Crítica de O que arde y So long, my son | SSIFF 2019

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Bienvenidos de nuevo a nuestra cobertura del Festival de San Sebastián. De nuevo, he de decir que la sección Perlak es el origen de las películas que más nos están gustando. En esta ocasión hablaremos de dos de ellas: «O que arde», que compite ahora mismo en el Festival de Cine de Nueva York en su Sección Oficial, y «So long, my son», que se estrena ya mismo en cines.

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O que arde

Durante la proyección de O que arde, he sentido que partía de una simple idea, de momentos que Oliver Laxe recuerda con cariño, queriéndolos plasmar con la mayor veracidad, inocencia y simplicidad que su mano y su memoria pudieron permitirle -y creedme que no es poco-. Con la ayuda de un magnífico Mauro Herce a cargo de la fotografía, retratan un dibujo del rural gallego tan identificativo que por momentos parece un collage de fragmentos de las vidas de cualquiera que se haya calentado las manos en una lareira, pisado la hierba mojada durante o después de un diluvio, olido el aroma indiscutible que concurre en hectáreas y hectáreas de campo procedente de los excrementos de vaca, dormido entre sábanas de flores rosas cuya procedencia siempre es desconocida, sentido el agua de algún regato perdido o, por desgracia, visto arder el monte.

No pude evitar sentir la mirada cómplice de Laxe al inicio de la cinta, una de los mejores que he visto durante esta edición del Festival de San Sebastián tanto por su potencia visual como por su significado. La aparición del más preciado oro entre eucaliptos. Y así da comienzo la historia de un personaje laberíntico, un hombre que regresa de la cárcel y prefiere mantenerse al margen de su antigua vida. Un pirómano al que el público quiere perdonar.

Como ya dije, no es una historia compleja, son retazos de una vida de aldea. O más bien, de la reconstrucción de una vida y las secuelas que se mantienen del pasado. Y para mí, el personaje que posee más fuerza es el propio Amador, el protagonista, tan difícil de entender que por momentos resulta un interesante puzzle al que encontrar solución. Pero para la mayoría, la mejor es la entrañable madre, la señora Benedicta, tan natural como cualquiera de nuestras abuelas, y es que el propio Laxe dijo en una entrevista, aquí en el SSIFF, que más de un espectador le había felicitado por retratar tan bien a su abuela. Es una mujer solitaria, que ha tenido que sufrir el encierro de su único hijo (aparentemente) en la cárcel y que, al regresar él, se siente la mujer más feliz del mundo.

En resumen, un relato íntimo, sencillo y conmovedor.

So long, my son

Pasamos de una historia breve y sencilla en ornamentos, a una mucho más compleja de tres horas de duración. So long my son, dirigida por Wang Xiaoshuai, es el drama más intenso que he visto en mucho tiempo. Repasándolo horas después de verlo no pude evitar compararlo con otras cintas vistas durante el certamen. La ya anteriormente comentada Mientras dure la guerra o Próxima, presentan la lágrima fácil y los pequeños clímax dramáticos utilizando el diálogo, los ojos rojos, la música intensa y los primeros planos. El truco que ya no nos cuela porque nos sabe a falso. Porque no es una emoción verdadera. So long, my son es justamente todo lo contrario.

Nos presenta una verdad poco adornada. No necesita nada más que su gran corazón expuesto en su excepcional guión. Tiene una puesta en escena sencilla, preciosa pero sencilla. No utiliza la música en volúmenes elevadísimos para transmitirte lo que ya consigue contar simplemente con su sufrida humildad. Nos expone la vida de una pareja cuando su único hijo, de no más de 10 años, fallece bruscamente tras un accidente. ¿Y eso que supone? ¿Cómo se desarrolla la personalidad de dos personas tras una pérdida como esa? ¿Cómo se transforman las relaciones que tienen con sus amigos? ¿Y entre ellos? Todas estas preguntas se van resolviendo solas, porque la impresionante verosimilitud de esta historia no permite fallos, no permite incoherencias. Simplemente se deja llevar por sí misma. Da la sensación de que el guionista escribió la premisa y después todo se fue desarrollando solo.

Tenemos en esta cinta la contradicción de lo hermoso contra lo horrible. La belleza de un plano y de la mirada de un padre a su hijo contenida en él, contra el espantoso sufrimiento que tras esa mirada habrá poco tiempo después. Es el constante debate entre lo bueno que nos da la vida contra todo lo malo, lo que nos quita. ¿Merece la pena seguir vivo después de eso? ¿Qué significa el amor y qué relación tiene con la muerte?

Me cuesta hablar de So long, my son. Quizás porque su virtuosismo emocional es imposible describirlo con palabras. O yo no soy capaz. Pero creo que es una película que hay que descubrir por uno mismo. Solo espero que os haya animado a verla.

Sed felices.



el autor

Soy, entre otras cosas, estudiante, cinéfilo, músico y lector; escribo sobre lo que me gusta y también tengo twitter @maffde

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