guerra única. Puede que la Segunda Guerra Mundial contara con más bajas, pero su precursora fue la más cruenta, la que experimentó por primera vez con armas químicas, con los ataques aéreos y en la que ambos bandos tuvieron que soportar largos y angustiosos períodos de espera donde ganar un metro era una victoria. Entretanto, la obligación era permanecer en una trinchera hacinados con otros hombres.

El estrés era diario.

El descanso no era una opción.

La Primera Guerra Mundial provocó una epidemia de Shell-Shock, la forma más grave de estrés postraumático en la que el paciente sufre un cuadro similar a un shock medular . A raíz de dicha epidemia, tanto los Aliados como el Eje emplearon hospitales de guerra para el descanso físico y mental de los soldados durante la Segunda Guerra Mundial.

Tras este inciso culturopsiquiátrico, continuamos.

Para buscar esta inmersión, Mendes no busca imprimir la angustia en el espectador a través de un ritmo taquicárdico basado en planos cortos y montaje paralelo a la manera de Christopher Nolan en Dunkerque. En su lugar, Mendes no nos impone el ritmo, si no que nos introduce en la película a través de uno de los recursos más complicados (y agradecidos) del cine: el plano secuencia.

Obviamente, este no es un verdadero plano secuencia. El cine digital nos permite realizar cortes casi imperceptibles. Si ya lo hizo Hitchcock con La Soga (recomendación subliminal: ved La soga)  en 1948, imaginaros una superproducción bélica rodada en 2019. Intentar encontrarlos en 1917 es todo un reto. En este sentido, Sam Mendes ha efectuado un truco de magia sorprendente. Parece que los actores han interpretado toda la película de una sola tirada.

El plano secuencia le permite a Mendes mostrar la Primera Guerra Mundial en toda su enjundia. Nada de grandes batallas. Hacinamiento en trinchera, vallas de espino, animales muertos, desgana de los soldados, narcisismo de los oficiales, cartas de la familia… La ambientación es espectacular.

Sin embargo, al rodar la película en solo dos tomas hay que tener en cuenta un aspecto muy particular. Dos tomas cortas (pensemos en un susto en Insidious) siempre van a aportar más tensión que una el doble de larga. Para provocar angustia, durante esa larga toma deben de pasar muchas cosas…pero no demasiadas, que saturan al espectador y lo sacarían de la película ante tanto disparo, muerte y personaje yendo de un lado a otro.

Es por ello que Mendes alterna momentos repletos de tensión con otros más calmados. Y lo hace maravillosamente bien porque el director entiende que, en la guerra, los dos momentos se suceden de forma natural. Incluso en mitad del horror de un tiroteo, el ser humano tiende a evadirse, aunque solo sean unos segundos, con cualquier mínimo detalle. Mendes nos enseña que, en la guerra, es más terrible la espera antes del disparo que la descarga de balas llevado por la adrenalina.

El resultado es demoledor.

Con una forma tan compleja y un fondo tan sencillo, 1917 es angustiosa y tensa hasta el terror psicólogico en varios momentos (la rata, el avión, el pueblo en llamas). Pero también es triste (la mujer y el bebé, el hermano), porque no hay nada más triste que tener que abandonar voluntariamente un refugio para marchar a dar unas órdenes arbitrarias con su propia vida amenazada. Nada más triste que abandonar voluntariamente una paz amada por una guerra odiada. 

Es una odisea protagonizada por dos personajes perfectamente definidos en pocos detalles: el idealista poco formado en combate y el veterano desencantado con la guerra. Un viaje que se hace un poco lento al principio pero que tiene espacio para la calma, para el descenso al infierno (es lo que ocurre inmediatamente después del único corte que hay en la película) y la vuelta al mundo terrenal. Todo ello aderezado con la espectacular música de Thomas Newman, épica en los momentos en los que aparece.

En definitiva, 1917 supone un más que merecido premio a mejor película del año y a mejor director. Porque, por encima de finales necesitados de explicación, de personajes oscuros y abandonados o de elegías de grandes nombres, 1917 nos introduce de lleno en la guerra, nos identifica con sus personajes y nos deja anestesiados tras el final de la película. Nos convierte en soldados, sólo que nosotros tenemos la fortuna de marcharnos a dormir sin esperar que nos despierten con una misión suicida un 6 de abril. Un día cualquiera en la Primera Guerra Mundial.

¡Un saludo y sed felices!



el autor

Médico residente. Intento aprender como si viviera para siempre. Intento vivir como si hoy fuera mi último día...con las cosas que me hacen feliz.

4 comentarios

  1. Justo la he visto hoy. No me suele interesar mucho el cine bélico pero esto lo he disfrutado cantidad; se merece todas las nominaciones y premios, y, sobre todo, merece ser vista. Como dato curioso, salen Moriarty y Sherlock 😀

  2. IMPRESIONANTE. Con la boca abierta me he quedado. Me decías en privado que su dirección es espectacular. Yo la veo sublime, maestra. Ese plano que se va abriendo partiendo de los dos soldados descansando, se levantan y el plano se va abirendo sobre ellos, vemos un grupo de soldados, tendiendo, haciendo la comida, descansando hasta llegar a las inmensas trincheras. Buahhh. Desde luego no es una película de guerra, es la guerra.
    Un pero, la banda sonora. Es de Thomas Newman, muy bonita y lo que queramos, pero a esta película con el sonido de la guerra le hubiera sobrado, es una experiencia tan inmersiva para mi opinión que la música me rompía el hechizo.

    • Fernando Vílchez el

      Muchas gracias por tu comentario, compañero. Efectivamente, un pequeño pero sería el uso de la banda sonora, prácticamente innecesaria en una película con este tono.

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