Crítica de El Embarcadero – Temporada 2. Las emociones se imponen

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Movistar+ nos trae la segunda temporada de «El Embarcadero», donde se cierra la trama que Álex Pina y Esther Martínez Lobato nos han contado a lo largo de 16 episodios en total y que narra la historia de un curioso triangulo sentimental y una muerte misteriosa en la Albufera. Antes de seguir, os dejo la crítica de la anterior temporada por si queréis poneros al día.

Crítica de la primera temporada de El Embarcadero

Después de presentar a los personajes y las situaciones en los primeros 8 capítulos, llega el momento de cerrar la serie dando respuestas a todo lo que había quedado pendiente. Pero como comentábamos en el análisis de la primera temporada, lo que esta historia busca no es solo contarnos un thriller con mayor o menor acierto. Aquí lo realmente importante es el viaje emocional de los personajes.

Alejandra y Verónica, unas modernas Thelma y Louise.

Seguimos con la investigación sobre lo que realmente le ocurrió a Óscar. ¿Asesinato o suicidio? Alejandra y Verónica (su mujer y su amante) están totalmente convencidas de que Óscar fue asesinado, incluso tienen un claro sospechoso: el dueño de los clubs de alterne para el que Óscar blanqueaba dinero.

Dentro de esta investigación acaba cobrando gran importancia el personaje de Conrado, el guardia civil encargado del caso. En la primera temporada aparece poco, pero siempre con acierto. Pero es en esta segunda tanta de episodios donde brilla con luz propia, mostrándose como un personaje básico a la hora de ver el crecimiento personal de Alejandra.

Conrado es el personaje que más crece en esta nueva temporada.

Y es que ya habíamos comentado que lo verdaderamente importante de El Embarcadero son los personajes y cómo la muerte de Óscar desencadena un viaje personal de descubrimiento. La más afectada por ese fallecimiento es por supuesto su mujer, Alejandra, verdadera protagonista de la serie. Podríamos decir que toda la historia gira sobre su proceso de aceptación tanto de la muerte de su marido como de su nuevo papel en la vida.

Alejandra quiere entender quién era su marido y por qué hizo lo que hizo. Tanto es así que repite sus pasos, enamorándose también de Verónica. Incluso hay un triángulo amoroso, siendo el tercer vértice Conrado. Nuestra protagonista quiere vivir intensamente, quiere experimentar todo lo que no ha podido sentir a lo largo de una vida que ella considera que ha sido reprimida y poco emocionante. Así que ahora se dedica a hacer el amor en baños de bares, encima de motocicletas, en duchas, al aire libre… alternando entre Conrado y Verónica, ya que cada uno le da y ofrece una cosa distinta y que la llena completamente. Alejandra (y muchos de los personajes de la serie) vive en una constante lucha entre lo que es y lo que ella misma aspira a ser y solo en el término medio entre la realidad y la expectativa podrá encontrar la felicidad.

En los episodios de esta segunda temporada vemos cómo la doble vida de Óscar le va poco a poco pasando factura, hasta tal punto que acaba totalmente despersonalizado, sin saber bien quién es e incluso cuál es su verdadero hogar. Y eso es un riesgo que también corre Alejandra y que al final veremos cómo soluciona.

En esta temporada vemos un Óscar perdido y sobrepasado por su situación personal.

Pero uno de los grandes aciertos de la serie es que ese viaje emocional no es exclusivo de Alejandra. Prácticamente todos los personajes, principales o secundarios, lo viven. Katia, la mejor amiga de Alejandra, tiene su particular arco argumental con su jefe. Ada, la hija de Katia tiene su primer desengaño amoroso tratado con particular buen gusto por los guionistas. Verónica pasa de ser una “fiera salvaje” a simplemente querer alguien que esté con ella siempre y que ayude en la crianza de su hija. Y Conrado quiere vivir libremente, olvidándose de sus traumas pasados y de su síndrome de personalidad bipolar. Todas estas pequeñas historias tienen su momento para brillar y enriquecen la narración, sin estorbar la historia principal en ningún momento y sin que ésta las sepulte como sí ocurría en la primera temporada. Si tuviera que elegir mi favorita sin duda me quedo con la del guardia civil, por cómo va creciendo como personaje llegando a eclipsar a los protagonista principales, sobre todo al final de la serie.

Es cierto que en la primera temporada los personajes de Alejandra y Verónica compartían protagonismo y en esta segunda, la pobre Verónica queda un poco de lado. Además el personaje de Sol, su hija, queda totalmente fuera de plano y es un elemento que los guionistas usan solo cuando les conviene. La niña y su relación con las dos mujeres tiene mucha importancia. Recordemos que Alejandra quería tener un hijo con Óscar y, en cierta medida, vuelca ese cariño que no ha podido dar en Sol. Pero la pequeña aparece y desaparece de la narración y hace que en muchas ocasiones nos preguntemos quién está cuidando de la niña cuando sus mayores están de fiesta o llevando a cabo peligrosas investigaciones. Pero a pesar de estos pequeños fallos la serie funciona.

Por otro lado, si de algo no está falto esta serie es de escenas de sexo. Ya pasaba en la primera temporada y aquí sigue la misma tónica. Las escenas sexuales son algo habitual a lo largo de todos los episodios y es una cosa que hay que tener en cuenta. Podrá gustar más o menos, pero es indudable que están rodadas con buen gusto y al fin y al cabo, son parte intrínseca tanto de la serie como de la historia, necesarias para comprender el viaje emocional de los personajes.

Las escenas de sexo son habituales en El Embarcadero.

¿Y qué hay sobre la muerte de Óscar? Los responsables de la serie han preferido centrarse en el lado emocional, sobre todo en esta segunda temporada, pero eso no significa que no cierren bien este tema. A lo largo de esta segunda ronda de capítulos, Conrado por un lado y Alejandra y Verónica por otro, van investigando los trapos sucios de la vida de Óscar. Como no podía ser de otra manera es el profesional, el guardia civil, el que acaba solucionando el caso.

Al final la solución a la muerte de Óscar es la más lógica. En este sentido, se agradece que no haya golpes de efectos buscando sorprender al espectador. Aunque acciones de las dos mujeres en su afán por encontrar la verdad tendrán importantes consecuencias al final de la serie.

Verónica es una mujer de armas tomar.

En resumen, la segunda temporada de El Embarcadero es un buen cierre que se decanta decididamente por el lado emocional sobre el thriller y que nos deja unas acertadas reflexiones sobre lo difícil que es llevar dos vidas distintas y lo importante que es aceptarnos a nosotros mismos tal y como somos.



el autor

Licenciado en periodismo, apasionado de los comics, las (buenas) series de televisión, el cine, los videojuegos y los juegos de mesa... vamos, soy un frikazo total, siempre a vuestro servicio.

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