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Análisis de Star Trek: Starfleet Academy. Temporada 1. Episodio 10. Final de Temporada

Con su décimo episodio titulado Rubincón (un juego de palabras con el famoso río Rubicón que fuera cruzado por Julio César) ha llegado a su fin la primera temporada de Star Trek: Starfleet Academy (Academia de la Flota Estelar), serie que, creada por Gaia Violo, es la duodécima (novena en live action) de una franquicia que en este 2026 cumple sesenta años. La misma puede ser vista por Skyshowtime para España y Paramount+ para América Latina.

Hola, trekkies y no tan trekkies. Llegó a su cierre la primera temporada de Star Trek: Starfleet Academy y aquí estamos para analizar lo que nos han dejado tanto el episodio final como la temporada, con la especial carga de tristeza que nos produce saber que solo veremos una más.

El capítulo que hoy especialmente nos ocupa está dirigido por Olatunde Osunsanmi, responsable de la fallida Star Trek: Sección 31, pero también de varios capítulos de Star Trek: Discovery.  ¿Es un adecuado final de temporada como para que la misma dé un saldo positivo? Para decirlo, veamos primero qué ha ocurrido, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer en esta web los análisis previos, tanto de esta como de otras series o películas de la franquicia.

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Ataque y Secuestro

Esta vez no tenemos relato en off ni lectura de bitácora inicial (la habrá al final). Como ocurriera al cierre del episodio anterior, el liberado platillo de la Athena se desplaza por el interior de la nebulosa en la cual se ha ocultado de los sensores Venari. La tensión entre Nahla Ake y Anisha Mur es muy fuerte, sobre todo de parte de esta última, que solo ve en la canciller a la persona que en su momento, y con tanta crueldad, la separara de su hijo Caleb.

Este último, justamente, busca calmarla y apenas lo consigue mientras Vance y Lura se comunican holográficamente para confirmar que lo que Nus Braka ha dispuesto en torno a la Federación es una red de minas 47-Omega que, a un solo clic, provocará una masacre de proporciones galácticas incluso superior a la Quema. Y están dispuestas de tal modo que si alguna nave, en una dirección u otra, intentase atravesar el cerco, igualmente las activaría.

Son noticias desalentadoras y, para colmo, hay dentro de la nebulosa naves Venari persiguiendo y disparando al platillo. Los escudos pronto caen y ello le deviene al mismo en ser impactado por los torpedos lanzados por sus atacantes, tres de los cuales se transportan al puente de mando y uno es, por supuesto, Braka, quien muestra sorpresa de ver viva a Anisha, a la cual compara con Lázaro (¿en qué momento leyó el Evangelio de San Juan?), y más todavía al ver juntas a las dos personas que más se deben odiar en la galaxia.

No hay a la vista rastro de los cadetes, que instantes antes fueron ocultados en la esclusa de aire y no salen en los escaneos. A sus anchas y disfrutando el triunfal momento, Braka se sienta a la silla de capitán y anuncia que tanto Nahla como Anisha serán llevadas a bordo de su nave, mientras el resto pueden ya considerarse difuntos.

En efecto, ambas son transportadas y el platillo de la Athena recibe disparos letales que lo destruyen, pero todo ha sido una ilusión creada por el Doctor que, oculto en el ordenador, se valió de su antiguo emisor portátil (sí, aquel que usara casi un milenio atrás en Star Trek: Voyager) y montó una imagen holográfica con la cual engañó a Braka mientras el verdadero platillo, aunque dañado, sigue funcionando…

Cual si dictara clase, Reno imparte instrucciones a los cadetes que regresan al puente y hasta los evalúa como en un examen, uno realmente complicado que deberán aprobar si no quieren morir. Llevándose consigo a Caleb para que la ayude a estabilizar los relés del motor warp y volverlo a poner en funcionamiento, deja el timón a Darem y el mando a Genesis, cuya primera frase en la silla es que necesita “ir a orinar”.

En cuanto al Doctor, no ha regresado bien de su paso por el ordenador: su imagen se muestra inestable y dice incoherencias como que “no se puede cruzar el Rubicón con pegamento en los zapatos”.

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Mientras se abocan a repararlo, Jay es designado en su lugar en tanto que Sam, la “flamante” hija que sigue en conflicto con su versión anterior, es puesta a tratar de descifrar la ruta de Braka.

Caleb y Reno logran solucionar el problema del motor y Jay descubre que lo que el Doctor dice no son incoherencias, sino un lenguaje que no le entienden. Lo del Rubincón no hace referencia al famoso episodio de la historia de Roma (el cruce del Rubicón con el cual Julio César desafió abiertamente al Senado y dio inicio a la guerra civil), sino a las partículas “Rubin” de la materia Omega, en tanto que lo del pegamento (glue) se refiere a los gluones que interactúan con las mismas.

Ok, no es que lo entienda del todo, pero la idea es más o menos que hay que estabilizar dichas partículas para neutralizar la red de minas. Reno ordena en consecuencia una simulación para poner a prueba la hipótesis y comprueban que, en efecto, el sistema de minas tiende a estabilizarse a mayor porcentaje de partículas, lo cual significa que podrían neutralizar el cerco con un algoritmo que corrija la proporción de las mismas.

Caleb, mientras tanto, logra que Tarima recupere la confianza perdida y se encuentran una vez más en el campo dorado de la mente; la diferencia es que esta vez él está de acuerdo. Le dice que confía en ella y así como en su momento lo ayudó a encontrar a su madre (yo diría que fue Sam, pero en fin…), puede hacer lo mismo otra vez y conectar para encontrar su paradero y, por ende, el de Ake…

Doble Proceso

Lejos de allí, en el capturado atrio de la Athena, Braka monta para todo el cuadrante una farsa de juicio televisado (o lo que sea que equivalga a ello en el siglo XXXII). La acusada es, desde luego, Ake, en tanto que él oficia como fiscal y designa como jueza a Anisha en la segura convicción de que descargará todo su odio en el veredicto y consecuente sentencia.

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Braka pronuncia una encendida arenga llamando a los olvidados y marginados a levantarse contra la Federación. Cuenta una historia de su niñez y de cómo la colonia minera en que se crió era permanentemente desatendida mientras las naves de suministros les pasaban por encima. Su padre, dice, intentó llamar la atención creando un arma y disparando contra una de dichas naves, pero falló y la respuesta de la Federación fue devastadora, arrasando la colonia con fuego rojo y sobreviviendo solo ocho, entre ellos él…

Nahla escucha con aprehensión, pero a la vez con desconfianza, pues el resentimiento de Braka parece sincero, pero solo de acuerdo a su propia percepción de cómo sucedieron las cosas. Objeta que jamás la Federación abrió fuego contra civiles y él, desde luego, lo desdeña por falso. Lo que queda claro es que Nahla no es la única juzgada, sino toda la Federación.

Ake es puntualmente interpelada por sus actos contra Anisha y, sobre todo, por haberla separado de su hijo. En su defensa, dice que de ese modo logró mantener al niño con vida y trae a colación que el motivo que llevó a ello fue que tanto Braka como Anisha mataron a un piloto y, al hacerlo, destruyeron una familia. El argumento parece por un momento poner el balón en el otro campo y hacer mella en Anisha que, después de todo, la acusa de algo que ella también hizo.

Pero cuando llega el momento del veredicto, todos los rencores vuelven a salirle a esta a flor de piel y solo acepta que quien le provocó semejante daño acabe sufriendo cada día en consecuencia. Determina pues culpabilidad y Braka celebra alborozado. Resta la sentencia, pero en ese momento hay noticias de que alguien ha llegado en soledad pidiendo asilo y, para sorpresa de los tres, es Caleb…

Pidiendo la palabra (este juicio es raro), el muchacho habla de cómo encontró un objetivo de vida en la Flota y en las personas que allí aprendió a valorar, pero la cosa se pone más técnica cuando Nahla le pregunta qué tan posible es, de acuerdo a su conocimiento y experiencia, que la colonia minera haya sido aniquilada con fuego rojo. Caleb responde que el fuego de la flota es verde o azul y, si en aquel caso fue rojo, lo más probable es que se debiera al estroncio que en la colonia extraían. Lo que produjo la masacare, pues, no fue la Flota sino el arma construida por el padre de Braka, que seguramente utilizaba estroncio como fuente de energía por ser la única allí disponible.

Braka enloquece y cierra sus oídos cuando Ake intenta hacerle entender que lo que en aquel momento percibió no fue real sino una imagen distorsionada por su mente de niño. Y pregunta a los presentes (prácticamente dibujados durante todo el juicio) si están dispuestos a seguir a alguien que solo es guiado por su fanatismo.

Uno a uno, los eventuales aliados de Braka comienzan a retirarse y ello pone aún más furioso a este que, fuera de sí, Braka toma el detonador (prácticamente un joystick) y lo acciona, pero nada ocurre. Ya los cadetes han logrado estabilizar el muro de minas e, instantes después, naves de la Federación hacen presencia a montones y Braka es capturado.

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Todo ha terminado. El peligro ha pasado y las cosas van volviendo a la normalidad. Por mucho que le cueste, Anisha, que se ha reconciliado con Nahla, entiende ahora a su hijo y acepta que quiera seguir en la Academia sin perjuicio de que mantengan contacto. El Doctor ya está bien, para alegría de Sam, y todo se apronta para la asunción de la nueva presidenta de la Federación en Betazed.

La lectura de bitácora, esta vez final y no inicial, está a cargo de Caleb, quien celebra el compañerismo y el espíritu de cooperación que ha encontrado en la Flota y, muy especialmente, en sus compañeros, en sus amigos…

Balance de Temporada

Las dos tramas principales del episodio final se han desarrollado básicamente en dos escenarios, pero ambas en la Athena, solo que en distintas partes. La primera, que fue la que más involucró a los cadetes, se puso por momentos excesivamente técnica en las explicaciones (admito que debí volver atrás un par de veces para poder más o menos seguirla), en tanto que la segunda fue una de las tantas historias de juicio para nada extrañas a la franquicia.

A modo de ejemplo y por citar algunos casos, podemos recordar Consejo de Guerra (serie original, 01×20), El Primer Deber (TNG, 05×19), Todas las Cosas Buenas (TNG, 07×25/26), Tribunal (DS9, 02×25), El Juicio (ENT, 2×19) o Ad Astra per Aspera (SNW, 02×02). Pero la lista es mucho más larga y hay varios episodios en los que, como aquí, el acusado es la humanidad. Y cómo olvidar, desde ya y si hablamos de juicios, al juez implacable y recurrente (por momentos insufrible, pero esa era justamente la idea) que fue Q antes de que terminara amigándose con Jean-Luc Picard (STP, 2×10).

Lo que sí puede parecer extraño es que, después de casi un milenio, los procesos judiciales sigan respondiendo prácticamente a los mismos lineamientos que les conocemos hoy. Y no terminé de entender quiénes eran todos esos que ocupaban las gradas, así como por qué pudo Caleb dar testimonio o, más intrigante aún, cómo diablos llegó allí en soledad. ¿En una lanzadera? ¿Y no la identificaron? ¿O se transportó sin que nadie le preguntara de dónde?

No me convence mucho tampoco la forma en que el juicio se definió. Enterarnos del pasado de Braka (¿por qué no se recurrió a flashback?) le quitó algo de su carácter de villano y lo terminó convirtiendo más bien en un niño con una rabieta (algo tampoco ajeno a Star Trek), lo que hizo que, aun cuando bien actuado por parte del siempre eficiente Paul Giamatti, el personaje haya terminado igual de caricaturizado que cuando le viéramos al comenzar la temporada.

También se sintió argumentalmente algo cobarde el deslindar finalmente de toda culpa a la Federación al haberse basado el caso completo en un error de percepción e interpretación infantil, cerrando así la puerta a cualquier autocrítica y a lo que podría haber sido un dilema moral interesante. En lugar de ponernos difícil tomar partido y obligarnos a debatir con nosotros mismos, se optó por el camino más fácil y tanto la Federación como la humanidad salieron sin mancha alguna ni pasado que revisar.

Lo bueno, eso sí, fue que el juicio permitió un duelo actoral formidable entre Holly Hunter y Tatiana Maslany, con la posibilidad de que esta última pudiera lucirse mucho más de lo que había mostrado hasta ahora en sus pocas apariciones. El verlas confrontar vale de por sí todo el capítulo, más allá de las mencionadas incoherencias del proceso judicial que las involucró.

En el otro escenario de la historia, el Doctor tuvo un importante papel a pesar de estar paradójicamente ausente la mayor parte del episodio y me encantó volver a ver el emisor portátil gracias al cual alguna vez lograra salir de la enfermería. Lo que no llego a captar del todo es cómo hizo el truco del engaño. Si lo que los Venari creyeron destruir era solo una versión holográfica del platillo de la Athena, ¿en dónde diablos estaba la verdadera y de qué modo logró esquivar los disparos? En fin, otro de los misterios que deja el capítulo o, por lo menos, lo es para mí…

Todos esos detalles hacen que no podamos decir que la primera temporada de Star Trek: Starfleet Academy haya tenido un cierre exactamente brillante. ¿Fue una decepción entonces? Tampoco: el que no haya estado a la altura de lo que venían siendo los anteriores episodios no significa que haya sido un desastre o que hayamos regresado al nivel de los primeros.

El capítulo final acaba siendo digno debido a las mencionadas actuaciones y a su componente emotivo, particularmente patente hacia el final pues, más allá de que todo termine demasiado bien (incluso sin cliffhanger), conmueve la reflexión final de Caleb y cómo encontró finalmente el verdadero espíritu de la Academia y de la Flota, pero fundamentalmente el de la cooperación y la amistad. Y eso es muy trekkie…

Contribuyó en tal sentido la increíble la magnífica banda sonora del episodio, con esas conmovedoras secciones de cuerdas que me trajeron recuerdos de las dos últimas temporadas de Star Trek: Discovery, en las cuales la música, justamente, fue uno de los puntos altos. E igualmente emocionantes me parecieron los créditos finales en modo anuario, con imágenes de los actores cuando eran niños: detalle exquisito…

En fin, se nos fue una temporada que, a riesgo de ser reiterativo de tanto que lo he dicho en estos análisis, encontró su rumbo a partir del cuarto episodio luego de dos bastante erráticos y un tercero para el olvido. La pregunta, que también me he hecho seguido, es si las mejoras no habrán llegado tarde y se hicieron las reparaciones cuando ya la casa cuando corría riesgo de derrumbe, pues la esencia trekkie parecía en aquellos primeros capítulos tan lejana que es posible (e incluso diría un dato certero) que muchos de los fans de la franquicia hayan en ese momento abandonado la serie.

Es por ello que la noticia de la cancelación despertó voces a favor y en contra, pero me dio la impresión de que las primeras fueron mayormente las de quienes, desde temprano, se bajaron de la nave o abandonaron la Academia. Entre las que manifestaron su pesar, en cambio y por ejemplo, estuvo la de William Shatner (que a los noventa y cinco años no se pierde nada y está atento a todo) y vaya si es palabra autorizada la de nuestro querido capitán Kirk.

Algunos se han quejado también del tono “woke” que la serie ha asumido, lo cual suele ser hoy en día crítica bastante frecuente y no solo con respecto a Starfleet Academy. Es cierto que muchas veces el mismo es llevado a la exageración y termina por ser demasiado obvio o incluso poco creíble, pero no me da la impresión de que eso haya ocurrido aquí.

No hay que olvidar que el carácter inclusivo formó parte de la franquicia Star Trek desde sus inicios, allá por los sesenta, cuando era transgresión y no moda. Si hay, por lo tanto, una franquicia contra la cual no vale la acusación de “woke” es justamente esta, la que prácticamente inventó el concepto en pantalla chica

El balance de esta primera temporada termina por ser para mí más que positivo y, aunque desde luego dé pena que solo nos quede una por delante, habrá que tratar de ver la mitad del vaso lleno y celebrar que al menos nos queda una. Ojalá que se esté a tiempo de dar a la serie un final digno. Nos encontraremos cuando llegue o, probablemente, para la cuarta temporada de Strange New Worlds que, aunque no tiene fecha definitiva, llegará en algún momento del presente año…

Hasta entonces y sean felices. Larga vida y prosperidad…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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