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Análisis de Outlander. Temporada 6. Episodio 2

Continuamos analizando la sexta temporada de Outlander, hoy segundo episodio, cuyo título es Lealtad. La serie, creada por Ronald D. Moore sobre la saga de novelas de Diana Gabaldon, es emitida por Starz, pudiendo ser vista en España a través de Movistar+ y en América Latina de Star+.

Bienvenidos a un nuevo análisis de Outlander en una temporada que, al menos hasta ahora, mantiene un ritmo más pausado y menos frenético que las anteriores, aunque se están cocinando a fuego lento tramas que pueden estallar de un momento a otro y algunas decisiones de los personajes principales pueden traer problemas.

Otra vez estamos ante un episodio largo: setenta minutos, apenas diez menos que el anterior, promocionado como particularmente extenso. Pasemos ya mismo a analizarlo no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordarles que pueden echar ojo aquí a nuestros análisis anteriores.

Encuentro con los Cherokee

Habíamos dejado a Jamie aceptando el cargo de agente de indios para la corona. Estrenando tal atribución, le vemos reunido con los cherokee junto a su sobrino Ian, cuya experiencia con los mohawk puede aportar para el caso.

Jamie busca apoyo, pero el jefe Ave, hablando por su pueblo, lo condiciona a que les entreguen armas de fuego: sus tierras están siendo usurpadas por colonos y no entiende por qué el rey de Inglaterra no mide con la misma vara ni toma medidas al respecto. Descolocado y pensativo, Jamie promete considerarlo, pero nada más; Ave le agradece su honestidad.

Esa misma noche, en el campamento, Jamie recibe en su lecho la visita de dos muchachas cherokee, enviadas debido a su condición de agente del rey y quizás en tren de condicionarle con una grata impresión.

Al no poderse hacer entender por ellas, pide a su sobrino que intervenga y aun cuando este habla mohawk y no cherokee, consigue decirles que Jamie no tendrá sexo con ellas hasta tanto el envío de armas haya sido acordado. Al marcharse, una se lamenta por haberse perdido el interesante miembro de Jamie y la otra manifiesta alivio porque no va a tener hijos de cabello rojo: todas las culturas del mundo, nos dice la antropología, son etnocéntricas y ven al resto como inferiores…

Voces

En Fraser´s Ridge, Tom Christie sigue haciéndose atender su mano por Claire, quien le dice que quizás haya que operarla y le asegura disponer de un éter para que no sienta dolor. Christie no dice demasiado al respecto, pero la conversación deriva sobre lo inadecuado de que las mujeres pretendan dar consejo, postura que avala invocando la Biblia y, particularmente, las Epístolas del Apóstol Pablo en las cuales recomienda que guarden silencio.

Más allá de un fugaz cruce de opiniones, todo el asunto con la mano de Christie sirve para despertar en su hija Malva interés por la medicina, tal cual después se lo manifiesta a Claire y esta la invita a asistirle en los cuidados de Marsali (Lauren Lyle), la hija adoptiva de Jamie que está próxima a dar a luz.

Una vez en su casa, Claire le enseña a Malva sobre contracciones y posición del bebé, así como también a tomar el pulso, todo ello mientras la joven observa y aprende fascinada.

Precisamente al tomarle el pulso a Marsali, Claire advierte hematomas en la zona de la muñeca que la joven adjudica a una caída. Sin embargo, indagada algo más, admite que son provocadas por su pareja Fergus (César Domboy), aquel joven al que alguna vez Jamie convirtiera en su protegido tras rescatarlo de los burdeles parisinos.

Más aún: el joven ni siquiera la está acompañando en su embarazo, pero Marsali le disculpa porque, según dice, se siente culpable por no haber estado el día de la fatídica visita de Lionel Brown. Su expresión se oscurece aun más cuando recuerda que Claire lo pasó aun peor.

El comentario vuelve a reanimar en esta los fantasmas que la vienen persiguiendo y, al regresar a su casa, escucha voces. Termina, una vez más, recurriendo al éter que le permite dormir sin soñar.

Muerte y Resurrección

Regresado Jamie de su misión con los cherokee, encuentra a Claire ya despierta y sobreviene una de las consabidas escenas de sexo que, por suerte, son cada vez más cortas y, en este caso, casi en off.

Cuando se supone que todo ha pasado, le pregunta a Claire si durante la guerra de independencia americana los cherokee apoyaron al rey o a los rebeldes, pero ella no puede darle una respuesta certera por su limitado conocimiento de esa parte de la historia. Lo que a él le preocupa, claro, es el posible destino o incidencia de las armas de fuego en manos de los aborígenes.

Recorriendo más tarde Fraser´s Ridge, encuentra muy avanzada la iglesia de Christie, quien se justifica con que un hombre debería construir la casa de Dios antes que la suya propia: amonestación tácita para Jamie por no haberlo hecho.

En otro orden de cosas, Claire no es la única que está jugando a burlar al tiempo: Brianna ha logrado fabricar cerillas unos sesenta años antes de que sean patentadas. Lo paradójico es que ella fue una de las que más advirtió a su madre de los peligros de adelantarse a la época.

Su “invento”, de todos modos, no parece impresionar a familiares y conocidos: Jamie dice que pueden ser útiles, pero suena a compromiso. Una gran verdad histórica dice que nada se convierte en invento hasta que una necesidad social lo requiere.

Hay funeral en la colonia, pues ha fallecido la “abuela Wilson”, pero resulta que, para estupor de los presentes, despierta durante el mismo: Claire lo adjudica a un aneurisma aórtico que enfrió su cuerpo provocando sensación de muerte, pero teme que su “regreso” sea momentáneo y así es. El hecho es presenciado con ojos atónitos por Christie, que habla de “brujería”.

“Nain”

Roger va en busca de Fergus para regañarlo por no estar acompañando a Marsali en su avanzado embarazo. Le encuentra entregado a la bebida, pero logra conmoverlo y que vaya a verla. Una vez allí, el joven menciona una técnica que, según dice, ayuda a un mejor alumbramiento y que consiste en acariciar y lamer los senos de la madre, cosa que en efecto hace sacando lustre a su crianza en burdeles.

Cuando se marchan de allí, Malva, intrigada, pregunta a Claire si hay pecado en ello, a lo cual esta responde que cuando dos personas se aman, cada una de ambas quiere darle placer a la otra y no puede haber en ello nada de malo. Está claro que Malva, poco a poco, se va despegando de la cerrada educación paterna.

El niño termina naciendo en un alumbramiento a cargo de Claire y con asistencia de Malva. Pero cuando Fergus sostiene a su hijo en brazos, le cambia la expresión y pronuncia la palabra “nain”. Volviendo a dejarlo con su madre, se marcha de la habitación mientras se enteran que lo que dijo en francés significa “enano”. Desdeñando el asunto, Claire le da ánimos a Marsali con que el niño, al que llaman Henry Christian, luce bien de salud.

Una importante revelación se produce cuando el mismo es sostenido en brazos por Ian, quien comenta a su prima Marsali que él también tuvo un hijo cuando estuvo entre los mohawk. La noticia no solo causa sorpresa en la joven, sino también en Jamie, que tiene la oreja pegada a la ventana.

Ian le pregunta a Brianna si los indígenas serán parte de la nueva nación por nacer. Triste por decepcionarle, ella le responde que solo en teoría, pues en la práctica sufrirán segregación y quedarán condenados a vivir apartados del resto.

Sentimientos encontrados afloran en Ian, que empieza a no encontrarle sentido a apoyar una revolución que no servirá para liberar de penurias a los pueblos de los que él considera que forma parte.

Carta al Gobernador

Christie regaña a Malva por no haberle preparado su leche y la acusa de estar dejando de lado sus responsabilidades por juntarse con “la bruja”. Su encendido sermón, por momentos, lo hace parecer un anacrónico jerarca nazi: sus palabras hubieran calzado perfecto en alemán.

Parece entonces que vamos a presenciar el ya clásico momento fetichista de los azotes, pero cuando le pide a la joven que levante su falda, no consigue manipular el cinturón para golpearla debido al estado de su mano. Malva le mira con expresión ligeramente burlona y ello lo altera aún más.

A su pesar, hace una nueva visita a Claire para pedirle acelerar la “operación” de la que antes le hablara, pero ella le decepciona diciéndole que aún no es tiempo y la mano debe sanar mejor.

Abordado luego por Jaime, este le recuerda su juramento como masón, el cual le obliga a aceptar por igual a todos: protestantes, católicos o lo que sea. Como corolario a ello, le desliza una amenaza si insiste en acusar a su esposa de bruja, algo en lo cual, sin embargo y al menos hasta aquí, no parece haber logrado gran éxito o predicamento.

Jamie también recibe una visita recriminatoria: la del jefe Ave, interesado por saber si ha elevado al rey la petición de armas. Se marcha decepcionado y ofuscado cuando el escocés le responde negativamente.

Sin embargo, más tarde, Claire encuentra a su esposo escribiendo una carta para el gobernador en la cual da curso al pedido.

Consultado por el cambio de opinión, él le cuenta del hijo que tuvo Ian entre los mohawk y manifiesta ahora entender por qué considera a los aborígenes como “su familia”.

Balance del Episodio

Como fue dicho al principio, esta temporada de Outlander mantiene hasta aquí un ritmo pausado, pero este episodio, a todas luces, me convenció más que el anterior o, al menos, da una idea más cabal sobre el rumbo de la historia.

La primera impresión es que están jugando con el tiempo y las consecuencias de ello pueden ser impensadas. Claire no solo ha producido penicilina en la temporada anterior, sino ahora también anestesias y habla de operaciones con un sentido bastante moderno. Hasta se atreve a mencionar aneurismas aórticos ante una muerta revivida: demasiado para la época.

Algo semejante está ocurriendo con Brianna, quien en algún momento regañara a su madre por el uso históricamente temprano de antibióticos y ahora está fabricando cerillas. Si bien su “invento” parece inofensivo y todavía sin mucho impacto, ya sabemos cuán peligroso puede llegar a ser todo lo que tenga que ver con el fuego y ni hablar si llega antes de tiempo. Jugar con el tiempo es, precisamente, jugar con fuego y nunca más acorde la analogía.

Además, no olvidemos las palabras de Malva en el episodio anterior acerca de la relación que su credo familiar establece entre fuego y Lucifer. ¿Caerán también acusaciones de brujería por una simple cerilla?

¿Y qué pasa con Jamie? Él no procede de otra época, pero su decisión de pedir armas de fuego para los cherokee se basa en el impacto personal que le produjo la historia de Ian con respecto a los mohawk. Y entre ambos puede producirse una involuntaria combinación fatal, ya que su sobrino sí está al tanto de cuál será el destino de los pieles rojas en la América independiente.

¿Debió callar Brianna al respecto? Es posible, pero seguramente ni se le cruzó por la cabeza que Ian intentase torcer la historia. Ahora, sabiendo lo que sabe, este podría alentar a los aborígenes a una rebelión también adelantada a su tiempo.

Otro tanto, pero en sentido inverso, puede decirse sobre las acusaciones hacia Claire que cobran fuerza en el discurso de Tom Christie. Ella debería haber previsto que la medicina fuera de época podía ser confundida con brujería y, al parecer, hacia eso vamos, con el agravante de que para el último cuarto del siglo XVIII ya no había en la América del Norte, al menos de manera masiva, grandes cacerías de brujas como las de finales del siglo anterior.

En otras palabras, las acciones de Claire pueden estar imprudentemente despertando una práctica casi enterrada: mientras Ian puede adelantar la historia, ella podría, por el contrario, hacer girar la rueda hacia atrás. Ninguna de ambas posibilidades suena bien.

Un sesgo feminista sobrevuela todo el episodio: no es algo nuevo, pero en esta entrega está particularmente marcado. No solo por la charla sobre las Epístolas del Apóstol San Pablo en cuanto al rol de la mujer, sino porque Claire es una mujer superando a los médicos hombres de la época y ello solo puede ser visto como brujería.

Algo semejante ocurre con Malva, de quien está mal visto no solo que aprenda medicina sino que elija con quién juntarse. Y otro tanto para Brianna, cuyo “invento” no goza de demasiado éxito, tal vez por proceder de una mujer. No olvidemos a Marsali, prácticamente olvidada en su embarazo, ni a las dos muchachas cherokee enviadas para satisfacer en su lecho al agente del rey.

Tuvimos también un buen momento de humor negro cuando, fiel a su estilo, lo primero que se le ocurre a la “abuela Wilson” al despertar es recriminar a su yerno por haber escatimado en gastos para el funeral. O la escena del “devorador de pecados”, que llega para comer el alimento que han dejado sobre el cuerpo de la anciana y abre inmensos los ojos al ver que no está muerta. La charla entre ella y Roger acerca del estar más cerca o más lejos de Dios también es un momento interesante.

En el balance ha sido un buen episodio, que aún no cede a la tentación por la desmesura que la serie mostrara en su tercera o cuarta temporada y que marca más decididamente el rumbo de la historia: por primera vez, nos asalta el temor de que las decisiones de nuestros personajes tengan consecuencias a nivel “macro”.

Es cierto que ya habíamos tenido algo de eso cuando se pretendió desanimar a los jacobitas de combatir en Culloden o disuadir a los reguladores de participar en la batalla de Alamance Creek, como también lo es que, en ambos casos, la historia se resistió a ser cambiada. Pero esta vez actúan demasiadas variables y confluyen tantas emociones que las posibles consecuencias asustan.

Veremos qué nos sigue mostrando la próxima entrega al respecto. Hasta entonces y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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