Análisis de The Mandalorian. Temporada 1. Capítulo 8. Final de temporada

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The Mandalorian llega al fin de su corta primera entrega. Tras el último episodio, ya se nos dejó claro que disfrutaríamos de un gran clímax en forma de fuegos artificiales y no ha decepcionado en ese aspecto, aunque lo que quizás haya sido más relevante, puede haber pasado desapercibido entre tanto tiroteo intergaláctico (el cual encuentro fantástico, no me malinterpretéis)…

Dos scout troopers y un destino

Las cartas ya están puestas sobre la mesa y Mando parece tener una mano perdedora. ¿O no? Tras la triste pérdida del imperturbable Kuiil el pasado episodio, pocas eran las esperanzas que a priori podíamos tener de salvar al pequeño bebé Yoda, pero era evidente que la historia de la reconstrucción y reprogramación del robot interpretado por Taika Waititi –director de este mismo episodio– no podía ser en balde, más aun teniendo en cuenta cómo dejaron meticulosamente plantada la nueva función más pacífica del droide, pero que defendería con violencia sin duda alguna, cosa que no tardamos en comprobar…

Los dos scout troopers que capturaron al bebé esperan en las afueras de la ciudad a tener la autorización para poder entrar, y aquí tenemos probablemente una de las mejores interacciones del capítulo. Son pocas las veces que nos hemos podido meter en el aspecto más rutinario o personal de lo que implica estar vistiendo el ya icónico traje blanco de los troopers imperiales. Esta escena, aunque marcada claramente con un tono cómico, refleja la anodina y en ocasiones absurda dinámica laboral a la que se ven enfrentados, la mayoría marcadas por las absurdas peticiones y caprichos de sus excéntricos superiores y sus tendencias asesinas. Moff Gideon se encuentra reunido, deje su mensaje después de la siguiente explosión… Mientras esperan, los pobres hacen lo que pueden por entretenerse tratando de disparar a un objetivo fácil, pero de nuevo obtenemos una muestra de su increíble mala puntería, un pequeño guiño gracioso que no hace sino realzar lo mucho que la comunidad ha terminado influyendo en el devenir del universo Star Wars. Sea como fuere, esta espera le ha dado el tiempo justo a IG-11 para llegar y aguarles la fiesta, rescatando al bebé antes de que lo maltraten más, y embarcándose en una loca cruzada a tiros, atravesando el lugar para llegar hasta Mando y compañía.

Los buenos, el malo y el droide

Todavía asediados en la cantina, Mando y su equipo –ante la amenaza del E-WEBB– tratan de encontrar una vía de escape, la cual parecen encontrar en un conducto de ventilación que podrían seguir hasta llegar con el resto de mandalorianos ocultos en el subsuelo. Una asunción cuanto menos osada teniendo en cuenta que ya le dijeron que tendrían que moverse a otra ubicación debido a que se revelaron al público para salvarle… De todos modos, la reja es demasiado dura como para que puedan abrirla y, escuchando el ruido de la desesperación, Moff Gideon se viene arriba y podemos entrever un poco más de su misteriosa figura. Gideon sabe quiénes son todos, tanto el pasado de Cara, la fallida incursión en el magistrado de Greef Karga y el nombre de Mando: Din Djarin. La implicación de Moff con el pasado mandaloriano parece ir más allá, ya que está familiarizado con El asedio de Mandalore –el cual cubrirá el regreso de la serie animada Clone Wars– y la ahora canon Noche de las mil lágrimas. Tras esta serie de afirmaciones, Mando lo reconoce rápidamente para sorpresa del resto de sus compañeros, que estaban convencidos de que Gideon fue ejecutado por crímenes de guerra. Dado lo que sabe y que el mandaloriano lo conoce, no es demasiado descabellado pensar que Gideon tuvo alguna clase de implicación en los conflictos de Mandalore, cosa que confirmamos al final del episodio.

De todos modos, las diatribas que pudieran estar formulando nuestros protagonistas dejan de tener relevancia cuando un loco droide entra en las calles a tiro limpio subido en una moto de scout trooper. Tras el quizás un tanto kamikaze plan de reencuentro de IG-11 –que más que proteger al bebé lo ha puesto en peligro, pero bueno…– tenemos ya al grupo reunido, pero a Mando malherido por un único y preciso tiro de Gideon a un contenedor explosivo. Asediados de nuevo en la cantina, Mando está grave y necesita de atención médica, pero su código se impone al sentido común nuevamente, negándose a que le quiten el casco y que se vayan, que él les puede dar tiempo. Trata de convencer a Cara, que se niega a dejarle, para que lleve al bebé con los mandalorianos y que les entregue el pendiente del Mitosaurio –criaturas enormes que habitaban Mandalore antaño– para que así cuiden de él. Finalmente Cara acepta y se va al conseguir IG-11 abrir la verja mientras el moco verde hace gala de su adorable conexión con la fuerza evitando que les quemen. Y hablando del bebé, ¿acaso no tenía el poder de curar con la fuerza? ¿Nadie pensó en que podría haber tratado de ayudar a Mando? Sea como fuere, cuando ya no hay nadie presente, el droide consigue persuadir al terco mandaloriano para que se quite el casco, ya que él no es un ser vivo, y así conseguir curarle.

Sola en casa

Estando ya el grupo reunido de nuevo, consiguen dar con la ubicación del refugio de los mandalorianos, pero lamentablemente están todos muertos –sorprendente, lo sé–. Todos salvo la forjadora. Convenientemente, ella es de las pocas personas conocedoras de lo que antaño se conocían como caballeros jedi, un grupo de individuos con una fuerte conexión con la fuerza como el no-joven bebé Yoda. Dato relevante, puesto que nos marca la misión que probablemente veamos a Mando llevar a cabo en la ya confirmada segunda temporada: llevar al moco verde a los jedi que queden. Antes de que se marche, la forjadora le entrega el ya icónico jetpack característico de los mandalorianos –en concreto de los de Rising Phoenix, donde se entrenó él como descubrimos– y de Boba y Jango Fett, famosos por no ser precisamente mandalorianos…

El grupo se pone en marcha en busca de una salida a través de un río de lava subidos en una especie de góndola, mientras un pseudoR2-D2 antropomorfo y de lo más confuso y que no sabía que necesitaba, los lleva entre electrónicos silbidos. Divisan una salida, pero tiene trampa: tropocientos stormtroopers espeando al final para ser exactos. Ante este dilema, solo parece haber una solución, que IG-11 –estrella indiscutible del capítulo– se sacrifique por el bien del bebé. Un sacrificio que completa lo que se veía venir en la evolución del personaje de Mando, reconciliándose y cambiando su percepción sobre los droides. Esta noble acción, les da algo de tiempo antes de que aparezca Moff Gideon y Mando tenga que utilizar su nuevo juguete para abatirlo.

Hilos pendientes…

  • ¿Quién es Moff Gideon?

Evidentemente, Gideon no muere después del ataque de Mando, pero su última imagen sea probablemente la más reveladora de todo el episodio. De su TIE fighter sale utilizando una espada láser, pero no una cualquiera: es el sable oscuro. Un sable que, como los fans de The Clone Wars y Rebels sabrán, fue creado por los mandalorianos y en su cultura indicaba quién era el clan al mando. La última vez que fue visto fue 11 años antes de la serie en Rebels. Que Moff Gideon tenga en su posesión semejante arma, es muy indicativo del papel que tuvo con los mandalorianos y que probablemente participó en la Gran Purga de Mandalore.

  • ¿Cuál es el plan del Imperio con el bebé Yoda?

Quizás la mayor pregunta de todas y en la que menos se ha profundizado, pero eso no amedrenta a nadie a la hora de especular. Como ya comenté en análisis anteriores, que el Imperio se interese por niños sensibles a la fuerza no es nada nuevo. Se especulaba sobre la posibilidad de la creación de un ejército de clones sensibles a la fuerza, aunque una teoría que creo interesante y que va cobrando relevancia es la de los experimentos personales que inició Palpatine. Una teoría que cobraría relevancia con la última entrega de Star Wars –en la que no entraré demasiado para no hacer spoilers a nadie–, pero que podría explicar muchas cosas. Que Palpatine tenía grandes planes para su reinado no es cosa nueva, y que siempre estaba un paso por delante de todo tampoco. Si prosiguió con los planes de su maestro Darth Plagueis de “matar a la muerte”, el experimentar con sujetos sensibles a la fuerza no sería para nada descabellado. Unos experimentos que podrían hasta explicar la existencia misma del misterioso Snoke…

Sensaciones

Habiendo ya terminado su primera temporada, puedo afirmar que The Mandalorian ha sido un gran producto de entretenimiento que ha sido inconsistente en cuanto a la calidad de su historia y sus guiones. Si bien nunca ha aspirado a ser una serie profunda o extremadamente compleja a nivel argumental, los paréntesis a mitad de temporada han aportado más bien poco al gran esquema de la temporada y se han demostrado como relleno. Uno tremendamente entretenido, pero relleno. Lo cual no puedo evitar que me de pena, pues no ha sido por falta de posibilidades a las que aferrarse o cosas que narrar, sino por un afán de reservarse cosas para tener más temporadas. Y es triste porque eso le da un cierto cariz de artificio y se pierde la cohesión narrativa y empaque de la temporada.

Sabiendo ya que habrá más, me siento aliviado y con ganas de seguir, puesto que soy un friki de Star Wars y creo que la serie tiene potencial, pero creo que The Mandalorian no ha brillado todo lo que podría. Quedan muchas cosas por contar y espero que en su segunda temporada corrijan parte de los errores que esta ha tenido. De todos modos, sigo pensando que un producto de estas características es justo lo que necesitaba Star Wars, una carta de presentación sobre las infinitas posibilidades que alberga el universo de la franquicia. Esperemos tener más y mejor.

I have spoken.



el autor

Proyecto de todo sin llegar a nada. Intento de guionista y en ocasiones me creo crítico. Vivo en una divagación constante y no me arrepiento de ello.

3 comentarios

  1. Por lo que se deja entrever en la trama, no todos los mandalorianos están muertos, han dejado el refugio porque ya no es seguro, y… es posible que algunos hayan dejado las armaduras para ir de incógnito?

    Ahí lo dejo, gracias por el artículo y saludos.

    • Pablo Ferrer el

      Hola Jordi. Teniendo en cuenta el perfil medio del mandalorian@, es poco probable que todos hayan perecido como bien apuntas. No sería la primera vez que esta serie juega al elemento sorpresivo recuperando algún elemento de capítulos anteriores. Por mi parte, me encantaría que ese fuese el caso siempre y cuando nos sirva para ahondar un poco más en la cultura mandaloriana, una de tantas cosas en las que creo que la serie podría haber entrado más y tan solo se ha quedado en la superficie. Sea como fuere, tengo unas ganas locas de más de esta serie, con suerte desarrollarán más el universo Star Wars y recuperarán la promesa que nos hicieron al inicio de The Mandalorian. Saludos y gracias por el comentario 😉

    • Acabo de terminarla y coincido en casi todo lo que dices. Sin ser fan de star wars me ha parecido entretenida pero muy simple y flojita de guión. Los capítulos intermedios no llevan a nada. Con baby yoda se limitan a ponerlo para que se te caiga la baba con el a excepcion de 2-3 momentos con la fuerza. Conversaciones muy parcas con pocas explicaciones y al final resulta que el heroe es el droide. Resumiendo entretenida pero desaprovechada. Gracias x los analisis

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