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Análisis de Tierra Incógnita. Temporada 1

Desde Argentina, Disney+ nos trae Tierra Incógnita, serie de terror juvenil que apela a fórmulas conocidas, pero es adictiva y, sobre todo, muy entretenida.

Los parques de diversiones suelen ser un elemento bastante recurrente en el género de terror. Vaya a saber la razón, pero siempre nos provocan algo siniestro y si están cerrados o abandonados, mucho más. Tierra Incógnita, serie argentina y original de Disney+, rescata una vez más ese tópico con un resultado por demás potable y entretenido…

No hay que buscarle gran originalidad: a lo largo de ocho episodios dirigidos en su totalidad por Sebastián Pivotto, es una propuesta de terror y misterio juvenil que abreva en It, en Stranger Things, en títulos clásicos de los ochenta como Los Goonies o Noche de Miedo y en series noventeras del tipo Pesadillas o El Club de Medianoche. También se pueden establecer vínculos con Riverdale, sobre todo cuando se pone más sobrenatural…

La Noche de las Luces

La historia se ubica en un ficticio paraje costero denominado Cabo Qwert (novedoso denominar una localidad haciendo referencia al teclado universal de ordenadores y máquinas de escribir). Sigue básicamente a los hermanos Dalaras, quienes ocho años atrás han perdido a sus padres Alberto y Julia en un misterioso incidente que los lugareños, con temor, recuerdan con el nombre de Noche de las Luces y que tuviera lugar en Tierra Incógnita, parque de diversiones hoy abandonado y del cual la pareja era entonces propietaria.

Esa noche, según cuentan, se encendieron todas las luces del parque y ya no se volvió a saber del matrimonio, cuyos hijos fueron criados por sus abuelos Santiago (Osmar Núñez) y Aurora (Silvia Kutika), padres de la desaparecida Julia y de los cuales el primero guarda especial hermetismo sobre aquellos sucesos y vive en constante paranoia, al punto de echar cinco cerrojos a la puerta de calle.

Los Personajes

Eric (Pedro Maurizi), el mayor de los hermanos, ha estado algún tiempo alejado de Cabo Qwert y está convencido de que sus padres siguen vivos.

Al enterarse que, en plan de vídeo casero y con espíritu de diversión, un grupo de jóvenes ha filmado allí a una figura encapuchada trazando una forma circular sobre el empañado parabrisas de un auto, no vacila en regresar pues reconoce allí al uróboros, mítica serpiente que se devora a sí misma y coincidente en forma con el perímetro del parque y el brazalete que su madre dejara como protección a su hermana menor.

Uma (Mora Fisz), por cierto, era pequeña cuando aquello ocurrió y desde entonces ha dejado de hablar.

En contra de la voluntad de su abuelo, Eric está decidido a regresar a Tierra Incógnita a los fines de recabar datos sobre sus padres y tratar de determinar qué pasó, para lo cual cuenta con la ayuda de su amigo Pablo (Thomas Lepera), creyente compulsivo de fenómenos paranormales mediáticos y teorías “conspiranoicas” (es de los que creen que los gobiernos están manejados por “reptilianos”).

Pero el parque abandonado no es lo único que pone los pelos de punta en Cabo Qwert: en las cercanías y sobre la costa hay también una cueva con pinturas rupestres dejadas siglos atrás por los niktu, tribu que habitaba el lugar y a quienes parece en tales representaciones verse aterrados o huyendo de algo.

Todo ello lleva a asociar con El Espanto, mito local que hace referencia a una extraña y terrorífica criatura mencionada en canciones infantiles del lugar. Carmen (Carla Pandolfi), hermana de la desaparecida Julia y por ende tía de los hermanos, es quien oficia allí como guía de visitas turísticas y, según se percibe, no tiene una relación del todo buena con su padre.

Al igual que en las películas slasher, no falta un jefe de policía parco e inoperante, a la vez que enigmático y sospechoso. Es el caso de Daniel Rojas (Lautaro Delgado), quien está a cargo de la seccional local y mantiene con respecto al pasado un hermetismo semejante al de Santiago, además de prohibir celosamente cualquier acercamiento al parque.

Tampoco falta, por cierto, la inevitable banda de jóvenes acosadores que hacen bullying y que en este caso tienen como víctimas predilectas a los hermanos Dalaras. Su líder Axel Rojas (Tomás Kirzner) es hijo del jefe de policía y está en una relación con Lila (Azucena Zhoue) por quien Eric siente especial atracción y pareciera ser mutuo: un tipo de triángulo que vuelve a remitir a Los Goonies.

Hay también algunos personajes secundarios interesantes que, al parecer, han quedado algo trastornados tras la Noche de las Luces. Don Celestino (Horacio Massari), vendía alfajores cuando el parque funcionaba y, con aire ido y rostro turbado, sigue haciéndolo en sus adyacencias aun sin haber casi clientes.

También hay una vecina sin nombre que, con pelo revuelto y expresión desquiciada, habla permanentemente sobre “la maldición” y alza su dedo acusador contra los Dalara. Y dos hermanas gemelas llamadas Tina y Fina (Sofía y Rocío Boggi respectivamente), un tópico que en el terror es bastante recurrente desde El Resplandor pero con la particularidad de que se balancean de pie sobre sendos columpios y dicen absolutamente todo a dúo y coordinado, hasta cuando responden alguna pregunta: bastante creepy…

Y ya que usamos esa palabra, maravilloso el restaurante Creepy Pasta (como el Pop´s de Riverdale, pero siniestro), al igual que el perfil psicótico de su propietario.

La llegada de Pablo coincide con una nueva “noche de las luces” y ello pone en alerta a los vecinos que se muestran hostiles hacia los Dalaras por considerarlos responsables de los misteriosos hechos, más todavía con la desaparición de un joven en el parque y una pareja en las cuevas, a los que después se ha visto en estado zombificado y con ojos anaranjados…

Balance de la Temporada

La historia, como hemos dicho, no es que sea la gran originalidad, pero está bien narrada y, sobre todo, con personajes bien construidos que generan empatía: es fundamental en una propuesta de este tipo que no nos dé lo mismo lo que les vaya a pasar. Las actuaciones son, en general, correctas y eso, junto con el carisma del elenco, ayuda a que se vean creíbles, siendo uno de mis favoritos Thomas Lepera en el rol de Pablo, que es quien tiene a su cargo algunos de los momentos más divertidos.

Los capítulos cortos (cuarenta minutos promedio) y la agilidad del guion hacen que esta primera temporada se devore de un tirón. Los toques de comedia están bien dosificados y no se abusa de ellos, sino que se los intercala en justa medida con la trama de misterio.

En cuanto a los momentos de terror, son, desde ya, bastante soft: no hay que olvidar que estamos ante una propuesta de tono juvenil y que forma parte de la plataforma de Disney+. Pero no hay que pensar erróneamente que sea una serie “para toda la familia”: la calificación, según países, varía de mayores de diez a trece años y, en verdad, no la aconsejo para niños pequeños, pues no hay escenas sangrientas ni gore, pero sí momentos que pueden resultarles traumáticos

La ambientación del parque está muy bien lograda y obviamente plagada de laberinto, carrusel y muñeco de sonrisa perversa. Según pude averiguar, no se trata de un parque abandonado, sino que fue montado expresamente para la serie mientras que la fachada corresponde a una antigua fábrica militar ya en desuso de la localidad de Pilar, provincia de Buenos Aires.

La fotografía y la iluminación en escenas nocturnas contribuyen a hacer la historia atractiva y, solo por decir algo, deberían quizás ponerle más presupuesto al cgi en una hipotética segunda temporada que espero exista porque el final nos deja totalmente pendientes. Si ya han visto la primera, dejo abajo y con debida advertencia SPOILER un resumen de cómo quedó. Si no lo han hecho, no aconsejo seguir leyendo, pero sí que la vean…

Cómo quedó la Historia (AVISO SPOILER)

Finalmente, la criatura conocida como El Espanto, que viene sembrando terror en la zona desde la época de los niktu, es un cambiaformas: cada vez que ataca a alguien se apodera de su cuerpo y así va pasando de uno al otro, siendo además capaz de presentarse en formas relacionadas con los terrores personales de cada uno. Tiene algo de mito de Proteo, del demogorgon de Stranger Things y de la criatura de It.

Alberto Dalaras había descubierto la presencia de algo sobrenatural en Cabo Qwert y decidió capitalizarlo con un parque de diversiones pero no logró controlar a la criatura que, según los jóvenes han podido averiguar, rehúye el frío y prefiere el calor, razón por la cual el parque está poblado de matafuegos con su contenido a temperaturas bajo cero.

La buena noticia es que Uma ha vuelto a hablar, en tanto que Eric ha iniciado relación con Lila, quien ha abandonado a Axel, del que nos enteramos en escena post-créditos que trabaja en asociación con su padre, el jefe de policía. Este, a su vez, ha tenido en el pasado una historia de triángulo amoroso con los esposos Dalaras, ya que estaba enamorado de Julia, lo cual significa que hay una especie de herencia de desplante y resentimiento transmitiéndose de padres a hijos. En esa escena final, incluso, le vemos junto a su hijo entregar víctimas al Espanto, lo cual significa que encubren algo que aún no conocemos…

Me da mucha pena que entre las víctimas del Espanto haya estado el bueno de Don Celestino, al igual que una de las gemelas (no sé si Tina o Fina) pero, por otra parte y mientras el grupo de jóvenes logra controlar a la criatura atacándola con frío, Eric llega a oír voces superpuestas que, presume, son las de las víctimas que podrían en algún lado seguir vivas, incluyendo a sus padres.

En fin, todas preguntas que nos quedan de frente a la segunda temporada que, repito, espero que veamos. Hasta pronto y sean felices…

Rodolfo Del Bene
Rodolfo Del Bene
Soy profesor de historia graduado en la Universidad Nacional de La Plata. Entusiasta del cine, los cómics, la literatura, las series, la ciencia ficción y demás cosas que ayuden a mantener mi cerebro lo suficientemente alienado y trastornado.

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