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Análisis de Star Trek: Strange New Worlds. Temporada 3. Episodio 2

La tercera temporada de Star Trek: Strange New Worlds se ha estrenado esta semana para España por Skyshowtime (para Latinoamérica un par de semanas atrás por Paramount+) con dos episodios de un tirón. Habiendo ya analizado al día de su estreno el primero de ellos (Hegemonía Parte II), que era el cierre del que había quedado inconcluso al final de la temporada anterior, hacemos ahora lo propio con el segundo, cuyo título es El Blues de las Campanas Nupciales.

Hola otra vez, trekkies y no tan trekkies. Lo prometido es deuda y aquí estamos estamos para analizar el segundo episodio de esta tercera temporada de Star Trek: Strange New Worlds después de haberlo hecho apenas días atrás con el primero.

Si no los hice en un solo artículo es, en primer lugar porque Hegemonía Parte II merecía un tratamiento aparte al venir a cerrar un capítulo doble, pero también porque el tono del episodio que nos ocupa es radicalmente distinto, marcando un contraste que va en consonancia con el espíritu de la serie original.

Además, termina de dar confirmación a uno de los mayores motivos de especulación que por décadas ha hecho pensar a los fans de la franquicia y que guarda relación con dos icónicos personajes de la misma. Pero no nos adelantemos y pasemos a hacer el desbroce de lo que hemos visto, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden echar ojo aquí a nuestros análisis previos.

Alucinación Colectiva

Comenzamos con relato en off de Spock poniéndonos al tanto de que las heridas del enfrentamiento con los gorn han ya mayormente sanado para la tripulación de la Enterprise cuyos miembros, llegados a la Base Estelar Uno, se aprontan para una gala que prepara Pike con motivo de los festejos por el centenario de la Federación.

Batel está ya recuperada y las crías gorn reabsorbidas (puaj). Pike lamenta que, siendo capitana, le asignen de un momento a otro una nueva nave y tenga que dejarlos, pero se disculpa al advertir que le puede estar condicionando su libertad y futuro. Ella, no obstante, desdeña el asunto y sonríe diciendo que le encantará mudarse a sus aposentos. ¿Se queda en la Enterprise entonces? No me queda del todo claro…

Hablando de futuros inciertos, Chapel está regresando de su viaje por la beca y ello abre una incertidumbre para el alférez Gamble (Chris Meyers), que es quien la ha estado suplantando en la enfermería. M´Benga le deja sin embargo claro que quiere que siga allí, así que quizás ya tengamos dos nuevos miembros en la tripulación de la Enterprise.

Pero el pronto arribo de Chapel pone especialmente ansioso a Spock, a pesar de que ella le dejara en claro antes de irse que ya no debían pensar en sí mismos como pareja. Recibe lecciones de baile de salsa por parte de La’an, quien tiene problemas para lograr que haga “fluir sus hombros” ya que, acorde a su lógica vulcana, él sigue exactamente los parámetros de la danza sin ponerle alma.

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Ella dice que soñó con ser bailarina alguna vez… antes de los gorn, por supuesto, con quienes por otro lado siente que ha logrado en alguna medida extirpar un trauma del pasado por la reciente victoria sobre ellos. En cuanto a la inminente llegada de Chapel y sin decirlo directamente, le deja entrever a Spock que quizás no debería ya depositar demasiadas esperanzas en esa relación.

Spock espera a Chapel con un libro como regalo, pero cuando llega lo hace en compañía de un tal Roger Korby (Cillian O´Sullivan), quien al parecer es un gran especialista en medicina arqueológica y ha escrito unos cuantos tratados al respecto (exactamente doscientos treinta y cuatro, según Spock), pero el chorro de agua helada llega cuando Chapel lo presenta como… su pareja.

La expresión de Spock se trastoca por completo, a pesar de lo cual deja en manos de ella el libro que le llevó y que es una joya arqueológica. Hablando luego en privado, le manifiesta su sorpresa de que haya decidido tan pronto estar con alguien cuando había justamente dicho que necesitaba tiempo para estar sola. Ella no puede dar una explicación clara…

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Descorazonado, Spock se dirige al bar y se encuentra con un bartender vulcano (Myles Dobson), que le ofrece un trago diferente para olvidar penas. Se retira luego a dormir y cuando despierta (con un chasquido de dedos conocido para quienes seguimos la franquicia), todo está distinto. Chapel está a su lado y en la Enterprise hay preparativos para una gran fiesta, pero extrañamente no es por el centenario de la Federación sino por una boda y, más extraño aún, no entre Chapel y Korby, sino entre… Chapel y Spock.

Y quien está a cargo de los preparativos es el estrafalario y verborrágico personaje de la barra del bar, que hace a la vez de organizador, maestro de ceremonias y vestuarista. Ya para esta altura tenemos serias sospechas sobre quién pueda ser o con quién estar relacionado pero, claro, los personajes de la serie no tienen esa posibilidad…

Y Spock, por otra parte, no nota nada raro: es como si siempre hubiera sido así y, por los corredores, todos hablan de la boda y le dan sus felicitaciones. Por un momento se nos cruza que pueda ser un sueño, pero ya veremos que no…

Al único que se ve incómodo es a Roger, quien ya no es novio de Chapel sino asistente del exótico organizador y ninguneado permanentemente por este. El caso es que él sí recuerda cuál era la situación antes de que todo luciera distinto y la tripulación comenzase a comportarse como en una alucinación colectiva. Y encima tiene que soportar ver a Spock y Chapel enamorados con el vulcano recordándole a ella el poema de Neruda que alguna vez le recitara cuando la realidad es que fue él quien lo hizo.

Habida cuenta de ello, va a ver a Spock e intenta hacerle recordar, pero sin éxito. Y cuando sugiere que Chapel se enamoró de él despues de que le recitara el poema antes mencionado, el vulcano, impulsivo pero a la vez frío como un refrigerador, le aplica un puñetazo al rostro. Ese golpe, sin embargo, sirve para que todo cambie y no en Roger sino en Spock, que ahora recuerda todo…

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Futuros Conocidos

Spock no está seguro si su reciente cambio se haya debido al golpe en sí o al hecho de ser confrontado con la verdad por Roger. Probando ambas opciones, van primero a ver a Samuel Kirk y Spock le pide que lo golpee, a lo que el oficial responde que no se perdonaría dejarle un ojo morado de frente a su boda. Prueban entonces irle con la verdad a Pike, pero nada: sorprende al vulcano con una despedida de soltero…

Se dedican pues a investigar, ya que es obvio que hay algún intruso a bordo generando la alucinación. Sabiendo que a la fiesta asistirá toda la tripulación de la Enterprise más unos ciento siete invitados, preguntan al ordenador si hay alguien más por fuera de ellos y, en efecto, hay uno…

Van a ver pues al ahora ex bartender y le echan en cara el engaño a que les está sometiendo. Jocoso y jactándose de su omnipotencia, responde con un chasquido que hace temblar la nave y encender las alertas, seguidos por otro que reduce a Spock a un tamaño capaz de entrar en un frasco. Un chasquido más y se hallan en plena ceremonia nupcial con Spock vuelto a tamaño natural y a punto de dar el sí ante Chapel.

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Entre los asistentes, Roger intenta oponerse y es de inmediato convertido en bulldog. Mirando a los ojos de Chapel, Spock comienza a recitar a Neruda y pronuncia una cita haciendo referencia a las últimas palabras que la madre de ella le dijera antes de morir y que no podían ser por él conocidas.

El engaño cae y el sujeto anuncia que todos van a morir, pero irrumpe desde el espacio exterior un globular resplandor azul del cual emana una voz que rápidamente identificamos como la de John de Lancie, es decir Q. Esa era justamente una de las posibilidades que habíamos barajado, pero en realidad (y aunque no se lo llame por el nombre) es su hijo Trelane, al que su padre viene a regañar por sus travesuras.

Este último se justifica en que le molestó ver a Korby excavando y yéndola de inteligente y apuesto en su planeta natal, pero no convence a Q, que le exige liberar a todos del engaño. Y así, tras un chasquido de dedos que el “niño” (en realidad tiene más de ocho mil años) acepta a regañadientes, padre e hijo escapan como resplandores azulinos hacia el infinito.

Vuelto pues todo a la normalidad, está claro que ya no hay esperanzas con Chapel para Spock. La’an se acerca a consolarlo y él dice que no se arrepiente. Ella termina invitándolo a bailar y se mezclan con todo el resto en la pista al son de “Wake Me up before You go go” del dúo Wham!, mientras se aprecia que los hombros de Spock fluyen mejor…

La única que está rara es Ortegas que, recuperada la parte faltante de su mano, abandona la pista y se dirige al gimnasio para moler a golpes el saco de boxeo.

Cuando termina, se mira al espejo y por detrás de ella ve dibujarse la silueta de un gorn…

Balance del Episodio

Si algo caracterizaba a la serie original de los sesenta era la diversidad de tono entre sus diferentes capítulos.

Podían ser dramáticos y bordear lo existencialista, como La Ciudad en el Límite del Tiempo (1×28) o La Máquina del Juicio Final (2×6), como también asumir tono de comedia en La Época de Amok (2×1) o Los Tribbles y sus Tribulaciones (2×15).

Las series que vinieron después, sin desmedro de calidad, fueron en general más uniformes: TNG, por ejemplo, tenía un tono más “serio” (aun cuando pudieran filtrarse toques de comedia) y Lower Decks uno más humorístico. Quizás solo DS9 haya jugado algo más con aquella ambivalencia original y, de hecho, el episodio que aquí analizamos me hizo recordar bastante a esa serie al desarrollarse íntegramente con la Enterprise atracada en una estación espacial.

Pues bien, SNW recupera esa esencia. Ya lo ha demostrado en las temporadas anteriores (¿cómo olvidar ese crossover con Lower Decks que debe estar entre lo mejor de la franquicia?) y vuelve a hacerlo aquí con un capítulo ligero y divertido que se contrapone por completo a la oscura intensidad del anterior. Prácticamente una comedia de situación en la cual el enredo principal se deriva de situaciones y personajes altamente conocidos para los amantes de la franquicia.

Siempre es hilarante ver a Spock sacado de contexto y me arrancó un par de sonrisas verle intentar bailar salsa de modo rígido y casi mecánico o, por el contrario, dejar fluir sus hombros en el final. Ambas situaciones son igual de graciosas, como también verle estrellar un puñetazo contra el rostro del galán competidor sin que el suyo mueva siquiera un músculo. Y a pesar de ello, la trama ha sido importante para el desarrollo del personaje, que ha debido hacer un importante renunciamiento y aceptar realidades a fines de dejar partir y seguir con su vida, una que ya no involucrará a Chapel.

Y si hablamos de cambios en personajes, vemos distinta a La’an, lo cual demuestra que su trauma con los gorn pareciera haber quedado en el pasado; otra de las heridas que ha sanado en referencia al relato en off de Spock al inicio del capítulo.

Todo lo contrario de lo que pareciera venirse para Erica Ortegas que, a juzgar por la última escena, es quien ahora se verá atormentada por la sombra de los reptiles alienígenas que, de algún modo, están ejerciendo influencia sobre ella: por algo se marchó de la fiesta. Y hablando de ella y de la fiesta, ¿qué fue ese coqueteo entre su hermano Beto y Uhura? Allí puede haber también en puerta un posible romance que quedará inevitablemente trunco…

Pero el dato más importante para el mundo trekkie es que El Blues de las Campanas Nupciales ha dado respuesta a uno de los interrogantes que más ha movido a especulación durante más de tres décadas de franquicia, como la supuesta relación filial entre Q y Trelane que, aun cuando ninguno de ambos haya sido llamado por su nombre, las referencias son más que obvias.

Recordemos que Trelane apareció por primera vez en la serie original y Q lo haría dos décadas después en TNG. El carácter excéntrico, caprichoso y juguetón de ambos hizo que los fans consideraran siempre la posibilidad de que estuvieran emparentados o que, al menos, Trelane fuera también parte del complejo Q.

El capítulo ha sido lo suficientemente ambiguo y sutil para no decirlo del todo, pero pocas dudas caben y más cuando la voz del padre que viene a buscar a su hijo es la de John de Lancie, quien diera vida al icónico personaje de Q en TNG y en otras series que fueron llegando más tarde.

Seguramente cabrá la pregunta sobre si ello no va en contra del canon, porque se supone que Q no tendrá hijos hasta el siglo XXIV o, al menos, no tendremos noticia de ello antes. Pero no olvidemos que es capaz de viajar en el tiempo y presumiblemente también su hijo. Quizás lo que pueda haber sonado más forzado haya sido el motivo esgrimido por Trelane para arruinarle la vida a Roger, pero tampoco hay que olvidar que, a pesar de sus ocho mil años, es un niño y, como tal, no exento de caprichos, rabietas o furias del momento.

En fin, un capítulo muy divertido que baja un poco la intensidad del doble anterior para tal vez relajarnos ante lo que parece venirse, pero no la calidad de la serie que sigue siendo alta y, después de todo, no está escrito en ningún lado que las tragedias de Shakespeare sean necesaria e inevitablemente superiores a sus comedias.

Les espero para analizar el tercero. Hasta entonces y sean felices. Larga vida y prosperidad…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.
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3 COMENTARIOS

  1. Un episodio muy simpático para relajarnos después de toda la intensidad del episodio anterior. Curioso que el supuesto Q, con la voz de John de Lancie, en castellano han respetado la misma voz que tuvo en Picard, sea solo una nube y no se muestre físicamente, pero creo que sin duda es él aunque hasta La Nueva generación no le veamos. En este capítulo he visto a La’an más guapa que nunca.

    • Hola Joseluis: gracias por comentar!
      En efecto, lo has definido bien: un episodio simpático. En cuanto a lo de no mostrar a Q, creo que puede haber tenido que ver con dos cosas. En primer lugar con mantener una «ambigüedad tramposa», que es lo mismo por lo cual no se nombra a Trelane; dejar que uno lo interprete, por más que sea evidente que son ellos. En segundo lugar, pesa también la edad que tiene actualmente John de Lancie, que no encajaría mucho con la «atemporalidad» del personaje al que recién (y con una justificación argumental) veremos avejentado en Star Trek: Picard. Con respecto a Christina Chong, madre mía, luce como hasta ahora no se la había visto.
      Gracias por leer y por el aporte de siempre. Un saludo!

      • Tienes razón en lo de John de Lancie, se deja intuir que es el sin mostrarle. Veremos como justifican lo de el Doctor de la Vogayer de Robert Picardo en la nueva serie de Star Trek Starfleet Academy porque está igual de mayor.

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