Crítica de El veredicto (la ley del menor): Una cuestión de fe

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El veredicto (la ley del menor) es la nueva adaptación del medio literario que llega a las pantallas. En este caso, el libro es el de Ian MacEwan, autor ya más que acostumbrado a ver sus novelas recibir este tipo de tratamiento. Richard Eyre como director aporta un filme sofisticado que plantea preguntas acerca del valor de la vida, la religión y la importancia de las distintas influencias que recibimos a lo largo de nuestra existencia.

Emma Thompson interpreta a la juez Fionna Maye. En la primera escena del filme vemos en qué consiste su trabajo: debe decidir si merece la pena salvar la vida de un niño siamés sacrificando a su hermano. Este es el tipo de decisiones que debe tomar en su día a día. Es por esto mismo por lo que su matrimonio no pasa por el mejor momento, su vida laboral requiere tanto de ella misma que su marido, interpretado por un Stanley Tucci un tanto malgastado, afirma que son uno de esos matrimonios que ha perdido la magia y el contacto físico por el paso de los años. El verdadero argumento del filme comienza con la llegada de un nuevo caso: Adam Henry (Fionn Whitehead), al ser un joven criado bajo las enseñanzas de dos padres testigos de Jehová, se niega a recibir una transfusión de sangre que podría salvar su vida. Fionna es la que debe decidir si, al ser menor de edad, el chico es lo suficientemente responsable para tomar una decisión tan importante. Para dar con una solución, decide visitar a Adam Henry en el hospital.

Uno de los aspectos más destacados del filme son las interpretaciones por parte del trío principal de actores. Emma Thompson está magnífica como protagonista de la historia. La británica sabe perfectamente cómo realizar una actuación contenida pero efectiva. Por otro lado, Fionn Whitehead nos cautiva desde el primer momento que aparece en escena. Este joven actor que ya destacó en Dunkerque el año pasado, demuestra ser una joven promesa a la que se debe seguir de cerca. Finalmente, como comentaba antes, el tiempo de Stanley Tucci en pantalla es bastante limitado, pero cuando aparece aporta ciertos elementos cómicos, sin descuidar el componente dramático del papel.

Si hay algo que el filme ejecute a la perfección es la total neutralidad con la que se presenta. En este caso en particular, podría haber sido muy fácil haber realizado un filme donde predomine el blanco y el negro en cuanto a moralidad se refiere. Gracias a esta imparcialidad, se crean preguntas acerca del derecho propio a decidir, de la fe, de la tolerancia y del sistema judicial. En La Ley del Menor no se tiene miedo a dejar preguntas sin respuesta, realmente nunca sabremos si el chico estaba o no influenciado por sus padres. Que no se den resoluciones claras no hace más que incrementar la valía del filme, ya que de esta forma, se refleja de forma más verídica la realidad.

Otro de los aspectos positivos y sorprendentes del filme es la estructura que posee. Todo el caso de Adam se resuelve durante la primera mitad del largometraje. Una vez finaliza esta parte, el espectador se pregunta qué más puede ofrecer La Ley del Menor; pero el filme encuentra cómo continuar con la historia. Hay dos partes distinguidas, las dos son totalmente cautivadoras por distintos motivos. En la primera nos atrapa el pensamiento del grupo religioso y esperamos impacientes la decisión de la jueza; la segunda parte está rodeada de un umbral de extrañeza, en la que  somos testigo de un equilibrio exquisito entre una tensión sexual creciente y la más pura preocupación derivada de un instinto maternal.

Si hay algo que no funciona en el filme es el aspecto emocional. Es una historia muy trágica, de eso no hay duda, pero el impacto sentimental nunca llega, el guion está demasiado centrado en crear un debate moral que algunos otros apartados están descuidados y no llegan al nivel de excelencia del debate.

En resumen, La Ley del menor es un filme que no es del todo redondo porque no llega a emocionar a pesar de su trama tan trágica, pero sí que abre un debate moral muy interesante y presenta unas interpretaciones impecables por parte de su reparto.



el autor

Actualmente estudio traducción e interpretación, pero mi verdadera pasión es el cine, una pasión que, en mi caso, no comprende de géneros, solo de calidad.

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