Ya queda un único episodio para finalizar la tercera temporada de Star Trek: Strange New Worlds y analizamos lo que nos ha dejado el noveno y penúltimo, cuyo título es Terrario. La serie, creada por Akiva Goldsman, Alex Kurtzman y Jenny Lumet, puede ser vista por Skyshowtime para España y por Paramount+ para América Latina.
Hola otra vez trekkies y no tan trekkies. Aquí estamos para analizar un nuevo episodio de Star Trek: Strange New Worlds, esta serie que tanto nos gusta y que, faltando solo uno para terminar la tercera temporada, nos entrega un noveno capítulo que tiene en su centro a la teniente Érica Ortegas (Melissa Navia), además de regresar sobre un tópico nada infrecuente (incluso en la propia franquicia) como el de los enemigos individuales que se ven forzados por las circunstancias a convivir y colaborar para sobrevivir en un escenario que les es hostil.
Pasemos pues a ver qué nos ha dejado, no sin antes advertir que SE VIENEN SPOILERS DE LA TRAMA ni dejar de recordar que pueden leer aquí nuestros análisis previos.
Agujero de Gusano
La bitácora inicial es enunciada esta vez por Ortegas, quien nos pone al tanto de que la Enterprise está llevando un cargamento de vacunas hacia una mundo denominado Epsilon Indi 3 y de camino deben pasar por una zona misteriosa e inexplorada del espacio sobre la cual pesa toda una leyenda que la coloca a la par de las historias de fantasmas que en la Tierra contaban los antiguos navegantes. Una especie de “triángulo de las Bermudas”, digamos.
Al pasar por allí comprueban la existencia de un campo gravitacional de carácter desconocido, cuyas fluctuaciones gravimétricas hacen a la zona muy inestable sin conocerse la fuente del fenómeno. Es una buena oportunidad para estudiarlo de cerca o, por lo menos, lo más que se pueda, por lo que Ortegas se ofrece a acercarse en la lanzadera Arquímedes, de la cual ya sabemos que no regresará porque no sabremos en lo sucesivo de una lanzadera de ese nombre en la Enterprise.
A Pike no le gusta mucho la idea, pero termina aceptando por la confianza que, como piloto, ella le transmite. Sin embargo, cuando Ortegas intenta acercarse al campo gravitacional, algo extraño ocurre y, de la nada, un agujero de gusano emerge enfrente suyo succionando la lanzadera.
Pronto se halla al otro lado y ante un gran gigante gaseoso rodeado de múltiples lunas. Sin control, va derecho a estrellarse en una de ellas, antes de lo cual, y tras comprobar que el relé subespacial sigue funcionando, envía un último mensaje informando su situación y ubicación a los fines de que puedan pescarlo desde la Enterprise.
Solución Riesgosa
A bordo de la Enterprise, justamente, hay consternación porque dejaron de recibir señales de la Arquímedes. Han visto emerger el agujero de gusano y no tienen forma de saber si Ortegas está viva y, en caso de estarlo, en qué galaxia o universo. Pero la recepción del mensaje por ella enviado cambia las caras, especialmente de Uhura que, empática como es, comienza a estudiar posibilidades.
Su primera sugerencia es enviar unas doce sondas a través del agujero para establecer contacto, pero un problema extra se presenta cuando comprueban que el mismo se está cerrando y la causa parece ser el propio paso de la Arquímedes. Ello significa que se comprime con cada objeto que lo cruza y, por lo tanto, pasar doce sondas aceleraría el proceso.
Es preferible pues enviar una única lanzadera pero, para desaliento de Uhura, todas las simulaciones acaban con la misma destruida. Una cree que, por doloroso que sea, deberían dejar el asunto y seguir viaje a entregar las vacunas o, de lo contrario, mucha más gente morirá en la colonia hacia la que están viajando.
Pero Uhura no se rinde tan fácilmente y evalúa una posibilidad más a la cual califica de poco ortodoxa, aunque para Spock es posible. Habida cuenta de que ninguna lanzadera podría soportar las tensiones del agujero de gusano sin terminar destruida, la solución, dice, sería cruzar el mismo con la Enterprise, ya que el campo warp ayudaría a mantener el agujero abierto. Pike da su acuerdo, pero poniendo un plazo para salir del agujero en caso de que no encuentren a Ortegas o correrán riesgo de quedar para siempre al otro lado…

Náufragas
La Arquímedes, en efecto, se ha estrellado en una de las lunas, convirtiendo entonces a Ortegas en náufraga. La misma describe una órbita tan excéntrica en su elipsis que en determinado momento su atmósfera y la del gigante gaseoso se tocan, lo cual deviene en terribles tormentas y no falta mucho para que una de ellas ocurra, siendo pues lo mejor que la encuentre en la protección de su lanzadera al llegar.
Antes de ello, debe procurarse agua y alimento. Lo primero lo obtiene improvisando un condensador que le permite elaborarla artificialmente, pero lo segundo es más complicado y debe salir a la búsqueda en un satélite que luce por demás inhóspito. Al hacerlo, encuentra con sorpresa una cueva con utensilios tecnológicos y señales de presencia reciente. Parece demasiada coincidencia que dos náufragos espaciales hayan coincidido en una misma luna y en tan pocos metros, pero ya veremos que termina teniendo sentido…
Por lo pronto, Ortegas entra en pánico al regresar el morador a la cueva y descubrir que se trata de un gorn, pero la cosa es mutua y este, a pesar del tenso momento, no manifiesta intención violenta y, de hecho, está seriamente herido.
Gracias a elementos del equipo de comunicación del gorn, Ortegas consigue hacer un traductor que no está a la altura de los universales que tienen en la Enterprise, pero permite al menos establecer un diálogo en el cual las respuestas del alienígena son simplemente traducidas como “sí” o “no”.

A pesar de la resistencia del gorn, le atiende la pierna herida y el alienígena, en agradecimiento, le consigue alimento, en realidad unas horribles y agresivas mezclas de escorpión y ciempiés que, del tamaño de un perro, habitan por la zona y no son muy agradables al gusto, pero es lo que hay…
Ortegas intenta regresar a su lanzadera, pero en el satélite hay actividad sísmica y ve con sus propios ojos cómo es tragada literalmente. Ello le deja en situación complicada y más considerando que se acerca la temida tormenta orbital, lo cual le obliga a regresar al refugio del gorn, donde este tiene un escudo deflector que sirve para protegerse de la fauna local, pero también para la inminente inclemencia climática.
A pesar de lo parco que resulta el diálogo con los “sí” y los “no”, va entablando una cierta e impensada amistad, enterándose por ejemplo de que el gorn es hembra. Ortegas le enseña a jugar ajedrez y aprende a su vez un juego de mesa propio de la cultura gorn que se practica con piezas de hueso.
Fuera de ello, Ortegas se aboca a construir una boya de comunicaciones para que les vengan a rescatar, ya que confía en que sus compañeros de la Enterprise la deben estar buscando. Pero la gorn no está muy interesada porque se considera condenada a muerte, ya sea que caiga en manos de la Flota o de su propia especie que, por lo común, elimina a sus heridos: de hecho, la propia Ortegas recuerda que los pilotos gorn se suicidan estrellándose por propia voluntad cuando se hallan en tal condición, algo que en este caso no tuvo tiempo de hacer.
De todas formas, Ortegas comprueba que poner en funcionamiento la boya quita energía al escudo deflector, lo cual les dejaría a merced de la fauna o, peor aun, de la tormenta. Eso último, justamente, le da una idea: si lograra provocar una explosión al momento de entrar en contacto las dos atmósferas, el cielo se encendería sobre ellos en una gran bola de fuego que podría servir de baliza. El problema, claro, es que deberían estar en ese momento bajo la protección del escudo y confiar en que el mismo soporte la temperatura.
A la gorn, desde luego, no le gusta la idea, pero termina accediendo, quizás más para ayudar a su nueva amiga que para salvarse a sí misma. A tal fin, le facilita un propulsor de su nave que podría lograr la explosión buscada y Ortegas, agradecida, dispone entonces todo para hacerlo estallar cuando la tormenta orbital llegue. Sin embargo, al llegar el momento, el control remoto falla y no tiene más remedio que detonar el explosivo manualmente y regresar al refugio a toda prisa antes de que todo arda…
Tormenta de Fuego
En la Enterprise, en tanto, todo se apronta para pasar a través del agujero de gusano. Las probabilidades no son las mejores, pero Uhura cambia deliberadamente los datos para que el grado de riesgo esté dentro de lo que Pike y los protocolos permiten aceptar.
Logran, no obstante, cruzar sanos y salvos al otro lado para encontrarse frente a frente con el gigante gaseoso y sus múltiples lunas, pero son casi cuatrocientas y el plazo establecido para salir de allí en una sola pieza no da tiempo suficiente a escanear a todas y determinar en cuál de ellas se halla Ortegas.
Comienzan de todos modos el escaneo pero, tras cubrir casi doscientas lunas, siguen sin resultados y deben marcharse porque el tiempo apremia. Sin embargo, en ese momento se enciende uno de los satélites y Uhura tiene de inmediato el pálpito de que debe ser obra de Ortegas, pues nadie más encendería un cuerpo celeste para hacer saber su posición.
En efecto y para alegría de Ortegas, un grupo liderado por La’an se transporta hacia la luna en cuestión, pero en ese momento todo queda inmóvil y un sujeto calvo y de túnica se presenta anunciándose como parte de los Metrones.

Le explica que se trató de un experimento, con lo cual, como indica el título del capítulo, todo el satélite es una especie de terrario. A lo que apuntaba era a determinar si humanos y gorn podrían convivir expuestos a una situación extrema.
Cuando el sujeto se marcha y todo regresa la normalidad, Ortegas va hacia el grupo de rescate pero está débil y flaquea. La hembra gorn intenta ayudarla, pero al advertir La’an su presencia y malentendiendo la situación, le dispara y, ante la desesperación de Ortegas, cae fulminada.

Ortegas se siente pésimo porque había prometido a la gorn que sería atendida de su pierna herida a bordo de la Enterprise pero, una vez rescatada y ya vueltos al otro lado del agujero, Pike la consuela con que no hubo elección y, en definitiva, tanto La’an como la gorn actuaron para protegerla, por lo cual no debe culpar a la primera por la lamentable muerte de la segunda.
Además, anoticia a Uhura de que siempre supo que había alterado las probabilidades pero, en lugar de recriminárselo, la felicita por haber sabido salirse de las reglas cuando había que hacerlo. Y el que Ortegas se halle nuevamente a bordo y bien confirma que tuvo razón…
Balance del Episodio
La historia de los dos enemigos que quedan varados en un medio desfavorable y deben aprender a colaborar para sobrevivir es bastante recurrente en la literatura, el cine y la televisión. Basta con recordar el filme Infierno en el Pacífico (John Boorman, 1968), en el cual un soldado americano y uno japonés interpretados respectivamente por Lee Marvin y Toshirō Mifune se encontraban justamente en tal situación en una isla desierta y teniendo a la Segunda Guerra Mundial como marco.
La ciencia ficción no ha sido ajena al tópico. Cambiando isla por inhóspito planeta volcánico, un piloto humano encarnado por Dennis Quaid y uno alienígena al que daba vida Louis Gosset Jr. se hallaban en situación semejante en Enemigo Mío (Wolfgang Petersen, 1985).
Y el universo trekkie tampoco: el mismo escenario fue presentado en Star Trek: The Next Generation con Geordi LaForge y un romulano varados juntos en un planeta afectado por tormentas radiológicas (temporada 3, episodio 7), y en Star Trek: Enterprise con Tucker y un arkoniano en una luna cuyas temperaturas subían a niveles altísimos durante el día y debían aunar esfuerzos para sobrevivir al amanecer (temporada 2, episodio 13): de hecho, se trataba también allí de un sistema con muchas lunas y debían escanearlas una a una.
No creo que tantas similitudes sean casuales; por el contrario, SNW es una serie que recurre mucho al homenaje a la franquicia. En todos los casos mencionados, y lo mismo aquí, a lo que se apunta es a superar el prejuicio y aprender a entender al otro comprendiendo que quizás sean más las cosas en común que las que nos separan. Un mensaje que bien cuadra en el mundo actual donde todo inmigrante es visto como peligroso o todo musulmán como terrorista.
En ese sentido, el capítulo no solo logra que Ortegas pase a ver de otra forma a los gorn, sino que también lo hagamos nosotros, que hasta ahora los veíamos como reptiles abominables y carentes de todo sentimiento.
Pero lo que da un toque distintivo al capítulo es que es prácticamente un prólogo a Arena, aquel legendario episodio de la serie original (1×18), que nos mostró por primera vez tanto a los terribles gorn como a los omnipotentes Metrones (con quienes ahora pasa a ser Ortegas la primera en hacer contacto), gestores justamente de aquel icónico enfrentamiento entre Kirk y el reptiloide del mismo modo que del escenario aquí dispuesto para Ortegas y la hembra gorn, lo que explica que ambas coincidieran allí y la atmósfera fuera respirable: un terrario, como dice el título.
La otra gran diferencia con respecto a episodios previos de la franquicia es el giro final con la muerte de la gorn, pues si bien el romulano también terminaba muriendo, no era violentamente ni por propia mano de la tripulación de Picard como en cambio, y en giro dramático, ocurre aquí a manos de La’an, a quien le sobran motivos para dispararle a todo gorn que vea o se le cruce. Ella ha dicho que ya superó el trauma, pero queda claro que tampoco a tal punto…
El capítulo también apunta a si debemos anteponer los reglamentos a nuestros afectos (como hace Una) o seguir lo que nos dicen nuestros pálpitos e instintos (como Uhura) aun cuando haya poco a qué aferrarse o las posibilidades estadísticas estén en contra. Una vez más, las reglas han sido en tal sentido saltadas y Pike vuelto a dar aval a ello merced a su confianza ciega en su tripulación, tanta que hasta se hizo el tonto al mentirle Uhura las posibilidades a favor.
Y habrá que ver cómo sigue la cosa cuando en algún momento decidan retomar la historia personal de Ortegas con los gorn, ya que se venía advirtiendo de su parte alguna especie de conexión que sigue sin ser explicada y, de hecho, lo visto en el capítulo no se condice con lo violenta e impulsiva que se venía volviendo su personalidad, sino más bien lo contrario.
Un más que correcto episodio, no a la altura de los seis primeros de la temporada, que fueron de nivel muy parejo, pero sí por encima de los dos anteriores. Habrá que ver ahora cómo se cierra la misma y cuál de todas las preguntas hasta aquí planteadas encontrará respuesta en el próximo capítulo, pues está claro que, conociendo ya para esta altura el estilo de la serie, sabemos que muchas quedarán seguramente pendientes de ser retomadas en las próximas temporadas.
Por lo pronto, les espero aquí para analizar el décimo y último de esta tercera. Hasta entonces y sean felices. Larga vida y prosperidad…




Al ver este capítulo el recuerdo de aquella «Enemigo mío» vino a mi mente de inmediato. Recordé la profunda impresión que me causó cuando ví esa película. Esos enemigos que pelean en una guerra que ya no recuerdan como y porque empezó y terminan siendo más que amigos, compadres. En este caso el hecho de que sea un experimento tiene sentido desde el principio y alcance a sospechar algo (era mucha coincidencia que la atmósfera del satélite fuera respirable, por ejemplo) porque en realidad no tenía muy presente aquel episodio que comentas de la serie original. Una vez más Star Trek usa la ciencia ficción para hacernos reflexionar sobre nuestro propio tiempo, generando preguntas incómodas: que pasaría si aquel enemigo detestable y temido fuera, al final, tan parecido a nosotros?
Hola Horacio: gracias por comentar. Muy agudo tu comentario y, en efecto, creo que a lo que se apunta es a que cuando se conoce verdaderamente al otro es cuando desaparece el prejuicio y dejamos de verlo como un enemigo e incluso como un extraño. El homenaje a Enemigo Mío, por cierto y como dices, está en ese sentido bien presente y Star Trek es una franquicia que siempre viene a recordarnos que la ciencia ficción no trata solo sobre el futuro sino también sobre el presente pues, después de todo, ¿qué se puede esperar del futuro mientras el odio y los estereotipos no nos permitan manejar el presente?
Un saludo y gracias por tu aporte. Larga vida y prosperidad…