No creo que haya evento bélico que más veces ha sido llevado al cine que la Segunda Guerra Mundial. De hecho, este mismo año nos llegan 3 producciones que abordan de una manera u otra en la cruel guerra acontecida en el viejo continente (y el Pacífico, aunque menos filmado): Dunkerque, La casa de la esperanza y la cinta de la que hoy hablaremos, El Hombre del Corazón de Hierro.
EL CEREBRO DE HIMMLER SE LLAMA HEYDRICH
Es algo muy común pensar que todos los nazis eran malos (y razón no falta), pero cuando descubres que hubo un hombre apodado El Carnicero de Praga y que gracias a él se llevó a cabo la famosa Solución Final, la historia da para película. Pues eso es lo que en tres ocasiones han pensado los estudios y nos han traído tres visiones de una de las personas más temidas durante el régimen nazi, Reinhard Heydrich.
Cédric Jimenez nos trae esta nueva adaptación de la novela del francés Laurent Binet, menos de un año después de Operación Antropoide, que relataba los mismos eventos que esta cinta. Pero algo en lo que ha querido destacar el director francés es en ahondar en la mente del líder nazi y ofrecernos un vistazo a su ascenso y posicionamiento como líder indiscutible de las SS.
Sin embargo, uno de los desaciertos de la cinta es la división de la misma en dos partes claramente diferenciadas y que en cierta manera parecen dos películas completamente inconexas por su forma de abordar los hechos acontecidos alrededor del asesinato del líder nazi.
En esta primera parte Jason Clarke se mete en la piel de Reinhard y nos lleva a sus años en la Marina alemana, donde fue expulsado y repudiado, y a su ascenso a líder de las SS. HHhH significa “Himmlers Hirn heißt Heydrich” (el cerebro de Himmler se llama Heydrich) y sirve para meternos en contexto del hombre más cruel del régimen nazi. Ahondar en la mente de un líder nazi causante del genocidio judío no es sencillo, con lo que Jimenez evita caer en el “es malo porque sí” y nos presenta a un Heydrich que es capaz de jugar con sus hijos en el césped, para luego llevar a cabo las ejecuciones en masa.
En este sentido, la película se convierte en un biopic sobre Reinhard donde resalta el papel de su mujer Lina (Rosamund Pike) y sus ansias de poder y control. Lina encendió la mecha de una bomba dormida dentro de Heydrich, una bomba que lo convirtió en una persona influyente y temida.
Destaca la interpretación de Jason Clarke que, si bien no pasa de cumplidora, tiene momentos en los que consigue calar en el espectador con una interpretación y una caracterización muy bien llevadas.
Pero todo lo que Jimenez había construido en torno a la figura de Heydrich se diluye pasados los primeros 45 minutos. La segunda parte aparece de manera forzada y desconcertante para el espectador. En ella se introducen a los jóvenes rebeldes, ejecutores de la Operación Antropoide, y la organización de la resistencia contra los alemanes.
A pesar de contar con más de una hora de metraje para mantener el ritmo en esta segunda parte, la cinta no aguanta la gran cantidad de subtramas y personajes que son introducidos. Muchos de ellos aparecen de manera espontánea y es difícil seguirles la pista, más aún quedarse con sus caras y nombres. Lo irónico es que en muchos casos esos personajes son de vital importancia para la historia, como “Los Tres Reyes” (líderes de la resistencia), cuya aparición es fugaz y poco destacable.
El director se olvida completamente de Hyedrich, a quien había mimado en exceso en los primeros 45 minutos y lo relega a mero secundario, una excusa para destacar a los “buenos” de la cinta. Muchos de estos tienen un papel irrisorio, donde destaco el de Mia Wasikowska, novia de uno de los rebeldes y que poco o nada destaca.
Los personajes de Jack O’Connell y Jack Reynor, los jóvenes enviados a Praga para asesinar a Heydrich, hacen lo que pueden para llevar sobre sus espaldas una segunda parte con un guion que se desinfla por momentos, creando momentos poco destacables e incluso aburridos. El fallo es no haber medido el tiempo ni priorizado las subtramas.
Estas “dos películas” confluyen en el clímax de la historia, donde el guion remonta y nos ofrece una escena de acción bien rodada y un drama igual de cumplidor aunque predecible. A destacar el interés por resaltar la represalia nazi tras la muerte de Reinhard y como motivó eso al genocidio masivo de judíos. El aura de terror en torno a su persona es algo en lo que han querido pararse de manera muy acertada, no es tan importante la vida del líder como lo fueron los hechos tras su muerte.
Por otro lado, uno de los mayores aciertos del filme es la cuidadísima ambientación, tanto en el vestuario como en el arte y las localizaciones, supone un deleite y te transporta a la Alemania aria de 1940.
VALORACIÓN FINAL
Lo mejor:
- Jason Clarke, Rosamund Pike y Jack O’Connell.
- La cuidadísima ambientación, decorados y vestuario.
- Sus primeros 45 minutos y la figura de Heydrich.
Lo peor:
- La división forzada de la cinta en dos historias.
- Guion que se desinfla por momentos, con escasos repuntes, pero lejos de esos primeros 45 minutos.
- Excesivos personajes y subtramas que desconciertan al espectador.







José Luis Piñeiro Vidal. Abogado.
Bastante mal de fotografía: falta nitidez. Sobras escenas de episodios que no vienen a cuento. Muy pobre falta de recursos de la dirección para representar o transmitir la violencia del sujeto y del momento salvo con el ruido de los disparos, por demás en exceso. El guión es muy flojo. El argumento, que tiene un contenido histórico, (la solución final) queda en la anécdota. Sobran muchas escenas crueles en exceso. Resumen: Bastante mal. Salí defraudado.
Estupenda crítica, Alberto. No has podido expresar mejor la decepción que supone esta película. Buenos actores y dirección decente para un guión pésimo.