La tercera temporada de Star Trek: Strange New Worlds llega a su final con un décimo episodio que, titulado Nueva Vida y Nuevas Civilizaciones (como reza el célebre monólogo inicial tantas veces oído en la franquicia), nos trae emoción por partida doble con una triste despedida por un lado y el feliz inicio de una amistad que será icónica por otro. Creada por Akiva Goldsman, Alex Kurtzman y Jenny Lumet, la serie puede ser vista por Skyshowtime para España y Paramount+ para América Latina.
Hola otra vez, trekkies y no tan trekkies. Llegó a su fin la tercera temporada de Star Trek: Strange New Worlds y ello no puede sino ponernos tristes, habida cuenta de que, muy posiblemente, debamos esperar otros dos años por la cuarta. Fiel al estilo de la serie, que retoma con algunos episodios de diferencia tramas a las que en su momento diera inicio, el capítulo que hoy analizamos conecta directamente con el quinto (A través de la Lente del Tiempo, del cual pueden leer aquí el análisis de un servidor), lo que significa que volvemos a encontrarnos con los Vezda, esos a los que Pelia, en su momento, definió casi como el Mal mismo.
Pasemos pues a ver qué nos ha dejado este cierre de temporada no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.

Skygowan
Como no podía ser de otra manera tratándose del último capítulo de la temporada, la bitácora inicial corresponde a Pike, feliz de que Batel haya finalmente conseguido el trabajo que quería, pero a la vez triste de que les deje.
En la fiesta de despedida. Scotty cae con kilt, tartán y ajuar escocés por haberle sido dicho que había que ir “formal”, mientras Pelia dice que en algún momento les contará sobre “un doctor que viajaba en el tiempo” al que conoció: un gran guiño, pues todo fan de la ciencia ficción sabe de quién habla.
La’an pregunta a Chapel por la ausencia de Korby, anoticiándole esta de que se marchó hacia un planeta llamado Skygowan por coincidir el nombre de una ciudad con una palabra mencionada por el Vezda en aquel encuentro en Vadia 9. Está claro que sigue obsesionado con el asunto…
De inmediato, nos vemos trasladados a dicho planeta y el relato en off de Korby nos pone al tanto de que sus habitantes adoran a los Vezda como a dioses y que, habiendo él ganado confianza con el alto clérigo local, ha conseguido que este le permita ingresar en uno de los enormes templos romboidales que, como desafiando la gravedad, se yerguen sobre la ciudad.
En la Enterprise, de manera paralela, M´Benga y Scotty descubren alguna anomalía en el sistema de transporte, como si el Vezda hubiera logrado salir del mismo manipulándolo desde adentro para luego reconstruir, a partir de copias de seguridad, el cuerpo de algún fallecido que le sirviese de envase a los fines de escapar. Revisando los datos, descubren que el cuerpo coincide con el del alférez Gamble y seguidamente vemos cómo, en Skygowan, Korby es recibido en el templo por un sacerdote enmascarado cuyas vacías cuencas no dejan dudas de quién es…
Portal
La cuestión es que el Vezda ha escapado y se halla en el cuerpo de Gamble, lo cual coincide con que han dejado de llegar mensajes de Korby, poniendo ello en alerta a Chapel y los demás.
¿Y cómo ha logrado llegar al otro extremo del cuadrante? Spock explica que, de acuerdo a los descubrimientos hechos en Vadia 9, los Vezda contaban con tecnología capaz de acortar distancias de manera interdimensional y, probablemente, el fugitivo se haya valido de la misma para aprovechar una Línea-Ley por la cual pasaron hace cinco días y coincidiría con una antigua ruta que conectaba dicho planeta con Skywgowan. Que hayan podido deducir todo eso se ve tan complicado como entenderlo…
Lo importante, de todos modos, es que Pike ordena poner rumbo a Skygowan y, dado que la civilización que allí reside es pre-warp, enviar una misión encubierta de la que formarán parta Una, La’an, Chapel y M´Benga (¿Korby se había entonces saltado la Primera Directiva o estaba también encubierto?).
Batel, que supuestamente debía incorporarse a su nuevo trabajo, dice que ya habrá tiempo para hacerlo y prefiere acompañarles, pues después del enfrentamiento con el Vezda, explica a Pike, siente suya la responsabilidad de detenerlo, como si fuera su destino.
Ya en el planeta y ataviados como locales, M´Benga y Chapel provocan una distracción en los guardias del templo y La’an les pone a dormir con… ¡el pellizco vulcano! No sabemos cómo ni cuándo lo aprendió, pero Chapel tiene un acceso de celos por considerar que probablemente Spock le haya enseñado una ancestral habilidad vulcana que a ella no…
Acaban encontrando a Korby y comprueban que el Vezda se comporta entre los locales como un líder mesiánico, hablándoles en una lengua que parece mezcla de griego y latín (ya en Vadia 9 habían hallado textos en idiomas de la Tierra) e incluso logrando de ellos tal devoción que hasta les hace destruirse un ojo en una de las escenas más gore que haya dado la franquicia.
Korby les lleva a ver un portal sobre el cual hay inscripciones que, cotejándolas con las de Vadia 9, hacen suponer que podría también allí haber esferas de contención para atrapar a los Vezda. Lo extraño (o no para esta altura) es que Uhura y M´Benga reconocen la lengua como suajili y, según este último, las inscripciones narran la historia de un niño que debió hacerse adulto matando con cuchillo. No es ningún mito: es su propia historia, pues cuenta que a los doce años debió matar por primera vez a un atacante de su colonia…
Una le pregunta cómo es posible que ello esté escrito a tantos años luz de distancia del mundo en que ocurrió y M’Benga le repregunta si cree en el destino: fue él quien envió a Gamble en aquella misión que acabó con el joven poseído por el Vezda y siente que, por alguna razón y en relación con ello, estaba escrito que estuviera allí.
De pronto y como confirmando sus palabras, un rayo lector reconoce su rostro identificar su rostro y el portal se abre. M’Benga prefiere entrar solo a buscar uno de los orbes, pues no ve necesidad de arriesgar al grupo completo. Una, sin embargo, lo desautoriza, pero de todas maneras no hay tiempo de nada porque Gamble aparece de y empuja al médico consigo al otro lado del portal tras dejar inconscientes al resto del grupo…

Memoria Genética
Traspuesto pues el Portal, adentro hay una estatua que recuerda a la que estaba en Vadia 9 y a la que Gamble identifica como Observador. Según dice, los Observadores construyeron precisamente el portal para que nadie pudiera atravesarlo en soledad, razón por la cual necesitaba a M´Benga para hacerlo. El lugar es una prisión y ahora, afirma, el Observador morirá y él liberará a los otros Vezda allí recluidos para llevarlos a Vadia 9, donde les aguardan sus futuros cuerpos.
Al arrojar un haz de energía contra la estatua, algo pareciera restallar en la cabeza de Batel a bordo de la Enterprise mientras sus ojos se vuelven intensamente blancos y luminosos. Revisada en la enfermería, Chapel descubre que su patrón biológico coincide exactamente con el de la estatua de Vadia 9 y, al preguntar Pike si ello significa que está conectado a la misma, le responde que en realidad Batel es la estatua…
Pike replica que no tiene sentido, pero para Batel tiene todo el sentido del mundo y lo relaciona con el componente gorn que ha recibido, así como con la sangre ilyriana y la Flor Quimera, quizás un compendio del saber y experiencia de las especies que en otro momento lucharon contra los Vezda: una especie de memoria genética de aquellos que en el pasado los enfrentaron y que, por lo tanto, saben cómo hacerlo.

Batel, en pocas palabras, se ha convertido en el Observador y lo siente como su verdadera función por encima de cualquier capitanía o puesto en el Consejo de la Flota. Pike, que no sale de su consternación, no puede aceptarlo porque ello podría significar perderla para siempre pero, tomándole la mano, ella le explica que siente que es su destino y todo condujo al mismo: el efecto antes que la causa, como afirma Spock que a veces pueden darse las cosas en el espacio-tiempo interdimensional.
Lo siguiente que debe hacer es pues derrotar al Vezda, pero para ello debe trasladarse a Skygowan y Pike solo se lo permite si lo hace con él. Transportándose entonces ambos, llegan ante el portal y descubre que solo se abre con las firmas biológicas combinadas de M´Benga y el Vezda: malas noticias…
Fusión Mental
Anoticiada en la Enterprise, Una llega a la conclusión de que el portal podría ser abierto con una cantidad de energía semejante a la del Sol de la Tierra, lo cual es un problema porque los fáseres de la nave solo pueden generar la mitad de la misma. La solución estaría pues en conseguir otra nave y que los fáseres actúen de forma complementaria.
Van entonces en busca de James T. Kirk para convencerlo de sumar a la Farragut, pero allí no termina la cuestión, sino que ambas naves y, por ende, ambos pilotos deben estar perfectamente coordinados pues dirigir los fáseres hacia el portal con una mínima diferencia de un milisegundo podría simplemente acabar con el planeta.
Intrigado Kirk acerca de cómo lograr tal sincronización, Spock le propone la fusión mental vulcana. Kirk está lleno de dudas pero acepta, aunque antes de comenzar le dice que no lo juzgue por lo que hizo en aquella luna de Orion y que lo llame Jim. Muy fuerte desde lo emocional. Perdón que haga un alto…
La Luz en la Oscuridad
Bien, aquí estamos de vuelta. Fusionadas entonces las mentes de Jim y Spock al punto de hablar al unísono, la Enterprise y la Farragut se mueven en perfecta sincronía, describiendo el momento Pelia como “casi poético”. Disparados ambos fáseres, el portal se abre, tras lo cual Pike y Batel caminan hacia la luz…
Al otro lado, se encuentran con M´Benga y Pike reconoce el lugar como Vadia 9. Gamble hace presencia anunciando la liberación de sus compañeros y Batel se retuerce con cada ataque a la estatua hasta que de pronto sus manos cobran luz y el escenario cambia…
Ella y Pike se hallan en la cabaña donde todo comenzó y vemos comprimida en pocos minutos la vida que podrían haber tenido juntos y ya no van a tener. Llegado cierto punto, tienen una hija y él debe partir a la misión de la cual sabe que no regresará bien, lo que, obviamente, lo llena de aprensión y lamenta tener que ser en el futuro una carga para su familia. Golpean a la puerta y April viene a buscarle…
Sin embargo, le vemos después regresar perfectamente y en una pieza. Batel no sale de su alegría pero él está confundido y no puede entender qué ha pasado: no ha habido derrame radiactivo ni estallido ni accidente. Batel aventura que quizás los sucesos de Skygowan hayan cambiado todo…

La vida sigue y ambos están mayores mientras su ya crecida hija les anuncia su compromiso con el hijo de April. Y, ya ancianos, le vemos a él al lado del lecho de Batel mientras se aproxima para esta el momento de la despedida final, pero golpean la puerta y esta vez es Gamble, encontrándose todos nuevamente en la cámara de la estatua…
Gamble destruye la misma y libera a los Vezda, que comienzan a revolotear en escena que remite a Los Cazafantasmas y En Busca del Arca Perdida. Pero Batel no se intimida y los ojos se le vuelven a poner Batel blancos mientras las criaturas son atraídas una a una hacia las esferas. Gamble no entiende qué está ocurriendo y Batel le explica que ella no es solo el Observador sino también, justamente, Marie Batel. Y el amor que lleva en su interior está derrotando a la oscuridad…
El cuerpo de Gamble estalla y se deshace mientras la horrenda y fantasmal criatura es arrastrada hacia la esfera, que se cierra con él adentro. Pike mira en derredor y comprueba tristemente que Batel ya no está y la estatua del Observador luce ahora entera y reconstituida…
La Memoria es el Presente
La bitácora final vuelve a estar a cargo de Pike, quien nos cuenta que los habitantes de Skygowan se están recuperando mientras en la Enterprise pareciera haber sido todo un mal sueño colectivo. Kirk está jugando ajedrez con Spock y lo vence, significando ello que la fusión mental les ha abierto mutuamente a los secretos de ambos, tal es así que el vulcano ahora sabe qué pasó en aquella luna y, de hecho, celebra que no haya habido que lamentar víctimas fatales.
La’an viene a buscar a Spock y Kirk menciona la “clase de baile” mientras ella maldice la fusión vulcana. Spock le dice que quizás algún día puedan tripular una nave juntos (vaya si sabremos que será así) y probablemente terminen siendo amigos.
Chapel, en tanto, se despide de Korby, que no aprende más y dice que seguirá profundizando en sus investigaciones sobre los Vezda ahora que están encerrados. Ella entiende y lamenta que las cosas nunca serán fáciles entre ellos y él replica que lo fácil no es interesante. Antes de irse, le entrega un mapa estelar que ha encontrado y en el que figuran montones de planetas de los cuales nunca han hablar.
Pike, entretanto, reflexiona en off sobre los afectos que dejamos atrás y lo doloroso de haber amado profundamente a alguien para que, de un momento a otro, no le veamos más. Sin embargo, dice que aquellos a quienes hemos amado no se van realmente, sino que su memoria es parte del presente y el tiempo, como dice Spock, no es un concepto lineal.
En la escena final, le vemos ubicarse en el puente de mando y, buscando superar su tristeza, da orden de comenzar a explorar los mundos del mapa entregado por Korby. La’an dice que hay suficientes para una misión de… cinco años. ¿Esperaban acaso un número diferente?
Balance de Temporada
Estoy temblando todavía de lo fuerte que, desde lo emocional, ha sido este capítulo de cierre de temporada, en el cual algunas historias, como la de Pike y Batel, se cierran, mientras que otras, como la de Kirk y Spock, comienzan. En un caso nos conmueve saber que no tendrán un futuro juntos y en el otro, por el contrario, saber que así será, dando inicio a la que es sin duda la amistad más fuerte de la franquicia y una de las más icónicas tanto para la ciencia ficción como para el medio televisivo en general.
Pero primero a lo primero, pues hay que decir que, en contraposición a su parte emocional, el capítulo no ha funcionado igual de bien en lo argumental. Y diré algo: debería haber sido doble, quizás encabalgado entre la tercera y cuarta temporada. Sé que varios me estarán insultando a la luz de lo mucho que hemos tenido que esperar por la resolución final de Hegemonía, pero no pueden negarme que ese episodio tuvo un cierre perfecto mientras que el que nos ocupa se vio sobrecargado y con escaso lugar para los climas y la contemplación a las que solo puede dar lugar la pausa.
Demasiadas explicaciones científicas y no del todo convincentes justamente por lo escuetas mientras que, paradójicamente, la trama principal se resolvió con elementos a mitad de camino entre lo mágico y lo espiritual. Y cuestiones, asimismo que no quedan explicadas del todo: ¿por qué era M´Benga el elegido? ¿Y por qué era el destino de Batel convertirse en el Observador? La rapidez con que ella cae en la conclusión de que la causa estaba en la fusión de las culturas que han enfrentado a los Vezda es digna de una novela de Dan Brown.
El propio Pike, parafraseando a Arthur C. Clarke sin mencionarlo, recuerda aquello de que la ciencia muy compleja acaba siendo magia (pensamiento hace poco adjudicado erróneamente a Isaac Asimov en la serie Alien: Planeta Tierra). Pero si vamos a meter la magia en una franquicia que le es prácticamente ajena, hay que entender que la misma debe ser igual de lógica que la ciencia, más allá de que se trate de una lógica diferente.
Aquí, por el contrario, mucho de lo visto termina siendo deus ex machina, desde el método del Vezda para escapar de la Enterprise y llegar a Skygowan hasta el recurso al amor de que echa mano Batel para derrotar a la oscuridad y que, definitivamente, no suena muy trekkie…
Quizás todo ello hubiese funcionado mejor, repito, en el contexto de un capítulo doble que permitiera las pausas necesarias para que la explicación nos convenciese, pero así, en formato único y dando cierre a la temporada, todo se ha visto apresurado y apretujado, siendo demasiadas las cosas que se buscaron contar en algo menos de una hora. Y cuando ello ocurre, es probable que las explicaciones se terminen perdiendo en algún agujero de gusano…
No es que el capítulo no haya tenido méritos. El trabajo de vestuario con el grupo encubierto desembarcando en Skygowan ha sido formidable. Y el guiño de Pelia a Doctor Who nos ha dejado una idea tintineándonos en la cabeza: ¿comparten Star Trek y Doctor Who un mismo universo? Ya en el sexto episodio habíamos tenido, por cierto, un fugaz cameo de la Tardis, lo que nos lleva a la siguiente pregunta: ¿se viene crossover? Dejémoslo de momento allí, pues a quienes amamos ambos universos nos late el corazón demasiado rápido ante la sola idea y es peligroso…
Y ya que hablamos de emociones, es allí donde reside la fuerza principal de este episodio de final de temporada. Ver la historia compartida que Pike y Batel podrían haber tenido fue tan conmovedor como desgarrador y en un momento se me cruzaron imágenes de aquel magnífico e inolvidable capítulo de Star Trek: The Next Generation que fue La Luz Interior (5×25), en el cual Picard vivía una completa vida alterna sin saber que todo había ocurrido en un instante y que, al parecer, no había sido real.
Pero tanto allí como aquí los límites entre lo que es real y lo que no se vuelven difusos, al punto de que nos cuesta decir si lo de Pike y Batel fue una visión o, por el contrario, lo vivieron y fue el legado final que ella le dejó antes de despedirse. Esa ambigüedad es lo que le da encanto.
Y el que alguien, como en este caso Batel, acabe renunciando a su simple vida mortal en pos de una existencia superior no es algo nuevo en la franquicia. Basta recordar la historia de Ilia y Decker en la película de 1979 o, en esta misma serie, el momento en que M´Benga debió despedir a Rukiya al pasar esta a ser un ente nuevo y diferente.
De lo que no caben dudas es de que el arco de Pike ha dado lugar a la mejor actuación de Anson Mount. Lo suyo ha sido realmente superlativo: en todo momento nos creímos sus dudas y su dolor por tener que dejar atrás a quien amaba. Nos quedan por suerte dos temporadas más para seguirle viendo, pero sí que vamos a extrañar y mucho a este capitán…
La otra carga emotiva fuerte vino, desde luego, por el lado de Kirk y Spock. Algo se nos aflojó cuando el primero pidió al segundo que le llamase Jim o cuando les vimos jugar ajedrez. Y la fusión mental ayuda a entender el vínculo y la química que tendrán después, los cuales pasan a ser lógicos si han estado cada uno en la mente del otro. En un capítulo que, a diferencia de otros, no se ha destacado por su verosimilitud, ese detalle ha contribuido paradójicamente a hacer verosímil la más icónica amistad de la franquicia: gran mérito…

En fin, se nos ha ido la tercera temporada de Star Trek: Strange New Worlds y si bien nos pone tristes saber que el final definitivo de la serie está más cerca que antes, no podemos al mismo tiempo dejar de sentirnos felices por saber que nos quedan por delante otras dos para seguir viviendo aventuras y más ahora que están embarcados en una nueva misión de cinco años (qué gran detalle ese). Es más: me atrevería a decir que, por esta vez, a muchos no nos molestaría una larga pausa entre temporadas si eso nos deja más lejos del definitivo final.
Es cierto que los últimos cuatro episodios no han estado a la altura de los seis primeros, pero SNW ha demostrado seguir siendo la serie más audaz de la franquicia al atreverse a transitar territorios poco o nada explorados y si bien es cierto que el cierre fue algo apresurado y confuso, el componente emotivo vuelve a dejar a la serie por lo alto de frente a lo que se viene, ya que este capítulo nos ha calado en lo más hondo.
Y si, como dice Pike, nuestra memoria es también nuestro presente, no me cabe duda de que esta serie nos seguirá acompañando aun cuando ya no exista, más allá de que la franquicia nos traiga otras series como Starfleet Academy (aquí tráiler) o (cada vez más evidente) la de los primeros años de Kirk al mando de la Enterprise.
Les espero para la cuarta temporada o donde sea que el universo trekkie nos encuentre antes, pero seguramente donde nadie haya llegado jamás. Hasta entonces y sean felices. Larga vida y prosperidad…




Este episodio me ha dejado un sabor agridulce, por un lado vemos como se van forjando las amistades con la futura tripulación de Kirk, en el episodio anterior Scotty y ahora Spock, pero por otro lado el sacrificio de la capitana Batel para salvar a la humanidad (con la muerte anteriormente de la Gorn sin que Laán preguntara siquiera). Y esas escenas de la vida que no tendrán ambos también me recordaron como apuntabas a Picard, pero en el Nexus teniendo una familia que nunca tuvo. Mi mayor duda es, si Pike ya conocía a Vina, ¿donde encaja esta? ¿Estuvo enamorado de Vina? la serie original no habla nada de la capitana Batel porque Pike fue introducido después de su accidente.
Hopla Joseluis, gracias por comentar… Sí, las sensaciones son encontradas, pero me resultó tan emotivo que no puedo sino darle un balance positivo: lo de Kirk y Spock fue demasiado fuerte. Con respecto a lo de la gorn, creo que va a traer consecuencias a la larga, pues ya hemos visto que esta es una serie que retoma sus tramas a veces varios episodios después.
Creo que no llego a entenderte bien lo de Vina. ¿Por qué dices que ya la conocía? ¿No la conoce por primera vez en La Jaula o recuerdo mal? Acláramelo, por favor…
Un saludo y gracias por el aporte!
Hola Rodolfo, si, como dices la conoce en La Jaula, pero en la 2º temporada de Discovery Spock y Michael van a Talos IV para “arreglar” la mente de Spock y recuerdo que al final llega Pike al planeta y tiene una conversación con ella, con Vina, eso me hace creer que La Jaula sucede cronológicamente antes que la 2º temporada de Discovery. Mas tarde tendrá una relacion con Batel, olvidando a Vina, supongo, hasta llegar al final que todos conocemos.
Hola otra vez Joseluis: aaaaah, ahora te entiendo. No relacionaba con la segunda temporada de Discovery. Es verdad lo que dices! De ser así, pareciera que Vina hubiera quedado totalmente olvidada. Gracias por el aporte!
Me quedé pensando en la frase Arthur C Clarke. Y es extraño porque yo también lo adjudicaba a Asimov, no como una sentencia que el haya hecho como pensamiento o análisis, sino como parte de una explicación en uno de los relatos de Fundación. Allí creo haber entendido lo mismo cuando un personaje va a un mundo donde la tecnología se había perdido digamos, y llevando algunos artilugios tecnológicos hacía creer que eran mágicos. No es que lo recuerde exactamente pero esa es la idea que perdura en mi mente. Perdón que el comentario no tenga que ver con la serie, pero me quedé pensando en ello.
Hola Diego: gracias por comentar. En efecto, la frase podría perfectamente encajar en varias de las historias de Asimov y cobrar una significación muy semejante al sentido original que tiene, pero expresada así, en esa forma literal, es de Arthur C. Clarke y se desprende de un ensayo suyo de 1973. Y tal vez para aumentar la confusión, suele ser citada como Tercera Ley de Clarke, lo que podría llevar a muchos a vincular con las Leyes de la Robótica de Asimov. No hay dudas, de todas maneras, de que ambos autores compartían muchos puntos de vista y allí tenían una coincidencia más allá de que la frase en sí, repito, sea de Clarke.
Un saludo y gracias por los aportes de siempre! Larga vida y prosperidad