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Crítica de Pacific Rim: Insurrección. Entretenimiento soso sin el toque de Del Toro

Es curioso como puedes salir tan contento y tan decepcionado del cine una misma semana. Tanto Ready Player One, película de la que podéis leer nuestra crítica en este enlace, como Pacific Rim: Insurreción estaban en mi radar, pero esperaba más bien poco de ellas. Sin embargo, Spielberg me llevó de la mano en una aventura espectacular y divertida que me hizo pensar que ama la cultura pop como cualquier friki. Esta segunda no consigue mucho.

La secuela de la cinta de 2014 de Guillermo del Toro es insulsa y predecible. El director mexicano deja su amor por la cultura japonesa y los kaijus y jaeger en manos de Steven S. DeKnight, quien muestra menos apego que su predecesor, pero que se defiende de manera decente en la acción con algunas ideas interesantes aunque con una ejecución chapucera.

La historia nos sitúa 10 años después de la guerra con los kaiju. La humanidad ha experimentado un crecimiento tecnológico impresionante por el miedo a los posibles ataques desde la brecha del Pacífico mientras que una gran parte de la población se muere en la más absoluta miseria de ciudades arrasadas. El programa jaeger, creado por unos pocos 10 años atrás, ahora es una academia de reclutamiento de nuevos pilotos debido a la construcción en masa de robots de combate. Sin embargo, la amenaza no vendrá únicamente de kaijus sino de kaijus que controlan robots.

El planteamiento es muy de Serie B. No es que la primera cinta no bebiera de diversos géneros y se inspirara en personajes de la cultura popular como Godzilla y el resto de kaijus o Mazinger Z creando una serie B de altísimo presupuesto, pero aquí se exagera en exceso y la historia avance con el pretexto de “¿por qué no?”. De hecho, es curioso como la primera parte del metraje bebe tantísimo de la cinta de Del Toro cayendo en la sobreexplicación y en la repetición de casi las mismas situaciones. Si no habéis visto la primera parte no os preocupéis porque los protagonistas se pasan tanto tiempo mencionando lo que ocurrió diez años atrás que querréis dejar de ver esta para poner la otra.

Esto es un gran impedimento. La trama no avanza hasta pasada la mitad de la película y todo vuelve en el último arco para cerrarse con una conclusión amarga. La sucesión de personajes, la sobreexplicación de los acontecimientos pasados o la introducción fallida de la pareja protagonista formada por John BoyegaCailee Spaeny sacrifica minutos de metraje sin ofrecer al menos una historia entretenida.

Ninguno de estos dos protagonistas aporta nada a la historia y son muchísimo menos carismáticos que los personajes de la primera parte por mucho que Boyega se esfuerce en hacer el tonto. Y es que la cinta perfectamente podría haber sido una comedia de aventuras. Si en la primera el desahogo cómico recaía en aquel par de cerebritos raros, en esta todos los personajes parecen salidos de las audiciones fallidas de El club de la comedia. El humor infantil impera en casi cada una de las escenas y ninguno de ellos, ni siquiera el villano principal, salen de sus roles de graciosetes.

Steven S. DeKnight dirige en piloto automático. El novel director en el cine ya tenía sobrada experiencia en la televisión como para por lo menos cumplir con una secuela donde se lo daban todo mascado. Se nota la mano de uno de los escritores y productores de Spartacus. Todo está a un ritmo acelerado y descompasado. DeKnight no se detiene en ningún momento si no es con una pirueta de algún robot o la cara de un bicho espachurrada contra en un edificio a la que coloca una placentera cámara lenta. El guion, uno que él mismo firma, también obliga a ello. Mientras la primera cinta marcaba perfectamente el ritmo en sus 2 horas y cuarto de metraje, Insurrección se queda corta con su hora y 45 minutos. Todo sucede excesivamente deprisa y las situaciones y personajes pasan sin pena ni gloria, llevando a un final de bicho vs robot tan poco placentero como predecible y abierto.

Y es que si algo tienen las películas de monstruos o robots grandes es que sirven para desconectar durante lo que dura la cinta. Aquí el apartado visual de Del Toro, uno creado con mimo, se tira a la basura por el cine de excesos al más puro estilo Bay. Volviendo a caer en la comparación, la primera cinta era desmedida, sí, pero mucho mejor ejecutada. En esta segunda parte todo es un arma y una excusa para hacer saltar cualquier edificio por los aires. Sin embargo, una de cal y una de arena pues al menos sirve para desconectar. Entras en la sala, te sientas y hora y 50 minutos después sales teniendo la sensación de haber liberado tensiones.

Insurrección no es una buena película y se veía venir. Los adelantos ya eran poco interesantes y dejaban entrever una mezcla entre Power Rangers y Transformers muy poco interesante. Steven S. DeKnight, en el punto de mira para ser el director de El hombre de acero 2, se mueve bien en cuanto a la acción exagerada se refiere, pero no sabe medir el ritmo ni ser interesante con una historia tanto o más absurda que la primera, pero al menos aquella tenía el toque que esta no tiene.

Alberto Lloria
Estudiante en la Universidad Miguel Hernández de Elche. Frikazo de proporciones bíblicas, crecí amando los videojuegos y el cine como medio de escape, sacrificando la vida social. Aunque no me arrepiento. Fan hasta las venas de Batman y El Señor de los Anillos. El mundo se me queda corto, mejor dejadme en la Tierra Media.

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